Crónica y fotos del Rock the Coast - Marenostrum Music Park (Fuengirola), 14 de junio de 2019

Europe y Scorpions llenan de hitazos atemporales una gran primera jornada del Rock the Coast

Datos del Concierto

Rock the Coast

Bandas:
Scorpions + Europe + UFO + Carcass + Tarja + Leo Jimenez + Graveyard + Blaze Bayley + Arkona + Alkaloid + Bloodhunter + Thyrant
 
Fecha: 14 de junio de 2019
Lugar: Marenostrum Music Park (Fuengirola)
Promotora: Madness Live
Asistencia aproximada: 15000 personas

Fotos

Fotos por Irene Serrano / Magda L. Anguita

Bendecidos por los dioses paganos a los que rendimos homenaje con la actuación de Wardruna en la fiesta de presentación de la noche anterior, nos despertamos la mañana del viernes preparados para entrar de lleno en el festival propiamente dicho. El cartel de la jornada de hoy nos venía claramente capitaneado por Scorpions y Europe, principales reclamos para la mayoría, pero contaba también con un montón de perlas del nivel de Carcass, Tarja, UFO, U.D.O., Alkaloid, Leo Jiménez, Graveyard, Blaze Bayley y alguno más. Personalmente, el repertorio del sábado me parecía mucho más interesante y generalmente acorde a mis gustos, pero en este primer día también había una muy generosa cantidad de bandas muy variadas a las que tenía muchas ganas de ver.

Antes de encaminarnos, sobre las dos de la tarde, hacia el recinto llamado Marenostrum, hubo tiempo para constatar un par de cosas, tanto en lo referente al festival en particular como a Fuengirola en general. En primer lugar, no hacía falta ser un lince para ver que la gran mayoría de los asistentes a esta primera edición del Rock the Coast, que copaban ya gran parte de las calles de la localidad andaluza, no iban a cumplir ya los treinta (y muchos tampoco los cuarenta). Seguro que el hecho que los cabezas de cartel vivieran sus años dorados hace más o menos tres décadas fue determinante en este sentido, claro, pero no deja de ser una noticia preocupante que, en proporción, hubiera tan poca juventud entre el público.

Por otro lado, también pudimos observar como Fuengirola es todo un paraíso de sol, mar y opciones de restauración infinitas para los visitantes en general y, en particular, para los británicos (parece que hay una numerosa colonia finlandesa, pero los bares típicamente ingleses sobresalen por encima de cualquier otra opción de ocio). Por ello, y para aguantar la intensidad que prometía el día me metí un ilusionante English Breakfast doble (versión vegetariana, claro, y acompañado de una cerveza de litro) entre pecho y espalda que obligó a todas mis energías a trabajar intensamente en el aparato digestivo durante un buen rato. Así que mientras iba arrastrando mi barriga de camino al festival, con un solaco de justicia que, por suerte, venía también acompañado de un viento (entonces) agradable, no las tenía todas de que no acabara desplomado bajo cualquier sombra.

Arkona y Thyrant

Al llegar al recinto me encontré de nuevo con algunos minutos de cola que me parecieron innesesarios vista la escasa cincuentena de personas que allí se acumulaban y que hicieron que me perdiera los primeros minutos de la actuación de los rusos Arkona, única banda de folk metal que íbamos a ver en todo el festival (si excluímos a Wardruna, claro). Nada de lo que alarmarse, sin duda, ya que su propuesta no me resulta especialmente atractiva (el folk metal y yo no solemos ser habitualmente amigos), pero aún así me los quedé mirando un rato para certificar que van sobradísimos de energía y agresividad, que su vocalista Masha Arkhipova rivaliza en guturalidad femenina con la mismísima Tatiana Shmayluk y que, por supuesto, su saltarina y trallera propuesta repleta de flautas y melodías pizpiretas tiene todo lo necesario para hacer disfrutar a los fans del estilo.

También me di cuenta de otra cosa: la posición de los escenarios, a diez metros de la playa, no era únicamente ideal a nivel escénico (todos habremos visto ya cientos de fotos con los dos escenarios gemelos y el mar de fondo, y es que le quedaron preciosas a todo el mundo), sino que la ligera subida hacia las gradas y hacia el monte donde se encuentra el Castillo de Sohail creaban una especie de anfiteatro natural que hacía que la visibilidad fuera muy buena desde casi cualquier sitio, sobretodo en el caso del escenario de la izquierda (etiquetado como Main Stage 1), que es donde iban a tocar las bandas más grandes (Scorpions y Rainbow entre ellas) y donde se hizo un mayor esfuerzo a nivel de producción, con una gran pantalla de fondo que contrastaba con la falta absoluta de decoración (creo que la única lona que vi fue en Mayhem) del Main Stage 2.

Como ya os digo que Arkona no me dicen nada a pesar de estar dando un concierto objetivamente correcto, al cabo de unos veinte minutos me subí al Castillo para bajar unas calorías y centrarme en la descarga de los locales Thyrant. Si el día anterior el patio presentaba un aspecto magnífico que lo convertía en un lugar mágico y evocador, a estas horas no había más que cuatro gatos, y más bien daba la sensación de estar tocando en un párking semivacío. A los malagueños eso les dio absolutamente igual, ya que lo dieron todo escénicamente y sonaron potentísimos en su acertada y coherente mezcla de brutalidad y melodía. De hecho, me atrevo a decir que me gustaron mucho una vez fui capaz de abstraerme de la total y frustrante falta de ambiente (el concierto con menos público de todo el festival, seguro). Su primer disco, What We Left Behind… (2017), ya me sorprendió agradablemente cuando lo descubrí durante las semanas previas al festival, y su directo no hizo más que confirmar que suenan graníticos y contundentes como un martillo, sabiendo aunar modernidad con buenas y mesuradas influencias del pasado.

Blaze Bayley

El primer gran plato fuerte del día para mí era la presencia del señor Blaze Bayley tocando un set íntegramente basado en su etapa en Iron Maiden, algo que está haciendo en algunos escenarios selectos para celebrar que en este 2019 se cumplen 25 años desde que entró en la doncella. Ya sé que no es exactamente lo mismo, claro, pero con lo ultra fan de Maiden que soy yo (incluso, en cierta medida, de dos discos tan denostados como The X Factor y Virtual XI), mi excitada y expectante presencia enfrente del Main Stage 2 se antojaba como absolutamente obligada. Y a mi alrededor, por supuesto, se amontonaba un buen puñado de gente (aunque quizás menos de la que me esperaba) con las mismas ganas que yo de escuchar y corear lo mejor de aquella época tan oscura y tan especial de la dilatada carrera de la banda británica.

Sabiendo que solo contaban con cuarenta escasos minutos, Blaze y su banda de apoyo (unos Absolva que iban a tocar unas horas más tarde en el Castillo) empaquetaron lo mejor que tenían en una compacta descarga que empezó con «Lord of the Flies» y que continuó con el temazo brutal que es «Sign of the Cross», algo más rápida de lo habitual en esta ocasión. La voz del fortachón vocalista sigue a tan buen nivel como sus puntiagudas patillas, y su carisma a la hora de interactuar con el público es notable, pero (¡oh, sorpresa!) ni Absolva son Iron Maiden ni la producción que llevan detrás tiene nada que ver, de manera que hubo muchos momentos en que eso no sonó tan contundente ni tan preciso como habría estado bien que lo hiciera. Eso no fue óbice, claro, para que los fans más irredentos de la banda (¡presente!) se desgañitaran con cada coro, cada solo o cada estribillo de esas aún magníficas canciones.

El siguiente temazo en caer fue «The Clansman», probablemente el momento más celebrado y, quizás, también cuando mejor sonaron. La siguió una versión muy personal de «The Angel and the Gambler», en la que recortaron hasta 6 las 33 exageradas veces que se repite eso de «Don’t you think I’m a savior / Don’t you think I can save you / Don’t you think I can save your life» y que acabó con un intenso intercambió de «Yeah-ehs» entre el vocalista y el público. «Man on the Edge» es un tema que me flipa pero que sonó bastante mal, mientras que «Futureal» no me flipa tanto (aunque también tiene lo suyo) pero fue mucho más coreada. En ambas hubo aplaudidos «Scream for me Málaga«s y en ambas me dejé las cuerdas vocales a pleno sol.

Para acabar, la gran sorpresa fue la inclusión de la preciosa «Como Estais Amigos». Se trata de un tema algo cheesy y facilón, lo sé, pero a mí siempre me encantó, y por ello supuso uno de los los momentos álgidos de este concierto y, quizás, uno de los más especiales de todo mi festival. Ni que sea solo por eso aplaudo a rabiar la actuación de Blaze y los suyos y la oportunidad de escuchar por medio de su voz estas exceentes canciones que evidentemente siempre estarán en segunda fila dentro del impresionante catálogo de Iron Maiden. Todos aquellos con los que hablé coincidimos en que el concierto fue extremadamente difrutable a pesar de lo poco épico de la hora y de que, de una forma u otra, representó la capitulación del bueno de Blaze ante su destino y ante la imposibilidad de mover a las masas con su música en solitario. Él ha comentado que solo hará unos pocos conciertos con este formato, aunque supongo que debe ser tentador dejarse ir y aceptar que, haciéndolo así,  va a ser capaz de triplicar o cuatriplicar las audiencias que suele atraer. Veremos lo que ocurre.

Graveyard

Con la practicidad inherente en estos escenerios gemelos en los que los conciertos se suceden alternativamente cada cinco minutos, me movi unos metros a la izquierda para ver qué tenían para ofrecernos los suecos Graveyard. Antes que nada, debo confesar que de entre esta amplia miríada de bandas de retro hard rock doomero y psicodélico que han salido en estos últimos años, y a pesar de que el cuarteto gotemburgués es probablemente una de las cabezas visibles del movimiento, nunca me han atraído especialmente. Y no es porque no lo haya intentado, creédme, pero bandas como Radio Moscow, Blues Pills o Pristine, por poner tres ejemplos cercanos, siempre me han tocado la patata mientras Graveyard me dejan totalmente frío (o a lo sumo, por momentos, templado). Y por ello tenía ganas hoy de darles una oportunidad en directo, para ver si era el día en que por fin íbamos a conectar.

Pero lo cierto es que, a mi humilde juicio, los suecos pasaron por Fuengirola sin pena ni gloria. No ayudó el hecho que navegaban un poco en tierra de nadie en un festival que repartía la mayor parte de su asistencia entre jebis clásicos y fans del metal extremo, pero su concierto resultó algo aburrido y falto de punch. Había una buena cantidad de gente mirándoselos con más curiosidad que interés, pero bien pocos llegaron a conectar del todo con su descarga ni acertaron a levantar ovaciones demasiado estruendosas entre un público que, además, fue abandonando el escenario a medida que transcurrían los minutos.. Más bien al contrario. Claro que hubo momentos potentes, pasajes sensibles, subidones de intensiadad y escaladas puntuales de energía, y no seré yo quien niegue que su hard rock rítmico y psicodélico está bastante bien, pero les faltaron toneladas de gancho y de carisma para conseguir destacar en un entorno que, quizás, no era del todo el suyo. Como triste resumen, cuando finalizó su descarga a todo el mundo pareció darle más o menos igual, así que dejaré para otro momento mi potencial descubrimiento de las amplias virtudes (que seguro que las tienen) de esta banda.

Leo Jiménez

Se me había hecho ya tarde para subir a sacar la cabeza a The Broken Horizon en el Castillo (cuyo concierto prometía, y algun que otro que me encontré me dijo que estuvo la mar de bien), y ante el solape Hitten / Leo Jiménez me decanté por quedarme a ver al segundo en el Main Stage de la derecha. Como os ocurre a muchos de vosotros, amigos prejuiciosos, a mí el oir el nombre de este señor hace unos años me provocaba una inmediata reacción de rechazo. Y no porque hubiera escuchado nunca nada de su carrera en solitario (como mucho, la versión de «Hijo de la Luna» de Stravaganzza que, además, me encantaba), sino por el simple y tonto motivo de relacionar su nombre con el de su ex-banda Saratoga y, por ende, a toda la caspa que asocio, también prejuiciosamente, a este tipo de bandas del metal espeñol. Y de hecho, fijaos, ni tan siquiera creo haber escuchado nunca a Saratoga.

Esa opinión cambió radicalmente cuando, poco más de un mes después de arrancar con Science of Noise, nos pusimos en contacto con él para una entrevista (sin muchas esperanzas). Pero no solo nos la concedió amablemente cuando éramos aún unos absolutos don nadies, sino que sus respuestas me cautivaron totalmente, demostrando una personalidad que desconocía, un completo amor por el metal extremo y una dedicación admirable a todo lo que hace. Esa entrevista nos reportó miles de inesperadas visitas y a mí me despertó la curiosidad de escuchar tanto su proyecto en solitario como a Supra, una banda de deathcore en el que se revienta la garganta a base de abrasivos guturales. Y desde entonces ha aparecido de forma recurrente en nuestras páginas, siempre con sinceridad y simpatía y siempre generando una expectación y un interés en nuestros lectores como bien pocas bandas consiguen (de hecho, su segunda entrevista nos reportó el triple de miles de visitas que aquella que nos había parecido insuperable en su momento).

Lo que escuché cuando por fin me puse su música me sorprendió, pero tampoco os pensais que me he convertido en fan ni de su época más cercana al metal clásico ni de los devaneos con el metal alternativo de sus últimos trabajos. Aún así, y dada la oportunidad de encontrármelo en un festival, no tuve duda de que quería ver con mis propios ojos de qué iba la cosa y, por qué no, de dar mi apreciación moral y presencial al vocalista madrileño. Y lo cierto es que, sin esperármelo del todo, su concierto me gustó mucho. En cuestión de minutos, Leo demostró más energía y carisma con su Explorer blanca colgada al cuello que Graveyard en toda su actuación. Mentiría si dijera que me conocía las canciones, pero en todo momento tanto él como su banda sonaron concisos y potentes y descargaron (en sus propias palabras) un temazo tras otro, incluida la excelente versión de Nocturnal Rites que ya podemos escuchar en Mesías y un par de momentos en los que cantantes invitados (Tanke Ruiz y Korpa) ayudaron a complementar el impresionante vozarrón característico y ya más que contrastado de Leo.

Si alguien esperaba jebi casposo, la verdad es que no podía estar más equivocado: desde las primeras notas de la intro «Conan the Barbarian» hasta el sincero abrazo entre compañeros que precedió la photo finish final, Leo y sus Leos ofrecieron una descarga potente, moderna y guitarrera, con riffs afilados y guturales ocasionales que alternaron con momentos sensibles y más tranquilos para formar un concierto compacto y entretenido que sonó muy bien y que demostró que la banda está engrasada tanto técnica como escénicamente. Para mí resultaron ser toda una sorpresa, la verdad. Y como hay pocas cosas que me gusten más que el quitarme prejuicios de encima, me alegré especialmente de que así fuera.

Bloodhunter

Si no fuera porque ya me había prometido a mí mismo que iba a subir al Castillo a ver a los galaico-madrileños Bloodhunter, lo cierto es que la descarga de Wintersun apuntaba bastante alto. Y eso que más allá de habérmelos encontrado teloneando a Arch Enemy hace cosa de año y medio (un día en que me sorprendieron para bien), mi conocimiento de la banda era tirando a nulo. Antes de empezar alguien me dijo que hoy iban a interpretar su primer disco homónimo en su totalidad, y vista la emoción con la que lo contaba, supongo que eso era algo especialmente excitante. Yo solo tuve tiempo de ver un tema, pero con eso tuvieron suficiente para impresionarme con la espectacular ejecución de ambos guitarristas, que entrelazaban riffs y punteos complejísimos con insultante facilidad mientras su batería galopaba a todo trapo y el vocalista Jari Mäenpää berreaba guturalmente por encima de todo el veloz jaleo. Lo cierto es que prometía ser un bolazo, y seguro que no me habría equivocado quedándome.

Pero como soy un hombre de palabra, dejé atrás a los finlandeses y empecé a caminar montaña arriba, encontrándome y saludando a todo quisqui que os podáis imaginar por el camino. Eso, por supuesto, es un motivo de indudable alegría, pero hizo que llegara ante el escenario del castillo cuando Diva Satanica y los suyos ya llevaban un ratito llevándose por delante a la respetable cantidad de público que se acumulaba delante suyo. Todos los miembros de la banda tenían la cara y la indumentaria ensangrentada, fruto de una performance al principio del concierto que no vi, y a esas alturas ya estaban repartiendo leches a diestro y siniestro a través los temas que forman su segundo y magnífico The End of Faith. Como punto negativo, y eso es algo que ocurrió más de una vez en este escenario durante todo el fin de semana, el sonido no fue todo lo contundente que se merecían, cosa que le restó un poco de su proverbial agresividad.

Con su especie de mezcla, a grandes rasgos, entre Death y Arch Enemy, los de Fenris y Diva Satanica, siempre apoyados por una ejecución y una técnica impecable por parte de toda la banda, se marcaron un concierto muy disfrutado ante un buen puñado de gente que ya sabía perfectamente lo que esperar de ellos. Como punto diferencial respecto a otras ocasiones en los que les he visto, intentaron trabajar un poco más la parte escénica más allá del dinamismo inherente en todos ellos, y durante la propia «The End of Faith» subió una chica con máscara de chivo a interactuar y molestar a los miembros de la banda. Cuando parecía que ya acababan llegó la otra gran sorpresa del concierto con la interpretación de su versión del «Crystal Mountain» de Death (incluida ya en su último disco). Marcarse una versión de los de Chuck Schuldiner no es tarea nada fácil, y a ellos les quedó mucho más que digna, tanto a nivel instrumental como vocal. Buen concierto el suyo, y aunque el hecho de llegar cuando ya había empezado hizo que me costara un poco más entrar en él, Bloodhunter demostraron seguir siendo un valor totalmente seguro.

Alkaloid

Mientras esperábamos que empezara el concierto de Alkaloid en el mismo Castillo, pudimos atisbar desde la distancia como Udo Dirkscheider y la banda de su mismo nombre empezaba a disparar heavy metal por un tubo a las masas que se agolpaban ante su escenario. Como no valía la pena bajar para diez minutos, y como ya tendré oportunidad de verlo en el Rock Fest BCN en cosa de un par de semanas, en esta ocasión decidi sacrificar su descarga en favor de la de los también alemanes Alkaloid, probablemente el mayor de los descubrimientos que he hecho en estas semanas previas al festival. Una banda formada por miembros y ex-miembros de Obscura o Necrophagist promete lo suyo, y si además van mucho allá del death metal progresivo y ultra técnico de estas bandas para abrazaron un cierto prog en el sentido más amplio de la palabra, pues más aún.

Antes de empezar el concierto ya lo comentábamos con el de al lado: un tio con una Ibanez negra con pastillas verdes solo puede ser un crackazo de las seis cuerdas (o quizás eran siete, lo cierto es que no me fijé). Y no hay duda que Christian Münzner lo es, y de los grandes. A su lado, sus compañeros de banda no tan solo no se quedan cortos sino que tanto unos como otros son unas auténticas bestias de sus respectivos instrumentos. De hecho, y pesar de que les faltaba un guitarrista (normalmente son tres), los miembros restantes se bastaron y se sobraron para dejarnos con la mandíbula en el suelo, interpretando pasajes complejísimos con una facilidad, una limpieza y una precisión pasmosa. Por desgracia, una vez más faltó mucha chicha en el sonido, especialmente en las guitarras, algo que deslució un poco lo brutal de su actuación. Lo curioso es que no fue un problema generalizado en ese escenario, donde hubo muchas bandas que sonaron como un cañón durante todo el fin de semana, así que no entiendo bien por qué ocurrió eso en algunos conciertos concretos. Sea como fuere, lo cierto es que fue un poco frustrante.

Siempre animados por el español perfecto y casi nativo de su altísimo y simpático vocalista Florian Maier, los alemanes dieron igual protagonismo a los dos brillantes álbumes de estudio que han publicado por el momento. Abrieron con la genial y creciente «Kernel Panic», y por su camino dejaron temazos llenos de matices y altos y bajos como son «Cthulhu», «Alter Magnitude» o la espectacular final «Funeral for a Continent», ejecutados todos ellos con una precisión, una clase y una elegancia admirables. Si no fuera por el sonido, se hubieran erigido sin duda como uno de los más grandes conciertos del día, y de hecho para los que vinieron de la primera fila parece que lo fue, ya que allí, por lo que dicen, sonó como los ángeles. En todo caso, y a pesar de no ser una banda que se prodigue casi nada en directo, se convierten en cita absolutamente obligada si algun día se les ocurriera pasarse por nuestras salas.

Tarja

Antes de su concierto (y ella misma lo confirmó más tarde) me comentaron que Tarja Turunen vive a pocos kilómetros de Fuengirola, donde como ya hemos dicho parece que se asienta una nutrida comunidad finlandesa. Por ello y por el hecho de que tanto Nightwish como su figura en solitario son muy queridos por gran cantidad de fans del metal españoles, su concierto fue uno de los más esperados y disfrutados de la tarde, antes de que al caer la noche los mastodontes del día se subieran al escenario. Yo, que tampoco soy ultra fan de esta especie de metal sinfónico y que, en realidad, nunca he seguido su carrera en solitario ni tan siquiera la de su banda madre, aproveché el momento para subirme por primera vez a las gradas y disfrutar de la excepcional perspectiva y el excelente sonido que se podía apreciar desde allí, especialmente ahora que la luz del atardecer contrastaba con el azul intenso del mar. Ya lo he dicho antes, y lo volveré a decir: el emplazamiento de este festival es verdaderamente fantástico.

Está claro que eso de las gradas mola y es extremadamente práctico para muchos, pero yo me aburrí enseguida de estar allí arriba y en vez de subirme de nuevo al Castillo para ver qué tal se desenvolvían Absolva sin Blaze y con sus propios temas (me dijeron que muy bien, por cierto), me acerqué al escenario grande para apreciar a la diva finesa, a su banda y a sus entregados fans desde la distancia que provoca el completo desconocimiento de su música. Y lo cierto es que es imposible no quedarse atrapado por su carisma, por su voz de soprano y por sus improbables y rockeros bailoteos encima de esos vertiginosos tacones que llevaba. Tras la figura de la señora Turunen, y en un segundo plano muy segundo plano, se repartían una pequeña parte de escenario una serie de músicos impecables entre los que destacaba un elegante violoncelista, colocado entre batería y teclado.

Por lo que supe apreciar no tocaron ningun tema de Nightwish (no sé si esto es lo habitual en los conciertos de Tarja), ni falta que les hizo. La vocalista abandonó la banda en la que se dio a conocer hace casi quince años, y en ese tiempo ha tenido tiempo de amasar siete buenos discos de estudio, con el octavo (del que interpretaron el avance «Dead Promises») a punto de publicarse a finales de verano. A falta de reconocer casi nada más de lo que tocaron, sí que disfruté de un cierre de concierto con la épica «Until My Last Breath», que puso a la gente a saltar y que acabó con ovaciones y una excelente comunión entre el público y el escenario. Su descarga no me convertirá en fan de su música, pero sí que me hace entender el cariño y el aprecio del que goza la brillante vocalista finlandesa.

UFO

De nuevo me correó la duda de si quedarme abajo a ver a UFO o si subirme al Castillo y comprobar qué se traen Seventh Wonder entre manos. Finalmente, y como ni los unos ni los otros son bandas que controle especialmente (estoy repitiendo eso unas cuantas veces hoy, ¿verdad?) opté por los veteranos ingleses, todo un clásico del hard rock e influencia mayúscula en todo el heavy metal que estaría por venir cuando empezaron con esto allá por un lejanísimo 1968. Esos cincuenta años de carrera no pasan en balde, por supuesto, así que sobre el escenario nos íbamos a encontrar a cinco señores (dos de ellos, Phil Mogg y Andy Parker, un poco mayores que los demás y pertenecientes aún a su formación original) que ya habían dejado de ser jovencillos hace años. En el caso de Phil, especialmente, y a pesar de haber cumplido ya los setenta, demostró una clase, un carisma y una capacidad vocal que ya querrían para sí muchos con más nombre que él.

Como tienen catálogo para parar un tren (veintitrés discos concretamente), en la hora de la que dispusieron empezaron a descargar clásicos uno tras otro, con un sonido pulcro, nítido y potente. Empezaron con «Mother Mary» y continuaron con la pegadiza «We Belong to the Night», y aunque muchos se los miraban por el respeto que inspira su nombre más que por conocerlos especialmente (un poco como yo, sin ir más lejos), consiguieron generar un consenso indiscutible entre un público también bastante entrado ya en años: UFO se marcaron uno de los mejores bolazos de la noche en Fuengirola. Su repertorio se basó casi en su totalidad en su carrera pre-1983, con la única inclusión de «Venus» (1995) y la casi contemporánea «Run Boy Run» (2015) como representantes a sus últimos trece trabajos de estudio (y no desentonaron para nada).

Pero vamos, que estábamos ante un ejercicio de nostalgia en toda regla, y creo que a todo el mundo le pareció bien que así fuera. Porque aunque no tienen el nombre de otras bandas consideradas pioneras del metal en los 70, estos chicos tienen tanta responsabilidad y merecen tanto crédito como cualquiera en el desarrollo glorioso del género a finales de esa década y principios de la siguiente, siendo probablemente una de las mayores influencias en la incepción de la decisiva New Wave of British Heavy Metal que iba a asolar Inglaterra durante esos años. No en vano su «Doctor Doctor» (de la que ya hablaremos en un momentito) es el eterno tema inaugural de los conciertos de Iron Maiden, los mayores gigantes surgidos de ese movimiento.

Personalmente, donde más lo flipé fue en temazos históricos como «Lights Out», la bonita balada «Love to Love» y en el final apoteósico con la vacilona «Makin’ Moves», la pegadiza «Too Hot to Handle», la brutal «Rock Bottom» (que alargaron mucho, quizás demasiado, pero que sigue siendo un temarral flipante, quizás mi favorito de ellos) y la inevitable y maravillosa «Doctor, Doctor», que erizó el vello de muchos de los que ahí nos congregábamos. Con contundencia, elegancia y un sonido impecable, UFO enloquecieron a sus fans y se metieron en el bolsillo a los muchos curiosos que se los miraron asintiendo la cabeza. Y eso, con cincuenta años de carrera a sus espaldas y fuera del constante foco mediático, tampoco es que sea una tarea tan fácil. Sin duda, los británicos fueron uno de los grandes triunfadores del día.

Scorpions

Un fenómeno curioso en este tipo de festivales masivos es que cuando llega el momento de que los grandes nombres del cartel aparezcan sobre el escenario da la sensación de que sale gente de debajo de las piedras. No sé si estaban esperando en la puerta a que empezaran o si estaban sentados por las colinas asegurándose de no escuchar ni una nota de las demás bandas, pero el hecho es que un recinto que había sido comodísimo hasta ahora pasó a estar repleto hasta los topes, acumulando unas colas indecentes en los insuficientes puestos de comida (quizás el punto más negativo de un festival que cumplió con nota a nivel organizativo, y más siendo la primera edición) y ocupando con densidad tanto las gradas como la parte frontal de ambos escenarios. También los palcos VIP, situados casi frente al Main Stage 1 y reservados para ayuntamiento y patrocinadores, dejaron de estar desérticos por primera vez, con incluso media docena de policías nacionales escoltando vete a saber qué personalidad que debía haber sacado la cabeza por aquí.

Para añadir muchedumbre a la cosa, mi compañera y a mi hija de cinco años (a las dos se las pela absolutamente el metal, por cierto) también vinieron aleatoriamente a hacer bulto (aleatoriamente me refiero a que escogieron este concierto como podían haber escogido cualquier otro, no porque tuvieran especial interés en corear «Still Loving You»… más bien al contrario), y ese fue el principal y quizás único motivo por el que decidí traicionar mis gustos y la línea editorial habitual de la revista para quedarme a ver a Scorpions en vez de subirme al Castillo a rebentarme la cabeza con Aborted, una decisión que me costó mis buenos y comprensibles improperios por parte del resto de la redacción. Llamadme tiquis miquis, pero pensé que el brutal death metal de los belgas no era en este caso el plato más apropiado para mi hija, una niña de naturaleza sensible y fan habitual de El Pot Petit y demás tonadas infantiles.

Pero bien, tampoco es que quedarme fuera un sacrificio tremendo, ya que una buena dosis de hitazos ochenteros atemporales siempre viene bien. En los últimos años había tenido la ocasión de ver un par de veces a los alemanes (las dos en el Rock Fest), y en la última de ellas, el año pasado mismo, me dejaron con un excelente sabor de boca. La entrada de Mikkey Dee tras los parches creo que les ha insuflado una energía y una naturalidad de la que no iban del todo sobrados, y eso quizás les permite incluso alargar unos años más esa ya eterna gira de despedida que les ha llevado por los escenarios españoles un total de once veces desde que anunciaron su última visita (suena a cachondeo absoluto, pero durante este tiempo han venido más a menudo que nunca antes).

Esta noche empezaron con una inesperada «Crazy World», el tema que da título al disco del que más canciones tocaron, y rápidamente enlazaron con «Going Out With a Bang» (de su último disco), durante la que izaron una gran bandera española por las pantallas. Una apagada «Makin Moves», certificó que a la que te apartabas un poco del cuadrículo central el sonido era bastante desangelado, y no fue hasta «The Zoo» y «Coast to Coast» que la gente se empezó a animar un poco. Viendo que en la distancia mi hija se estaba aburriendo bastante y que eso se iba a hacer muy largo para ella (y, en consecuencia, para nosotros), decidimos irnos a las primeras filas laterales, que aunque no se iba a ver el conjunto del escenario ni de coña, sí que podíamos observar de cerca los movimientos del bajista Pawel Maçiwoda a la que se acercaba por la zona, algo siempre entretenido a ojos de los más pequeños.

Al cabo de nada enlazaron dos de las grandes baladas que han hecho famosa a esta banda, y «Send Me an Angel» y «Winds of Change» me pusieron la piel de gallina al oírlas coreadas por el parque al completo. No sé si es buena idea meter dos baladas seguidas (a mí me dio una pequeña sobredosis de azúcar), pero es innegable que este tipo de canciones son uno de los grandes activos de los que pueden presumir Scorpions, y la respuesta brutal de la gente así lo certificó. Durante los siguientes dos o tres temas, Pawel se fijó por fin en que había una pequeñaja a hombros de un apuesto greñudo haciendo cuernos en las primeras fila de su esquina, así que se empezó a acercar un poco más a menudo, incluso intentando lanzar púas en su dirección. Las dos primeras acabaron en manos de otros (ansiosos) afortunados, pero a la tercera (ayuda de la gente de seguridad mediante) fue la vencida. Mi pequeña Lydia acabó la mar de contenta y orgullosa con su regalo, que desde entonces guarda celosamente y que, creo, supondrá un punto de inflexión en su relación con el rock y el metal.

Cuando empezamos a oir que Mikkey Dee se engorilaba con su batería, nos centramos un poco para verle colgar del techo flanqueado por las portadas de casi todos los discos de la banda, demostrando una vez más que es uno de los baterías más carismáticos que hay. Lemmy solía decir que se trata del mejor batería del mundo (¡qué va a decir!), y yo no sé si lo es, pero sí que es cierto que el tío es muy bueno. Aprovecho para comentar que tanto Rudolf Shenker como Matthias Jabs se mantienen a un excelente nivel escénico y nadie diría que ya han cumplido los setenta, pero que el pobre Klaus Meine, a pesar de conservar su tono vocal razonablemente bien, parece una momia plantado allí enmedio sin casi moverse. Como comentábamos con UFO, cincuenta años de carrera no pasan en balde, y Klaus nunca ha sido el tío más activo del mundo sobre el escenario. Pero al lado del propio Rudolf parecía tener quince años más.

Después del solo de batería de Mikkey llegó la traca final: «Blackout» y «Big City Nights» justo antes del bis, y las enormes «Still Loving You» y «Rock You Like a Hurricane» a la vuelta. Gusten más o menos, se trata de temas (sobretodo los dos últimos) que forman parte de la historia del rock al nivel de cualquier otro clásico imaginable, y escucharlos en directo siempre es una pequeña gozada que compartí con las miles de voces entregadas que se reunieron allí. El de Scorpions no fue para nada un mal concierto, al contrario, pero también es evidente que no lograron alcanzar el nivel de lo que vimos hace un año en Barcelona. Lo que está claro es que no están para nada acabados, así que podéis contar que nos quedan Scorpions para rato.

Europe

De clásico ochentero a clásico ochentero y tiro porque me toca, la posición de Europe justo tras Scorpions sirvió para capitalizar la presencia de todos aquellos que habían venido a escuchar hits atemporales uno tras otro, y lo cierto es que de allí no se movió ni el tato. Claro que una vez que escarbas más allá de «Carrie» y «The Final Countdown», los suecos son una banda muy distinta a los Scorps, empezando porque tienen quince años menos y continuando con el hecho que se encuentran en un momento discográfico muy dulce, con cinco trabajos magníficos desde su vuelta al estudio en 2006. Además, supongo que para frustración de muchos de esos fans que no salen de los hits, se enorgullecen de darles mucha cancha en directo.

Entiendo, de todas formas, que haya gente que les haya perdido la pista desde los ochenta y que piense que estas alturas Europe deben estar acabadísimos y viviendo totalmente de las rentas. Y claro, luego todo son sorpresas cuando lo que se encuentran es a un bandón en un estado de forma excelente, con un sonido compacto y un directo al nivel de cualquiera. La voz, los movimientos y la confianza de Joey Tempest estan por las nubes, y la sección instrumental, capitaneada por un siempre estático John Norum, no se le queda muy atrás. He tenido la ocasión de verlos en hasta tres ocasiones en los últimos años (abriendo para Def Leppard y Whitesnake en el Poble Espanyol y en dos Rock Fest), y en todas ellas me volaron la cabeza. Hoy, creedme, no fue ninguna excepción, y como ya sabía más que bien que así sería, los escogí verlos a ellos en vez de subir a descubrir a Angel Witch en el Castillo.

Depués de abrir con un par de temas de su último disco, elevaron rápidamente la temperatura del recinto (que buena falta que le hacía, ya que llevábamos todo el día con un viento algo molesto) con la espectacular y antémica «Rock the Night» (que llevé pegada en la cabeza hasta el lunes) y con la ya antigua «Scream of Anger», perteneciente a ese lejano Wings of Tomorrow aún previo a su impresionante auge de popularidad a mediados de los ochenta. «Last Look of Eden» es un temazo lastrado por un estribillo que no me gusta nada, pero «Sign of the Times» es sencillamente maravillosa. Después de un «Heart of Stone» algo desconocido a pesar de pertenecer a su disco más celebrado (del que tocaron hasta cinco cortes), atacaron un par de temas de War of Kings, que me parece el trabajo más brillante desde su vuelta. El tema título, por ejemplo, creo que está a la altura de, casi, lo mejor de su carrera, pero a mi alrededor no se la sabía nadie más que yo.

Con «Carrie» ocurrió todo lo contrario: toda la gente se puso a corearla con chirivitas en los ojos, pero a mí me parece insoportable. La recta final empezó con la genial «Superstitious» (que incluyó cameo del «Here You Go Again» de Whitesnake), continuó con la también muy celebrada «Cherokee» y acabó, evidentemente, con el himno más gordo que iba a sonar aquí durante todo el fin de semana. De hecho, así iba a ser tocara quien tocara, ya que «The Final Countdown» es, probablemente, el mayor hitazo de la historia popular del hard rock y el heavy metal y el tema definitivo de toda una generación. De todas maneras, estoy seguro que la banda está hasta los mismísimos del temita de marras, y que si de ellos dependiera no la tocarían nunca más. Cualquiera se atreve a hacer eso, claro, pero me apunto la pregunta por si algun día tengo la ocasión de entrevistarlos.

Para muestra del poder de esta canción, a estas horas yo ya me había situado enfrente del escenario donde Carcass iban a cerrar la noche, y a mi alrededor, claro, había un montón de rudos deathmetaleros enfundados en sus camisetas de Morbid Angel y otras bandas de tíos con caras muy serias y ceños fruncidos. Cuando empezó a sonar la icónica pianola inicial de «The Final Countdown», los pobres deathmetaleros expresaron visiblemente su desdén, como diciendo «vaya mierda la tonadilla pop y éxito para felipes, paso de todo«, pero a medida que avanzaba la canción fui observando como sus artificiales resistencias se iban rompiendo para enseñar primero alguna sonrisa, depués algun movimiento de cabeza y, finalmente, unos labios siguiendo la letra con creciente convicción. Y es que joder: estará trillado hasta la saciedad, pero «The Final Countdown», sencillamente, MO-LA. Lo que daríamos para que los hits de hoy en día fueran como éste, joder.

Vamos, que una vez más Europe se marcaron un bolazo bastante incontestable. Si los ves a menudo, sus repertorios suelen ser un poco repetitivos, pero su estado de forma es sencillamente espectacular, dejando un sabor de boca maravilloso entre todos los que los vimos (deathmetaleros rudos incluidos). Por cierto, que Tempest, Norum y compañía no se fueron directamente a casa después del festival, sino que como todos sabéis más que de sobras, al día siguiente resultaron ser la chismorreadísima banda que tocó en la boda de Sergio Ramos y Pilar Rubio. A mí personalmente eso me importa un rábano tamaño XXL, pero había gente que parecía que le iba la vida en ello. Chicos, que las bandas de rock y metal son una empresa, y unos dineros siempre van a ser bien recibidos. Ya deberíamos ser todos mayorcitos como para entenderlo.

Carcass

Y bueno, llegábamos al final de ese largo día que me ha costado, de momento, 42 párrafos explicar (y supongo que aún deben quedaro cuatro o cinco). Y lo hacemos con mi banda favorita de todas aquellas que pisaron hoy los escenarios del Rock the Coast. Supongo que una vez acabados Europe se debió pirar medio aforo (aunque yo estaba apoltronado en tercera fila y definitivamente no me enteré) pero para mí, Carcass eran la guinda más esperada de una jornada que nos había traído ya muchas emociones, pero ninguna tan excitante como la de los que prometían los británicos. Y eso que en las tres veces que les había visto desde su vuelta en 2013, no siempre me habían volado la cabeza, la verdad. Pero como yo soy muy fan y, ante todo, un tío muy positivo, venía con las expectativas y las ilusiones por las nubes.

Aunque no hacía ninguna falta con el viento gélido que hacía a esas horas, los tres ventiladores de rigor estaban preparados a los pies de los miembros de la banda, y en nada empezaron a sonar las notas de la épica introducción «1985». Y cuando todos estaban preparados para enlazar brutalmente con «316L Surgical Steel»… ¡paf! El ampli de guitarra de Bill Steer decidió no funcionar, así que nos quedamos en silencio durante unos cuantos frustrantes minutos. En este tiempo podrían haber aprovechado para entretenernos un poco, que Jeff Walker tiene labia de sobras cuando quiere (aunque su acento de Liverpool sea a veces complicado de descifrar), pero se limitaron a deambular por el escenario tras soltar un clichéico «Welcome to Spain«.

Una vez arreglado y superado el bajón, los chicos de Carcass no tardaron demasiado en hacer ebullicionar las primeras filas, ya que el clasicazo «Buried Dreams» fue la siguiente en caer. Un temarraco absolutamente mítico que, eso sí, aún no acabó de sonar del todo bien. Después de unas cuantas concesiones a su material más antiguo, con «Exhume to Consume», «Reek of Putrefaction» y «Incarnated Solvent Abuse», el punto de inflexión a partir del cual todo salió a pedir de boca fue «Unfit for Human Consumption», a la que siguieron otros dos temas de este Surgical Steel que no desentona absolutamente para nada con su producción clásica: «Cadaver Pouch Conveyor System» y la genial e inmediata «Captive Bolt Pistol».

Después de que un sorprendentemente poco comunicativo Jeff Walker se pusiera a repartir latas de cerveza entre la gente, el mejor momento de la noche llegó con la brutal «This Mortal Coil». No solo se trata de un temazo espectacular, sino que además sonó de perlas, con ambos guitarras (Bill Steer y su joven clon, Tom Draper) dando una lección de lo que significa riffear de verdad. Delante del escenario se montaron los pogos más brutos del día (de hecho, los únicos que pudimos ver ante los escenarios grandes, notoriamente faltos de tralla en esta jornada), levantando polvo a punta pala y poniendo de manifiesto que la gente, a estas horas, ya iba bastante perjudicada.

Me encantaría que algun día dieran un poco más de cancha a su tremendamente infravalorado Swansong pero, como siempre, se conformaron con la ya previsible (aunque disfrutada, ojo) «Keep on Rotting in the Free World», y su clásica introducción a base de pequeño excerpto de «Black Star». Siempre albergo la tenue esperanza de que algun día continúen con ese tema, pero no, al cabo de pocos segundos salta una y otra vez el inevitable cambio a «Keep on Rotting». En todo caso, yo sudé más en la hora que Carcass estuvieron sobre el escenario que durante el resto del día entero, y cuando vi que llegábamos al final saqué fuerzas de flaqueza para obligarme a sacudir la cabeza un poco más fuerte o hacer air guitar con aún más pasión. «Corporal Jigsore Quandary» y la imprescindible y maravillosa «Heartwork» fueron las elegidas para cerrar, poniendo el punto y final a un señor bolazo con un sonido notable que me gustó más que cualquiera de las veces que les había visto antes en festival.

Una vez acabado el concierto y con toda la atención de vuelta a mi propio cuerpo, noté abrumadoramente el cansancio que se acumulaba en todos mis músculos y, en especial, en mis maltrechos pies. Por ello me encaminé decididamente hacia mi apartamento (diez minutillos de nada), intentando ordenar y procesar mentalmente todo lo que habíamos visto hoy, que fue mucho y muy variado, mientras ignoraba los múltiples reclamos en forma de restaurantes indio-italianos o italo-mexicanos con videos de Whitesnake en la tele y una miriada de especialidades transcontinentales en su tentador menú. La primera jornada había resultado interesantísima, y el sábado aún nos esperaba lo mejor. ¡Mañana más!

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Sobre Albert Vila 721 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.