Crónica y fotos del concierto de Inadaptats + Les Buch - Sala Razzmatazz (Barcelona), 6 de mayo de 2022

La intensidad musical y política de Inadaptats enciende y abarrota Razzmatazz por partida doble

Datos del Concierto

Bandas:
Inadaptats + Les Buch
 
Fecha: 6 de mayo de 2022
Lugar: Sala Razzmatazz (Barcelona)
Promotora: HFMN Crew
Asistencia aproximada: 1.900 personas

Fotos

Fotos por Ray Molinari

Hace alrededor de veinticinco años, en una capital catalana de comarca cualquiera, un grupo de adolescentes al que todo le iba más o menos bien pero que aún y así se sentía irremediablemente atraído por su autenticidad y su combativo mensaje de protesta, convirtió a Inadaptats en uno de sus tótems musicales de referencia. Algunos venían de un entorno más metálico y otros lo hacían del punk rock y el hardcore, pero la banda capitaneada por Àlex Vendrell pasó rápida a indefectiblemente a formar parte de una imaginería compartida por todos ellos, estimulándolos a peregrinar hasta cualquier Ateneu o Casal de Joves cercano en el que tocaran o a molestar con su música a todo trapo en algún radiocassette curtido en mil batallas a todo aquel que tuviera la mala suerte de caer en su mismo vagón (ay, esos viejos y míticos trenes Delta en los que había plataforma para fumar….).

Resulta fácil suponer que una historia similar a ésta que protagonizamos yo mismo y mi grupo de amigos tuvo múltiples réplicas en centenares de otros círculos de adolescentes de comarcas, y por ello la banda de Vilafranca del Penedès se convirtió con los años en uno de los referentes decisivos para toda una generación de jóvenes catalanes. Y aunque esa vida me queda ya un poco lejana y a día de hoy tanto la propuesta musical como las ideas representadas por Inadaptats no son exactamente lo que suelo escuchar ni la lucha de mi día a día, tengo a la banda tan integrada en mi propio proceso formativo que el anuncio de su vuelta a los escenarios me motivó lo suficiente como para que me animara a apuntarme rápidamente a verlo, vivirlo y explicarlo.

Antes que nada, tengo que decir que una vez superada esa época adolescente he seguido más bien poco la evolución de la banda. En realidad, Per tots els mitjans fue el último disco suyo que me trillé de verdad, y aunque de vez en cuando le he pegado algún tiento más bien superficial a los “nuevos” trabajos que iban publicando (por ejemplo, el homenaje a Ovidi Montllor me parece una colección de canciones realmente disfrutable), nunca más los he visto en directo ni he sido del todo consciente de la dimensión que iban cogiendo. Por culpa de esa desconexión, fue toda una sorpresa ver como el retorno de la banda al directo después de más de diez años de ausencia iba a significar ni más ni menos que dos noches de sold out en la grande de las Razzmatazz. Y no solo eso, sino que lejos de limitarse a reunir a un montón de nostálgicos (aunque evidentemente lo que predominaba era gente que los vio crecer y que ahora ya superan los cuarenta), entre las cuatro mil personas que se acabaron congregando durante el fin de semana había una amplia y generosa representación de todas los rangos de edad.

Que aún hoy exista un interés tan grande por ellos en tal variedad de gente es sin duda un motivo de alegría y una excelente muestra de buena salud. Pero en mí caso, y con esta banda en concreto (porque normalmente no suele ser así), sí que me tengo que encasillar sin ningún género de dudas entre esos nostálgicos que vienen a reencontrarse con ellos tras chorrocientos años de olvido. Y es curioso, porque al seguir las carreras de las bandas que acostumbro a ir a ver con cierta continuidad y atención, siento que hemos ido caminando por vías más o menos paralelas y manteniendo siempre una especie de conexión a largo plazo. Con Inadaptats, en cambio, me encuentro que la vida nos ha llevado por derroteros distintos (más a mí que a ellos, por decirlo así), y si bien en lo musical no hay duda que disfruté del concierto sin reservas, toda la parafernalia política (que era evidentemente esperada, pero en la que yo no pensé demasiado antes de venir) no solo no acabó de atraparme sino que me dejó bastante frío.

Empiezo por decir que la idea del comunismo como opción política teórica me parece absolutamente válida y que sus postulados siguen siendo necesarios en un mundo tan desequilibrado como el actual, pero a su vez también creo que el curso de la historia se empeña en evidenciar que se trata de un sistema cuya aplicación nunca ha funcionado en grandes sociedades. En comunidades más pequeñas, como así se ha demostrado, sí que me resulta mucho más viable, pero intentar organizar a millones de personas bajo un régimen comunista implica que todas ellas tienen que ser incorruptibles y estar incondicionalmente convencidas de sus bondades, cosa que se me antoja como prácticamente imposible en el mundo tan diverso y lleno de intereses y circunstancias particulares en el que vivimos. No me considero en absoluto un experto (y por ello no otorgo a mi opinión ningún valor especial, y os pido que tampoco lo hagáis vosotros), pero aún y asumiendo que la propaganda occidental no ha sido nunca especialmente benevolente con el “enemigo rojo”, pienso que ni la Unión Soviética ni sus repúblicas satélites del este de Europa, así como China, Venezuela, Cuba (aunque ésta en menor medida) o las atroces interpretaciones implantadas en lugares como Camboya, Corea del Norte o algunas repúblicas africanas han resultado ser modelos organizativos precisamente envidiables.

Antes que me digáis nada (que os veo venir), es evidente que las dictaduras fascistas no han sido en absoluto mejores (más bien al contrario), y tampoco lo es el capitalismo exacerbado que reina en el mundo occidental desde hace ya unas cuantas décadas (o más bien podríamos decir siglos). En realidad, mi opinión es que todos estos sistemas (y pienso lo mismo de las religiones organizadas) no han acabado siendo más que una excusa repetidamente instrumentalizada por hijos de puta de toda índole con ansias infinitas de poder para llevárselo caliente e imponer un liderazgo que, muchas veces, tenía gran parte de sádico y megalómano. Pero lo que vengo a decir con esto es que si bien tanto un telón de fondo con la hoz y el martillo como la profusión de gritos de protesta ante las flagrantes injusticias que se viven en el mundo me parecen elementos absolutamente razonables (y yo soy el primero que los secundaré selectivamente si así me apetece), la verdad es que ver camisetas de la CCCP con tanta alegría me cuesta un poquito más de digerir.

Más allá de su comunismo convencido y militante, el otro gran puntal del mensaje de Inadaptats es la lucha por la independencia dels Països Catalans. Aunque si mañana hubiera un referéndum preguntándonos por ello muy probablemente yo diría que sí por una amplia amalgama de motivos (ninguno de los cuales incluye el odio o el desprecio por España ni por la inmensa mayoría de los españoles), tampoco os penséis que soy ni el más independentista del lugar ni el mayor amigo de las banderitas de todo tipo (y sin duda, ni en mil vidas se me ocurriría pegar un tiro en nombre de ninguna de ellas). Así que vamos, que si bien disfruté mucho del concierto y de las canciones de la banda (porque son temazos, y además las hicieron sonar como un cañón), muchas de las arengas políticas que las acompañaron me resultaron más bien lejanas.

Ya sé que la crónica de un concierto no debería ser el lugar para discusiones políticas que probablemente no lleven a ningún sitio (porque en este tema ya venimos todos más o menos convencidos de casa), pero está claro que sí hay un concierto que invite a formularlas es precisamente éste. Y ojo que todo esto que digo no es ninguna crítica a Inadaptats ni a ninguno de los presentes que comparten plenamente sus ideas: ésta ha sido siempre su propuesta y yo ya sabía a lo que venía. Y en realidad admiro, celebro y respeto profundamente su compromiso y su coherencia, porque me consta que, entre otras cosas, ahora mismo podrían estar forrándose de festival en festival y no lo hacen por lealtad a sus principios. Así que el que ha cambiado en este sentido he sido más bien yo, que no es que ahora me dé por votar a Ciutadans o a VOX, evidentemente, pero que ya no me encuentro exactamente en ese mismo lugar. De hecho, visto en perspectiva, tampoco sé si nunca lo estuve del todo.

Pues bueno, hechas las pertinentes y como siempre extensísimas, sobreargumentadas y quizás innecesarias reflexiones, situémonos ya bajando a Barcelona en una tarde de viernes caluroso y casi estival, con clásicos del punk rock noventero interpretados por Agua Bendita o Animales Muertos amenizando el trayecto y retrotrayéndonos irremediablemente a batallitas de veinticinco años atrás. A la que llegamos a las inmediaciones de la sala Razzmatazz, y cómo era de esperar, nos encontramos con un ambientazo maravilloso y con todos los bares a petar de punkies y de skinheads con ganas de gresca y rememorando las grandes ocasiones. Ver la calle Almogàvers tal y como está ahora, por cierto, es una sensación tirando a agridulce. Por un lado, que se convierta en un gran paseo peatonal en vez de continuar siendo una calle de cinco carriles repleta de coches humeantes supongo que es algo positivo (siempre que esos coches que antes pasaban por aquí tengan algún sitio dónde meterse sin implosionar, claro), pero por el otro, ver como cada vez quedan menos edificios antiguos (como el de nuestro añorado Rocksound, sin ir más lejos), aniquilados sin piedad para poder dar paso a que se edifiquen más y más bloques de pisos impersonales y gentrificadores es bastante trágico. No porque no sea inevitable que así sea, supongo, sino porque me hace mirar con nostalgia a una Barcelona que no volverá y que contiene algunos de los recuerdos más preciados por toda la parroquia rockera. Un buen día para derramar grandes dosis de nostalgia, por lo que veo.

Les Buch

Cuando unos pocos minutos más tarde de las siete crucé finalmente las puertas de la sala, me encontré con un montón de gente con amplias sonrisas y evidentes ganas de pasar una noche memorable ocupando aproximadamente la mitad de la pista. Encima del escenario, el cuarteto de Terrassa Les Buch (que normalmente está formado por cuatro chicas, pero que hoy contaba con un chaval bien barbudo al bajo) estaba descargado un standard del punk rock tras otro. Acostumbradas a recintos mucho más humildes, la propia banda se mostró verdaderamente encantada y emocionada de tener la oportunidad de estar hoy aquí, y aunque al principio creo que el escenario se les quedó un pelín grande, a medida que transcurría su concierto fueron creciendo en confianza, en solidez y también a nivel de respuesta del público.

Formadas en 2017, la producción discográfica de esta joven banda se limita hasta ahora a un par de EPs cuyas canciones protagonizaron la mayor parte de un concierto que duró aproximadamente tres cuartos de hora y que fue sin duda de menos a más. Su música y su mensaje giran alrededor de un punk rock sencillo y combativo que alterna la reivindicación social, individual y feminista con, también, algún que otro corte más hedonista y festivo. Entre éstas últimas, tanto “Un got més” como “El pogo de la mort” recibieron quizás la respuesta más entusiasta por parte de la gente que ya empezaba a llenar todos los huecos de la pista y que había venido en busca de precisamente eso, correspondiendo con gritos y puños en alto a los guitarrazos que provenían del escenario.

Quizás su propuesta no pasará a la historia en cuánto a originalidad (ni lo pretende, claro), pero está claro que su concierto fue entretenido y resultón y que cumplieron sobradamente con su misión de calentar los ánimos de la gente que había decidido entrar pronto en la sala en vez de apurar los bares de las cercanías hasta el último momento. Si al final lograron hacerse suyo un escenario tan enorme y complicado como es el de la grande de las Razzmatazz, es de esperar que en los próximos conciertos que tienen previstos en salas más pequeñas puedan ser capaces de generar un ambiente verdaderamente, divertido, caliente y festivo.

Setlist Les Buch:
No és no
Sóc com sóc
Ens estan matant!
Pica fort
Si és pecat
Escala
Tot és fals
T’he calat
2000 anys
Xantatge emocional
Un got més
Crit de guerra
Descansaré quan moriré
Un dia més
Darrera teu!
Harakiri uterí
Pogo de la mort

Inadaptats

Fue bajar un momento a vaciar los residuos líquidos que mi cuerpo generó tras las primeras birras y, casi por arte de magia, al volver la sala estaba casi a petar. Todos aquellos que estaban apurando su tiempo en los bares y en la calle entraron a tropel, y mientras algunos se quedaron asediando el puesto de merch para hacerse con las recién publicadas reediciones en vinilo de los primeros discos de la banda, otros muchos se acumularon como si no hubiera mañana ante unas barras que no daban abasto a servir una cerveza tras otra. Las camisetas proclamando el antifascismo de un montón de ciudades catalanas se extendían y diseminaban como la espuma por toda la sala (a punto estuve de llevar yo también la mía de “Granollers Antifeixista”, pero acabé optando por otro lema casi igual de potente como es el “Hardcore o barbàrie” de nuestros amigos de L’Arcada Koncerts), y mientras el escenario completaba su decoración con un par de esteladas a lado y lado, el público empezó a cantar los primeros y festivos “Puta Españas” de la noche.

En esas estaba yo, amorrado a la barra como todos en busca de mi siguiente cerveza, cuando las luces de la sala se apagaron y empezó a sonar (creo, pero lo cierto es que no estoy del todo seguro) el ritmo hiphopero enlatado que abre “Inadaptats X”, la intro del disco homónimo que la banda publicó en 1999 y que, junto con unas palabras del Ché, dio paso a la locura más absoluta a la que se lanzaron con un himno tan conocido y celebrado como es “Motí, avalot…”. Cuando por fin pude despegarme de la barra con mi preciado líquido dorado entre las manos para acercarme de nuevo a nuestra posición al final de la sala lo que vi fue una pista absolutamente enloquecida y a Àlex Vendrell, ataviado con un llamativo chándal rojo de la URSS, dando botes por el escenario con una sonrisa de oreja a oreja.

No era fácil mantener la intensidad tras una salida a escena tan potente, pero lo lograron sin demasiados problemas gracias a la magnífica versión del “Va com va” de Ovidi Montllor, una emocionante oda obrera que mola tanto en su folk original como en la potente rendición punk que pudimos escuchar hoy. La siguiente en caer fue el propio tema homónimo que abre su primer “Crítica Social”, un disco en el que aún mezclaban canciones en catalán y en castellano. Un trallazo de puro hardcore punk que en su momento nos tuvo a todos pogueando como locos y que, treinta años después, volvió a poner la sala patas arriba sin darnos ni un segundo de descanso.

Temas como la huelguista “Metamorfosi”, la inquietante y rageagainsthemachinera “O.T.A.N.” o la potentísima y pro-soviética “Gen Comunista” (con homenajes a la revolución rusa de 1917 y a la victoria en la batalla de Stalingrado de 1940) se sucedían como potentes ráfagas de AK47 entre saludos de “Hola camarades!” y proclamas a favor del Dombass, contra la guerra imperialista y la manipulación informativa. El doble sold out permitió a la banda invertir generosamente en producción, y si bien la decoración del escenario se limitó a un inmenso telón de fondo con el nombre de la banda y una especie de Eddie armado hasta las cejas (bien, y a un montón de banderas de diversas causas que fueron lanzadas al escenario y acabaron decorando los monitores de la primera línea), la verdad es que tanto el sonido como las luces estuvieron de diez, ayudando a que la puesta en escena fuera realmente impecable en todo momento.

Si hay un tema por encima de todos que nos volvía absolutamente locos cuando éramos adolescentes era sin duda la brutalísima “Eskamots”, así que a la que sonaron sus primeras notas, por supuesto, esta locura se apoderó de nuestro grupo y, por extensión, del resto de la sala. Yo creo que por una letra así hoy en día casi te exilian, pero las dos mil personas que abarrotábamos la grande de las Razz nos pusimos a cantar a pleno pulmón la vengativa, explícita, combativa y dramática historia que la protagoniza mientras lo dábamos todo en las partes más tralleras, cerrábamos los ojos en las más emotivas y levantábamos el puño con decisión y violencia en los pertinentes “assassins!”, “un poble català!” y “una terra lliure!”. Un temazo absolutamente tremendo que sonó como un puto cañón, que disfruté como cerdo en lodazal y por el que ya valió la pena acercarme hoy hasta aquí. Tras su gigantesca interpretación dejaron sonar ese bonito “Ay, camaradas caídos en el camino del pueblo, de pie como las estatuas….” tal y como ya viene en el disco. Una pasaje que para mí siempre ha formado parte de “Eskamots” y que, por cierto, acabo de descubrir que se llama “Manantial de Auroras” y que está interpretado por unos señores nicaragüenses llamados Hombres de Maiz.

El homenaje al gran Ovidi continuó con otro temarral espatarrante como es “Perquè vull”, y tras cagarse en las mesas de diálogo y reconocer que su manera de solucionar las cosas es un poco más garrula, introdujeron la reciente, antémica, nostálgica y punkarra “InACABats (però mai vençuts)”. El tema no desentona para nada con el resto del repertorio, pero como era de esperar tuvo un recibimiento algo más frío que el resto de clásicos que coparon el setlist de hoy. La trallerísima y veloz “Catalunya” y un voluntarioso y deseoso grito de “encara que sembli que no, estem guanyant!“ dieron paso a la larga y atmosférica “11.09.01”, un tema muy interesante y oscuro que me llamó la atención y que, sin conocerlo demasiado, ahora estoy disfrutando lo suyo. De nuevo es Ovidi el que le pone voz premonitoria al “Serà un dia que durarà anys”, introducido aquí como homenaje al 1 de octubre, mientras que para completar la amalgama de estilos que nos han ofrecido hasta ahora y que va desde el punk rock al hardcore, el metal, el oi! o el ska, la melódica, pizpireta y saltarina “Canviar la història” ocupa una esquina cercana al pop punk.

Llegados a este punto, un chico se subió al escenario con otra camiseta de la URSS a leernos un manifiesto muy largo al que debo confesar que no presté demasiada atención, y seguidamente se pusieron a interpretar la también nueva (y también punkarra y llena de camaradería) “Hiperventilats”, en la que entiendo que intentan autodefinir su propia personalidad y las reacciones que su lucha y sus mensajes suelen despertar entre la gente. La entrada de los trombones le dio un toque festivo a la cosa, y tras casi diez temas sin tocar nada de los discos que conocía, la interpretación de la icónica “La Revolución”, con sus “chop chop chops” y todo eso tan bonito de “todos los burgueses morirán ahorcados por la revolución” supuso otro de los momentos más disfrutones de la noche.

La alegre, festiva y bailonga “Festa Si, Lluita també” dio paso a que unas grallas (por desgracia grabadas) interpretaran el “Toc de castell”, la música que acompaña indefectiblemente la construcción de los castells y al que solo se apuntaron un par de pilares de dos entre el público (con lo apretados que estábamos, habríamos podido montar una piña de la ostia). Inmediatamente después, y con los trombones ya perfectamente afianzados sobre el escenario, se lanzaron a por todas con “Els segadors de sempre”, cuyo “Països catalans, independència o mort” fue secundado con verdadera pasión por el respetable y que acabó al grito de “A Catalunya sempre odiarem als nazis!”. Ojalá así fuera, pero yo no lo tengo del todo claro.

Además de “Eskamots”, si había otro tema de Per tots els mitjans… que destacaba por encima de todos los demás durante nuestra adolescencia era “Redskins”, un himno skinhead que, aún y no serlo nosotros en absoluto, nos hicimos nuestro sin dudarlo lo más mínimo. Sinceramente, me sorprendió (para mal, ya que es el que mejor me conozco) que solo cayeran dos canciones de este disco, y más aún tras ver la respuesta apasionada del público ante ellas, pero al menos en este caso le otorgaron a la destrucción de Babylon y a la lucha contra el fascismo y el racismo un merecido lugar de privilegio como cierre del set principal. Y eso que se dejaron en el tintero ese cutrillo pero festivo “ska i res més que skaaa” que ocupa el final de su versión de estudio y que nos obligaba a bailar siempre con el culo respingón.

Tras el minutillo de descanso de rigor, la banda volvió al escenario con la pesada y casi tribal “Sageta de Foc”, otro gran tema de Ovidi Montllor que, también de nuevo, sonó magnífico en manos de los de Vilafranca. Tras ella, la versión del “Songs of Freedom” de Bob Marley (rebautizada como “Cançons de lluita”) y, ya para acabar, ahora con una inmensa bandera roja con la hoz y el martillo ocupando la parte posterior del escenario, interpretaron una antémica “Orgull de classe” que enloqueció a los asistentes por última vez y que puso el punto y final a un concierto tremendo de prácticamente dos horas que acabó, ahora sí, con público y banda cantando el himno de Catalunya a capella. Como himno pocos le tosen al temarral épico y emotivo que es “Els segadors”, así que acabamos todos con los pelos de punta.

A pesar de que tocaron relativamente pocas canciones de los álbumes que mejor conocía, no hay duda de que en lo estrictamente musical, lo suyo fue un bolazo. Y que si además comulgas con sus ideas y con la manera que tienen que expresarlas, lo suyo fue un bolazo multiplicado por dos. En mi casi me lo pasé tan bien que en el momento no me costó demasiado esfuerzo pasar de puntillas por encima de aquellos detalles que me impedirían disfrutarlo plenamente. En todo caso, lo que celebro sin matices es que Inadaptats estén de vuelta, que a pesar de siete años sin subirse a un escenario suenen como lo hicieron y que este retorno no se limite a estos dos conciertos sino que tengan más historias entre manos (la primera de ellas, el 1 de octubre en Girona). La buena música y la gente íntegra y comprometida siempre es bienvenida y necesaria, y por ello les deseo todo el éxito posible en su regreso. Vete a saber si no nos encontraremos en alguna otra de éstas….

Setlist Inadaptats:
Motí, Avalot…
Va com va
Inadaptats
Metamorfosi
O.T.A.N.
Gen comunista
Eskamots
Perquè vull
InACABats, però mai vençuts!
Catalunya
11.09.01
Serà un dia que durarà anys
Canviarem la història
Come on baby
Hiperventilats
La revolución
Festa sí, lluita també
Els segadors de sempre
Redskins

Sageta de foc
Cançons de lluita
Orgull de classe

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Sobre Albert Vila 922 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.