Judas Priest – Ram It Down: la reivindicación cumple 30 años

Ficha técnica

Publicado el 17 de mayo de 1988
Discográfica: Columbia Records
 
Componentes:
Rob Halford - Voz
K.K. Downing - Guitarra
Glenn Tipton - Guitarra
Ian Hill - Bajo
Dave Holland - Batería

Temas

1. Ram It Down (4:48)
2. Heavy Metal (5:58)
3. Love Zone (3:58)
4. Come And Get It (4:07)
5. Hard As Iron (4:09)
6. Blood Red Skies (7:50)
7. I'm A Rocker (3:58)
8. Johnny B. Goode (4:39)
9. Love You To Death (4:36)
10. Monsters Of Rock (5:30)

Multimedia



Escucha y compra

Este disco en Amazon: Judas Priest – Ram It Down: la reivindicación cumple 30 años
Todos los discos de Judas Priest en Amazon


Alguna gente dice que, en esta vida, hay y que celebrarlo todo. Otros, en cambio, opinan que con celebrar los lustros y las decenas es suficiente. No importa con cuál de las dos opciones nos quedemos, pues el pasado 17 de mayo se celebró el 30 aniversario del Ram It Down (1988) de Judas Priest, y creemos que es motivo más que suficiente para rescatarlo.

Aunque no está entre los (considerados) clásicos de la banda más representativa del heavy metal, este álbum tiene suficientes argumentos como para decir “aquí estoy yo” y brillar por sí solo, sobre todo teniendo en cuenta de dónde veníamos. Turbo (1986) supuso un altibajo en su carrera, pues el sonido que tenía fue considerado demasiado comercial para tanto cuero y pinchos. A pesar de tener una buena colección de temas, términos como “vendidos” o “renegados” estuvieron a la orden del día.

¿Y qué pasó, entonces? Pues que debieron pensar “¿queréis heavy metal? Tendréis heavy metal”, y vaya si lo tuvimos. 10 cortes afilados, potentes, con mala leche y unas ganas de luchar enormes muy bien representado, todo ello, con la portada. “¿Que somos unos vendidos” Pues toma golpe al mundo entero”. Así definiría yo Ram It Down, un golpe de autoridad para mandar callar a los pelagaitas y que, además, serviría de preámbulo a uno de sus discos más emblemáticos: Painkiller (1990). Sin este Ram It Down¸ dudo que el siguiente hubiese existido tal y como lo conocemos.

Si nos adentramos el en trabajo en sí, su inicio despeja cualquier duda. Rob Halford haciendo de Rob Halford con un grito visceral y lleno de rabia da paso a tremendas guitarras de uno de los dúos más emblemáticos del estilo, Tipton y Downing. Todo el tema es una reivindicación propia y del estilo. Caña, rabia, una base rítmica aplastante, unas guitarras filigraneando por ahí y una voz apabullante. Casi nada, para empezar. ¿No es suficiente heavy? Pues nada, al segundo tema le llamaremos así, “Heavy Metal”, y aunque el registro de Halford no es el más adecuado para el tema (o eso me lo parece a mí), desde el solo inicial de Tipton hasta la propia sensación de la canción está perfectamente definida en su título. “Heavy Metal, what do you want?”, cantan. ¿Lo vamos teniendo más claro? Pues dejaremos que Holland despeje el camino con una intro baterística poco inusual para dar paso al tema más Turbo del disco, “Love Zone”. Más accesible y simplona que sus antecesoras, no pasará a la historia del grupo, pero logra sacarte una sonrisa. Vamos, no lo niegues…

“Com And Get It” vuelvo a sonidos más rockeros muy bien ejemplificados en ese solo del inicio. Esto es heavy metal de cuero y tachuelas para mover la cabeza al ritmo de la canción. “If you want it… come and get it”, y todos fuimos a cogerlo como moscas a la… luz de una bombilla. Buen tema, pero muy lento, puedes pensar. Pues tranquilo, que seguimos con un cañonazo como “Hard As Iron”. Doble bombo sin descanso, unas guitarras que no dan tregua y una línea vocal llena de rabia que llega a su máximo esplendor en el estribillo. ¡El poder del metal se siente en las venas! Buf, nada mal hasta ahora. Pues como dicen en mi pueblo, “agárrate que vienen curvas”. “Blood Red Skies” es… es… no lo sé definir. Desde el primer instante que escuché esta canción se convirtió en mi preferida del grupo y en un refugio al que acudir cuando debo afrontar el mundo y luchar con la realidad. ¿Épico? No, eso se le queda corto. Es perfecto, es una canción perfecta, a pesar de su duración, su posible repetitividad y su machaconeo. Desde esa intro suave, casi acústica con Halford al fondo ya se ve venir. Empieza el cuerpo del tema, las guitarras aúllan, el bajo y la batería te lo repiten y Rob te lo dice muy claramente: “You won’t break me, you won’t make me, you won’t take me under blood red skies”. Y más avanzado aquello de “as I die a legend will be born. I will stand, I will fight, you’ll never take me alive”… paro ya, que la emoción me embriaga.

Bueno, respiro hondo y seguimos. ¿Y cómo seguimos? Pues con otro mensaje inequívoco, “I’m A Rocker”. Sin ser de mis preferidos del disco, es un tema más que digno con un solo de Tipton por todo lo alto. Y si es/somos un rocker, hay canciones que no pueden faltar. Nunca. Y Judas Priest decidieron homenajearla de forma magistral. “Johnny B. Goode” de Chuck Berry es todo un clásico de la música, rock and roll de los 50 puro y duro, pero aquí los ingleses lo convierten en toda una pieza de heavy metal ochentero sin que pierda un ápice de su aura. No puede no gustarte, es así de simple.

Y llegamos al final del disco. Tan sólo nos quedan dos temas para llegar al final. Una batería pesada y un latigazo dan “Love You To Death” por inagurada, y el sabor añejo, a los primeros Judas es innegable. Tema que te hará mover la cabeza al ritmo marcadísimo de la batería. El final nos saluda con “Monsters Of Rock” en forma de medio tiempo aplastante, misterioso, casi oscuro y dejando bien claro de qué parte de Inglaterra son estos señores.

Diez temazos que despejaron cualquier duda de qué era Judas Priest. Diez temazos de puro heavy metal, de rabia, de agresividad, de buenos solos de guitarra. Como decíamos al principio La mejor antesala posible para el Painkiller (1990).

Xavi Prat
Sobre Xavi Prat 234 Artículos
Llevo en esto del heavy más de media vida. Helloween y Rhapsody dieron paso a Whitesnake y Eclipse, pero Kiske sigue siendo Dios. Como no sólo de música vive el hombre, la literatura, Juego de Tronos y los tatuajes cierran el círculo. Algunas personas dicen que soy el puto amo, pero habrá que preguntarles por qué.