En la carretera con… ARCANUS

“En una semana y media tenemos una gira por España con I Am Morbid. ¿Te apuntas?” A saber que pensó Pol, nuestro improvisado batería, cuando le propusimos meterse en un coche (grande) durante cuatro días para compartir fluidos corporales y de paso tocar en una de las giras más potentes de este final de primavera. I Am Morbid, Vital Remains, Atrocity y Sadist… cuando nos lo confirmaron sabíamos que esto iba a ser grande… ¡pero quizás no tanto!

Día 1: Barcelona

Por suerte el primer bolo de todos, la primera toma de contacto, fue a escasos metros del local de ensayo, en la Salamandra de l’Hospitalet. ¿Cuántos bolos habremos visto allí? Saludos con promotores, mánager, integrantes de las bandas y nosotros intentando hacernos un hueco entre todo ese panorama.

Allí fue cuando saludamos por primera vez a Bill Hudson, guitarrista de I Am Morbid, UDO, Doro y un sinfín de bandas más y a Brian Werner, cantante y rockstar absoluto de Vital Remains. Tipos majísimos, de los que te hacen sentir como en casa en una gira de estas dimensiones. Además fumaban con una manzana. Qué más les vas a pedir.

Después de la prueba de Atrocity, donde escuchamos por primera vez una “Gates of Oblivion” que se convertiría en la BSO de la gira (por dios, escuchadla si aún no lo habéis hecho), tocaba montar deprisa y probar aún más rápido. Pese a ello, y aún siendo el primer concierto con Pol, las sensaciones fueron fenomenales: aquello no hacía sino empezar y ya estábamos en el escenario de Salamandra presentando nuestra música. ¡Así sí! Esa era la única noche de la gira donde nos podíamos permitir un poco de rock n’roll, así que nos pusimos el traje y pudimos disfrutar de los bolazos de las bandas que íbamos a acompañar durante tres fechas más a lo largo de la península. ¡Cómo sonaba eso!

Día 2: Madrid

A la mañana siguiente, con demasiadas horas de sueño acumuladas, quedamos temprano para irnos hasta Madrid, donde ya hacía más de un año que no tocábamos. La sala Caracol tiene una más que merecida buena fama, y sus técnicos fueron puro amor.

Tocar tan temprano, evidentemente, tiene muchas cosas negativas, pero el público madrileño nos recibió con un calor y un cariño espectacular. Tocaba recoger después del bolo y hacia el Telepizza que nos fuimos para reponer algo de fuerzas. Vuelta a la sala y a ver qué podíamos ver, con la idea clara de que esa noche tocaba portarse bien, que aquello no hacía nada más que empezar.

Pese a todo, y como pasa siempre, Óscar tuvo tiempo para confraternizar con compatriotas que se encontraban en la capital para disfrutar de David Vincent y los suyos. Intentad ir a algún sitio y no encontraros con algún chileno. IM-PO-SI-BLE. Sin mucha más dilación lo empaquetamos todo y nos subimos al coche (grande) que tan bien se estaba portando hasta el momento. Suerte que hay personas precavidas en la banda que reservan apartamentos a la altura de las circunstancias. A mí me tocó dormir con Javier en una cama de matrimonio. Así da gusto, oiga.

Día 3: Murcia

Tocaba levantarse, de nuevo, bastante temprano. Y eso es un palo. Por suerte fuimos buenos chicos la noche anterior y nos acostamos relativamente temprano, con el murmullo de algún ‘Callejeros’ resonando por los altavoces del televisor que se encontraba en el comedor. ¡Y a por más carretera!

El camino hasta Murcia fue sencillo… hasta que llegamos a Murcia. ¡32 grados a la sombra! Todo el mundo despelotado por la sala Gamma y las pieles que se iban enrojeciendo al pasar los minutos. ¿Qué podía salir mal? Después de un concierto con algo más de estrés y con unos horarios más apretados tuvimos que recoger bastante rápido para hacer una bonita ruta entre carreteras comarcales hasta llegar a Badajoz, donde haríamos noche para, a la mañana siguiente, poder ir con tranquilidad hasta Lisboa. Esta vez dormíamos en hotel, todos en nuestras camas individuales, pero sin la seguridad de descansar en habitaciones separadas que te resguardan de los ronquidos de los más ruidosos de la banda. Si escucharais a Denis quejándose por las noches desearíais que fuera él quien cantara en Arcanus. En serio.

Día 4: Lisboa

Desayuno de campeones a base de tapas extremeñas y en poco tiempo ya nos encontrábamos en Portugal para el último concierto de la gira.

Fue entrar en LAV, la sala donde se celebraría nuestro último Morbidfest, y se nos pusieron los ojos como platos. ¡Qué maravilla! Tardaremos en volver a tocar en un sitio así de cómodo y espectacular. Una lástima saber que estas al otro lado de la península y que los horarios no te permitan visitar una ciudad tan maravillosa, pero eso es lo que había y tocaba disfrutar del último concierto de una gira que se nos había pasado realmente volando. Mientras el bueno de Brian (Vital Remains) se tiraba desde el segundo piso de la sala hacia el público (maldito loco) nosotros nos íbamos despidiendo de todos los compañeros que nos habían hecho la vida mucho más fácil durante esos días. Sobre todo a Andre, un absoluto 10 como técnico y a José, tour manager que nos ayudó en todo lo que pudo durante la gira.

Después de una merecida comida al más puro estilo portugués, tocaba recoger trastos y subirse de nuevo al coche para más de 12 horas de viaje hasta Barcelona. Es lo que tienen estas giras, suponemos: ansías que los días tuvieran 34 horas para poder descansar mejor y para disfrutar de esos momentos que, a veces, solo valoras desde el retrovisor. Al final, al menos, algunos de la banda aprendieron a fumar con una manzana. Menos es nada.

 

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