Die Apokalyptischen Reiter – The Divine Horsemen

Nuestra Nota


7 / 10

Ficha técnica

Publicado el 2 de julio de 2021
Discográfica: Nuclear Blast Records
 
Componentes:
Fuchs – Voz, guitarra
Ady- Guitarra
Volk-Man – Bajo
Sir G. – Batería
Dr. Pest – Teclados

Temas

CD 1:
1. Tiki (2:32)
2. Salus (2:11)
3. Amma Guru (2:27)
4. Inka (9:19)
5. Nachtblume (1:33)
6. Aletheia (4:30)
7. Duir (12:14)
8. Children of Mother Night (5:03)

CD 2:
1. Uelewa (9:45)
2. Haka (1:59)
3. Simbi Makya (6:59)
4. Wa He Gu Ru (3:29)
5. Akhi (5:09)
6. Ymir (5:04)
7. Eg On Kar (6:18)

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Para un servidor estos germanos locos han sido siempre un grupo de referencia hasta el punto que llegué a pensar en que iban a dar varios pasos adelante para llegar a ser una banda más grande de lo que son a día de hoy. A todos los niveles podemos afirmar que Die Apokalyptischen Reiter son únicos, especialmente por originalidad, por su combinación imposible de estilos, ese espíritu libre y sus locos directos, pero… Se estancaron y la cosa nunca fue a más. Lejos quedan sus discos rompedores, pero las sorpresas nunca faltan en sus obras.

Este disco es la enésima locura de los germanos: un álbum doble en el que el grupo toca sin ensayos, sin ideas previas ni ningún patrón prefijado. Fueron 500 horas de local en las que el grupo se deja llevar pasando desde el viaje musical repleto de peyote en onda The Doors pasando luego por momentos tribales, grindcore o incluso black metal.

Todo se abre con un “Tiki” que te va a recordar a los Sepultura del Roots (1996), con intensos solos de guitarra y las tribales timbalas de Sir G. El hecho de contar con un vocalista tan versátil como Fuchs te permite hacer locuras de este calibre. En la misma onda está “Salus”, y terminando ese inicio directo y explosivo “Amma Guru”. No hay ni rastro de nada que busque ser single ni por asomo y sí un sentimiento muy primitivo y atávico. A medida que avanzan los temas vas reconociendo más a DAR, pero luego todo vuelve a dar un giro copernicano.

“Inka” es un viaje astral extenso y se nota que muy improvisado. Hay letras en castellano hacia el final del tema y didgeridoos, percusiones varias y sin pulir en cuanto a sonido. Han querido que sonara puro y el final del tema es de lo mejor del disco, de largo. Sorprende la explosión de dureza cercana el black metal de “Nachtblume”, y todo condensado en menos de dos minutos.

El gusto por los didgeridoos australes vuelva a asomar en “Aletheia”, con percusiones opacas y cajas destensadas. Un poco es un viaje interno a lo primigenio, a sacar lo cavernario, desde la atmósfera de la noche de los tiempos al grito primario. Los juegos idiomáticos libres le dan una sensación global y pangérica (de Pangea). En “Duir” volvemos a un viaje remoto y extenso. De verdad que cuesta creer que esto sea DAR, pero me parece tan original como coherente en su universo imposible. Vuelven aquí a incluir letras en castellano (siempre en los temas largos, curiosamente). Hay incluso un cierto acercamiento a la banda sonora de El último Mohicano.

Si tuviese que buscar un single quizá me quedase con “Children of Mother Night” en la que incluso hay algún titubeo en la guitarra de Ady. Se nota que la perfección sónica y técnica no es algo que busquen para nada. Retoman la mítica en la otra vez extensa “Uelewa” saturando el bajo de Volk-Man con gritos homínidos y percusiones ancestrales. Todo el latir de la madre Gaia.

La agresividad retoma su pulso en “Haka”, y un poco te la puedes imaginar con el baile neozelandés. En poco más de dos minutos lo tribal y el metal agresivo te llevan en volandas. Los teclados de Dr. Pest al puro estilo The Doors dominan en la instrumental “Simbi Mayka” junto al punzante bajo de Volk-Man. Probablemente lo más similar a lo que vienen haciendo actualmente sea “Wa He Gu Ru”, tema con pegada y gancho, aunque la producción y orientación es la misma que todo el material de este The Divine Horsemen.

Viajamos hacia Asia en “Akhi” con escalas arábigas y repetitivo estribillo mientras que “Ymir” fue elegida como primer single del disco. También cuenta con video y voces mucho más graves. Gruñidos y repiqueteante juego con la campanilla del ride al que le dan relevo pasajes de piano.

Para nada estamos ante un disco fácil, incluso para sus fans. Mientras los grupos juegan en tiempos de pandemia a reediciones, directos, proyectos que estaban en un cajón o a sacar rutilantes unplugged esta gente viaja al corazón de las tinieblas. Esto es una experiencia extasiante, lisérgica y primaria. Un experimento que sorprende por la brillantez y el atrevimiento y que tiene como resultado un disco extraño, larguísimo y especial. Hay que comprender a la banda para entender lo que proponen…

Esto es un proyecto puntual, un alto en el camino y un dejarte llevar. Dan ganas de pintarte de barro hacer una fogata para conectar con viejas divinidades y que el sol del amanecer te despierte para ir a la caza del mamut. Posiblemente desde el Roots de Sepultura que no se conseguía algo tan atávico, pero a diferencia de Sepultura aquí no hay ninguna intención comercial. Si encerrados en un estudio consiguen crear algo tan rico y variado, imaginad si retoman su carrera con hoja de ruta. Ojo a su próximo disco, porque esto es fruto de la improvisación. Un auto-regalo para sus 25 años de carrera.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 651 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.