Death – Symbolic: 25 años del disco más elegante de death metal hecho nunca

Ficha técnica

Publicado el 21 de marzo de 1995
Discográfica: Roadrunner Records
 
Componentes:
Chuck Schuldiner - Voz, guitarra
Bobby Koelble - Guitarra
Kelly Conlon - Bajo
Gene Hoglan - Batería

Temas

1. Symbolic (6:33)
2. Zero Tolerance (4:49)
3. Empty Words (6:22)
4. Sacred Serenity (4:27)
5. 1,000 Eyes (4:29)
6. Without Judgement (5:28)
7. Crystal Mountain (5:07)
8. Misanthrope (5:04)
9. Perennial Quest (8:19)

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El tiempo, incesante en su empeño de no detenerse nunca es lo que nos acaba matando. Él persiste mientras nos observa y ve como vamos desapareciendo sin poder ponerle remedio. 25 años parecen pocos pero la verdad que son unos cuantos y han ocurrido muchas cosas desde ese lejano 1995 que me dirigí a la calle Tallers para comprar el disco que hoy nos ocupa. No recuerdo muy bien en que revista encontré una crítica de este Symbolic, podría ser una Kerrang!, una Metal Hammer, no sé, no estoy seguro. La verdad es que lo dejaban muy bien, con una nota bastante alta rozando casi la perfección.

Por ese entonces ya estaba un poco metido en el mundo del death metal y había escuchado el Human, algo de los primeros discos y también alguna cosa de otros grupos como Obituary, Napalm Death, Monstrosity, etc. pero este disco encontré que era diferente. El tratamiento del sonido, las estructuras, la producción y la calidad de todos sus músicos me hizo estar enganchado a él durante mucho tiempo, y bueno, aún podría decir que estoy enganchado ya que cada X tengo la necesidad de perderme entre sus rincones. Su sonoridad cristalina es una de las mejores producciones del bueno de Jim Morris y su hermano y gracias a la masterización de George Marino es un total disfrute desde principio a fin.

El disco no puede empezar de mejor manera con uno de los riffs más característicos de Death y es que «Symbolic» es una canción que lo tiene todo. Medios tiempos, acelerones, partes más técnicas, un solo simplemente alucinante con ese efecto phaser que tanto le gustaba a nuestro amado Chuck. Elegante y comedido aunque escupiendo sus letras como un poseso, lleno de rabia y desesperación. Ya hacía tiempo que había abandonado la típica temática de sangre, gore y demás lindeces que aún perduran en este género en particular para meterse de lleno en terrenos filosóficos y vivencias personales con mucho sentimiento y un mensaje, a veces claro, a veces abstracto. En este primer corte ya queda patente la maestría de Gene Hoglan tras los parches que nos dio una lección de buen gusto aunando todo su conocimiento para volarnos la cabeza. Su final es pura poesía.

Tras este primer impacto nos damos de bruces con «Zero Tolerance» que también tiene una de las mejores intros de batería que uno pueda llevarse a los oídos. Riffs sencillos en una estructura sencilla pero que eficazmente te atrapan sin poder escapar. Y es que esos detalles de solos intermedios a modo de puente son una delicia y uno no puede hacer otra cosa que rendirse ante tal obra magna. Hipnotizados por la parte del solo no podremos evitar mover las greñas, cervicales o calva, según convenga, poseídos por todos y cada uno de los detalles que asaltan nuestras neuronas. Joder, hacía tiempo que no me flipaba tanto, perdón, jajaja. Es puro jazz y punto.

Tranquilidad y sosiego con la magnífica «Empty Words» (algo que hace unos días nos encontramos más de lo que querríamos). Como si una manada de elefantes te pisaran se nos presentan tras esa delicada introducción. No hay mucho que decir de esta maravilla de la música. Es una impresionante evolución de lo escuchado en su anterior disco que siempre lo he visto como más alocado. En este las piezas están dispuestas con una perfección difícil de alcanzar por cualquiera que ni tan siquiera lo quiera imitar. Y es que es eso señoras y señores, hay cosas únicas y este disco lo es, único e inimitable.

Estas tres primeras canciones son maravillosas pero ahora nos adentramos en una triada que es simplemente otra maravilla. Claro está que se echa un poco de menos la maestría de Steve DiGiorgio pero la verdad que el timbre del bajo de Kelly Conlon es una autentica maravilla y hace un excelente trabajo. Lo demuestra con creces en la intrincada intro de «Sacred Serenity», una canción agresiva y poderosa, atmosférica, melancólica y llena de cambios. La parte de los solos vuelve a ser sublime con un bajo tan marcado que penetra en tus células y neuronas, buff, tremendo.

Personalmente «1,000 Eyes» me parece la mejor canción del disco, siempre he tenido una obsesión enfermiza por ella y es que el riff principal y el posterior son una obra de arte que sobrepasa todo lo concebido. Tanta era mi obsesión que podía estar un buen rato en modo repeat con ella y bueno, de este disco me sé gran parte de las canciones por no decir todas, aunque un buen repaso no me vendría mal. Con esto quiero decir que Chuck es para mí una de las más grandes influencias que he tenido a la hora de tocar, a la hora de componer solos y desde que mis conocimientos a la guitarra empezaron a ser algo buenos afiné mi guitarra en D (Re para los no entendidos) y así se ha quedado (aunque ahora también juego con el Drop C). Como cabalga esta canción, gracias en gran parte por los ritmos imposibles de tito Hoglan.

«Living in the pupil of 1,000 eyes»

Una de las canciones «tapadas» del disco podría bien ser «Without Judgement». Supongo que esta afirmación por mi parte es debido a que la anterior siempre la eclipsaba un poco pero la verdad que tiene también unos ritmos y unos cambios tremendos. Cuando se queda la guitarra sola acompañada solamente del hi hat y luego entran y nos arremeten con esos solos tan espaciales, todo ello es una maravilla y bueno, la parte más delicada no tengo palabras para describirla, mejor la escucháis y nos dejamos de historias.

Y si de triadas va la cosa, las tres siguientes son posiblemente de lo mejor que ha parido Death. «Crystal Mountain» seguro que la han versionado decenas, e incluso centenares de grupos de todo el planeta. Una canción perfecta en su composición, en su ejecución, en su todo. Hasta Necrophagist la tocaban en sus conciertos y bueno, Muhammed siempre llevaba una guitarra mismo modelo y marca que Chuck, su devoción era total. Menudo sonidazo que sacaron, madre mía. Potencia, otra vez delicadeza para luego entrar en un caos controlado dirigidos por la áspera voz y esa guitarra solista. También cabe destacar los trozos lentos y más pausados llevados de una manera magistral. Y bueno, el final con esa guitarra acústica es otra maravilla.

«Misanthrope» es otra obra de arte, una canción que con mi grupo Crynight estuvimos versionando en casi todos nuestros conciertos. Una canción con un groove especial, unos cambios excelentes y unos riffs originales y no muy habituales para la época. El solo, aunque más sencillo que otros, se trata de un exquisito momento dentro de la canción.

Y con una lágrima recorriendo mi mejilla llegamos al final de este gran disco con una pieza que emana elegancia. Una canción a la que muchas veces recurría para apaciguar mis problemas. Y es que amigos, la música me ha servido como terapia tantas veces y sobre todo este y otros discos que la amo con todo mi ser. «Perennial Quest» nos narra un viaje, un recorrido a través de nuestros miedos y nuestros dolores de cabeza. Ni un solo segundo está de relleno y cada nota, golpe y palabra están donde deben estar. Abrazando sin complejos el metal progresivo (cosa que acrecentó en su siguiente disco) de una manera orgánica y natural dando más énfasis a los momentos épicos (que también encontramos en Control Denied) nos demostró que dentro del death metal no todo estaba inventado y que su manera especial de ver la música no era la misma que tenemos muchos otros. Un mesías, un guía espiritual que en vez de portar tablas, báculos u otras cosas llevaba una guitarra y su voz para ofrecernos su filosofía.

No sé si este virus nos acabará matando a todos pero espero que si estoy vivo poder celebrar los 50 años de esta maravillosa obra de arte. No dejéis pasar este día sin escucharlo y así poder pasar estas semanas de confinamiento de la mejor manera posible. Ánimos y mucha fuerza.

Robert Garcia
Sobre Robert Garcia 421 Artículos
Death, thrash, djent, dark, progresivo, doom, black, experimental, jazz, clásica, electrónica... La música me mantiene vivo, es una droga que da sentido a este extraño sueño llamado vida. Músico autodidacta, guitarrista, cantante y enfermo de escuchar y escuchar música sin parar.