Entrevista a Face the Maybe: ‘Este disco ha respondido más a un proceso de aceptación que de lucha contra la industria’

Tras diez años de un silencio que muchos temían definitivo, Face the Maybe han roto por fin su mutismo con la publicación de Three Sounds and a Pause (2026), una obra  que reclama su espacio en la vanguardia del metal progresivo nacional. Con el eco de sus nuevas composiciones todavía fresco tras su salida el pasado 30 de enero, el cuarteto se prepara ahora para refrendar esa madurez sobre las tablas en una cita que se siente como un reencuentro necesario: la presentación oficial en el Espai Jove La Fontana de Barcelona el próximo 7 de marzo. Hablamos con la banda sobre la paciencia como virtud, la honestidad de sus nuevas melodías  y lo que supone volver a levantar el vuelo en una escena tan compleja como la actual.

Han pasado diez años desde The Wanderer. En un mundo musical que se mueve a una velocidad absurda, ¿cómo ha sido para Face the Maybe proteger este proceso de maduración de Three Sounds and a Pause sin sucumbir a las prisas de la industria?

Joan: En nuestro caso, ha respondido más a un proceso de aceptación que de lucha contra la industria. En 2018/19 teníamos algunas maquetas y conciertos a la vista pero el Covid supuso un parón en el que tuvimos que redirigir el rumbo.

Además de ello, la paternidad de algunos miembros y obviamente, un disco que es de pausada composición y mucho detalle fueron algunos de los ingredientes que han derivado en esta dilatación.

Es curioso. Tenemos un disco que hemos tardado bastantes años en gestar pero a la hora de promocionarlo las herramientas o medios en redes sociales más comunes buscan una captación inmediata del público. El debate de cómo sacarlo y protegerlo ha sido algo muy vivo en la banda.

De la misma forma que hemos tardado en componerlo, también hemos querido ir poco a poco mostrando el resultado, prueba de ello es que hace ya un año y medio desde que se lanzó el primer single “Fragile”.

¿En qué momento sentisteis que ya estabais listos para volver y que el disco tenía sentido como obra completa?

Joan: Gran pregunta. Dicen que las mezclas no se terminan, se abandonan. Lo mismo puede trasladarse a la composición.

Nadie tiene garantías que nada, pero el tiempo es limitado y hay que saber decir “hasta aquí” para mostrar eso al mundo y que no quede sólo como una idea. A nivel de toma de decisiones y escucha, un grupo es la mejor escuela.

Has usado la palabra “sentisteis”. Puede que ahí esté la clave. Escuchar tus propios temas y que te emocionen, que te hagan sentir cosas muy difíciles de trasladar a las palabras. Soñar con que esa música puede ayudar a alguien, igual que otras músicas lo han hecho hacia ti, eso es el summum.

Para componer un disco con tantos elementos ha hecho falta mucho intelecto y lógica, desarrollos motívicos y letras conceptuales. Pero es el factor emocional el que hace que te quedes, el pegamento del álbum.

¿Sentís que este disco es una continuación lógica de vuestro sonido anterior o lo veis como un nuevo punto de partida, una suerte de «reinicio» tras una década de silencio?

Joan: Un disco es una fotografía del momento vital en que se concibe. No lo vemos como una continuación premeditada. Evidentemente, de ahí venimos y alguien podrá encontrar similitudes. Pero nosotros hemos cambiado, hemos vivido y ahora queremos expresar cómo nos sentimos y cómo vemos el mundo en el que vivimos.

Siento que ha sido un viaje hacia adentro como banda. En ningún momento he sentido aquella energía competitiva de tocar más rápido o más complejo, como tal vez se podía encontrar en nuestro primer disco. 

Por otra parte, ha aparecido un sutil temple que nos ha llevado a componer piezas como “Feel the Air” sin necesidad de complicarla. Muchos temas se han hecho a partir de líneas vocales, así que ese era el eje vertebrador.

A su vez, somos músicos estudiosos y nuestra naturaleza es muy curiosa, así que hemos traído nuevos recursos o herramientas, nuevas palabras a nuestro vocabulario musical que han permitido pintar otros paisajes.

¿Cómo equilibráis ese virtuosismo individual para que siempre sume a la canción y no se convierta en una «guerra» de egos instrumentales?

Joan: Al haber vertebrado en gran medida la instrumentación alrededor de líneas vocales y no al revés, teníamos un horizonte claro.

Un posible escenario podía ser: «Entre la melodía “X” y la melodía “Y” cabe un pasaje instrumental, pero no puede ser algo gratuito, tiene que servir como bisagra como conductor».

Con el virtuosismo pasa una cosa curiosa. Cuando estás jugando con un motivo que puede ser bastante técnico, tal vez te estés divirtiendo mucho, y es algo que nos encanta, pero ¿lo está haciendo también quien te escucha? Esa pregunta es recurrente.

Hagas lo que hagas, habrá gente que le habría dado más vueltas instrumentales y otra que menos. Esa imposibilidad de gustar a todos nos da mucha paz.

Sencillamente, hay un momento en que decimos “hasta aquí”. El hecho de escucharlo desde fuera (grabando maquetas) es también clave, para coger perspectiva y salir de tu monólogo, ahí ves clarísimo por dónde hay que podar.

¿Cómo trabajas las líneas vocales para que sigan siendo memorables y abiertas mientras la banda está haciendo «fraseos imposibles» de fondo?

Tom: En realidad hay pocos momentos en el disco donde la voz esté escrita “encima” de un fraseo imposible. Lo que aparece más a menudo son compases irregulares o subdivisiones que se mueven por debajo mientras la voz mantiene una métrica más orgánica. Y precisamente por eso, la base vocal suele ser muy sencilla: la mayoría de temas nacieron a partir de melodías claras, casi desnudas. Aunque desde fuera parezca que todo está dominado por lo técnico, en el fondo muchas melodías vocales tienen un ADN muy pop: son el ancla emocional de la canción. Por eso, cuando compongo una línea vocal, mi referencia está más cerca de The Beatles que del math rock.

Se agradece mucho ver a una banda de Barcelona facturando este nivel de prog. ¿Creéis que existe una «escena de Barcelona» con un sonido propio o sois una isla técnica dentro de la ciudad?

Joan: En los últimos años, en el contexto del “metal” hemos pasado por unos cuantos ciclos o oleadas que han pisado muy fuerte, con grupos de marcada influencia djent o metalcore.

Actualmente siento que el poso que han dejado esos estilos se mezcla con el jugo que viene madurando desde hace tiempo de metal o rock progresivos.

Grupos como Moonloop, Cheetos Magazine o Matten, por decir unos pocos… tienen muchísima personalidad, nunca los confundirías los unos con los otros y sin embargo, podrían coexistir bajo el paraguas del prog.

Tal vez lo que nos pasa es que tenemos una etiqueta fascinante que nos permite muchísimo margen de maniobra y expresividad.

Habéis grabado con Gerard Porqueres en Heartwork Recording Studios. ¿Qué ha aportado él al sonido del disco para que, siendo tan técnico, se sienta tan honesto y directo?

Fred: Gerard es especialista en capturar lo que a veces llamo la “carne” del sonido. Él y su manera de trabajar son extremadamente versátiles, pero siempre sigue unas pautas que consisten en respetar “lo que hay” para luego trabajarlo de manera orgánica.

El uso de plugins y gadgets digitales es el justo y necesario, precisamente para poder tomar decisiones en el ahora y no perderse en la infinidad de posibilidades que estos ofrecen. Y esto es así con la afinación de una caja, con los settings de eq y ganancia de un ampli, con la posición de un micrófono, etc. Es un compendio de decisiones que llevan a ese producto final, único e irrepetible.

Y cuando se trata de darle forma final a un disco, cerrar un capítulo y poder “soltar” esa creación que ya tiene vida propia, esa sensación única e irrepetible se siente muchísimo más.

Después de tantos años, ¿teníais claro el sonido que queríais o lo fuisteis descubriendo en el estudio?

Fred: Ha sido algo muy gradual. Y realmente no hemos conocido la forma final de este disco hasta prácticamente los últimos pasos del proceso.

Sabíamos que queríamos conservar algunos aspectos identificativos del sonido de Face the Maybe y no escatimar en recursos y creatividad, pero sobre todo hemos intentado mantener el foco en hacer canciones. Esto ha resultado en un proceso de creación-revisión muy intenso pero también muy enriquecedor.

Sentimos (y esto nos lo han confirmado opiniones externas) que Three Sounds and a Pause tiene esa característica que a nosotros nos gusta tanto en un disco: que tenga varias dimensiones, diferentes lecturas, diferentes maneras de escucharlo, de vivirlo y de disfrutarlo.

¿Cómo influyen vuestras experiencias en otros géneros a la hora de sentaros a escribir metal progresivo?

Joan: Han sido absolutamente determinantes.

En mi caso, no vengo de un background de influencia progresiva. Cuando conocí a Eimel en 2008, y aunque pueda chocar un poco, yo apenas había escuchado a Dream Theater.

En mi Ibiza natal había escuchado mucho blues y grunge. También metal pero más en la línea de Slipknot, Machine Head o Lamb of God.

En Barcelona me lancé de lleno en el jazz y el flamenco, estilos con los que he podido viajar y aprender mucho. Los códigos son muy diferentes que en el metal, pero gracias a la personalidad de Face y la apertura de los chicos, hemos podido usar el proyecto como laboratorio.

Algunos recursos que aparecen en el disco:

  • En el segundo verso de “Fragile” puedes encontrar bulerías y seguiriyas.
  • El verso de “Breathe” es una soleá por bulerías.
  • El inicio de “Embrace” es un cambio de subdivisión manteniendo la estructura melódica, recurso muy de konnakkol o jazz moderno.
  • El puente de “War” juega con tresillos, semis, cinquillos de semi y seisillos.
  • El riff de intro de “Tides and Souls” parece que está dando un pulso. Cuando entra el hi-hat ves que el pulso rea” está en otro sitio. Es un break muy típico en música latina y flamenco.

¿Cómo tenéis pensado trasladar al directo la densidad de Three Sounds and a Pause

Fred: Como es obvio, empollando mucho en casa y poniéndonos muy en forma a nivel individual, para que la ejecución esté al nivel que le corresponde.

Pero también le hemos dedicado tiempo a traducir ese sonido conseguido en estudio a su versión en directo, con las herramientas de las que disponemos actualmente.

El directo no tiene por qué ser un calco del disco, sino una representación honesta, fiel y a la vez enérgica del mismo. Las mismas canciones se pueden percibir diferente de una plataforma a otra, y por ello también incorporamos algunas adaptaciones musicales que también hacen que el directo sea todavía más único.

En definitiva, no nos limitamos a tocar los temas, sino a generar esa atmósfera que solo cobra sentido cuando tienes al público delante.

¿Hasta qué punto la historia que cuenta el álbum es personal y hasta qué punto es una construcción artística?

Tom: Uuuufff, es una pregunta complicada. La semilla del disco apareció antes de lo que la gente suele pensar. Entre 2017 y 2018, en un viaje de la banda, empezamos a hablar de cuál sería el tema del siguiente disco y salió la idea del final: la muerte, el stop, el punto y aparte. Pero no desde algo determinista ni oscuro, sino desde un enfoque más simbólico, casi con una mirada oriental. A partir de ahí, el álbum mira ese final desde distintos planos: el de una persona, el de una generación, el de una sociedad o incluso una civilización.

Y hay un detalle importante: muchas letras y metáforas estaban ya definidas en 2018–2019, antes de todo lo que vino después, especialmente el Covid. Es fácil leer el disco como una reacción a eso, pero el núcleo venía de antes; lo que pasó después quizá le dio otra capa de significado.

Y sobre lo personal: sí, claro que lo es, porque yo no escribo letras si no hay algo íntimo detrás. Hay experiencias cercanas al “final” que me han tocado, también por mi trabajo, y en algún punto eso se vuelve explícito —por ejemplo, un fragmento muy directo sobre un accidente—.

Pero no diría que el disco cuente mi vida: no es un diario. Es una construcción artística hecha de metáforas que inevitablemente llevan mi manera de mirar el mundo.

¿Hubo alguna canción especialmente difícil de cerrar o que os hiciera desistir?

Fred: Tengo que decir que “Hephaestus” pasó por un sinfín de fases a nivel estructural y de micro-modificaciones hasta terminar siendo lo que es. La outro “Arrows of Flame”, aunque ahora separada, forma originalmente parte de “Hephaestus” y es el cierre perfecto para semejante tunda. Para mí personalmente, ambas representan muy bien ese contraste entre “caos elaborado” y la acción de “soltarlo”. Del math-groove metal más enrevesado a un casi doom metal flotante, de un salto.

Pero para llegar a eso, hubo semanas de trabajo arduo y luego meses de distancia con esta canción, y así repetidas veces.

Barcelona vive un momento… “curioso”. ¿Cómo veis la escena actual desde dentro?

Eimel: En Barcelona la escena metal y rock está viva, pero atraviesa un momento muy extraño, hay muchas bandas y propuestas interesantes aunque cuesta generar cohesión y visibilidad real, creo que todo se mueve mucho en lo underground e incluso a menudo faltan espacios, apoyo y continuidad para que las bandas crezcan.

¿Creéis que un disco así puede tener más recorrido fuera que dentro o ya no existe tanto esa diferencia?

Tom: Es un cliché del nicho, pero entiendo la pregunta. Hoy “fuera” y “dentro” es menos geografía y más tracción: si algo conecta, con redes y plataformas la música se mueve sola y muy rápido. El reverso es que esas mismas herramientas premian la velocidad: si no puedes moverte a ese ritmo, es fácil que el crecimiento vaya más lento de lo que te gustaría.

Históricamente sí: en el norte de Europa o Norteamérica ha habido más público y circuito para este estilo. Pero no lo veo como una regla fija de “aquí no, fuera sí”. Al final el disco encontrará su público donde tenga que encontrarlo.

Después de un disco tan trabajado, ¿sois de los que necesitan parar o tenéis ya material nuevo en mente?

Fred: Con el tiempo, sudor y lágrimas que nos ha tomado, queremos saborearlo y cerrar este capítulo como se merece. No descartamos sacar algunos vídeos más para poder darle el protagonismo a otras canciones que no han tenido la oportunidad de ser singles y de hecho, contamos con algo de material extra que nos reservamos para el momento adecuado. Hemos estado cocinando mucho y este cocido va a dar para repetir durante varios días.

Y para acabar, ¿cuáles son los próximos pasos con el disco? ¿Habrá gira próximamente?

Eimel: El disco ya está publicado y ahora estamos centrados en escuchar el feedback y ver cómo está conectando con la gente. De momento no hay una gira cerrada, pero sí la intención de presentarlo en directo cuando se den las condiciones adecuadas. 

Sobre Joan Martínez 263 artículos
Adicto a la música desde que tengo uso de razón y pateador crónico de salas de concierto. Músico, cocinero y escritor cuando se tercia. Siempre con más ganas que tiempo y más tiempo que talento.