Manowar – The Triumph of Steel: 30 años del inicio del «una de cal y otra de arena»

Ficha técnica

Publicado el 29 de septiembre de 1992
Discográfica: Atlantic Records
 
Componentes:
Eric Adams - Voz
David Shankle - Guitarra
Joey DeMaio - Bajo, bajo piccolo, pedales de bajo
Kenny Earl "Rhino" Edwards - Batería, percusión

Temas

1. Achilles, Agony and Ecstasy in Eight Parts (28:39)
2. Metal Warriors (3:54)
3. Ride the Dragon (4:33)
4. Spirit Horse of the Cherokee (6:02)
5. Burning (5:10)
6. The Power of Thy Sword (7:51)
7. The Demon's Whip (7:51)
8. Master of the Wind (5:27)

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Difícil el definir y acercarse a este disco de Manowar… Digamos que hay dos partes: la primera es insufrible, cansina y absurda, y la otra, ¡es gloriosa! Perdía el grupo al gran compositor y líder en las sombras: el guitarrista Ross “the Boss” y al carismático y entrañable baterista Scott Columbus. La alineación nueva cumplía con creces a nivel técnico, pero ya empezamos a ver que Joey De Maio conduce la nave y las de cal y arena van a ser una constante a partir de ahora. Cielo e infierno van a ser el leitmotiv de un grupo que, a pesar de hacer ciertas cosas incomprensibles, sigue firmando temas que son pura magia. Las dos caras de Manowar empiezan con The Triumph of Steel (1992).

Rhino” aporta al grupo un velocísimo doble pedal que les permite al grupo jugar con tempos muy rápidos y Schankle es un guitarrista más imaginativo y efectivo que hacha del instrumento. Muchos juegos de distorsiones y perfectamente amoldado al sonido y velocidades de Manowar. La verdad es que parece que acertaban de pleno. Desgraciadamente también puedes ver que el grupo ha perdido algo, y ese algo tiene nombre y apellidos: Ross The Boss, el ex guitarrista de The Dictators. Y no hablo a nivel técnico, hablo a nivel compositivo.

De todas formas, y a pesar de hacer esta afirmación, digamos que Joey DeMaio se sale con sus canciones y que el grupo supera con nota (parcial) una ausencia sonada. Hay aquí grandes canciones y algunas son auténticos himnos del grupo. Y luego está la aberrante suite con la que empieza el disco y que es difícilmente defendible. Pero esto es Manowar… así que seguro que leeréis en los comentarios de Facebook gente que puede llegar a considerar que los casi 29 minutos son lo mejor que ha hecho el grupo en su vida.

El disco

Si nos vamos al inicio del disco ya hay nada más empezar la fastidiosa y odiada suite en ocho partes de la historia de Aquiles, héroe griego, que lucha contra otro héroe troyano: Héctor. Entiendo que la idea inicial de DeMaio sería la de hacer un tema épico 100% Manowar, completo, en el que poder integrar todos los solos del grupo: guitarra, bajo y batería y luego poderlo llevar a cabo en directo, pero… digamos que la cosa no salió como era esperado. Todos los solos lastran la pieza y el gran momento final que es “The Glory of Achilles” es un trallazo ultrarrápido que recuerda horrores al “Wheels of Fire”. La prueba de que no funcionó es que nunca más han vuelto a intentar algo así.

Juegos de texturas y volúmenes con una interesante entrada casi marcial. Se recrean las vivencias del héroe y hay algún momento que el grupo suena a clásico. Hay partes del material que sacadas de esta opereta podrían dar para algo interesante, pero no hay parte alguna en la que realmente veas que es algo que te toca o te impresiona, y más cuando en la segunda parte del disco vas con himnos atemporales, ya no de Manowar, sino del heavy metal en general.

“Metal Warriors” es un himno muy definitorio de lo que son Manowar y a día de hoy sigue siendo un santo y seña para el combo neoyorquino. De la sencillez y las letras tosca, pero directas, hacen que les ames. Es una oda al heavy metal excluyente: “si no estás en el heavy metal, no eres amigo mío”. Medio tiempo logrado, trabajado y pensado y un enorme Eric Adams que le pone el plus cabalgando sobre el agudísimo bajo de DeMaio. Ese agudo grito estridente e inigualable hace dueño y señor a Adams del estilo, pero es que el tema llega y atrapa. También digamos que tenía todo el sentido en 1992, pero con los años que es algo casi paródico. Tanto da… cuando suena nos dejamos la garganta.

Una de las mayores joyas, ya no del disco, sino de la discografía de Manowar, es ese acercamiento a los indios americanos con “Spirit Horse of the Cherokee”. Es pura originalidad y son Manowar explorando las fronteras del mas allá. Hay los pre-grabados de caballos y voces narradas, pero la épica y lo emocional del mensaje cala y convence a manos llenas. Ese estribillo con el doble bombo de Rhino y ese Adams tocado por una varita enamora, especialmente con ese grito final, tan original como inspirado. También hay unos versos casi narrados. He podido vivir este tema en directo y es una auténtica maravilla.

Del “The Power of Thy Sword” diré que es mi canción favorita de Manowar, y mira que tienen material excelso… Empieza con el ruido de los filos de espadas sonando y luego hay esa cabalgada que se prepara entre coros de valkirias (hechos con teclado, vale). La intención clara era hacer algo cercano a “Black Wind Fire and Steel”, y aquí se superaron. Velocidad a golpe de tópicos literarios de combinatoria escasa-medieval, pero efectista. El estribillo es glorioso y el pulido solo define al grupo, tanto como ese parón tan suave, que según que reproductor tengas parece inaudible.

Lo maravilloso de este tema es el ruido de los filos de espadas que se entrecruzan y Adams juega con dobles voces en la segunda arrancada. Los juegos de coros están cuidadísimos y el “cáguense” es ese delicioso final en el que hay una especie de canon estratosférico, además del solo de David Schankle que es tan excesivo como el grupo en sí mismo.

Y guardan para el final la balada de las baladas: “Master of the Wind”. No hay posibilidad de superación en una tonada espectacular y atmosférica que ha llevado a mucha gente a aflorar lágrimas en los directos. La pude vivir en directo y en unplugged cuando volvieron después de un concierto nefasto, pero el siguiente fue de 10, y esta canción fue algo tremendo. El estribillo es historia viva de las baladas heavies que se precien y es por temas como este que hasta los más críticos con el grupo tienen que tragarse sus palabras. Magia pura en acústicas, arreglos en teclado y un Adams sideral.

Luego están los temas que terminan de completar el disco sin tener tanto relumbrón, pero no por ello son canciones menores. Una de ellas es el “Ride the Dragon”, otra cabalgada con el verso cantado en pregunta-respuesta y con un bajo repiqueteante y rapidísimo por parte de Joey. Más intrascendente es “Burning”, que se pierde en ambientación narrada, efectos, distorsiones… Tiene tan poco peso que ni el grupo se ha interesado en tocarla en directo.

Completa la segunda parte esa interesante “The Demon’s Whip” con una ampulosa entrada de voz distorsionada e infernal. El tema avanza cadencioso y potente dando otro giro al disco, otra cuerda más para el arco de Manowar. El tema se divide en una parte más atmosférica y larga con un espídico y sorprendente giro final que termina dando al tema algo especial. Puede que no sea de tus favoritas, pero ese latigazo tiene sus devociones personales entre sus muchos fans.

Veredicto

Se suele considerar que The Triumph of Steel es el bajonazo importante del grupo, pero yo y muchísimos/as otros/as fans del grupo lo consideran como un clásico absoluto, y es que esa segunda parte es maravillosa (en gran parte). A nivel comercial, y a pesar de los cambios de formación y de esa primera parte puramente WTF, la cosa funcionó.

En Alemania el disco fue un éxito llegando al oro y en España también (!!!!). Recordemos que a The Master of the Wind le siguió una gira hispana que les llevó a recintos más grandes de lo que puede ser un Razzmatazz actualmente. Hay mucha gente que, como yo, siempre ha empezado este disco por la canción número 2 y eso de volver a escuchar la primera pieza un par de veces entera… Bufff. Pero dejemos que se manifiesten los defensores de los 28 minutos de tostonazo, seguro que algo dicen (indignados) en los comentarios de Facebook. Un gran Hail! a todos ellos.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 1094 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.