El final del verano: se fue Georgie Dann

Hay veces en las que no sabes el por qué, pero hay artistas ajenos a tus gustos musicales por los que sin saberlo tienes cierto respeto, y te das cuenta de ello por la pérdida. No es que escribir cuando muere un gran músico sea algo que me apetezca hacer, y curiosamente hay fallecidos célebres artistas por los que no escribí ni una línea. Pero no es algo consciente, sencillamente me ha salido de dentro el hacer unas líneas sobre alguien que marcó mi infancia, muy a pesar de que lo odiara y me cachondease de sus canciones: el inigualable Georgie Dann.

Lo increíble de Georgie Dann es que no era guapo, no sabía bailar, no tenía voz, sus letras eran de sota-caballo-rey, la mayoría de sus éxitos son plagiados o tomados prestados, pero… Es leyenda. Jugó en terrenos de Raffaela Carrá, Boney M. y ABBA y cuando el techno y la música electrónica aparecieron en los 90 pudo readaptar todo su catálogo a los nuevos tiempos. Estaba en inferioridad de condiciones respecto a los más grandes, pero el verano ya era suyo. La gente esperaba la nueva canción de Georgie, ni que fuera para criticarla.

Mis veranos en Benicàssim y Onda (Castellón) son bellos recuerdos de la tierna infancia, pero en la segunda población mis abuelos tenían la casita empotrada en un polideportivo en el que sonaba durante 16 horas al día sonaban los 40 principales, así que no tenía escapatoria. Cada hora en punto sonaba el número 1 de Los 40 y Georgie Dann era el rey del verano. Estabas todo un mes torturado con sus pegajosos estribillos, pero el cuerpo humano se adapta a todo y sobrevivimos.

Es sabido que en Guantánamo se utilizaron como métodos de tortura inhumana el someter durante días y noches a los presos con música que iba desde Judas Priest a la sintonía de Barrio Sésamo. No sabemos el uso que se le dio a Georgie en ese agujero, aunque puede que los carceleros se apiadaran y vieran excesivo e inhumano el uso de “La Barbacoa” o de “El chiringuito”. Son las dos canciones que quedarán para el recuerdo, pero os aseguro que “Carnaval, Carnaval”, “El baile del Bimbó”, “Cachito con cahito” y “El negro” son armas de destrucción masiva.

Dann era un buen tipo, un francés que ocultó su edad y que no se sabe a día de hoy si nació en el 40 o en el 36. Lo que sí se sabe es que nació en Francia, emigró a España, se casó con una de sus bailarinas y tuvo tres hijos. Los conceptos de canción del verano y el cuerpo de baile son dos de sus aportaciones y su legado es tal que Leticia Sabater intenta hacer algo similar en estos días que corren. Pero la diferencia entre Leticia y Dann es que, por ejemplo, el francés era músico.

Siempre dijo que lo realmente difícil era escribir canciones sencillas y que para hacer de complicadas todo el mundo podía. Lo que es innegable es que este músico (que empezó a finales de los 60) nos alegraba y nos jodía a partes iguales el verano. Eugenio buscaba chistes allende de nuestras fronteras y Dann hacía lo mismo con canciones pegadizas adaptándolas a los gustos del público hispano. Un público que se lo tragaba todo, y cuanto más fácil se lo ponías, mejor.

Siempre dijo que no había dobles sentidos en sus letras, pero eso es una gran mentira. Es el punk rock el que dice las cosas tal como son. Dann estaba más cerca de la revista musical, de Violeta la Burra y de los espectáculos del Molino en los que las letras son metáforas soeces y directas, pero aptas para todo tipo de públicos. Véase la célebre “Chupa Teresa el helado de Frambuesa” o “Mami qué será lo que tiene el negro”. Ahora que vivimos en tiempos de la corrección política no descartemos que aparezcan varios colectivos quejándose de las letras de Georgie Dann y de que empezase a explotar las bailarinas enseñando pierna. Las cosas hay que ponerlas en su marco histórico.

Fue pionero del videoclip en España y sabía tocar el acordeón, el saxofón y el clarinete cuando llegó a España para participar en 1965 en el Festival de la canción Mediterránea. Grabó en 1986 una canción llamada “Macumba”, que, si os fijáis, anticipó a todo lo que hicieron Ricky Martin y derivados, y en eso incluyo música, letra, coreografía… pero no entrega ni sex appeal.

Hizo incursiones a músicas tradicionales de otros países, desde México a Francia siendo Rusia el más explotado de todos ellos. Su primer éxito fue el “Casatschok” en el que bailaba en Televisión Española con dos “rusas de Murcia” que no llevaban sujetador, toda una provocación en el blanco y negro de un país atrasado.

También adaptó el “Moscau” de Dschinghis Khan. Yo lo desconocía, pero mientras preparaba la entrevista con Leslie Mándoki apareció Georgie Dann con su horrible versión. Lo que son las cosas… Leslie odia hablar de esa canción que cantaba y bailaba y Georgie… estaba pletórico con ella. Contó entonces Dann con bailarines capaces de hacer los complicadísimos bailes rusos, y para poner la voz de Leslie utilizaba un filtro de voz grave.

No fue una persona que llenase espacios de prensa rosa y de hecho su trayectoria es poco conocida (o si más no para mí). Un poco es como Torrebruno, del que tampoco se sabe muy bien el cómo apareció, venía de fuera, y llegó a ser un icono en la España del destape y la pandereta. Por cierto, con Torrebruno tuve un encuentro mientras tomaba él un café en la barra de un bar. Con el señor Dann hay una coincidencia con su madre en el tren. Lo dejaremos para mis memorias…

Gran parte de Science of Noise no ve con buenos ojos el hacer este homenaje y habrá haters que no entenderán el por qué desde SofN escribimos sobre él, así que asumo las consecuencias, me apetecía. En mi extensa colección de música tengo un disco de Dann firmado siendo lo más bizarro de todo lo que poseo junto a un par de discos de Luixy Toledo (firmados claro), un libro de Jimmy Jump (firmado) y del Gitano de Balaguer (firmado). No puedo negar que hay una parte de mi a la que siempre le gustó el frikismo.

Desconocemos si Georgie Dann era católico o si era un fucker, pero si va al infierno mejores se harán los chorizos parrilleros. No sé hasta que punto hay que darte las gracias por joderme parte de mi infancia, pero el caso es que formas parte de ella. Diste color y alegría en años en blanco y negro.

Jordi Tàrrega
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Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.