Crónica y fotos del Okkult Session II - Sala Apolo (Barcelona), 16 de julio de 2019

El bolazo impresionante de YOB le roba el protagonismo a Neurosis en la segunda de las Okkult Sessions

Datos del Concierto

Okkult Session II

Bandas:
Neurosis + YOB + Kowloon Walled City
 
Fecha: 16 de julio de 2019
Lugar: Sala Apolo (Barcelona)
Promotora: Madness Live
Asistencia aproximada: 750 personas

Fotos

Fotos por Beto Lagarda

En 2018 los chicos de Madness Live, siempre listos por ofrecer e impulsar nuevas propuestas, aprovecharon una visita de Godflesh a Madrid para añadir cuatro bandas que encajaran (Amenra, Sinistro, Louise Lemón y Dool) y vestirlo con un nombre molón y con gancho. Había nacido el concepto Okkult Session, algo que no llega a ser un festival pero que, después de dos ediciones, sí que podemos ver que tiene una personalidad bastante definida. Alguien podrá pensar que esto de crear una marca especial alrededor de lo que es, en esencia, un concierto normal y corriente es una parida. Yo creo que no lo es en absoluto, ya que el continente, la mística y la imaginería son muchas veces tan importantes como el contenido. Así que, sinceramente, aplaudo la idea del Okkult al igual que aplaudo cosas como lo de «El Desembarco de tu Vida» o «El Tanque de tu Vida», éstas creadas con un cachondeo evidentemente mayor.

La segunda de estas Okkult Sessions, pues, se iba a celebrar en Barcelona. Y en vez de ser en sábado y contar con cinco bandas seleccionadas específicamente para la ocasión, tuvo lugar un martes en plena época de festivales y presentó un cartel con solo tres nombres que, con más o menos exactitud, ya venía girando por media Europa en las últimas semanas. Pero claro, pocos reclamos hay dentro de este concepto «okkulto» del nivel de los americanos Neurosis, auténticos impulsores del sludge y del post metal y, en consecuencia, una de las bandas más influyentes y respetadas de todo el panorama metálico (y más allá). Hacía ocho años que los de Scott Kelly y Steve Von Till no pisaban una sala barcelonesa (fue ésta misma, en 2011, aunque dos años más tarde también estuvieron en el Primavera Sound), y cuando una formación de culto como ésta se digna a volver a una ciudad que ha demostrado siempre su devoción por ella, las rotativas se paran y, automáticamente, su presencia se convierte en un evento absolutamente imperdible, más aún si vienen acompañados de unas bestias pardas como YOB, que ya demostraron hace unos meses como se las gastan.

Para hacerlo aún más especial, el enclave escogido para este concierto fue la Sala Apolo, últimamente bastante huérfana de conciertos de índole metálico. De hecho, es probable que yo no la pisara (la grande) desde que vine a ver a Anathema hace casi dos años. Lo que pudimos comprobar esta vez es que con las necesarias obras de remodelación de la ahora magnífica La [2], situada en la planta baja, han decidido modificar totalmente el acceso, los baños e, incluso, la ubicación de la hoy abarrotada (y razonablemente económica) mesa de merchandising, ampliando notablemente el espacio vital alrededor del concierto, pero también alargando todos los procesos que solemos llevar a cabo en este tipo de momentos. Sea como fuere, y lo que es más importante, esta sala es siempre una garantía de sonido magnífico y luces impecables. Y en esta ocasión fue, de nuevo, exactamente así.

Personalmente, y aunque Neurosis es una banda que si duda me gusta (y cuando los vi en ese mencionado Primavera Sound de 2013 me fliparon entre mucho y muchísimo), no os creais que soy un seguidor demasiado ferviente de su música. Probablemente valoro más su influencia en otras bandas que sí que me vuelven loco (la primera que me viene a la cabeza es Cult of Luna), que no su música en concreto (que me parece una pasada, ojo, pero que tampoco me llega como la de otras bandas). De hecho, este concierto ni tan siquiera tenía que cubrirlo yo, pero acabé por subirme felizmente al tren a penúltima hora después de que un imprevisto imposibilitara la presencia de nuestro redactor titular. Y no puedo decir que me arrepienta para nada, al contrario: disfruté mucho de todas las bandas, del ambiente (aunque ya hablaremos de ello) y también de haber formado parte de una Okkult Session.

Kowloon Walled City

El inicio del concierto de los primeros teloneros, Kowloon Walled City, estaba marcado teóricamente para las 18:45 de la tarde, una hora algo tempranera que convirtió en imposible que llegara a tiempo de verles empezar. Lo hice a las 18:55 pero, para mi sorpresa, y cuando estaba ya empezando a ponerme en situación después de un par de temas, dijeron adiós y se dispusieron a empaquetar sus bártulos a las 19:05. Por lo que vi a posteriori tocaron hasta seis canciones, así que lo más probable es que empezaran algo antes de lo anunciado. De hecho, tanto YOB como Neurosis lo hicieron también, así que, efectivamente, entiendo que es lo que ocurrió con estos californianos, que a pesar de verlos solo durante solo diez minutos, me dejaron clarísimo que su rol en esta Okkult Session no se limitaba ni mucho menos al de meras comparsas.

De hecho, tan pronto llegué a final de las escaleras que dan acceso a la sala, me encontré de bruces con, ya, una generosa entrada para disfrutar de su buena descarga repetitiva y disonante, sorprendiéndome el notable interés que parecieron generar. Me gustaría poder decir más sobre ellos, pero me tengo que limitar a anotar el toque hardcore de su voz, lo preciso, contundente e incisivo de su música y la buena respuesta que recibieron del público. Aunque ya habían visitado Barcelona en el pasado (junto a Minsk en el pequeño y underground Kasal de Joves de Roquetes 2016), los americanos no eran una banda que conociera especialmente a priori, pero aún y así, y a pesar de lo brevísimo de nuestro encuentro, Scott Evans y los suyos me gustaron mucho y apuntaron unas tablas y un saber estar muy por encima de su posición en el cartel. Ojo con estos chicos.

Setlist Kowloon Walled City:
Cornerstone
Your Best Years
White Walls
Backlit
50s Dad
The Pressure Keeps Me Alive

YOB

Aprovechando la casi media hora que separó la descarga de Kowloon Walled City de la de YOB, y una vez saludados y compartidos algunos brindis con los muchos amigos y conocidos que hubo ese día en la sala, me paré a observar un poco a mi alrededor. Eso me sirvió para comprobar como la mayoría del público de hoy no era especialmente metalero ni habitual de ese tipo de conciertos. El motivo, claro, es que Neurosis es una banda que ha trascendido sobradamente la frontera de su estilo, y con ello se ha hecho un lugar en la rotación de bandas de culto a seguir por gran parte del público indie habitual (al menos, habitual hasta el año pasado) de eventos barceloneses cool (o, al menos, cool hasta el año pasado) como el Primavera Sound y unos cuantos más. A algunos, eso les pareció una mala noticia (y quizás lo fue a según que niveles, como las contínuas faltas de respeto que demostraron algunos de los asistentes, quizás poco habituales a ir a conciertos, hablando sin pudar durante los momentos más silenciosos de las descargas tanto de YOB como de Neurosis), pero a mí no me deja de parecer algo positivo que el metal y sus eventos no se limiten únicamente al público de siempre.

Como ya me imaginaba que lo de YOB iba a ser un espectáculo intenso tanto visual como sónicamente, me aseguré de encontrar un sitio cercano al escenario para poder observar con toda la atención las evoluciones de este trío procedente del estado de Oregon, en Estados Unidos. Eso fue todo un acierto, la verdad, y desde esa posición y esa perspectiva, apretujado en segunda fila, pude disfrutar de una banda brutal y comprobar como la expectación que generaron fue verdaderamente notable. O eso me parecía, porque lo cierto es que cada vez que volvía la vista atrás y miraba la sala con cierta apertura de miras, lo que veía fueron unos huecos generosos a partir de la décima fila. Es innegable que hubo una muy buena entrada y, sobretodo, un gran ambiente, pero no es menos cierto que nos quedamos bastante lejos del sold out.

Tan pronto Mike Scheidt, Aaron Rieseberg y Travis Foster se subieron al escenario, me quedó totalmente claro que estábamos ante lo que iba a ser una descarga distinta de lo normal que emanaba una fuerza muy intensa y una energía casi espiritual. Los tres miembros de la banda se colocaron mirándose el uno al otro, casi como si estuvieran en un ensayo con público, y en ningún momento dejaron de conectar visualmente y reforzar la idea de que estábamos ante un todo. Visualmente, ningún tipo de artificio: ante Scheidt, el líder indudable de la banda, se extendía una pedalera inmensa que iba a ser exprimida hasta los topes, acompañada de una gran variedad de bebidas que incluían agua, cerveza e incluso una taza de té con su etiqueta colgando. Llamó también la atención la batería de Travis Foster, que tiró directamente de botella de whisky a morro, muy sencilla, plana y colocada a una altura inusualmente baja. En el espacio que quedaba libre entre los tres se acumuló una montaña de monitores mirando en todas direcciones para que nadie se perdiera ni un matiz de lo que estaban tocando los demás.

Tengo que decir que antes de este concierto no era del todo fan de YOB. Aunque me gusta el sludge doomero que hacen, la escucha de uno de sus álbumes al completo se me ha hecho siempre un poco densa. Tras su descarga en la Sala Apolo no tan solo soy fan, sino que he comprendido por fin de qué va esta banda. Porque lo que dieron hoy aquí estos chicos fue incluso más allá de un bolazo impresionante. Fue un ritual profundo, hipnótico, meditativo y casi tántrico, con una energía y un sentimiento que fueron capaces de hacer entrar en trance a la inmensa mayoría de unos presentes que, al acabar, no tenían otra cosa que apasionadas exclamaciones de elogio con ellos. Su música no necesita de especiales florituras, e incluso diría que es relativamente sencilla a nivel de técnica instrumental, pero la precisión, la compenetración y el alma con la que la ejecutan marca la diferencia para convertirlos en un auténtico mastodonte en directo.

Cuando llevaban algo más de medio concierto, y tras haber interpretado ya temazos como «The Lie That is Sin» y el tema que da título a su último trabajo, Our Raw Heart, Mike se dirigió al técnico de sonido y le preguntó de cuánto tiempo disponían, que no llevaba la cuenta. La respuesta fue «24 minutos«. «¿24 minutos? Estás seguro, ¿eh? Porque los vamos a necesitar». Y con ello abrieron la interpretación del temarral final que cerró su espectacular concierto, una alargada «Adrift in the Ocean» que sirvió para acabar de poner la guinda a una hora y cinco de música que, al contrario de lo que me ocurre en disco, pasó absolutamente volando. Lo de YOB fue toda una revelación, para mí y para gran parte de los presentes. Es verdad que los americanos no son extraños de ver por estos lares (recuerdo que vinieron de gira hace unos meses y que, tres o cuatro años atrás, fueron protagonistas destacados de ese proyecto tan fascinante (y también oculto) que era el Ritval Cvlt, un evento que probablemente ha servido en parte inspiración para estas sesiones. Pero a pesar de no ser para nada desconocidos, del concierto de hoy salieron con un puñado de nuevos fans.

Setlist YOB:

Ball of Molten Head
The Lie That is Sin
Our Raw Heart
Adrift in the Ocean

Neurosis

El consenso entre la mayor parte de la gente con la que hablé durante y después de la velada es que, de no haber tocado YOB, quizás nuestra impresión del concierto de Neurosis habría sido mejor. Pero la realidad es que tocaron, así que a pesar de que el bolo de los californianos no fue malo ni mucho menos, fue tan evidente que los teloneros se los comieron con patatas que probablemente lo vimos y lo juzgamos con peores ojos de lo que realmente se merecieron. También puede ser que el hecho de que hubiera tantísimas ganas de ver a Neurosis después de tantos años que esperábamos que nos volaran la cabeza, casi, sin bajarse del autocar. Y ya os digo, su concierto fue notable, pero no creo que casi nadie dudara (almenos no en mi círculo, y yo estoy entusiásticamente de acuerdo con ellos) que los grandes triunfadores de la noche fueron YOB.

Con una gran cantidad de público, tanto metalero como no-metalero, que ocupaba fácilmente el 80% del aforo y que se mostraba ansioso porque salieran al escenario, los cinco miembros de la banda californiana aparecieron sobre las tablas con unos cuantos minutos de antelación para atacar un setlist idéntico al de sus últimos conciertos y basado (para muchos, quizás demasiado – a mí ya me parece bien -) en algunos de sus trabajos más recientes. Lejos de ser unos virtuosos y de intentar ofrecer nada especialmenre complejo a nivel técnico (aunque sí a nivel estructural y de concepto, claro), la agrupación liderada por un carismático y activo Steve Von Till y un más estático y encarcarado Scott Kelly, ambos a las guitarras y alternándose a las voces, vino a hacernos bucear en sus atmósferas opresivas e hipnóticas.

El sistema de sonido de la Sala Apolo volvió a demostrar por qué es uno de los recintos que mejor suena en Barcelona, y desde las primeras notas de la angustiosa «A Sun That Never Sets», la banda se mostró nítida y pristina, gozando de toda la contundencia y la precisión que requieren sus canciones. Visualmente, y a pesar de que Steve y Scott toman las posiciones principales sobre el escenario, gran parte de las miradas recayeron sobre el teclista Noah Landis, que a pesar de estar parapetado tras un armatoste de considerable tamaño (teclado doble a un lado, sintetizador y vete a saber qué más al otro), insistía continuamente en volcar su instrumento hacia adelante y hacia atrás mientras demostraba vivir su actuación con gran intensidad (en apariencia, aunque eso no significa nada, con más intensidad que ninguno de sus compañeros).

Desde las primeras filas, la presencia de un mito como Neurosis era bastante fascinante de ver, y es innegable que su concierto gozó de momentos verdaderamente brutales, tanto en las partes más intensas, pesadas y agresivas como en aquellos momentos en los que la intensidad bajaba radicalmente y buscaban atraparnos a base de delicados matices y pasajes casi cercanos al silencio. En esos momentos se vivieron algunos de los momentos más tensos de la noche (que fue inusualmente mal en este sentido), ya que hubo algunos grupitos entre el público sorprendentemente incapaces de callarse la boca o de irse a charletear a la barra del final de la sala, con la consiguiente y normal indignación de aquellos que sí que habían venido a ser atrapados por todas las facetas que emanan de la compleja propuesta de los americanos.

Como digo, el repertorio de esta noche (y el de toda la gira) estuvo más centrado en sus últimos trabajos (que son entre buenos y muy buenos) que no en aquellos discos que les hicieron grandes en la segunda mitad de los noventa. De hecho, más allá de dos temas de A Sun That Never Sets (la primera y la última) y uno de Times of Grace (la brutal «End of the Harvest»), Neurosis ignoraron vilmente su vasto catálogo de clásicos para dar casi todo el protagonismo a sus tres últimos discos. No sé si esta gira se puede considerar aún la de presentación de su trabajo más reciente, ese buen Fires With Fires que publicaron en 2016, pero de todas maneras ese fue el álbum del que más canciones pudimos escuchar. Aunque a algunos no les convenció ni un pelo, yopersonalmente, no tengo demasiado problema con ello: claro que me gustaría haber podido degustar «Locust Star» o «Through Silver in Blood», pero «A Shadow Memory», «Bending Light» o «Given to the Rising» me parecen temazos menos míticos pero igualmente válidos y que contienen toda la esencia y el talento de la banda.

Asi que no lo achaco al repertorio ni mucho menos, pero sí que es verdad que, dejando de lado varios instantes impresionantes, el conjunto de la actuación de los californianos pecó en algunos momentos de plana e incluso, quizás, de desganada. No sé si esa es la definición correcta, pero a pesar de las ganas que les tenía, en varias ocasiones me perdieron e hicieron que me dispersara bastante. Y no sabría explicar exactamente el por qué: el repertorio estuvo bien, el sonido era magnífico y su actitud sobre las tablas, a pesar de lo estático que se mostró en todo momento Steve Kelly, no me pareció para nada criticable. Pero aún así, y siendo un concierto notable el suyo, la valoración final es que faltó algo que lo hiciera verdaderamente memorable. Eso sí, la final «Stones from the Sky» fue un auténtico pasote (como no puede ser de otra manera, siendo el temarral impresionante que es).

Esta segunda edición del Okkult Session era uno de los conciertos en sala más esperados del verano en Barcelona, almenos para mí, y no hay duda de que cumplió bastante sobradamente con las expectativas. Es cierto que Neurosis (insisto, dando un concierto notable) no me volaron brutalmente la cabeza cuando estaba convencido que lo iban a hacer, pero no es menos cierto que lo de YOB fue una sorpresa que me dejó bastante del revés. La gente de Madness consiguió crear un aurea de evento especial alrededor de este concierto, y así se vivió en la sala a pesar de que, en realidad, se trataba de la misma gira que ha estado girando por Europa en estos últimos días. Y eso me parece todo un logro y una prueba, imagino, de que nos esperan muchas sesiones ocultas en el futuro.

Setlist Neurosis:

A Sun that Never Sets
My Heart for Deliverance
A Shadow Memory
At the Well
Bending Light
Given to the Rising
Reach
To the Wind
End of the Harvest
Stones From the Sky

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Sobre Albert Vila 871 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.