Crónica y fotos del concierto de Echo and the Bunnymen - Sala Razzmatazz 1 (Barcelona), 14 de febrero de 2019

Música de Océanos y Montañas por parte de Echo and the Bunnymen en una entregada Razzmatazz

Datos del Concierto

Bandas:
Echo and the Bunnymen
 
Fecha: 14 de febrero de 2019
Lugar: Sala Razzmatazz 1 (Barcelona)
Promotora: Houston Party Music
Asistencia aproximada: 1800 personas

Fotos

Fotos por Mauricio Melo

Noche de San Valentín, una Razzmatazz 1 prácticamente llena, que sí, que si lo comparamos con lo que iba a pasar en el mismo escenario la noche siguiente con la visita de Mutoid Man, Kvelertak y Mastodon, no lo parecería, pero no todo es metal, y me sorprendió gratamente ver una entrada así un frío jueves de invierno para ver a una banda, que como explicaré en las próximas líneas, superó con creces mis expectativas.

No sé si es que McCulloch tuvo un buen día, ya que a pesar de mantener una voz bastante firme durante gran parte del concierto, interactuó con el público, hizo alguna que otra broma e incluso se atrevió con el español y el catalán, pidiéndonos que cantáramos con él algún estribillo, o porque la banda se marcó un set list en el que prácticamente sólo sonaron clásicos de sus mejores años entre otras sorpresas, no sé. El caso es la cita con los de Liverpool fue mejorando por momentos y salí de allí con una sonrisa de oreja a oreja.

Con algo de retraso pero nada fuera de lo aceptable aparecieron Ian, Will y compañía por el escenario, y tras un “bona nit” de McCulloch arrancan con un enérgico “Going Up”. Buen sonido en general, destacando una batería bastante alta, sin eclipsar a los demás instrumentos, que dio un toque más cañero de lo que pueda parecer en los álbumes.

Tras este buen comienzo fue el turno de “Bedbugs and Bellyhoo” bajando un poco las pulsaciones que fue el preámbulo perfecto para dar paso a uno de los clasicazos más esperados de la noche, que fue “Rescue”. Bastaron dos notas de la intro en la guitarra del impasible Will Sergeant para desatar los gritos y aplausos de unos fans más que entregados. Puntualizar que hasta el momento McCulloch estaba mostrando un nivel vocal más que aceptable.

En “All my Colours” y “Over the Wall” puede que este bajara un poco con respecto a sus predecesores, pero en este último destaco el trabajo de Sergeant a la guitarra haciendo gala de su característico sonido y dejándonos los primeros solos del concierto. Esto sirvió para dar paso a “The Sonambulist”, tema inédito de su último trabajo The Stars, The Ocean and The Moon en la noche, que presentaron con elegancia aunque sin mucha repercusión por parte de los asistentes.

Pues si hasta aquí la cosa había ido bastante bien, todo iba a empezar a mejorar progresivamente hasta el final. Era el turno de “Villiers Terrace”. Temazo de post-punk donde los haya y uno de mis preferidos de la discografía de los británicos, para enlazar sin previo aviso hacia la mitad de este con un cover de un inmenso “Roadhouse Blues” de The doors, que terminó de levantar a un más que entregado público. Echo and The Bunnymen nunca han negado que la banda de Jim Morrison haya formado parte de sus influencias, con lo que ahora viene a mi mente una versión de “People are Strange” de los de Liverpool que nada tiene que envidiar a la original.

Por si esto no fuera suficiente, tras tocar la preciosa y noventera “Nothing Lasts Forever” en la que la sala entera (un servidor incluido) entonó con Ian el estribillo, a petición suya, y esta vez la versión elegida para el enlace y atrapar aún más a una sala cada vez más entregada fue “Walk on The Wildside” del maestro Lou Reed llevada al terreno Echo and The Bunnymen, en la que Ian interactuó con el público en el pre-estribillo metiéndose, ahora sí, a toda la sala en el bolsillo.

Sin duda estos habían sido los mejores minutos del concierto, pero querían más, por lo que la elegida para continuar fue otro clasicazo como “Seven Seas” cuyos estribillos se coreaban con entusiasmo en la Razzmatazz 1 e incluso la gente empezaba a saltar. Hacia el final de la canción el bueno de Ian permitió incluso a la sala cantar el estribillo accapella agradeciéndoselo en español al final de este. Tras “Seven Seas” tocaba bajar un poco la intensidad y fue el turno de la preciosa balada “Rust” en la que la banda al completo desempeñó un gran papel, e Ian parecía haberse alimentado de la energía del público para recuperar la voz. Después llegó el inevitable momento de “Bring on the Dancing Horses”, tema algo moñas que nunca me ha parecido tan bueno como la repercusión que llegó a tener en la historia de la banda, pero imprescindible en todas sus puestas en escena.

Y ahora sí, el señor Sergeant se había colgado su extravagante guitarra de doce cuerdas, por lo que todos sabíamos lo que se avecinaba. Llámenme mainstream todo lo que quieran, pero este “The Killing Moon” es un auténtico temazo lo mires por donde lo mires. Fue el primer tema que escuché de los de Liverpool y desprende una atrapante oscuridad intercalada con momentos de luz que nunca me deja indiferente al escucharlo. Sin duda uno de los momentazos de la noche, para preceder otro de los platos fuertes; “The Cutter”. Otro clásico con mayúsculas para volver a levantar al público tras el momento “The Killing Moon”, con la energía y que desprende un tema de este calibre.

Aquí la banda hizo un primer amago de despedirse, para volver pocos minutos más tarde con una extendida “Lips Like Sugar”, que sin ser tampoco uno de mis temas top en su discografía, sabíamos que era otro must en el concierto, y he de reconocer que en directo mejora bastante, con un sonido mucho más rockero y enérgico que en la versión de estudio. Otra vez Sergeant desempeñando un gran trabajo a las cuerdas, y la batería enérgica como en todo el concierto manteniendo a la sala muy metida aún en el concierto.

Tras más de 7 minutos de “Lips Like Sugar” tocaba volver a la serenidad con otra de las baladas imprescindibles de los ingleses, como es “Ocean Rain”. Bonita y triste a partes iguales para volver a despedirse por todo lo alto de Barcelona, quién sabe si para siempre. O esto parecía, porque todavía hubo tiempo para un encore más, y no uno cualquiera, porque las pulsaciones iban a subir como en ningún otro momento de la noche cuando empezaron a sonar guitarras distorsionadas como nunca antes en esa noche para dar entrada a la rockera “Do it Clean”, desatando ahora sí la más absoluta locura en la sala. Brutal final para un más que digno concierto de la banda de Liverpool, que incluso se atrevió a versionar a James Brown al final del tema con “Sex Machine”.

Ahora sí que había sido todo, y la verdad que como dije al principio de este artículo, me llevé una grata sorpresa con unos Echo and The Bunnymen, que pese a ser una banda muchas veces olvidada y que puede pasar desapercibida, todavía parece que tiene mucho que decir, por no hablar del legado que dejará cuando ya no estén. No podemos pasar por alto que sin estos, posiblemente no existirían grandes bandas posteriores como Oasis, The Stone Roses, o incluso Blur.

En resumen, gran presencia en el escenario, set list espectacular, conexión total con un variopinto público, y una gran sonrisa y satisfacción en un servidor y creo que en la mayoría de los allí presentes, hicieron que el mejor plan de este San Valentín fuera estar en Razzmatazz disfrutando de esta música inmortal.

Pau Rosell
Sobre Pau Rosell 34 Artículos
Como rockero nacido en Canarias y en los 90 (¡El Nu Metal mola!), me pasé la infancia luchando en todos los recreos para poner mis discos; “…And Justice For All” siempre era uno de ellos. En esto del rock desde que escuché por casualidad Deep Purple, a lo que siguió Led Zeppelin y ya no hubo vuelta atrás. Pasión por la música desde niño, prácticamente todos los estilos que derivan del rock, aunque un poco hater con el Glam. Guitarrista amateur, batería frustrado, y con ganas de adentrarme en este mundo como algo más que un hobby.