La reseña improbable: Opeth – Blackwater Park

Ficha técnica

Publicado el 12 de febrero de 2001
Discográfica: Music For Nations
 
Componentes:
Mikael Åkerfeldt - Voz, guitarra
Peter Lindgren - Guitarra
Martín Méndez - Bajo
Martín López - Batería
Steven Wilson (invitado) - Mellotron, teclado, guitarra, voces

Temas

1. The Leper Affinity (10:23)
2. Bleak (9:16)
3. Harvest (6:01)
4. The Drapery Falls (10:54)
5. Dirge for November (7:54)
6. The Funeral Portrait (8:44)
7. Patterns in the Ivy (1:53)
8. Blackwater Park (12:08)

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El “amigo” Beto Lagarda me “nominó” para reseña improbable Blackwater Park (2001) de Opeth. Seguramente, estarás pensando que estábamos compinchados y, que total, que te toque este disco es un chollo. Seguramente uno de los mejores discos de metal (en este caso death metal) progresivo de los últimos 20 años… Pues bien, aquí está la clave. No soporto el progresivo en cualquiera de sus acepciones. Me aburre. Me parece soporífero. Y muy a menudo, me parecen ejercicios de virtuosismo vacíos de contenido para dar satisfacción al músico y compositor en cuestión…

Además, a medida que me he ido haciendo mayor, excepto en contadas ocasiones, me cuesta muchísimo escuchar temas de más de 5 o 6 minutos. No tengo ni el tiempo, ni la paciencia para meterme en historias con desarrollos, cambios instrumentales, interludios, ahora un piano… Ahora una guitarrita acústica… No digamos discos de más de una hora… Se me hace una montaña enorme. Y si todo esto no está al servicio de la canción, ya no digamos. Esa búsqueda de la perfección en el virtuosismo musical para regocijo propio no va conmigo.

Dicho esto, debo decir que, evidentemente, es mi opinión, y respeto muchísimo a los músicos y aficionados de ese tipo de música. But, It is not my cup of tea… Lo siento. Estoy dispuesto a leer y escuchar todos los improperios que consideréis lanzarme, pero no me haréis cambiar de opinión. El Calde es así. O lo tomas o lo dejas. Y la idea de tener que hacer en el Universo Blackwater Park me ha dado mucha pereza, lo reconozco y lo confieso. No me apetecía nada, nada más lejos de mi en este momento vital. En un pasado (que ya empieza a ser lejano) lo intenté con Ghost Reveries (2005) y Watershed (2008) en pleno hype Opeth a raíz de su fichaje por la (por aquellos tiempos) todo poderosa Roadrunner. Pero no, no pude.

Así que el reto es mayúsculo…

Antes de todo un poquito de historia sobre el disco en cuestión… Blackwater Park es el quinto disco de la banda, en el que co-produjeron el disco con una pieza clave en su carrera: Steven Wilson, entre otras muchas cosas, integrante de Porcupine Tree, grupo de culto (o no tan culto, por las audiencias que ha llegado a congregar) del rock progresivo contemporáneo. Wilson animó a la banda a abordar otros sonidos, a arriesgar con la introducción de voces limpias y buscar ir más allá. Quizá a partir de entonces se forjaron los cimientos de lo que es la banda de Mikael Åkerfeldt y compañía en la actualidad, un combo de rock progresivo más que de metal extremo progresivo. El disco se lanzó vía Music For Nations en febrero de 2001 y tuvo una acogida muy buena [spoiler] cosa que no me extraña en absoluto. Sin duda nos encontramos ante un trabajo extraordinario, esto es así. Aunque a mí no me haya acabado de convencer. El trabajo instrumental, de composición de las piezas y el resultado conjunto, coherente, es maravilloso.

El disco abre con “The Leper Affinity” que sobrepasa los 10 minutos… empezamos bien… Explosión muy heavy, con riff de guitarra marca de la casa y Mikael Åkerfeldt cantando gutural… suena perfecto. Cristalino. Tiene potencia. Pero ya empezamos con las escalas, los desarrollos… Pero bueno, no son excesivos. Primer solo de guitarra que cae al pelo. Pero hacia los tres minutos y medio ya están empezando a rizar el rizo demasiado para mí. Bajada de ritmo. Punteo. Y… ¡Oh sorpresa! Va apareciendo una guitarra acústica de fondo… y voces limpias. Bien. Yo lo habría dejado antes. Pero a ver que nos depara la segunda parte de la canción… Después del interludio “limpio” y acústico retoman el tema. Desarrollando ese riff principal de forma magistral. Y acabándolo con unas frases de piano preciosas. Primer tema en el saco.

“Bleak” aunque tiene un inicio acústico es muy poderoso. La cosa se electrifica, pero siguen los acordes y punteos acústicos de fondo. Muy interesante. Bonito arreglo. El despliegue en arreglos y de capacidad técnica de los músicos es de traca. Esa combinación delicada y brutal con los guturales de Åkerfeldt realmente me ha sorprendido. Después de un par de escalas progresivas, vuelven las voces limpias, en un estribillo preciosista y afinado. Si no fuera un tema de más de nueve minutos, seria un single perfecto. Arranca un “paréntesis” acústico hacia el ecuador del tema, que nos conducirá a un solo intenso y una voz más dramática, sentida, que de nuevo nos lleva al riff principal en una bacanal de punteos, doble bombo y parajes “jambísticos”. Después de una fase death metalera a toda pastilla acaba. Bien.

“Harvest” se inicia con sonoridades acústicas que no abandonarán. A mi en este tema me vienen a la cabeza los Pink Floyd de Wish You Were Here (1975). Sin duda la mano de Wilson se nota de manera especial aquí. Precioso tema acústico.

¡Vamos a por la cuarta canción! Tampoco está siendo para tanto, a pesar de la duración de los temas… “The Drapery Falls” sigue la senda de combinar acústico con el poderío eléctrico. Seguimos con las voces limpias. Cuando te acostumbras hasta le coges el rollo. Al tema le cuesta arrancar para mi gusto. Una cosa así como calma/tormenta/calma/tormenta desde el tono lírico y onírico que se desprende en todo el disco. Hasta que en el minuto cinco volvemos a las raíces más death metaleras y la contundencia combinada con progresiones se adueña del tema. La segunda mitad del tema para mí es de lo mejor del disco, en el que la brutalidad death finalmente desemboca de forma (sorprendentemente) natural a frases más acústicas. Con cinco minutos era suficiente, en mi opinión.

“Dirge For November” empieza con guitarra acústica y voz de Åkerfeldt, y va creciendo a medida que pasa el primer minuto y medio. Hasta que todo explosiona, y la electricidad se apodera del tema en un tour de force de guitarras con punteos y batería.

“The Funeral Portrait” ha resultado ser mi tema preferido del disco, sin ningún tipo de dudas. Un riff poderoso, heavy, pesado, voces sucias, guturales, en algunas fases rápido, sin muchos adornos. Metal. Un riff principal super groovie, con el que se te irá el cuello sin querer. Al final, la cosa se torna en unos coros de voces limpias, coros, en lo que sería el desarrollo progresivo que te conduce al final que se va apagando poco a poco. Temazo de órdago que nos conduce a una pieza acústica instrumental de guitarra y piano que no llega a los dos minutos “Patterns In the Ivy”, que nos conduce al último corte del álbum.

“Blackwater Park” es una pieza de más de 12 minutos que sirve como colofón a un álbum extraordinariamente largo, pero también talentoso y virtuoso. El tema sirve de síntesis de la obra. Encontrarás todo lo que has ido escuchando a lo largo de la hora que llevas enchufado. Contundencia, riffs, desarrollos, guturales, partes acústicas, más calmadas y atmosféricas, vuelta a la brutalidad . Todo está ahí. El giro que da el tema a partir del minuto cinco es brutalítico y son siete minutos apoteósicos hasta el final acústico (breve).

En conclusión: hay que apreciar y valorar la calidad y el talento desplegado a lo largo de este disco. Grandes composiciones, de las cuales he gozado durante unos 15 minutos a baba caída (lástima que dure más de una hora). He avisado. No me engancha. No soy capaz de meterme en el universo particular del combo sueco. No es lo mío. Lo siento, se me hace pesado y farragoso.

Como ya sabes, nominamos al finalizar las “Improbables”. Y en este caso nomino a Abel Marín a que reseñe una obra básica para entender el black metal el pistoletazo de salida del metal más extremo desde el interior del Inner Circle noruego: De Mysteriis Dom Sathanas (1994) de Mayhem.

Joan Calderon
Sobre Joan Calderon 83 Artículos

Sant Boi-Sant Cugat-Barcelona. Padre y Metalhead. Desbordado por tanta música que escuchar y poco tiempo para disfrutarla. En el Universo solo hay dos cosas claras: In vino veritas y Metallica es la banda más grande de todos los tiempos (quizás solo una sea cierta, y no tenga que ver con la verdad). Death, black, thrash… y a veces electrónica, rock y “cabeza, hombros, rodillas y los pies” de Peppa Pig; en resumen, la música es mi pasión. También luchando por un mundo más justo… pero mejor centrarse en la música.