Crónica y fotos del concierto de A Sound of Thunder + Thy Omen - Faktoria d'Arts (Terrassa), 19 de octubre de 2018

El heavy metal de A Sound of Thunder sigue convenciendo (aunque a menos gente) en Terrassa

Datos del Concierto

Bandas:
A Sound of Thunder + Thy Omen
 
Fecha: 19 de octubre de 2018
Lugar: Faktoria d'Arts (Terrassa)
Promotora:
Asistencia aproximada: 130 personas

Fotos

Fotos por Albert Vila

Cuando el año pasado los capitalinos A Sound of Thunder se convirtieron en un pequeño fenómeno en Catalunya gracias a su excelente versión metálica de «Els Segadors», quedé absolutamente prendado de su fascinante historia: una banda de heavy metal cualquiera, como las muchas que conocemos en nuestro propio underground, pega un petardazo involuntario en un país lejano y remoto gracias a un tema que le toca la fibra a miles de aficionados. Con ello, de un día para otro se convierten en pequeñas estrellas en la esfera metálica (y no metálica) del lugar, con entrevistas en la radio y en la televisión, minutos de gloria en el mismísimo Estadi Olímpic y una gira montada a toda prisa que bordeó el sold out en casi todas las plazas (incluyendo la enorme Faktoria d’Arts de Terrassa y el Razzmatazz 2 barcelonés),

Aunque hay un gran componente romántico en toda la historia, evidentemente no todo el mundo lo vio con la misma gracia que yo: desde críticas de oportunismo o de inaceptable politización de su música (ignorando tanto la absoluta falta de intención por parte de la banda en este sentido como que el hecho de mirar hacia otro lado o despreciar su evidente éxito es, en gran parte, también un posicionamiento político), al vacío más absoluto por parte de gran parte del sector mediático musical, siempre tan débil y tan temeroso de perder un puñado de likes. A pesar de ello, nada de eso evitó que su primera gira por tierras catalanas fuera un éxito incontestable y que el cuarteto americano viviera el sueño que toda banda desea vivir, almenos, una vez en su vida: sentirse estrellas.

A raíz de todo ello, y porque a nosotros sí que nos pareció que lo que ocurría tenía relevancia mediática (y buena prueba de ello es el éxito que tuvieron todos los artículos que escribimos sobre ese tema), en Science of Noise establecimos un poco de relación con la banda. Personalmente, entrevisté a su vocalista Nina Osegueda justo después de que la versión de «Els Segadors» saliera a la palestra, y lo volví a hacer, ahora por vía telefónica, una vez regresaron a su país después de esa exitosa gira catalana. Por desgracia, esa segunda entrevista nunca se llegó a publicar porque el volumen de la grabación resultó ser tan lamentablemente bajo – errores de principiante, supongo – que me fue imposible sacar nada en claro. Durante este año, he visto como vivían en una nube y como se esfumaban sus ilusiones de tocar en el Rock Fest (cosa que intentaron con fuerza). También he seguido las peripecias de salud de su guitarrista Josh Schwartz, de las que me alegro que se haya recuperado, y aunque creo que han sido un pelín inocentones en algunas cosas (¡y quién no lo habría sido, en su caso!), les aprecio y me he alegrado mucho de su éxito.

Un año después, con el disco que incluye «The Reapers» en el mercado y con la situación política catalana en un estado de bastante menos ebullición que hace un año (algo que no sé si es mejor o peor, la verdad), A Sound of Thunder han decidido volver a los escenarios catalanes para ver si aún cuentan con el favor del público. Es evidente que la mayor parte de su éxito fue debido al one hit wonder que fue la versión de «Els Segadors» (una versión que ha llegado para quedarse en el imaginario popular catalán, ya os lo digo), pero también es verdad que se han conseguido crear un pequeño grupo de seguidores fieles que siguen ahí una vez el hype ha desaparecido.

Está claro que la banda sabía perfectamente que las audiencias de la otra vez eran irrepetibles, pero no sé hasta qué punto esta gira les ha salido tan bien como esperaban. Por un lado, no han podido encontrar un sitio donde tocar en Barcelona (otro día hablaremos de ello con más detalle, pero las salas de Barcelona están reservadas con cuatro o cinco meses de antelación), y por otro, la afluencia a sus demás paradas (en Terrassa hubo fácilmente una quinta parte) fue mucho menor a lo que vivieron diez meses atrás. Aún así, por supuesto, eso es mucha más gente de la que hubieran ni soñado congregar hace dos años, así que tampoco es que esté nada mal.

Thy Omen

Por culpa de la temprana hora a la que estaba programado este concierto, a la infernal caravana que me encontré de camino a Terrassa y a mi aparente incapacidad para seguir las instrucciones de un GPS, no llegué a las puertas de la Faktoria hasta que los barceloneses Thy Omen ya llevaban un buen rato sobre el escenario. Y aún tuve bastante suerte de que empezaran tarde, porque vista la hora me los podía haber encontrado perfectamente recogiendo los trastos. Sea como fuere, llegué a mitad de «Falling into Oblivion», el único tema propio que les pude ver, y rápidamente me demostraron tener unas excelentes capacidades técnicas y una muy buena puesta en escena.

Un aceptablemente generoso puñado de fans entregados se reunían enfrente del escenario para disfrutar de su buen metal entre clásico y progresivo, y los indecisos fueron atrapados con el infalible recurso de pegarse un par de versiones de temas ultra conocidos. La primera fue el «Toxicity» de System of a Down, que les quedó bien a pesar de que el timbre de voz de su volcalista no se parece en nada al de Serj Tarkian. La segunda, un interesante medley de canciones de Iron Maiden que, en su mayoría, recibieron un valiente lavado de cara. Pasajes de «Hallowed Be Thy Name», «The Trooper», «Transylvania», «Run to the Hills», «Wasted Years», «Afraid to Shoot Strangers» y «Fear of the Dark» se sucedieron uno tras otro ante la diversión de un público que no se pudo aguantar de cantar todo lo que le sonaba. Aunque no pude verlos el tiempo suficiente, y aunque eso de las versiones siempre es un recurso un poco (demasiado) facilón, Thy Omen me parecieron perfectamente solventes y, en general, una buena elección para abrir el concierto de hoy.

A Sound of Thunder

Una vez acabado el concierto de los teloneros tuve tiempo de pasearme por la sala y observar como, efectivamente, el evento de hoy iba a ser una fracción de lo que vivimos hace un año, tanto en audiencia como en tamaño como, seguramente, en niveles de épica e intensidad. Para ello, la inmensa y larguísima Faktoria d’Arts cerró la parte trasera de la sala dejando un espacio coqueto y manejable en el que pudieron colocar fácilmente a los 130-140 aficionados que se habían reunido para verlos. Una cifra que, objetivamente, tampoco es que sea mala, pero que ante el recuerdo de lo que vivimos, se queda muy corta.

La primera sorpresa (para mí, positiva): entre el público no se veía un sentimiento especialmente patriótico, y me atrevería a decir que gran parte de los jebis que había allí no tenían particular aprecio por lo catalán (no digo que tuvieran desprecio tampoco, eh). Es decir, que me atrevería a afirmar que habían venido por la música y no para sacar la estelada a la mínima que tuvieran oportunidad. Como era de esperar, y como ocurre con la mayoría de modas, muchos de los que se subieron al carro entonces pero no tenían un interés genuino en su propuesta musical los han dejado de lado, mientras que los que han quedado son los que conectan con el buen heavy metal que ofrecen tanto en disco como en directo.

En la generosa hora y cuarenta y cinco minutos que estuvieron sobre el escenario hubo tiempo para mucho: para momentos épicos como el tema que da nombre a la banda o la canción dedicada a un cacique salvadoreño cuya misión principal era la de rebentar cabezas de conquistadores (cosa que Nina pensó que apreciaríamos), para temas que no conocía nadie, para improvisaciones y jams, para versiones de Kansas y de (creo) Whratchild America o para una celebradísima rendición de «La Presó del Rei de França», la canción de la Dharma que es ya todo un himno en cualquier festividad popular catalana. Sobre esto último, alguién lo ha llegado a calificar de versión, pero yo me decanto más por decir que fue una repetición de la melodía principal más en la onda de los típicos «oe oes» que otra cosa (lo que fue ideal para el momento y la situación, ojo).

Durante todo ese tiempo y durante todos esos momentos, la banda rayó a un nivel muy alto, tanto técnica como escénicamente. Mientras Chris Haren se mantiene erecto tras la batería con cara de eterna preocupación, tanto Josh como Jesse Keen no paran de moverse, de intercambiar posiciones y de regalarnos todo tipo de poses. Por su parte, la pequeña Nina, armada como siempre con sus gafas de aviador con pichos, ejerce de perfecta maestra de ceremonias gracias a su permanente sonrisa y a un vozarrón impresionante para ponerse a todo el mundo a sus pues. Y eso que aún no se ha atrevido con cuatro palabrejas en catalán como prometió hace un año, que sino ya sería la leche.

A pesar de que el atronador sonido nunca llegó a ser pristino, el heavy metal clásico que los caracteriza satisfizo a la inmensa mayoría de aficionados que se acercaron a la sala: las primeras filas mantuvieron los puños en alto en todo momento, mientras las más alejadas no desviaron los ojos del escenario ni dejaron de mover la cabeza con cara de aprobación, aunque ni unos ni otros conocieran de verdad la mayoría de canciones que sonaron.

Y aunque a mí también me gustó el concierto, también debo decir que buena parte de los temas de la banda quizás pecan de una cierta falta de memorabilidad, de riffs verdaderamente infecciosos o de estribillos que enganchen en serio. Lo que más se le acercó fue el corte que da título a su último disco, un «It Was Metal» que ahonda en la autoglorificación del género tan típica en las bandas jebis de verdad (y ellos lo son), y que constrasta con la temática histórica (ya sea egipcia, americana o incluso castellana – por si nadie se había fijado, tienen un tema dedicado a Isabel la Católica –) a la que nos tienen acostumbrados. Por cierto, que el tema estuvo dedicado a todos aquellos (y había unos cuantos, para mi sorpresa) que habían venido a verlos por primera vez.

Al cabo de una hora y media, la banda se retiró dejando claro lo que nos esperaba a la vuelta. Y bajo las notas de una introducción épica y más larga de lo habitual empezaron con el redoble de batería que da pie al tema más esperado de la noche. Y ya os digo que yo no soy especialmente patriota (un poco sí), pero este «The Reapers» es un verdadero temazo que me puso (y me suele poner) la piel de gallina e hizo que me dejara las cuerdas vocales junto al centenar largo de asistentes que me acompañaban y que se lo miraban todo con chispitas en los ojos. A Sound of Thunder pueden mantener su popularidad o no, pero este tema quedará para siempre en el imaginario colectivo catalán.

«Els Segadors», evidentemente, caldeó las emociones de todos, así que la petición de bis del público fue verdaderamente genuina. Esta vez no pudimos gozar de la presencia del tío con la máscara cutre de «Udoroth» como el año pasado, sino que la elegida para cerrar fue «Kill that Bitch», un tema que ni la propia banda esperaba que tuviera la aceptación que ha acabado por tener. Aunque su letra da un poco de vergüenza ajena, musicalmente es pegadiza y divertida, con lo que la gente la disfrutó y coreó con pasión, conscientes de que estábamos ante los últimos minutos del concierto.

Así que bien, es evidente que la banda no recibió el mismo calor del público que la otra vez, y también que en la sala no se respiraba la sensación de evento especial y electrificante que vivimos el año pasado, pero nadie puede negar que los chicos de A Sound of Thunder dieron un concierto, al menos, tan bueno como entonces. Por un lado, se han ganado un lugar en el corazoncito de muchos catalanes, y por el otro, el respeto de muchos fans del heavy metal a los que el patriotismo cuatribarrado ni les viene ni les va. Curiosamente, muchos de aquellos que los amaron por una sola canción los han dejado ahora de lado, mientras que los verdaderos aficionados al rock duro, independientemente de su afiliación política, son los que han acabado por abrazarlos, a pesar de seguir siendo repetidamente ignorados por la prensa. ¿Será eso suficiente para alargar el interés hacia una tercera gira? Eso, amigos, está por ver.

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Sobre Albert Vila 871 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.