Entrevista a Joe Satriani (II): ‘No voy a volver a hacer nunca más música para video juegos’

Segunda parte de la entrevista con el gran Joe Satriani en la que indagamos en su faceta de profesor y hablamos de la actualidad musical. También en su experiencia (horrible) en el mundo de los video juegos y en su vertiente de pintor, pues más allá del mundillo musical está vendiendo cuadros a gente importante.

La irrupción del grunge y los tiempos duros en los que su padre fallecía mientras él estaba enfrascado en su mítico disco Flying in a Blue Dream. Sorprendentemente en esos días “Satch” estaba aquejado de un parásito intestinal y sufría intensos dolores por un corrector dental. También su atrevimiento como vocalista y la oscura conexión con el asesino David Koresh. Es un placer siempre poder hablar con Saint Joe.

 

En 1991 muchas cosas cambiaron. La era del grunge comenzó y fue el final para muchas bandas de hair metal debido al éxito de Nirvana, Pearl Jam y todos esos otros grupos, pero… el grunge parecía no afectar tu carrera. ¿Cómo viviste la era grunge?

Es muy interesante que hagas esta pregunta… porque yo no dejo de verlo como algo divertido. Acababa de sacar The Extremist en plena era del grunge, y claro, estaba totalmente fuera de onda (risas). Había también otras muchas cosas que estaban fuera de lugar… pero grupos como Van Halen u Ozzy Osbourne siguieron su camino hacia arriba y no prestaron atención alguna a lo que estaba sucediendo en cuanto a las modas del momento.

Te diría que el elemento más importante de la era grunge fue el cómo se componían las canciones. Hay mucha gente que se ha quedado en lo meramente estético como las camisas de franela o los peinados, o también la heroína, pero… todo eso no es lo realmente esencial. Fue la forma de componer que evolucionó hacia unos terrenos muy maduros, pues aparecieron allí grandes compositores en la era del grunge.

La forma de tocar la guitarra también era muy buena, aunque era diferente a lo anterior. Yo creo que Jerry Cantrell tocaba de una forma alucinante en lo que son los arreglos y en su sonido, y ya te digo que de verdad que lo pienso. Su estilo estaba algo contenido, pero había un gran poder en sus fraseos de guitarra. Grandes composiciones, un gran vocalista y también su forma de tocar.

Para mí ese estilo no significó para nada un retroceso para el instrumento. Me parecía totalmente natural que esa generación buscase sonar de esa forma. Si te mantienes en el tiempo como artista verás que cada generación necesita explicitar su sonido, su groove y sus tempos. Eso pasará siempre… Así que te toca entenderlo y asimilarlo.

Tu música está en películas y videojuegos como en Nascar Total Team Control. ¿Por qué elegiste este videojuego, te gustan los coches rápidos?

No particularmente (risas). Fue divertido porque hace poco yo estaba haciendo una exposición de arte en Miami, de eso hará unas semanas, y pude conocer a una de las familias que habían comprado uno de mis cuadros. Esa familia estaba detrás del juego de video-cónsolas Halo II. Estuvimos sentados y hablando ya que Steve (Vai) había compuesto alguna música para ese juego y me preguntaban si estaba interesado en componer algo para sus videojuegos.

Y cuando hablé con ellos yo les dije que estaba un poco… digamos que decepcionado, por todo el proceso que encierra lo de las bandas sonoras de video juegos. Recuerdo que cuando hice lo de Nascar tenía que llegar allí con 60 ideas para el juego. Y cada vez que finalizaba una parte para el juego pensaba: “esto podría ser una gran canción… pero es que va a terminar siendo algo que quede en el fondo entre muchos ruidos de coche y carretera”. Es que me parece todo un poco degradante, de verdad que me sentí muy extraño de cómo quedó todo.

Una vez terminado ese proyecto pensé: “no voy a volver a hacer nunca más música para video juegos” (risas). Yo hago música para gente que la quiera oír, no música de video juegos. Esa es la intención que tengo. En el fondo fue una interesante experiencia y me encantó trabajar con esa gente, pues tenía a Jeremy Colson a la batería. Y eso fue genial, siempre es una pasada trabajar con él, pero no salí de esa experiencia pensando en que podría volver a repetir. Y así me mantengo.

Pero puede que fuera porque se trataba de un juego de coches… ¿Y si pruebas con otro estilo de juegos?

No lo sé, pero es que yo no juego a video juegos, van fatal para los pulgares y mi intención es tocar la guitarra durante todo el tiempo que me sea posible. ¡Fíjate! Hablo contigo mientras estoy dándole a esta pelota terapéutica para fortalecer mis dedos, me mantiene en forma.

Hay muchos músicos y guitarristas que cuando hablan de ti te llaman “Saint Joe” y creo que es algo realmente bonito. ¿Cuál es su opinión acerca de tu santificación?

(Risas) Me siento muy honrado, es algo maravilloso. Tuve ese momento tan maravilloso en el que era profesor y en el que me sentía tan agradecido de tener a tantos talentosos guitarristas en clase. Recuerdo pensar: “Es realmente importante que si eres profesor compartas todo lo que sabes con tus alumnos”, y eso un poco te hace sentir un poco “santo”, pero a un nivel muy pequeño. Eso es lo correcto y lo que hay que hacer. Lo terminas aprendiendo: el compartir todo lo que sabes. No hay que acumular los conocimientos para un mismo, toca compartirlo con las generaciones más jóvenes y que puedan acceder a tus conocimientos.

Vamos con una pregunta oscura, pues un compañero periodista (Fernando Tanxencias) me la propuso y no te la hice en la primera entrevista. Se dice que el asesino de Waco, David Koresh, era un gran admirador de Joe Satriani. ¿Lo sabías?

Stu Hamm me lo comentó hace muchos años… ¡Fue un acontecimiento terrible! Todo lo que pasó en Waco (Texas). Yo no tenía ni idea de la existencia de ese tipo hasta que apareció en las noticias todo lo sucedido. Stu profundizó en la terrible historia y parece ser que el tío tenía un poster mío en su habitación y que le gustaba tocar la guitarra. No puedes elegir a tus fans… No puedes hacerlo.

“No puedes elegir a tus fans”… es un buen titular.

(Risas).

La canción más tocada en tus shows es “Always with Me, Always with You”. ¿Es esta composición algo especial para ti?

Totalmente… Es una canción de amor y es muy importante para mí. He recibido muchas cartas de fans contándome los momentos en los que han pinchado esta canción, desde bodas, bautizos a funerales. Es algo increíble y a mí me llega al fondo del corazón. Que una canción mía haya hecho tanto es muy grande, pero en el fondo… es el amor. Siempre es genial el tocarla sobre un escenario. Es cuando la tocas que puedes realmente sentir que yo y la audiencia somos uno. Siempre que la toco es una enorme experiencia.

Cuando en 1989 editaste Flying in a Blue Dream había una triste historia detrás del disco: tu padre murió en esos días. ¿Cómo fue grabar el álbum mientras tu mente estaba pensando en tu padre?

Eso fue muy duro, fueron tiempos muy tristes. Lo único que me hacía continuar fue que mi padre murió en una segunda parada cardíaca. Cuando ya tuvo un primer ataque dejó muy claro a la familia que si volvía a suceder que le dejásemos ir. En esa primera experiencia cercana a la muerte dijo que no recordaba nada, que no había ni rastro de lo que pudo sentir esa primera vez y que le dejásemos que se fuera si volvía a sucederle pues él ya no tenía miedo alguno de morir.

En esos días tan duros me dijo que yo debía continuar con lo que estaba haciendo y que trabajase como músico tan duro como me fuera posible. Él tenía fe ciega en mi carrera y me decía que es lo que tocaba hacer en esta vida. Cuando tuvo su segundo ataque yo ya sabía que se nos iba y que no iba a haber posibilidad alguna para que se recuperase. Era sólo cuestión de tiempo, así que yo quería terminar el disco antes de que muriese. Y murió una semana antes de terminarlo. Juraría que justo en ese momento terminábamos la última canción de la obra. Lo recuerdo todo muy estresante.

Pero es que, además, en esos días yo padecía un parásito intestinal y no me lo habían podido diagnosticar durante un largo año. Te añado que también usaba por entonces un corrector dental y me dolía muchísimo. No sé si tú has llegado a ver algún videoclip de esos tiempos, pero es que yo estaba muy por debajo de mi peso normal. Y no es que sea precisamente un tipo muy grandote… Fue un año muy complicado, extremadamente complejo, pero perder a mi padre fue lo peor de todo.

¿Es Flying in a Blue Dream el primer disco que tuvo letras y canciones en las que tú cantabas?

Sí, a principios de los 80 yo estaba en una banda llamada The Squares y estaba cantando siempre. Nunca fui el vocalista principal, pero en esos tiempos estaba yendo a clases de canto pues pensaba que si estaba en una banda de rock necesitaba poder cantar. De alguna forma tenía que contribuir con mi voz al resto del grupo. Y de repente el Surfing with the Alien se hizo muy popular, así que empecé a cantar una canción o dos durante los directos.

Eran sólo canciones de rock n’ roll, y lo hacía para divertirme. Siempre pensé que cantando podías estar mucho más cerca del público y esa es un poco la idea que se tiene de la guitarra en el rock instrumental: que no está del todo aceptado lo de que sea instrumental, de que no haya voz. Las audiencias esperan que alguien cante, o por lo menos que suceda en una canción. Y yo me decía a mí mismo: “si puedo cantar, ¿por qué no canto algún tema del disco?”. Así que me decidí a escoger entre seis canciones en las que había seis tipos diferentes de voces y hacer que mi audiencia entendiese que no estaba tratando de ser un vocalista principal, pero que podía meterme como cantante en seis tesituras vocales muy diferentes.

Demostrar que “el tío” que cantaba en “Big Bad Moon” como que no tenía mucho que ver con el que cantaba “Strange”, o el de “I Believe” o el de “Ride”. Y conseguía hacerlo con esfuerzo… Lo pasamos bien en el estudio y lo pasamos mejor en la gira. Tenía que cantar y estaba nervioso ya que no soy un cantante a uso y cada noche me costaba mucho el poderlo hacer. Tocabas una hora entera la guitarra y de repente tenías que cantar un tema (risas). Fue muy duro para mí.

Hablemos del álbum doble Time Machine. Es un poco extraño por la inclusión de todas esas tomas descartadas y ese material en vivo, pero… creo que es un clásico.

Sí, fuimos muy afortunados de que nuestro sello discográfico quisiera lanzar un disco en directo y teníamos grabado ya un importante número de canciones, pero… es que eso es lo divertido de los discos en directo: que un poco te fuerzan a grabar las canciones favoritas de tus fans de los álbums de estudio.

Pero es que a mí me parecía algo aburrido el ofrecerles otra vez las mismas canciones que ya tenían en los discos en estudio. Así que empecé a pensar en cómo lo podíamos hacerlo un poco más interesante para ellos. Teníamos grabados algunos temas en directo de la primera gira con Stu Hamm al bajo y con Jonathan Mover a la batería. Y me parecía un material espectacular. Cómo tocaban era impresionante y valía la pena que la gente lo escuchase.

Pero luego empecé a pensar en todo lo que había grabado con los hermanos Bissonette y con Phil Ashley a los teclados. Era algo completamente distinto a lo que teníamos en directo, pues era un cuarteto, mientras que lo grabado en directo era en formato trío. Entonces pensé que podíamos seleccionar lo mejor de todo ese material.

Eso implicaba meter lo mejor del directo completándolo con todas esas tomas que también eran muy buenas. Quisimos hacer algo totalmente nuevo y pienso que terminó siendo una gran oportunidad en lo artístico. Yo siempre quise hacer algo así, pero claro, siempre que empiezas a trabajar en una compañía discográfica y vas haciendo una y otra vez un disco nuevo… entras en ese ciclo y te dan ganas de hacer algo diferente y más artístico.

Volver a estar con Stu y Jonathan otra vez grabando música en directo y usando instrumentos diferentes era una pasada. Sólo el hecho de componer y tocar una canción como fue “Time Machine”, que es una de mis favoritas de siempre, pues ya considero que es genial. Como bien has dicho en tu pregunta: es un disco muy poco habitual (risas). Y lo es de arriba abajo. Posiblemente lo más raro de todo ese material es “Woodstock Jam”… Digamos que es para paladares exigentes.

Siempre he querido que los fans pensaran en el artista de una forma más amplia, más allá del single de turno. Ser un one hit wonder suele arruinar muchas carreras pues estás atrapado y ligado a esa canción en particular. Y es que cada vez que intentes hacer algo diferente, a tus fans no les va a gustar.

La única forma de combatir esa situación es darles mucha variedad desde el principio y decirles con una canción como “Woodstock Jam”: “Así es como yo soy yo, me gusta hacer muchas cosas diferentes, así que lo tomas o lo dejas”. Considero que plantearlo así me ha ido bien puesto que siempre he pensado que mis fans son muy listos y que lo entenderían. Siempre hemos tenido una muy buena relación.

Y hablando de discos especiales… ¿Crees que el disco Engines of Creation (2000) es el más arriesgado y experimental de toda tu carrera?

Sí, me parece que la descripción que haces del disco se ajusta bastante a lo que significó. Este junto a mi epónimo disco Joe Satriani (1995). Posiblemente ambos sean los más arriesgados que haya hecho nunca, especialmente en su enfoque. Lo interesante es que durante el tiempo que pasó entre los dos discos estuvo el Crystal Planet, y ese disco es toda una declaración de intenciones… muy diferentes. Y mientras que el disco Joe Satriani fue muy crudo, grabado en el estudio y muy poco pulido, como bien has dicho, en Engines of Creation se toman muchos riesgos en lo estilístico, sin banda alguna. Hay allí algo de trance y de música electrónica, pero a mí me gusta mucho.

Yo le sugeriría a cada artista que, si alguna vez tiene la oportunidad de ir más allá de su paleta artística y de poderle dar a los fans algo que les pueda demostrar, que eres capaz de tomar riesgos… deberías hacerlo. De verdad que creo que debes hacerlo. Yo lo hice, pues no puedes dictaminar lo que les gusta o no les gusta a tus fans. Puedes intentarlo, pero ellos tienen sus propios gustos y opiniones, así que dejémosles en paz, dejemos que escojan y opinen lo que quieran. Ellos escucharán lo que les guste. Nuestro trabajo como artistas es el de crear. Tú compones, si les gusta bien, y si no… pues también está bien. Lo que te toca hacer es seguir adelante y componer material nuevo.

Para ir terminando te quería preguntar tu opinión por un grupo alemán muy grande: Rammstein.

Sí, les conozco. Mi tour manager es un gran fan de ellos y ha trabajado con la banda incluso, aunque durante un corto periodo de tiempo.

Te pediría tu opinión sobre la escena musical actual. Yo soy profesor y tengo jóvenes de 16 a 25 años y lo que escuchan está totalmente alejado de lo que músicos como Joe Satriani representan. Es una especie de mundo nuevo en el que no se necesita cantar o tocar y en el que la guitarra ha desaparecido completamente…

Sí, lo sé… La forma con la que yo lo veo es que, como profesor, y especialmente con estudiantes muy jóvenes, o gente que ya es mayor que no está tocando a un nivel profesional, hay que acercarse a lo que les gusta. Ellos quieren tocar las canciones que les gusten, claro, pero deben mantenerse comprometidos y conectados con la música de la misma forma que les gusta tocar la guitarra.

Y sabiendo que cada vez que te vienen a encontrar para una lección, tú por lo menos les vas a enseñar, una pequeña parte de esa canción que ellos quieren tocar y les gusta. Así que, ¿cómo hay que hacerlo? Pues escuchando esa canción por vez primera sin ponerte a pensar en la instrumentación. Sin importar si lo que suena es un banjo o un sintetizador, o una guitarra de cinco cuerdas o de diez.

Tú lo que tienes que hacer es reducirlo a la nota básica. Si le añades todas las notas que tocan el resto de instrumentos, ¿qué acorde te sale? Esa es justo la esencia de todo. Simplemente hay que fijarse en ello. Y una vez tienes el primer acorde, se lo enseño al alumno, y cuando él se sienta a tocarlo, quiero que lo escuche y que perciban que lo ha conseguido, que funciona.

Que lo consiga sin necesidad de que haya ninguna guitarra en la canción. Puedo hacerles ver que hay una conexión con las notas similares, y ese es el principio de todo. Eso es muy importante. Por otro lado, hay que tener en cuenta de que corres el riesgo de forzar al alumno hacia gustos estilísticos por los que el alumno no tiene ninguna afinidad. Es decir: ¿Por qué enseñarle a alguien que le gusta Rammstein unos licks de blues? ¿Qué sentido tiene? Son difíciles de tocar y le van a sonar fuera de lugar.

Pero tienes razón en lo de que cada generación le gusta lo que le gusta, es lo natural y es el sentido general del mundo, así que: a por ello. Y nuestro trabajo como profesores y músicos más veteranos que somos, nos toca aceptarlo y mostrar a los alumnos nuestra experiencia musical, ayudando a las generaciones de jóvenes y hacerles descubrir el cómo tocar lo que les gustaría tocar.

Vale, y como profesor de humanidades que soy, me toca preguntarte por el Joe Satriani pintor ,ya que ha salido varias veces lo de que no te va nada mal tu carrera como artista plástico. ¿Cuáles son tus pintores favoritos?

Oh, hay muchos… Pero te diría que las extrañas caras de Modigliani es lo que más me gusta de todo. Eso si es lo que buscas preguntarme, pero también me encantan los pintores extraños como El Greco. Posee un material fantástico increíble y me encantan los colores con los que trabajaba. Era muy extraño y los colores mismos son los principales protagonistas en algunas de sus pinturas.

Obviamente también me gustan Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat, Mark Rothko, Robert Rauschenberg… Algunos pintores me di cuenta de su importancia al ver la enorme energía que desprendían durante un periodo concreto de tiempo, como puede ser el ejemplo de Jackson Pollock o Kandinsky. De este último su primera etapa me parece algo caprichosa. Por alguna razón que desconozco prefiero a Gustave Moreau. Y es que su obra se hace extraña en mí y eso me fascina. Me encanta todo lo que se salga de lo convencional. Tampoco he llegado a ser un referente en lo que es el arte pictórico, por lo que los Modigliani, Basquiat serían mis favoritos.

Jordi Tàrrega
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Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.