Crónica y fotos del concierto de O.R.k. + LizZard - Sala Razzmatazz 3 (Barcelona), 26 de enero de 2018

La elegancia y la contundencia de O.R.k. y LizZard cautivan a unos pocos privilegiados en Barcelona

Datos del Concierto

Bandas:
O.R.k. + LizZard
 
Fecha: 26 de enero de 2018
Lugar: Sala Razzmatazz 3 (Barcelona)
Promotora: Madness Live!
Asistencia aproximada: 70 personas

Fotos

Fotos por Albert Vila

Nuestra Previa

La previa de Science of Noise: O.R.k. + LizZard

Sí, ya lo sé: ni vosotros ni yo sabíamos de la existencia de esta banda llamada O.R.k. antes de que se anunciara esta gira. Aunque hace alrededor de un año que sacaron su segundo disco, llamado Soul of an Octopus, creo

Entrevista a O.R.k.: ‘Es genial que música aventurera y de espíritu libre sea capaz de encontrar una audiencia en estos tiempos difíciles’

Quizás el nombre de O.R.k. os suena a chino, pero seguro que tenéis más que presentes grupos como King Crimson o Porcupine Tree. De estas gigantescas formaciones surge esta banda de raíces italianas y espíritu progresivo y rompedor, que ya

Este 26 de enero fue uno de esos días en que el Poble Nou barcelonés parece volverse loco. Por un lado, las tres salas de Razzmatazz tenían inquilinos sobradamente apetecibles: en la grande teníamos a Accept y a Night Demon (y estos últimos doblarían después en el Rocksound), en la mediana a los extremeños Sínkope y en la pequeña a estos O.R.k y LizZard. Por si fuera poco, unas cuantas calles más allá, en la Sala Bóveda, se nos ofrecía la también muy atractiva posibilidad de ver a Triggerfinger junto a Viven. En resumen, un montón de opciones interesantes que, me imagino, provocaron más de un dilema en aquellos a los que nos gustan estilos más o menos diversos. Yo mismo, por ejemplo, hubiera ido a gusto a varios de esos conciertos, y finalmente acabé escogiendo éste por un puñado de circunstancias no todas puramente musicales.

Y no me arrepiento en absoluto de esta decisión. No puedo decir, claro, si el bolazo que dieron estas dos bandas en la Sala Razzmatazz 3 fue el mejor al que se podía asistir esa noche, pero lo que tengo clarísimo es que seguro que no fue ni un milímetro peor que ninguna de las otras opciones. Ambas bandas sonaron potentes y rebosantes de personalidad y de presencia escénica, y tener la opción de ver a un musicón como Pat Mastelotto (y los otros también, pero la expectación máxima se la llevó él) de tan cerca se antojó como una oportunidad casi única y un privilegio del que todos éramos conscientes.

Otra cosa que todos teníamos clarísimo es que que hoy íbamos a estar en familia. Más allá de la abundante oferta y del desconocimiento que existe aquí sobre ambas bandas (que no sobre sus miembros), el masivo sorteo de entradas que la promotora organizadora lanzó pocos días antes daba a entender que la expectación generada por este concierto estaba bastante por debajo de lo deseado. Y quizás porque me esperaba un batacazo sin precedentes, la setentena de personas que se reunieron en la pequeña de las Razzmatazz, siendo mucho menos de lo que el cartel merecía, me parecieron una pequeña salvada de muebles e hicieron que el aspecto que presentaba la sala no fuera tan malo como lo que me podía haber imaginado a priori.

LizZard

Aunque el cartel se presentaba como una especie de co-liderazgo entre ambas bandas, está claro que O.R.k. y, sobretodo, sus músicos a nivel individual, eran el principal reclamo para la mayoría de los asistentes. Eso no fue óbice para que el trío francés LizZard diera un concierto magnífico, contundente, elegante y con un sonido nítido e impecable para abrir la velada (felicitamos por ello al joven, voluntarioso y activo técnico de sonido que llevaban). Aunque introducen su música como art-rock, en directo sonaron como una banda de rock alternativo bastante accesible en la vena de Soundgarden y Alice in Chains con, eso sí, mucho groove, abundantes toques progresivos, constantes loops y efectos de guitarra, prominente wha-wha en el bajo y pasajes atrevidos por dóquier.

Totalmente indiferentes a la poca cantidad de público que se acumulaba en la sala, Mathieu Ricou, William Knox y Katy Elwell salieron como un torbellino sónico (que no visual, ya que en este sentido se mantuvieron bastante estáticos) a descargar temazos como la conocida y motivante «Vigilent» o la toolera «The Orbiter», así como algunos cortes pertenecientes al que será su tercer e inminente disco, desconocido aún por casi todos y que a simple vista parece contener toques más lisérgicos y psicodélicos. La gente respondió con ganas, y si bien nadie se volvió del todo loco, sí que hubo una apreciación unánime hacia la banda y su descarga, hasta el punto que hacia el final Mathieu, entre intrincados jueguecillos con sus pedales y sus loops, se mostró visiblemente emocionado y sinceramente agradecido. A mí, personalmente, su concierto me gustó mucho y me parecieron una formación plenamente entretenida y sobrada de calidad, de talento y de contundencia sónica.

Setlist LizZard:
Seed (intro)
Singularity
The Roots Within
Vigilent
Colour Blind
Leaving The Dream
Shift
Open View
The Orbiter
MinEd
Passing By

O.R.k.

Después de este fantástico aperitivo, se hizo el run-rún en la sala a la que las figuras de dos respetadísimos monstruos del prog rock como Colin Edwin (conocido por su trabajo en Porcupine Tree) y Pat Mastelotto (batería de King Crimson) aparecieron por el escenario a trastear, montar y sonorizar sus propios instrumentos durante un buen rato. No es que Lef ni, sobretodo, el sorprendente y magnético Carmelo Pipitone, no demostraran ser también instrumentistas excepcionales, pero el conocimiento que se tenía de estos dos músicos italianos era bastante menor. Cuando parecía que aún estaban entretenidos, cada uno por su lado, con la prueba de sonido, como por arte de magia y sin aviso aparente, se pusieron todos de acuerdo en enlazar con la inicial «Breakdown». Y, como por arte de magia, empezaron a pasar cosas.

Para empezar, la sensación de que encima del escenario no había unos músicos cualquiera era evidente aunque te hubieran teletransportado ahí y no tuvieras ni idea de la reputación de esos cuatro señores. Su disposición sobre el escenario era totalmente inusual, con la figura imponente y constantemente observada de Pat Mastelotto y su inmensa batería llena de pads y de pequeños artilugios ocupando todo el flanco izquierdo (casi escondido detrás de la famosa y molesta columna del Razz 3). Lef, vocalista, teclista y sintetizadorista, se parapetó frente a él en el otro lateral, protegido por una gran mampara de plexiglás que seguro que le ayudó sonoramente, pero que quedaba un poco raro al ojo de los espectadores.

El impresionante Carmelo Pipitone, un tío con más pinta de punkarro anarquista transalpino que de alguien que se fuera a servir de una pedalera de aúpa para extraer infinitos sonidos de una aparentemente sencilla guitarra acústica, tomó gran parte del protagonismo visual a pesar de estar sorprendentemente confinado al fondo del escenario, de donde no se movió hasta el último tema a pesar de no dejar de contorsionarse en toda la descarga. La primera línea, un poco al lado, estaba reservada para Colin Edwin, todo un señor con fino humor inglés que ejerció de maestro de ceremonias y que se movió por su zona con parsimonial elegancia, sin demasiada prominencia escénica pero con una prominencia total en lo musical de la mano de un bajo fretless que toca como los puñeteros ángeles.

La música de O.R.k no es del todo descriptible, y al final tiendo a clasificarlos, depués de verlos en directo, de rock alternativo con cosas. Con toques progresivos, claro, pero también con toques a-la Mike Patton (influencia evidente de un Lef que salía a pasear fuera de su búnker de tanto en cuanto), el cuarteto se sacó la chorra sin demasiado esfuerzo y demostró disfrutar constantemente con bromas, risitas y sobradas varias entre unos y otros. La gente conectó con ellos desde el primer momento y vivió los pequeños crescendos apoteósicos que lideraba Pat aquí y allí con suspiros de gozo y admiración, consiguiendo una atmosfera encantadora en todo momento que, creo, hizo feliz a todo el mundo, ya estuvieran arriba o abajo del escenario.

Los temas fueron transcurriendo poco a poco, siempre con un gran sonido (gracias de nuevo al joven y voluntarioso técnico del que hablábamos antes): «Funfair», «Till the Sunrise Comes» o «Dirty Rain», dedicada por Colin a la suerte que han tenido que la reputadamente soleada Barcelona les haya recibido con aguaceros, fueron momentos estrella de un concierto sin fisuras. Y aunque en mis primeras escuchas de esta banda me resultaron un poco farragosos, a la que les pillas el tranquillo resultan pegadizos y hasta accesibles. Al haber empezado con un pelín de retraso, apelotonaron de forma un poquito abrupta el final con «Pyre» y una acelerada «I am Afraid of Americans», un tema original de David Bowie que acabó sobrepasando por unos minutos la hora estipulada. Sobre el escenario eran perfectamente conscientes de ello y se lo tomaron como una divertida travesura, simbolizando perfectamente la esencia de esta banda: unos señores que en algunos casos podrían ser abuelos negándose a crecer y pasándoselo como niños sobre las tablas sin ataduras estilísticas ni visuales, sin prejuicios, sin ninguna pose y sin nada que demostrar. Ojalá puedan seguir haciéndolo por muchos años.

Setlist O.R.k.:
Therapy (versión de Lef)
Breakdown
No Need
Funfair
Collapsing Hopes
Till the Sunrise Comes
Scarlet Water
Jellyfish
Too Numb
Dirty Rain
Pyre
I’m Afraid of Americans

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Sobre Albert Vila 843 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.