Nine Inch Nails – The Downward Spiral: 25 años del viaje más oscuro y retorcido del alma

Ficha técnica

Publicado el 8 de marzo de 1994
Discográfica: Nothing Records / Interscope Records
 
Componentes:
Trent Reznor - Voz, todos los instrumentos, batería (en "Piggy")
Mark "Flood" Ellis - Hi-hat (en "Closer"), sintetizador ARP 2600 (en "The Becoming")
Chris Vrenna - Batería (en "Hurt"), programación, samplers, batería (en "Burn")
Adrian Belew - Guitarra (en "Mr. Self Destruct" y "The Becoming")
Danny Lohner - Guitarra (en "Big Man with a Gun")
Andy Kubiszewski - Batería (en "The Downward Spiral")
Stephen Perkins - Loops de batería (en "I Do Not Want This")

Temas

1. Mr. Self Destruct (4:30)
2. Piggy (4:24)
3. Heresy (3:54)
4. March of the Pigs (2:58)
5. Closer (6:13)
6. Ruiner (4:56)
7. The Becoming (5:32)
8. I Do Not Want This (5:41)
9. Big Man with a Gun (1:36)
10. A Warm Place (3:22)
11. Eraser (4:54)
12. Reptile (6:52)
13. The Downward Spiral (3:57)
14. Hurt (6:13)

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En 1992, el metal industrial nos explotó de lleno en la cara por culpa de Ministry y su Psalm 69: The Way to Succeed and the Way to Suck Eggs. Pero solo dos años después tuvimos la gran suerte de conocer a un tipo que respondía al nombre de Trent Reznor, un señor hermosamente demente que lideraba un combo que respondía a las siglas NINReznor es el director, total y absoluto, de este trabajo dantesco en el que reinan las máquinas, y en el que guitarras, bajos, y baterías han sido programadas casi por completo.

The Downward Spiral es quizá uno de los puntos más álgidos dentro la carera musical de Nine Inch Nails. Lanzado dos años después del EP Broken (1992), parece que Trent Reznor abandonó muchas de sus influencias del rock en favor de la agresividad industrial que, en realidad, le llevó a fabricar su álbum más diverso desde el punto de vista sonoro.

La primera canción establece el tono general del álbum. «Mr. Self Destruct» dice bastante sobre el estado anímico del bueno de Trent. Es todo un himno a la autodestrucción. ¿Qué más se podía esperar de un chico que se había mudado a la casa donde Charles Manson había asesinado a varias personas (el estudio en el que se grabó el álbum fue construido dentro de la misma casa y se llamó The Pig, en homenaje a lo que los asesinos de Sharon Tate habían escrito, con su sangre, en la puerta de la casa. ¿Mola, no?) ¿Cómo cojones iba a salir un álbum normal de una mente tan perturbada y de un lugar tan especial?

El álbum es un verdadero shock auditivo. ¿Cómo esas máquinas, esa programación, pueden producir tal música? Sin batería, sin bajo y sin guitarras propiamente dichas. Los sonidos son retorcidos. Se amasan, se comprimen, se mezclan, se vuelven a comprimir, se distorsionan y, como resultado final, obtenemos este resultado, que es tan brillante como poderoso. La ausencia de los instrumentos típicamente de la música metal no provoca que suene débil.

Con este álbum, pasamos de la locura más furiosa y devastadora («March of the Pigs», «Big Man with a Gun») a atmósferas más tranquilas («Piggy», «The Downward Spiral» o la final «Hurt»). Hay momentos en los que el loco de Trent parece postrado en un rincón de una celda acolchada, babeando y con los ojos en blanco, esperando el próximo ataque. Debido a que uno tiene la sensación que todo puede cambiar en cero coma, el oyente está constantemente al borde de un ataque de nervios, sin saber si lo que sonará a continuación será un ritmo altamente epiléptico o bien un pasaje más tranquilo y sosegado. Provocar tal estado de tensión en el oyente solo está al alcance de los genios.

Algunas canciones retratan este descenso a la locura, como es el caso de «Eraser», con ese inicio casi ambiental y ese final la mar de terrorífico. O esas muestras de gritos inhumanos en «The Becoming», entre pasajes acústicos y melódicos y momentos de pura histeria. Altamente delirante es la siguiente pista, «I Do Not Want This». Y dentro de la tormenta que es «March of the Pigs», esas dos o tres notas de piano vienen a hacernos perder el rumbo. Pero es la penúltima canción, la que precisamente da título genérico a este trabajo, la que, sin duda, nos termina de sumergir en la locura.

Canciones como «Ruiner», «I Do Not Want This» y «Eraser» se caracterizan por poseer los patrones de tambores industriales, capas y más capas de efectos de sonido muy procesados ​​que son increíblemente difíciles de identificar y tienen la distorsión y el ruido suficientes como para hacerte pensar que estás a punto de enviar tus altavoces a tomar por el putísimo culo. Aún así, las «guitarras» se dejar entrever tímidamente en estas canciones, pero la influencia de la música rock es significativamente menos pronunciada cuando se compara con temas como «Heresy» o la enorme «March of the Pigs», las cuales tienen una estructura más fácil de seguir.

Por tod@s es bien sabido de qué va eso de la música industrial. Este subgénero se caracteriza por poseer unos sonidos desafiantes, y mientras se escucha este álbum uno no puede dejar de cuestionar si, realmente, es necesario tanto ruido, tanto terrorismo, aquí y allá. Los pasajes menos ruidosos, por llamarlos de alguna manera, aparecen hacia la mitad de la opener «Mr. Self Destruct», que se vuelve ininteligible cuando se convierte en un lío, sin forma y casi sin fondo, hacia el final. Igual o más caótico es el final de «Big Man with a Gun», en el cual hay tantísimas capas de ruidos que casi lo único que se puede diferenciar claramente son los frenéticos gritos de Trent Reznor.

Esto no quiere decir que los sonidos procesados ​​y la distorsión no funcionen. En este caso creo que cada uno de ellos tiene su qué porque, en parte, se hacen bien y juegan un papel importante en hacer de The Downward Spiral lo que es. En contraste con todo ese ruido tan denso, después de «Big Man with a Gun», viene «A Warm Place», que te dejará un tanto a la expectativa la primera vez que la escuches, tratando de averiguar en qué momento entrarán las ráfagas de ruido. Pero no es este el caso, pues el ruido no llega jamás. Es un tema de relleno a saco, y es también la parte más calmada y reservada del álbum.

A pesar de la longitud de The Downward Spiral (dura unos 65 minutos), rara vez se te hace pesado… muy a pesar de tanto ruidoso. Lo primero que a uno le entran ganas de descubrir son las letras que en muchas ocasiones son poco menos que incendiarias, como es el caso de «Big Man with a Gun», que giran en torno a la violación. El énfasis de The Downward Spiral en temas transgresivos hizo que sus letras fueran vulnerables a las críticas de los conservadores estadounidenses. «Reptile» y «Hurt» también tienen letras bastante explícitas, pero no son comparables a la de «Big Man with a Gun»:

«I am a big man
(Yes I am)
And I have a big gun
Got me a big old dick and I
I like to have fun»

«Hurt» quizá sea canción más conocida de este trabajo, una canción que mucha gente descubrió después de que Johnny Cash hiciera una espectacular versión. El tema incluye referencias a la autolesión y la adicción a la heroína, aunque el significado general de la canción no está del todo claro. Algunos oyentes sostienen que la canción actúa a modo de nota de suicidio escrita por el protagonista de la canción, como resultado de su depresión, mientras que otros afirman que describe el difícil proceso de encontrar una razón para vivir a pesar de la depresión y el dolor.

Aparte de estos ejemplos, el resto de temas parecen centrarse más en la confusión a través de gritos, susurros y cantos apocalípticos. El punto culminante de The Downward Spiral, a mi parecer, llega con ese «canto alegre y sarcástico» en «March of the Pigs», cuando se escucha brevemente el piano:

«Now doesn’t that make you feel better?
The pigs have won tonight
Now they can all sleep soundly
And everything is all right»

La tecnología utilizada para producir este álbum es sorprendentemente buena y, si uno tiene ni idea de qué va todo esto, creo que es difícil ubicarlo, cronológicamente hablando, en una u otra década, como sí sucede con muchas otras músicas producidas electrónicamente. The Downward Spiral es el equivalente musical de un torrente de abusos verbales que engloba el odio a sí mismo rodeado de unos implacables ritmos industriales que lo convierten en una introducción ideal al género. Este álbum demuestra que el metal más violento (y el más retorcido) se puede obtener únicamente de las máquinas, algo que parecía imposible incluso unos pocos años antes. NIN empuja los límites de la creación, y los sitúa más allá de los límites del propio metal.

Si bien Reznor se ha movido de su propia espiral descendente, este álbum es sin duda su mejor trabajo hasta la fecha. The Downward Spiral contiene algunos de sus temas más potentes y algunos de los más controvertidos. Muchos otros han intentado recrear el estilo aquí plasmado, pero se han quedado cortos. Dicen que el plagio es la forma más alta de adulación. Si ese es el caso, The Downward Spiral consolidó a Nine Inch Nails como uno de los actos más influyentes de la década de los 90.

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 231 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.