
El pasado 20 de marzo tocaba noche de hardcore en sala Laut, con Víbora y Damasco compartiendo cartel. Como viene siendo habitual últimamente en mis crónicas, la historia empezó en nuestra maravillosa Renfe. En el capítulo del otro día, hasta tres trenes desaparecieron misteriosamente de la app. Sin explicaciones, sin previo aviso. Simplemente dejaron de existir, para mi gozo y disfrute. Incluso había movido turno en el trabajo para poder salir antes y encarar el día con margen, sin prisas, pero aún así, la suerte no me acompañó.
Tras el habitual ejercicio de fe que supone confiar en el transporte público, acabé llegando a la zona del Paral·lel, donde había quedado antes del concierto con el gran Rubén de Haro. Hicimos la previa como dios manda, y ya se veía el ambiente típico de la zona un viernes: cola en sala Apolo (no recuerdo quien tocaba), bastante movimiento y ese murmullo típico de noche de conciertos. Lo nuestro, eso sí, estaba a varios metros detrás.
Después de comer un poco fuimos para la sala Laut. La única vez que estuve en esa sala fue en el concierto de despedida de Böira, y la verdad es que guardo grandes recuerdos de aquella noche. A medida que se acercaba la hora, empezaron a aparecer caras conocidas en los aledaños. Gente de la escena, colegas y habituales. De esos conciertos en los que sabes que, pase lo que pase encima del escenario, abajo ya hay comunidad.
Entré en la sala y, poco a poco, aquello empezó a animarse. Saludos, reencuentros, primeras conversaciones. Nada más entrar estaba la zona del merch, donde hubo un detalle que me llamó la atención. Había pedales a la venta. Quizá sea la primera vez que haya visto esto, ya que no es lo habitual, pero decía bastante del tipo de concierto que íbamos a ver.
Pude hablar un rato con la gente de Damasco, que estaban bien concentrados, listos para dar un buen espectáculo. Intercambiamos impresiones rápidas antes del bolo y, sin entretenerme demasiado, fui a buscar sitio. Conseguí colocarme bastante delante, en una de esas posiciones que sabes que, si la pierdes, no la recuperas.
La sala fue llenándose progresivamente. Se respiraba hermandad, ganas de directo, ese ambiente previo que cuando aparece, marca la diferencia. La gente tenía hambre de bolo.
Damasco
Subieron Damasco con humildad, casi sin hacer ruido. Pero bastó con que Guille empezara a castigar el bombo y entrara el primer grito para que todo encajara. Arrancaron con “Tabula Rasa”, y la conexión con el público fue inmediata.
Guillem estaba ubicado fuera del plano físico, ocupando la esquina izquierda del escenario, pero su presencia se sintió constante. Protagonista sin necesidad de ocupar el centro, un detalle que a mí me gusta. Mientras tanto, la banda funcionó como un bloque muy sólido: sincronía, comunicación y un muy buen control de las dinámicas. El sonido acompañó, limpio y potente, permitiendo que cada detalle se notara.
Durante un momento me giré, y contemplé orgulloso que la sala ya estaba bien llena, y las primeras filas empezaron a moverse. Aparecieron los primeros pogos, sólo unos pocos, pero con intención. El nuevo material funcionó especialmente bien en directo, con temas que me hicieron pensar lo mucho que ganaban respecto a la grabación, que ya es decir. A nivel personal, cuando tocaron “Tornasol”, un tema que quizá destaque de entre los demás, aportó ese punto distinto que, al menos a mí, me arrancó una sonrisa.
Entre tema y tema, Aleix animó a seguir apoyando la escena, a montar bandas, a construir desde abajo, y en la recta final, alguien se lanzó a hacer crowdsurfing. Ya tocaba.
Cometí el error de ir al baño en la última canción, y a la vuelta, como era de esperar, me resultó imposible volver a mi sitio inicial. Pero no importaba. Aquello era demasiado bueno como para preocuparse por la ubicación.
Cuando todo terminó, escuché a alguien cerca decir “espectacular”. Difícil resumirlo mejor. Me quedé con la sensación de que el cuarteto local no suena a telonero en absoluto. Espero que el destino sea benévolo con ellos.
Setlist Damasco:
Tabula Rasa
Buitres
Murmuraciones
Lastre
Oposición
Moussanbani
Tornasol
Anhedonia
Doble Filo
Brecha Férrea
Sepsis

Víbora
Con el cambio de banda, salí un momento a fumar. Error táctico, ya que perdí mi posición privilegiada. A la vuelta, la sala estaba aún más llena; magnífica señal, significa que la escena sigue viva. Sin embargo, me tocó buscar un hueco donde pudiera, ya sin ese control inicial, pero con la sensación de que lo que venía iba a merecer la pena igualmente.
Vibora subieron al escenario, y lo primero que hicieron fue agradecer a la sala, público, organización y demás. Un gesto sencillo que significó mucho. La conexión con el público fue inmediata y lo que vino después fue una descarga cruda, directa, como marcan las grandes noches.
El sonido de los graves pegó fuerte desde el inicio, con el bajo de Jorge especialmente presente, que empujaba cada tema con contundencia. Sobre el escenario había movimiento constante, entrega total, y una banda que sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Cuando pisaron el acelerador y se acercaron a terrenos más cañeros, la sala respondió con intensidad. Pero lo realmente interesante fue cómo equilibraron esa dureza con momentos más suaves, melancólicos, dentro del encaje en el que nos encontrábamos, donde el público acompañó en todo momento.
Hubo un momento en el que, creo que fue Goio, nos dijo: “Cuidaros y cuidar a la gente, que se lo pasen bien”. A mi este tipo de cosas, entre la distorsión y el caos, me ponen la piel de gallina. Le dan todo el sentido a esto.

Las luces acompañaron bien, reforzando la intensidad sin robar protagonismo. Había móviles en alto, gente grabando, pero también mucha otra completamente entregada al momento. A mitad de concierto empezaron a aparecer los primeros crowdsurfers y el movimiento en la sala se volvió constante.
El concierto avanzaba demasiado rápido. Xabi sumó una agresividad extra que elevó aún más el conjunto. El bajo siguió sonando demoledor durante todo el bolo, sosteniendo una base sólida sobre la que todo lo demás crecía, entrelazada con la precisión de Fabio a la batería. Hacia el último tramo del concierto llegó el único contratiempo serio de la noche: uno de los altavoces falló y el sonido se volvió metálico, incómodo. Tras un breve descanso, la banda intentó seguir, pero la cosa parecía fallar por momentos. Finalmente, tras un gran acierto técnico, consiguieron solucionarlo. Esto podría haber roto el ritmo, pero creo que en su lugar añadió un punto más de tensión a un directo que parecía ir ya al límite.
El concierto se fue cerca de la hora o un poco más. Por un momento pareció que habría bis, pero no. Se fueron sin más. Quizá dejaron a más de uno con ganas de más, pero al fin y al cabo esa es la magia del directo.
Setlist Víbora:
Egin dugun guztia
Sentir nostalgia de cosas que quizá nunca pasaron
Dedos de diablo
Flor de maíz
Ezin duzu zure lagunak hiltzen utzi
Fotos
Blu
Zerbait ona idatzi
Dana
6:36
Egin ez dugun guztia

Después del bolo, me quedé un buen rato por la zona de merch. Y ahí, casi más que durante el concierto, acabé de entenderlo todo. Había movimiento constante, gente acercándose, charlando con las bandas, llevándose discos, camisetas, apoyando de forma directa. Así sí.
Porque al final va de eso. De estar, de implicarse, de sostener una escena que no vive de grandes promotoras ni de estadios, sino de noches como esta. De salas llenas, de gente que responde, de bandas que se dejan la piel y de un público que devuelve cada grito.
Lo del 20 de marzo en sala Laut fue una de esas noches que no necesitan demasiado análisis. Dos bandas entregadas, una sala que respondió como tenía que hacerlo, y gente quedándose después a hablar, a comprar, a no tener ninguna prisa por volver a casa. El tipo de noche que, cuando sales a la calle y coges el metro de vuelta, todavía tienes esas sensaciones bien adentro. Y no sé si eso tiene un nombre concreto. Pero tampoco es necesario ponerle nombre a todo.


Adicto a la música desde que tengo uso de razón y pateador crónico de salas de concierto.
Músico, cocinero y escritor cuando se tercia.
Siempre con más ganas que tiempo y más tiempo que talento.









