¿Qué opina nuestra escena sobre el «Symbolic» de Death?

Tanto Death como el Symbolic que hoy nos ocupa son una banda y un disco que han supuesto una influencia incalculable en el futuro (y ahora presente) del metal extremo y, quizás, del metal en general. Para valorarlo en su justa medida, hemos querido ponernos en contacto con una treintena de actores relevantes de la escena estatal que van desde músicos a periodistas para que nos expliquen su punto de vista sobre esta banda y este disco. Un interesante compendio que sirve para homenajear, también desde nuestra escena, este disco pivotal en su vigésimo quinto aniversario. ¡Muchas gracias a todos por participar!

 

David G. Álvarez (guitarrista de Angelus Apatrida)

Fue uno de esos discos que huelen a obra maestra. Lo descubrí años más tarde, pero da igual, sigue sonando fresco y actual, no ha pasado el tiempo para semejantes temazos. Creo que en esta ocasión la producción subió a otro nivel, hay himnos como “Crystal Mountain”, el inicio del tema título ya te hace prever que estás ante algo grande, la intro de “Sacred Serenity”… hay tanta magia! Personalmente no podría hacer el Top 3, se pelearían este, Human y The Sound of Perseverance.

Tras descubrirlos viendo un video del Dynamo Festival pude conseguir algunos discos (en cassette). Marcó una época donde empecé a descubrir mucha música por amigos, empezaba el tema internet… era una esponja para escuchar muchas cosas. Quizá el walkman y el frío pateo de casa al instituto (y viceversa), una gran época.

Ellos fueron pioneros dentro del estilo. La visión musical que tenían siempre estuvo adelantada años. Quizá hoy en día ya podamos ver cosas más técnicas, pero lo que ellos hacían en aquel momento estaba al alcance de muy pocos. ¡Larga vida a “Evil Chuck”!


Antonio Andrades (redactor jefe de Subterráneo Webzine)

Tengo que admitir que la primera vez que escuché Symbolic no me gustó demasiado. Entonces yo era apenas un niño, mi educación musical era aún escasa y lo que le pedía al metal extremo era simplemente que fuera rápido, directo y agresivo. Tuve la misma reacción con los demás álbumes tardíos de Death, así como con grupos como Atheist o Cynic. Me parecía que aquello era una manera de hacer accesibles al público metalero, tradicionalmente estereotipado como chovinista y poco abierto, técnicas y recursos procedentes de otros géneros más sofisticados o avanzados. Por entonces yo prefería Scream Bloody Gore, al que aún tengo un gran cariño, y si quería cosas más enrevesadas o experimentales las buscaba en otros tipos de música. No aprendí a apreciar lo maravilloso de este hecho, lo fascinante que resulta comprobar cómo Death acercó propuestas tan dispares a una audiencia consagrada a los sonidos oscuros y primitivos, hasta que me encomendé a la tarea de llevar a cabo un estudio más riguroso y sistemático de la historia del heavy metal.

Veo Symbolic como un trabajo en el que culmina una tendencia iniciada por Death ya desde Human y claramente visible en Individual thought patterns, como es la profundización en las influencias más clásicas y accesibles de un músico que no se crió escuchando death metal… porque el death metal no existía entonces. Creo que la importancia de Death en el metal extremo en general, si bien siempre se ha reconocido y subrayado, no suele definirse adecuadamente. Esto ocurre con muchos de sus álbumes. En el caso de Symbolic pienso que es un disco que apareció en un momento en el que existía en general una preocupación en el panorama por tender un puente entre el metal extremo y el más clásico. No fue un fenómeno universal, por supuesto, pero en 1995 aparecieron Slaughter of the Soul, Storm of the Light’s Bane, The Angel and the Dark River o The Gallery. Chuck Schuldiner manejó muy bien en Symbolic las influencias de heavy metal que ya mostró en el anterior álbum, y esto hizo que se convirtiera seguramente en su obra más accesible y fácil de escuchar.

¿Quiere esto decir que sea la mejor? Es discutible, pero sinceramente se trata de una discusión que no me importa demasiado. Creo que la mayoría de las personas a las que nos gusta Death aceptamos que toda su discografía vale la pena. De todas formas, veo Symbolic como un álbum que ha acrecentado muchísimo su legado en los últimos años, y creo que esa idea de que es el disco definitivo de Death es un invento de la era de las comunicaciones globales y de los artículos de Top 10 y similares en los que sólo se incluye un disco por grupo. En este sentido es indudable que Symbolic es una buena opción como obra “representativa” para resumir el estilo de Death en general. Tiene algo de todos los trabajos anteriores de la banda e incluso anticipa de manera muy sutil algo de lo que estaba por venir con Control Denied y con aquella obra maestra que fue The Sound of Perseverance.

Otro aspecto sin duda destacado de Symbolic es el contenido de las letras. Además de las habituales preocupaciones filosóficas presentes en casi toda la obra del grupo, Symbolic muestra seguramente la cara más íntima y personal de Chuck Schuldiner. Lo más importante de todo esto es el estilo abstracto y metafórico con el que se desarrolla el apartado lírico. Y Symbolic es claramente un testimonio de la importancia que daba Chuck a las letras, con muchas voces en partes de las composiciones que realmente no las necesitan y frases repetidas con insistencia.

Lo que yo le achaco a Symbolic es que siempre me ha transmitido un aire de desorden y falta de dirección, como si los temas divagaran con partes inconexas y sin buscar una coherencia estructural. No obstante, entiendo que esta puede ser una de las razones por las que el álbum resulta tan accesible y ha envejecido tan bien. Hoy en día la mayoría del metal extremo exitoso se caracteriza, entre otras cosas, precisamente por ese erratismo. A diferencia de otros discos de Death, Symbolic agradece una escucha más pasiva, como banda sonora de alguna actividad, sin llegar a distraer ni hacerse pesado. Creo que eso es algo que agradece gran parte del público actual, y que si los temas de Symbolic tuvieran un orden más concienzudo y menos espontáneo tal vez hoy a mucha gente le sonarían menos vigentes.

Por lo demás, a título individual prefiero disfrutar de los temas de Symbolic por separado a una escucha atenta y activa de principio a fin. Para esto prefiero Human, Individual thought patterns o The sound of perseverance. Sin embargo, me cuesta juzgarlos por separado, y prefiero admitir que toda la obra de Death, y muy especialmente la segunda mitad de su trayectoria, ha tenido un gran impacto en mi manera de entender el metal y la música en general. Y Symbolic es uno de los motivos. En especial por un hito que imagino que mucha gente entenderá, como es la presencia del primer tema de Death que aprendí a tocar con la guitarra y que ha acabado siendo mi favorito absoluto: “Crystal mountain”.


Varo Andrés (director de MiradAlternativa)

Como me ha sucedido, sucede y sucederá, llegué a Death tarde. Recuerdo en algunas revistas de la época, allá por el año 2000, leer el nombre de Chuck Schuldiner y los problemas que tenía su familia a la hora de costear el tratamiento de un tumor que le habían detectado el año anterior. Curiosamente, lo primero que escuché de él fue The Fragile Art of Existence de Control Denied, y de él, fui hacia atrás en la discografía de su banda principal.

Quizás por el aire más progresivo del debut de estos últimos, mi disco favorito de Death sea precisamente este Symbolic; porque además de ser el primer álbum que escuché de ellos, comulgaba más con ese sonido que con el de sus obras pasadas. También tiene que ver el hecho de que para mí era una época de constante aprendizaje, de conocimiento, descubrimiento y absorción de una cantidad de estilos y géneros de los que apenas había oído nada. Influyó de paso el que Symbolic fuera el único disco que editaron con Roadrunner Records, y es que a principios de siglo me empapaba casi de cada cosa que sacaba (o había sacado) el sello… aunque precisamente esta referencia poco tenía que ver con todo lo que publicaron con la llegada del siglo XXI; sí, también mucha morralla buscando “the next big thing”.

De todas maneras, es lo de siempre: objetivamente, ¿qué disco te parece mejor? Con bandas desaparecidas es más ¿fácil? poner todas las cartas sobre la mesa y ver cómo ha tratado el tiempo cada trabajo. Pero subjetivamente, tu preferido puede ser muy distinto. ¿Scream Bloody Gore y la frescura de un estilo aún por desarrollar? ¿El inicio que marcó Human hacia derroteros más complejos? ¿Spiritual Healing? La objetividad seguramente tendería hacia esos dos primeros citados, pero yo me quedo con el que ocupa este reportaje. Siguen siendo un referente personificado en la figura de un genio que se fue demasiado pronto. ¿Para qué quedarse con uno pudiendo disfrutar de todos ellos? Por encima de todo, demostró que desde un sonido base, podías ir hacia distintos universos paralelos.


Dani Arcos (guitarrista de Bloodhunter)

Para mi Symbolic es, sin duda, uno de los mejores discos de Death. Es difícil encontrar un disco en el que no le hagas ascos a ningún tema, y este es uno de ellos. De hecho, en BLOODHUNTER tocamos desde el principio de la banda uno de los temas más reconocibles del disco junto con la propia Symbolic, «Crystal Mountain».

Yo siempre suelo fijarme en la música más que en las letras, ya que no me suelen contar nada, pero cuando escucho Death no puedo evitar fijarme en ellas y sentirme extremadamente identificado en cada mensaje que Chuck Schuldiner enviaba. Por ejemplo en «Empty Words» o «Without Judgement», y todo eso mientras la música nos transporta a otro mundo (durante el interludio de este último tema, por ejemplo).

Personalmente disfruto más de otros dos álbumes de Death: el Individual Thought Patterns y el Sound of Perseverance. Del primero me parece increíble la temática de las letras y lo fácilmente que podemos encajar a gente que conocemos en cada uno de los «patrones». El segundo me parece el culmen de la perfección. No sé si hubiese sido posible superar la calidad de ese disco, pero es algo que nunca sabremos.

Al margen de que te guste o no te guste Death o Control Denied, creo que Chuck Schuldiner es una figura que todo el mundo debería conocer y estudiar. Elaboró y evolucionó su propia música, luchó por sacarla adelante a toda costa (incluso a costa de supuestos amigos que le traicionaron… una tradición en el mundo del metal, sin duda) y lo consiguió. El tiempo le ha puesto en el lugar que merece.

Y recordad esperar lo inesperado…


Manel Artigues (batería de Fracaso Escolar y miembro de Hang the DJ Records)

Ahora hace 25 años, mis gustos musicales metálicos pululaban por los siguientes terrenos:

El heavy de los ’80 ya hacía tiempos que había muerto y, en cuanto al thrash, me gustaba el que estaba haciendo Cathedral, o el giro que le daban a su sonido Testament con el Low, o Kreator con el Renewal. Pero bandas como Slayer, Exodus o Tankard estaban de bajona, y a Metallica ya hacía días que los había abandonado. El death metal también miraba de aguantar, por ejemplo, con Benediction o Morbid Angel en buena forma, pero Obituary había hecho un pequeño tumbo con el World Demise, y Napalm Death, Carcass y Entombed estaban a punto de hacer los suyos con el Diatribes, el Swansong y el To Ride…, respectivamente.

El Agent Orange de Sodom ya me quedaba lejos, debutaban Nailbomb y Machine Head, y Pantera sacaba el Far Beyond Driven… así que ante este panorama, yo estaba a punto de caer en el tenebroso y oscuro pozo del nu metal. Había salido el primero de Korn, y estaba a punto de hacerlo el primero de Deftones y el Roots de Sepultura, pero antes de que esto pasara, ¡entró a casa el CD del Symbolic!

No sé si utilizar el tópico de “bocanada de aire fresco”, pero algo así fue, tanto por lo que estaba pasando en aquella época, como comparándolo con la propia discografía de Death. Después del brutal debut de 1987, el Scream Bloody Gore, y llegar a la cúspide del género en 1991 con el Human, yo con el que venía flipando era con el Individual Thought Patterns del 1993.

Y es que Chuck Schuldiner siempre se ha rodeado de grandes músicos, por ejemplo, en el Spiritual Healing contaba con la guitarra de James Murphy, que venía de estar en el Cause of Death de Obituary y en el Low de Testament. Pero es que en el Individual, la combinación del prodigioso bajo de Steve DiGiorgio (miembro de Sadus, Autopsy, y que ya estuvo en el anterior disco, el Human) y la batería del enorme Gene Hoglan (que venía de la disolución de Dark Angel), hizo que las composiciones de ‎Chuck fueran un paso más allá del clásico death metal que venía facturando.

Pero, según mi parecer, con el Symbolic todavía crecieron más. Steve DiGiorgio ya no estaba, pero Gene Hoglan está descomunal y, ya en la primera canción, se me quedó la boca abierta. Y no me pondré a detallar canción por canción, porque la boca se me continuó quedando abierta mientras iban saltando las pistas, hasta llegar a la guitarra acústica del final de «Perennial Quest»… automáticamente volví al riff inicial de Symbolic.

Y así hasta día de hoy, me continúa dejando con la boca abierta. Aquí está todo: brutalidad desgarrada, técnica, melodía, algún pasaje más progresivo… Sé que para los más “true” del género no hay nada como los cuatro primeros de la banda, pero yo lo cuento como un clásico, y que continúo recuperando, junto con el Wolverine Blues de Entombed o el Heartwork de Carcass.

Así que ya veis que no soy un purista, incluso reconozco estar desconectado de este tipo de metal, pero el Symbolic de Death lo he ido escuchando con más o menos frecuencia… diría que la necesaria para ayudarme a no acabar hundido en las pestilentes aguas del nu metal.


Equipo de redacción de Atanatos Metal Extremo

Hablar de Death nunca es tarea fácil, se puede decir lo simple, banda norteamericana que “inventó” el death metal; y que ha pasado a la historia, otra vez, por la muerte prematura de su líder. Cuántas veces hemos tenido que escribir esto de tantos grupos de metal. Aunque parezca mentira no es una de nuestras bandas predilectas, tiene muy buenos momentos, como el disco que nos ocupa, un disco que por nuestra edad (ya somos bastante maduros) nos marcó bastante, como todo lo que se hacía en esos tiempos, ya que nunca habíamos escuchado nada ni medio parecido.

No podemos recordar si este Symbolic fue el primer disco que nos llegó de la banda, pero lo que recordamos con claridad fue la fuerza que destilaba, ese death crudo y sucio que combinaba a las mil maravillas con esos agudos imposibles del señor Schuldiner. Adquirido, como no, en la Repulse de Dave, fue una recomendación encarecida del propio Dave. Cuando escuchamos su primer tema por primera vez, no nos hizo falta mas recomendación, lo compramos de inmediato.

Está claro que lo escuchamos cientos de veces. Cada vez que salíamos con el coche, recuerdo que su escucha era casi obligatoria. Por poco que durara el viaje, siempre caían una o dos canciones. Hablar del legado de la banda y de este disco es algo que no nos corresponde a nosotros, le corresponde a cada uno, pero lo que está claro es que sin Death el death metal no estaría donde está, y sin este disco, que probablemente es el más influyente en muchos grupos, pues posiblemente muchas de las bandas actuales no estarían haciendo lo que hacen: death metal crudo con velocidad y, porqué no decirlo, del bueno de verdad.


Eric Baulenas (vocalista y guitarrista de Moonloop, Eric Baule y Bauluna)

Hablar de Symbolic es sinónimo de viajar en el tiempo y retroceder a una época en la que me visualizo como una esponja que absorbía grandes cantidades de música. Recuerdo perfectamente estar escuchando un programa de radio en mi habitación (tal vez Discocross o La Emisión Pirata), cuando de pronto sonó «Without Judgement», pues justo se editaba el álbum por aquellas fechas. Mi cabeza explotó. El pasaje instrumental que hay en medio de la pieza fue lo que más me impactó de aquella primera escucha. El uso del tapping con melodía volátil me transmitió hermosas emociones, e hizo un clic en mi interior que nunca olvidaré.

Siempre tenía una cassette a mano para grabar cualquier cosa que sonara interesante en la radio, así que a la que sonó por segunda vez, grabé la canción. Con las sucesivas escuchas, lo que también llamó mi atención fue la exquisita producción y el rico contenido que encontré en una sola canción, así es que no tardé en irme urgentemente a la calle Tallers y comprar el álbum en CD. La sección rítmica suena cristalina, muy definida, con dinámicas, ambientes y ritmos de otros mundos, y es que estando Gene Hoglan tras los parches, la pegada brutal también estaba garantizada. Las guitarras, interpretadas con una técnica impecable, mucho sentimiento, y personalidad incuestionable, suenan frescas y poderosas, como si pretendieran salirse del estándar que imperaba dentro de un género como el death metal. La sabia combinación entre guitarras eléctricas, limpias, y acústicas, los efectos y los numerosos arreglos con escalas exóticas y aires arabescos, junto con la indiscutible labor rítmica, convierten a Symbolic en una obra musical muy rica. La voz, que en un principio me costó un poco de encajar por estar más acostumbrado a la cavernosidad y guturalidad de otros vocalistas, poco tardó en cobrar sentido dentro de ese contexto musical para un neófito como yo.

Las letras, alejadas de los tópicos anclados en un género que se caracterizaba por la oscuridad, el horror, lo negativo, y la brutalidad, de pronto te contaban historias sobre cosas reales con las que a día de hoy te sientes reflejado, llegando incluso a hacerte preguntas, matiz que siempre agradezco. En cuanto a las composiciones, instrumentalmente me di cuenta de que se trataba de canciones que contenían otras canciones dentro de sí mismas, algo muy propio del rock progresivo que también empecé a saborear en esa época con bandas de ese estilo. En este álbum hay pasajes que van más allá de la música, y son directamente paisajes físicos e historias casi tangibles. Este detalle en lo que a percepción se refiere, que conste que es algo muy personal de cada uno, pero la sensación de experimentar una propuesta en la que se combina fuerza, poderío, melodía, brutalidad, y sensibilidad, es algo a lo que me volví adicto. Sin duda, esta combinación de elementos no solamente alimentaban mi espíritu, también se convirtieron en parte de los requisitos que sigo exigiéndome como músico a día de hoy.

Chuck Schuldiner siempre se encontraba en pleno desarrollo de la alquimia entre sus orígenes e influencias, la importancia de la melodía, y su personal forma de visualizar las canciones como un viaje repleto de giros emocionales, cambios de dinámica, y textos que iban más allá del estándar imperante en el death metal. Con cada álbum de Death, Chuck evolucionaba a medida que sus fronteras musicales se diluían para incluir una paleta de colores cada vez más amplia y rica, consiguiendo que las etiquetas y las diferencias estilísticas carecieran de sentido. Esta mutación fue necesaria y natural en él, a la par que motivada por el estancamiento, ignorancia, y fascismo estilístico que destilaban parte de los seguidores del género. Comprender esto, es entrar de pleno en lo que a muchos artistas les ocurre cuando se les conoce por haber destacado en un momento puntual en el que se los encasilla y luego no se les permite evolucionar, cambiar, o simplemente, seguir con su carrera de acuerdo a cómo sienten que deben hacerlo. No es nada nuevo que el negocio musical a menudo está lleno de hienas y vampiros lameculos que solamente velan por llenar sus bolsillos y su ego, dejando a un lado el arte en sí mismo, y de este tema Chuck sabía bastante por experiencia propia. A principios y mediados de los años 90, al igual que las propuestas de bandas como Cynic, Atheist, Pestilence, Edge of Sanity, Nocturnus, o los por aquel entonces primerizos Opeth, Death aportaron con cada nuevo capítulo una gran dosis de apertura mental y valentía, y con ello se abrieron un sinfín de nuevas vías de expresión. Gracias a ellos y a otras bandas que se arriesgaron a integrar influencias en lugar de separarlas, toda una nueva generación de músicos y seguidores del género crecimos sin manías estilísticas, para poder mezclar aguas de diversas fuentes de forma fluida y sin miedos. Menudo regalazo.

Como anécdota de 1995 digna de recordar, yo solía frecuentar los bares metaleros de la calle Escudellers con mis amigos durante los fines de semana, y se respiraba un ambiente repleto de gente que simpatizaba con el metal en todas sus vertientes. Esta circunstancia propició que muchos de los que nos movíamos por allí nos enriqueciéramos al charlar de música con la variada fauna que conocías en los bares. Fruto de uno de estos encuentros, tuve la suerte de conocer a Eric Moya, actual vocalista de Deldrac, junto con algunos de sus colegas. Eric me pareció un tipo cojonudo que sabía mucho de música, y estuvimos charlando sobre Dream Theater y su reciente bombazo titulado Awake, y también de Marillion y su polémico álbum Afraid of Sunlight, entre otras bandas. Cuando le comenté que había caído rendido ante las delicias de Symbolic, tanto él como sus colegas me recomendaron que hincara el diente inmediatamente al Human, el cuarto álbum de Death. Si con Symbolic mi cabeza explotó, con Human no solamente descubrí uno de los discos más importantes de mi vida, si no que además me adentré de pleno y apasionadamente en la carrera de Schuldiner. En una época en la que el acceso a internet ni se soñaba, recuerdo con cariño los mejores métodos para descubrir música nueva y saciar el apetito. Leer meticulosamente los créditos de los cd’s/vinilos en busca de bandas afines para tomar apuntes, las quedadas en casa de los colegas para hacer audiciones e intercambiar cassettes, las charlas en los bares y conciertos, y como no, la labor de difusión de los programas de radio, las revistas, y las tiendas de discos.

Del legado de Chuck Schuldiner no solamente valoro el aspecto técnico y musical por razones obvias, también guardo como un tesoro el mensaje que reside detrás del hecho de tomar decisiones aparentemente radicales en cuanto a la formación o al negocio musical. Su obra lírica no es menos importante, la cual nos habla de ir de acuerdo con lo que uno siente, observar y hacerse preguntas, y despertar la propia conciencia. Este viaje evolutivo interior y musical culminó hasta un nivel estratosférico con Symbolic, considerado por muchos su obra cumbre. A diferencia de la mala o nula acogida que obtuvieron otras bandas coetáneas al arriesgarse a salirse de su zona de confort, Death siempre lograron mantener el respeto gracias a varios factores, siendo el talento innegable de su mentor y a una sólida constancia en la dirección de su trabajo los dos factores principales. La obra póstuma de 1998, titulada The Sound of Perseverance, puso punto y final al viaje de un músico frente a una banda que caminó hacia la constante búsqueda, la unión, y el amor por el arte en sí mismo.

«No hay límites, solo estás limitado por lo lejos que quieras estar limitado.» (Chuck Schuldiner)


Alejandro Benete (redactor de Science of Noise)

Parece que el tiempo no pase para aquellos discos que hoy día consideramos clásicos atemporales, fuera cual fuera el nivel de aceptación del público en el momento de su lanzamiento. Hoy 21 de Marzo, Symbolic, el penúltimo álbum de estudio de Death cumple 25 años de su llegada a las estanterías de las tiendas de discos de antaño. Como el buen vino, su estilo y sonido, sigue siendo totalmente vigente, sirviendo de referencia para bandas de death metal actuales.

Symbolic tiene ya 25 años, pero no fue hasta bien bien su mayoría de edad que no se presentó en mi vida. Supuso un cambio importante, ya que había escuchado discos anteriores de la discografía de Chuck y compañía pero ninguno me caló tan hondo como éste por la etapa en que llegó a mis auriculares. Llegó justo en el momento que debía llegar, habiendo explorado sonidos extremos dentro del metal, y más concretamente en el death metal, volví sobre mis pasos, a buscar algo más melódico y Symbolic supo entregarme exactamente lo que necesitaba en aquella época; era melódico, técnico y algo prog, pero sin renunciar al punto de crudeza que mi espíritu adolescente todavía ansiaba.

Des de la primera escucha, Symbolic se colocó encabezando mi top de la trayectoria de la banda. Esto es algo raro en mi, ya que suelo preferir los primeros trabajos de los grupos que me gustan. A día de hoy, “Crystal Mountain” sigue manteniendo para mi la magia de aquel momento de hallazgo, y resulta ser uno de mis temas favoritos de la banda y de la música en general.

Pienso que la vinculación de Death y, en especial, de Chuck Schuldiner con el término “padre del death metal” está más que fundada. Death fue siempre el buque insignia del death metal y, como éste, evolucionó hacia sonidos más brutales, pero también hacia composiciones más técnicas y elaboradas. Creo que esas evoluciones fueron naturales y orgánicas por lo que, comparándolas, se observa que la tendencia es muy similar. Este disco en particular no es el primer disco de su género, pero si es para mi clave en cuanto al balance entre sus influencias, con una muy equilibrada mezcla de potencia, armonía, y técnica; haciéndolo un álbum muy sólido sobre el que sustentar lanzamientos posteriores dentro del death metal técnico.

Gracias por tanto, Symbolic, gracias por tantísimo, Chuck.


Aleix Besolí (guitarrista de Liver Killer y redactor de Science of Noise)

Personalmente, no llegué a escucharme entero el Symbolic hasta hace menos de un año, cuando decidí darle un repaso a toda la discografía de Death. Antes solo había escuchado canciones sueltas y de este disco tenía “1,000 Eyes”, “Crystal Mountain” y “Misanthrope”. Temazos que están entre los más conocidos de la banda, y con razón. El resto de Symbolic no dista mucho en calidad, durante los 50 minutos que dura no hay ni una canción de relleno. Está claro que se trata de un disco cojonudo que ha influenciado a casi todo el metal extremo mínimamente progresivo que vino después, y sigue haciéndolo a día de hoy.

Para mí, tanto Symbolic como The Sound of Perseverence contienen técnica y compositivamente la mejor versión de Death. A nivel de ejecución nos encontramos con la batería apabullante de Hoglan y con riffs imaginativos que cuesta comprender como se compusieron. Schuldiner supo combinar partes lentas y veloces consiguiendo mucha dinámica y evitando la monotonía. A las voces tampoco se quedó corto, encajan perfectamente con la parte instrumental. Por su pronunciación, las letras hasta se pueden entender, cuando típicamente pasa lo contrario en el death metal.

Poco más que añadir, ¡celebremos este 25º Aniversario dándole otra vuelta a esta obra histórica!


Jordi Creus (guitarrista de Pánico al Miedo)

Para mi hablar de Death es hablar de una carrera musical impoluta. La evolución y el trato que el maestro Chuck Schuldiner marcó en cada uno de sus álbumes es de digna admiración. Siempre inconforme, sorprendía en cada uno de sus lanzamientos. Siempre lo volvía a hacer. Buscó en cada momento al mejor equipo para llevar a cabo cada uno de sus trabajos. Un ejemplo a seguir y mucho para aprender.

Symbolic es la obra más completa de toda su carrera. Es el equilibrio musical perfecto de todo lo que ya había estado cultivando más la incorporación de nuevos colores, ritmos más lentos en según que partes, riffs menos complejos pero más cortantes y melodías exquisitas que te llevan a una nueva vibración. El sentimiento de poder que se desata en todo el disco, la fuerza espiritual que se desprende de cada compás acompañada de unas letras conscientes y afiladas hacen de este disco algo sublime. La magnificencia, el esplendor en la composición, la exquisita producción de Chuck al lado de Jim Morris y rematando con el gran George Marino que realiza el paso final de mastering.

Gene Hoglan, Kelly Conlon y el toque de Bobby Koelble con tres solos hacen que Symbolic sea una obra maestra y una referencia para muchos músicos y seguidores del metal de hoy en día. Y si, metal y no exclusivamente death metal, porqué Chuck ya estaba muy por encima de cualquier etiqueta.

Una lástima que este no fuera el último trabajo de la banda tal y como Chuck deseaba. Y es que como bien sabréis gran parte de las canciones de The Sound of Perseverance estaban destinadas a su nuevo proyecto Control Denied.

Symbolic, nueve canciones para la historia.


Carlos Cruz (bajista de Lyra Mortem)

Comentar el album Symbolic y principalmente a la banda Death es más mi experiencia que describir un álbum. Creo que se me dará mejor.

Con la banda Death descubrí un nuevo estilo de música que me fascina me apasiona y sigo con gustazo. Mi experiencia musical con esta banda fue reveladora. Con ellos, y no es coña, me adentré en este estilo más agresivo, voces guturales, baterías atronadoras y esas guitarras veloces, pesadas, técnicas… Los descubrí con el album The Sound of Perseverance y me quedé en shock, tenía quemado el CD.

Cronológicamente los descubrí de lo ultimo que hicieron hacia los comienzos. Había escuchado algún tema del Human pero el sonido no me convenció. Pero descubrí el disco Symbolic con temas sueltos que había escuchado en el póstumo de la muerte de Chuck, el directo de Los Angeles. Para recaudar fondos para la familia.

Descubrí el tema «Symbolic», «Crystal Mountain», «Zero Tolerance» y me fui directo a buscar aquellos temas. Cada vez que los sigo escuchando me enganchan de una forma brutal.

Personalmente me parecen la base del death metal técnico, progresivo con toques thrash de infinidad de bandas que hoy me apasionan. Obscura, Decrepith Birth, Revocation, Arsis… Pero fue único lo que hizo Chuck Shuldiner e irrepetible. Y Dios, qué lástima que lo perdiéramos.


Alfonso Díaz Cazorla (redactor de Rafabasa.com)

Como suele suceder cuando algo se mira con perspectiva, el tiempo acaba poniendo las cosas en el lugar que les corresponde. En el caso que nos ocupa el sexto trabajo de los americanos Death Symbolic, sería interesante citar algunos antecedentes para ponernos en situación. A mediados de la década de los 90 el auge del grunge había sido imparable y el declive de los grandes nombres del hard rock y el heavy metal una realidad. Así que en contraposición el público metalero optó por endurecer sus preferencias lo que acabó provocando un importe auge de las sonoridades extremas.

Pero nadando contracorriente uno de los padrinos y pilares indiscutibles del death metal, Chuck Schuldiner, decidió dar un golpe de timón al sonido de su banda, no haciendo su propuesta más accesible,- aunque su registro vocal fuera cada vez más agudo e inteligible-, sino virando hacia derroteros más técnicos, experimentales, y progresivos, abriendo así un abanico de posibilidades que serían exploradas por otras bandas en el futuro.

Aunque a día de hoy Symbolic es considerado como una pieza clave para comprender la evolución del death metal, y muchos artistas lo citan como una gran influencia e inspiración, lo cierto es que en su momento Death tuvieron que lidiar con las airadas críticas de los que les acusaban de haberse vendido y de haber perdido el norte, aludiendo tanto a la orientación de sus nuevas composiciones como a la producción que compartieron Jim Morris y el propio Chuck.

Y es que realmente el resultado final del álbum resultó sorprendente, y más después de escuchar algunas de las maquetas que posteriormente se incluyeron en algunas reediciones, en las que los temas suenan mucho más ásperos, crudos y oscuros, dejando así constancia que en el estudio el sonido de la banda se pulió quizás en exceso, pero fue preciosamente eso lo que permitió al cuarteto abandonar el “nicho” del extremo para llegar a un público más mayoritario dentro del metal.

Pese a ello, en Symbolic no faltan andanadas que podríamos considerar clásicas dentro del estilo de los americanos como “Perennial Quest”, aunque en su tramo final incluyan algunos pasajes más melódicos y relajados, o “1,000 Eyes” y sus rotundos cambios de ritmo. Pero sin duda si hay un par de cortes que marcan las líneas maestras básicas y la senda que siguió Symbolic, esos son el propio tema título y la imponente “Zero Tolerance”, con un fantástico trabajo de la base rítmica que en esa época formaban el bajista Kelly Conlon y el batería Gene Hoglan.

Tampoco faltarían conexiones con trabajos anteriores durante el arranque de temas como “Empty Words”, que conserva la esencia hipnótica y experimental que Chuck ya trabajó en piezas como “Lack of Comprenhension” de Human. Otro detalle a destacar es la cada vez mayor presencia de la melodía en sus composiciones, tal como lo demuestran algunos desarrollos de “Crystal Mountain”, con Bobby Koelble y el propio Chuck jugando con la velocidad y la distorsión de unas guitarras matadoras, para acabar rematando el tema con las acústicas.

En definitiva que Symbolic fue un disco innovador, transgresor, y que de alguna forma se adelantó a su tiempo, abriendo un montón de puertas y posibilidades que permitieron que las nuevas bandas de death metal pudieran demostrar que tenían mucho más que ofrecer que agresividad y contundencia.


Xavier «Volldammus» Domingo (vocalista y bajista de Liver Killer)

Ante todo, muchísimas gracias por brindarme la oportunidad de hablar sobre uno de mis discos favoritos de todos los tiempos. Le tengo un cariño muy especial a Symbolic, por ser el disco que me abrió las puertas a Death. Fue el primer disco que escuché del grupo y me tiene encandilado hasta el día de hoy. A raíz de él me he escuchado la discografía de Death entera (¡varias veces!) y sigue siendo mi favorito. Es un álbum con muchísima fuerza, intensidad, doloroso, triste, y precioso a la vez. Una mezcla perfecta de ferocidad y melodía que sinceramente no se puede encontrar en ningún otro lado. Hay gente a la que no le gusta la etapa más progresiva de Death, pero la verdad es que no entiendo porque. Symbolic es el disco perfecto, simple y llanamente. No se puede mejorar, y creo que cualquier banda de death (y de prog) debería tener este disco como referente inamovible.

Sin duda creo que Death ha dejado un hueco que nadie podrá llenar. Schuldiner solo hay uno, me temo. Es una de esas bandas que aunque no haya durado todo lo que nos habría gustado, ha dejado un legado impecable, no hay momento aburrido en toda la discografía, ni nota fuera de lugar. Sé que no lo parece porque nuestros estilos no tienen absolutamente nada que ver, pero Schuldiner es un héroe personal para mí, y un punto de referencia. Sé que nunca podré llegar al nivel, pero moriré intentándolo.

Como anécdota, recuerdo comprar este disco como regalo para una persona muy especial para mí. Death es su banda favorita y concretamente Symbolic es su disco favorito (¡Igual que yo!). Cuando llegó el punto de dárselo, estuve debatiendo internamente durante un buen rato si realmente regalárselo o quedármelo para mí. Al final acabé por regalárselo… ¡Y volvérmelo a comprar!


Javi Félez (director de Moontower Studios y guitarrista de Graveyard, Balmog, Körgull the Exterminator y Teitanblood)

Symbolic fue el primer disco de Death que compré recién editado. Poseía una cinta con el Scream Bloody Gore y el Spiritual Healing desde hacía uno o dos años, pero este fue el primer disco de la banda que tuve en CD y le saqué fuego en la época. Roadrunner lo publicitó bastante así que si leías revistas y tal, era difícil no enterarse de su salida. Además recuerdo que el videoclip de «The Philosopher», del disco anterior, estaba todo el día en el Headbanger’s Ball de la MTV.

A diferencia de muchas otras bandas de death metal de la época que como mucho sacaron un par o tres de discos buenos, Death (al igual que Morbid Angel), solo tienen obras maestras, no hay un solo disco flojo. Symbolic no era una excepción. Desde los riffs, los solos, la brutalidad quirúrgica de Gene Hoglan a la batería, la producción cristalina… Todo era perfecto. Seguía siendo death metal pero con un grado de musicalidad y melodía abismal, muy emparejado con el heavy metal de los 80, algo totalmente en desuso en aquella época de movidas alternativas y rechazo frontal a todo lo que oliese a la década anterior. Symbolic es de esos discos que puedes escuchar de principio a fin y no darás con ningún momento de bajón, son todo clásicos, «Symbolic», «Zero Tolerance», «Crystal Mountain», «Empty Words»… O mi favorita de siempre del disco, «Sacred Serenity», un tema que por algún motivo nunca fue considerado clásico. De hecho recuerdo romperme la cabeza con 15 o 16 años para sacármela con la guitarra, en una época en la que no había youtube ni nada parecido; tocaba poner la oreja y sacar las cosas de oído. Muchas otras bandas hacían death metal, pero Death hacía canciones, temas que pese a su envoltorio y naturaleza death metalera, poseían estructura (intro, estrofa, puente, estribillo,…), lo que las hacía más memorables, pegadizas y fáciles de recordar. Recuerdo que vinieron a Barcelona al Zeleste a los pocos meses de sacar el disco, pero en esas épocas había que elegir y por lo que fuera recuerdo decantarme por Iron Maiden, Paradise Lost y Skid Row en vez de Death. Obviamente si hubiéramos sabido lo que iba a pasar unos pocos años después, la elección habría sido otra.

Los dos últimos años de vida de Chuck fueron durillos, se le dio bastante cancha a su enfermedad, yo de hecho compré los VHS del Live in L.A. y el Live in Eindhoven ’98 así como una sudadera, cuya recaudación iba para sufragar los gastos médicos derivados de su enfermedad. Fue un final triste para un tipo íntegro como pocos, visionario y genio que de haber seguido con vida seguramente habría continuado sacando discazos, ya fueran de death metal u otros estilos.


Robert Garcia (vocalista y guitarrista de Angoixa y Madera y redactor de Science of Noise)

Ya habéis podido leer un poco lo que me marcó este disco en la revisión del clásico que abría nuestro día monotemático pero no está de más ofrecer unos cuantos piropos más a esta gran obra.

Todos los grupos tienen una evolución tanto en sus aptitudes como en sus tablas (aunque hay algunos grupos que parece que van como los cangrejos, para atrás) y Death es un claro ejemplo de como ir puliendo desde los inicios hasta el fatídico final llegando posiblemente a la cúspide de su sonido con el disco que nos ocupa.

Scream Bloody Gore es un disco salvaje, con mucho más thrash y remalazos punk que otra cosa pero ya nos ofreció un amplio abanico de nuevos recursos con los que poder diferenciarse del resto. Leprosy fue un avance tanto en producción como en composición consiguiendo un disco más coherente y poderoso. Spiritual Healing lo veo como un experimento, un intermedio en su discografía ya que las canciones pasaron a ser mucho más largas con unos pasajes más elaborados y los primeros amagos de metal progresivo que se multiplicaron por mil en Human, uno de mis preferidos aunque su producción deje mucho que desear (suerte de la versión remasterizada). Y es que contar con unos cracks como Paul Masvidal y Sean Reinert (RIP) de Cynic le abrió la mente a Chuck de una forma brutal expandiendo su talento hacia lugares desconocidos. Ese experimento se materializó de nuevo pero pasado de vueltas en el disco Individual Though Patterns juntándose de nuevo con unos grandes músicos que supieron acompañar al genio de maravilla.

Pero llegados a Symbolic quiso posiblemente ser algo más accesible y como he dicho en la revisión se trata de un disco elegante, un disco con un sonido tan cuidado que puede entrar bien a personas incluso muy alejadas del mundo del metal extremo. Una delicia pensada milimetricamente y calculada para ser una gozada para sus autores y para los que lo hemos podido disfrutar.

Su siguiente disco y el proyecto Control Denied me parecen sublimes también pero con un cambio bastante radical y tirando hacia un fusión entre el death y el heavy metal, un género que Chuck amaba con locura. Una gran lástima que no podamos seguir disfrutando de su talento hoy en día. ¿Con qué nos sorprendería? Seguro que con rancheras no, o quien sabe.


Marc Gutiérrez (director de Empire Zone Magazine)

Mi relación con Symbolic es especial. Empecé a escuchar Metal en 1991 aunque entonces el Metal Extremo me cogía muy lejos, me resultaba muy extremo entonces, nunca mejor dicho. Sin embargo, cuando empecé a adentrarme en sonidos más duros Symbolic me caló hondo. Un amigo compró la revista Grind Zone allá por 1995, donde aparecían en portada y claro, entonces, sin internet, la opinión de la prensa era muy influenciable, compró el disco y el shock fue inminente. Siendo honesto era el primer disco de Death que escuchaba y como suele suceder con los primeros discos de las bandas, me quedó como favorito.

Musicalmente Death fue creciendo disco a disco, madurando un sonido especial, único y con un Chuck Schuldiner que es la figura de referencia de la historia del Death Metal para mí. Se trata de un disco denso, de estructuras complejas pero con el don de ser muy dinámico y ágil a la vez y como ejemplo solo hay que escuchar cortes como “Crystal mountain” o “Perennial quest”. Mi favorita, sin embargo, siempre fue la que da título al disco.

Pese a que la formación que grabó el disco (Schuldiner, Hoglan, Koelble, Conlon) no me parece la mejor de la banda supieron funcionar como conjunto a un nivel altísimo. Quizá la que grabó Human sea uno de los mejores combos de la historia del género con Schuldiner, Masvidal, Reinert y DiGiorgio.

Visto con perspectiva no cabe duda que Death han pasado a la historia por dar nombre a un estilo musical, por haber editado obras maestras como este Symbolic y porque su líder, Chuck Schuldiner, era un genio capaz de llevar el metal extremo muchos pasos más allá en composición y ejecución y siempre supo rodearse de músicos con gran talento para que lo complementaran.

Symbolic uno de esos discos esenciales que me llevaría a una isla desierta.

Por siempre Symbolic. Por siempre Chuck Schuldiner.


Ruben G. Herrera (coordinador de Rock Estatal)

Según escribo estas líneas tengo exactamente la edad con la que Chuck Schuldiner falleció.

Normalmente, cuando un fenómeno artístico se consagra, se generan todo tipo de procesos de mitificación de éste y de todas las personas implicadas; se crea un meta-relato sobre lo que realmente ocurrió, que dista de la realidad, quedando esta estetizada. Yo creo que se ha hablado mucho de esta banda, y se les ha entendido poco, como ha ocurrido en general con este género musical revolucionario.

Sin embargo, cuando uno investiga en lo que verdaderamente hizo de Death una banda única en la historia, se encuentra con una especie de sobredosis de cruda realidad. Creo que el documental de 2018 del cineasta canadiense Felipe Belalcazar ‘Death By Metal’ arrojó algo de luz sobre lo que supuso Death en lo público y en lo privado.

En este punto, ‘Symbolic’ fue claramente un punto de inflexión; esa guturalidad aguda de Chuck, esa capacidad de experimentación de estructuras y melodías casi inagotable, plagada de agujeros, huevos de pascua, reflexividad, sin restar nunca un ápice de brutalidad exprimida en cada verso. Y te das cuenta de lo imperecedero de una expresión estética como fue ‘Symbolic’ cuando eres capaz de recordar la primera vez que lo escuchaste. U otras tantas veces a las que volviste a “hundirte” en él. En lo personal, Chuck parece que fue un tipo normal, en el sentido más extraordinario. La última gran reflexión que nos dejó el genio fue encarnizada por su fatal destino, y fue, no por enfermedad, sino por el lujo de la sanidad privada en Estados Unidos; la de la importancia de que la salud no debe ser capitalizada, ¿puede haber una reivindicación más vigente hoy, con la pandemia que estamos viviendo por el COVID-19?


Beto Lagarda (redactor y fotógrafo de Science of Noise)

Symbolic y The Sound of Perseverance son dos obras colosales no solo de Death, sino de todo el metal extremo. Ambos copan un lugar imprescindiblemente alto en lo que un servidor considera la perfección del death metal puro. La elegancia con la que se desenvuelve Symbolic junto con la complejidad de cada uno de los cortes que alberga en su interior hace estremecerme cada vez que le doy al play. Symbolic tiene momentos sublimes como el tema homónimo, brillante. O “Crystal Mountain” que es uno de los temas más completos del death metal global. Pero también hay momentos algo lentos como en “Zero Tolerance”, un tema que me gusta pero me acaba agobiando. Otros temas enormes son “1,000 Eyes” o “Without Judgement”. Aunque voy a admitir que para mi, la mejor canción de la banda de Chuck es “Spirit Crusher” de su último disco.

Recuerdo perfectamente cuando llegué a Death, entré directamente por Symbolic por varios motivos, el primero fue la caratula. Lejos de ser un artwork estándar del mundo del death metal, aquí encontré arte. Al igual que me pasaría con The Sound of Perseverance cuya portada también es increíble. Tras una imagen tan pulcra y trabajada solo se podía esconder un trabajo de una calidad como mínimo similar.

A la que pude me compré la edición remasterizada en vinilo y recuerdo desenfundarlo y colocarlo sobre el plato, escuchar esa intro de “Symbolic” a todo trapo en mi casa, fue una sensación increíble. Por otro lado, no pude ver a Death en directo pero si pude disfrutar de un show de Death to All en el Leyendas del Rock 2015. Campando a mis anchas en primera fila frente al escenario (poca gente conocía a Death en ese festival), recuerdo el momento “Symbolic” y sobre todo el momento “Crystal Mountain”, la sensación de poder ver en directo esos dos temas aunque fuese sin Chuck fue algo que me acompañará siempre.

Evidentemente gran parte del metal extremo bebe de la influencia de Death, tanto de la primera etapa más death puro como de la segunda etapa más compleja o técnica. El legado de la banda es gigantesco y la huella de Symbolic en el mundo del metal es considerablemente importante. Valga recordar que no todo amante del metal ha llegado a entrar en el mundo del death o del metal extremo. Death no es una banda accesible y los “nuevos” fans de sonidos más melódicos como Arch Enemy o Amon Amarth normalmente no son capaces de entrar en el submundo de Death. O sea que, me gustaría pensar que la huella de Death es enorme con estas condiciones citadas.


Carlos Leonardo (director de la Metal Academy School of Music y bajista en Human Carnage, SMRT y MollitiaM)

Empecé tanto a escuchar como a tocar música metal en el 95, en Valparaíso, Chile. Tenía 13 años cuando la descubrí y fui capturado inmediatamente por esta música tan increíblemente brutal y radical. Fue amor a primer oído. Los primeros grupos que me tocaron el alma fueron Metallica, Megadeth, Sepultura, Morbid Angel… hasta que, después de poco tiempo, llegó a mis manos el Symbolic, el primer disco de Death que tuve para escuchar detenidamente, prestado por uno de mis mentores. «No lo vamos a escuchar juntos ahora, llévatelo y disfrútalo», me dijo. Y con razón.

Tengo que decir que me es muy difícil hablar objetivamente del Symbolic, ya que es sin duda el disco que marcó mi vida musical y me influenció más que ningún otro disco haya hecho nunca. Si no es el mejor, es uno de los mejores discos de metal que se hayan parido jamás, y no me voy a poner a analizar cada tema o esta reseña se convertirá en enciclopedia.

Nada más ponerlo y escuchar la introducción del primer tema homónimo se me pusieron los pelos de punta. El juego de platos y los primeros redobles de Gene Hoglan antes de que entre la voz de Chuck, fueron el motivo de los escalofríos que me recorrieron la espalda. Detalles en la batería que luego brillan a lo largo de todo el disco, junto con el doble bombo a toda castaña y a veces entrecortado, a ráfagas, y sin seguir especialmente las guitarras… realmente algo genial. Gene de veras se luce en cada tema, y no repite nada en todo el álbum.

Por otro lado me llamó bastante la atención la voz. Tanto el timbre vocal como la métrica, el dónde Chuck ponía las palabras sobre su música era, como todo el disco, diferente a lo que había escuchado hasta el momento. Me resultó difícil creer que el cantante era el guitarrista solista. Y, a propósito de solos, ¡buah! que gozada. Chuck es Chuck, y su menor armónica es brutal y tan elaborada que a veces ni parece esa escala (con esto no quiero decir que Chuck no utilice otras escalas pero normalmente siempre vuelve a su favorita), pero Bobby Koelble… madre mía, qué manera de fundir el jazz con el death metal… el solo que hace a dos guitarras en «Symbolic» es simplemente acojonante, en realidad todos sus solos lo son. Lástima que Chuck no le dejara participar más en ese aspecto, aunque quién soy yo para cuestionar al maestro Schuldiner. Si no hay más solos de Bobby es porque simplemente no tenían que estar.

Los riffs, las armonías y las líneas melódicas de todo el disco son algo fuera de lo común, con muchísima variedad de ideas, a nivel de estructura y armonía es una pasada. Además las partes lentas le dan una frescura al disco en todo momento y, a pesar de que el álbum suena homogéneo, cada tema se diferencia perfectamente uno de otro. Es un disco variado y lleno de detalles, no vale una sola escucha, si no varias por cada instrumento. Por ese motivo es sin duda el álbum que más veces he escuchado en mi vida. Se nota que Chuck quería darle una vuelta más al Individual Thought Patterns.

También he de felicitar a Kelly Conlon por la líneas de bajo. A veces quedan un poco por detrás de los demás instrumentos, no a nivel de volumen, sino de articulación y creatividad. Aún así cumple con creces y da contundencia al disco. Como bajista, admito que en este LP me falta Steve DiGiorgio, aunque por palabras suyas estuvo presente en la composición y no pudo grabar por temas logísticos, tengo que decir que se le echa en falta en las pistas, me hubiera encantado oírle en este álbum. Sólo me queda imaginármelo.

Finalmente agradecer a Chuck por haber parido semejante discazo: gracias, maestro y descansa en paz. Ya nos veremos.


Toni López (colaborador de El Octavo Día de Ràdio Cornellà)

En el año 95, lejos de lo que nos querían hacer pensar los grandes medios de la época, el metal no solo estaba en plena ebullición; se expandía, se exploraban nuevos terrenos, se afianzaban estilos de lo más diverso. Debo confesar que esa época me pilló en la universidad más centrado en la ola blackmetalera que bajaba desde los países nórdicos que en el death metal. Eran los años de Deathlike Silence, y Emperor, Satyricon, Darkthrone o Mayhem, estaban lanzado lo que hoy conocemos como sus obras maestras. Y Arcturus, Immortal, Mork Gryning, Dissection, Marduk, Cradle of Filth… El black estaba en un momento muy grande y quienes disfrutábamos del metal extremo teníamos mucho y muy buen material. Por otra parte, estilos como el metal progresivo seguían creciendo a la estela del éxito de Dream Theater, y tanto en América como en Europa no paraban de salir referentes de otro estilo que crecía a pasos agigantados. Sin olvidar que en el heavy metal seguían apareciendo lanzamientos muy destacados; es cierto, las grandes bandas como Maiden, Judas o Helloween habían perdido sus voces originales y no todo el mundo lo entendía; Metallica se había ido a otra cosa, y su estela fue seguida de distinta manera por otras bandas que innovaron en esa época más de lo que sus fans hubieran deseado, como Megadeth, Anthrax o W.A.S.P.. Pero ahí teníamos a Savatage, Blind Guardian o Yngwie Malmsteen creando verdaderos discazos. Así que, si querías salirte del mensaje oficial de que el metal estaba acabado y tanto el grunge como el Metal alternativo eran la salida, tenías muchas opciones.

Así, ¿donde queda el death metal en todo esto? Pues bien, desde una posición muy underground, el estilo va cogiendo fuerza, a base de discos que hoy son considerados piedras angulares del género. En esa época, mientras Noruega exporta black, en Suecia no paran de surgir bandas de death metal como Dismember, Unleashed, Grave, God Macabre, Entombed, así como In Flames y Dark Tranquillity que darían pie a ese otro submundo llamado «death melódico»; en el centro de Europa también había excelentes bandas del género como Gorefest Asphyx. Al otro lado del Atlántico, bandas que empezaron a finales de los 80 o comienzos de los 90, se consolidan; es el caso de Obituary, Deicide o Morbid Angel. O Death, que junto a Atheist, Cynic y algunas bandas más, quisieron llevar un paso más allá su death metal y sembraron la semilla de eso que conocemos como death metal técnico.

Yo conocí a Death unos años antes de Symbolic, en el instituto cuando un compañero apareció con el cassette de Human, su cuarto disco, en su walkman. Ese cassette dio muchas vueltas, y Human fue un habitual también en mi walkman. Luego llegó Individual Thought Patterns, que nunca llegó a atraparme tanto como su predecesor, aunque hoy día lo aprecio mucho. Y sí, llegó Symbolic. Al principio no le presté demasiada atención, como os decía, tenía muchos frentes abiertos y Symbolic no era prioritario. No fue un flechazo, lo escuché, y lo aparqué; de vez en cuando iba recuperando a Death, pero siempre volvía a Human. Pero Symbolic fue haciendo su trabajo, en silencio, a través del tiempo. De repente, un día me vino un tema a la cabeza («Crystal Mountain»), debía hacer ya cinco o seis años de su publicación; tras pasarme el día repitiendo en mi cabeza «Inside crystal mountain, evil takes its form», llegué a casa, busqué el CD y lo pinché. Varias veces. Ese día y los siguientes. Symbolic fue un disco que creció sin darme cuenta, y del que aún hoy (lo estoy escuchando mientras escribo estas líneas), disfruto más que el primer día; es un disco que no envejece, se hace más grande. Siempre he dicho que Human es mi preferido; el disco con el que conoces a una banda, y más si lo machacas como fue mi caso, te marca mucho; pero no es cierto: Symbolic a día de hoy me parece no solo el mejor disco de Death, me parece un disco fundamental para entender la evolución del metal extremo. Son nueve temas imprescindibles. Un legado inmortal como el de Schuldiner fue coronado con esta obra maestra que ha sido fuente de inspiración para más de una generación de músicos y fans.

Como curiosidad final, apuntar que hace unos años, en El Octavo Día, teníamos una sección donde la audiencia escogía con sus votos los 10 mejores temas de una banda. Dedicamos una de esas secciones a Death, y entre sus 10 mejores temas entraron dos de Symbolic; «Crystal Mountain» quedó en séptima posición si no recuerdo mal, y «Symbolic», el tema título que abre este disco, fue considerado el número 1, el mejor tema de toda la discografía de Death. Ya sabemos lo injustas que suelen ser este tipo de listas, pero es un dato y habla de la dimensión de este disco y del estado de gracia en que se encontraba Death en el año 95. Lo dicho: imprescindible.


Daniel Maganto (guitarrista de Eternal Storm y Liquid Graveyard)

Symbolic fue el primer disco de Death que escuché. No recuerdo muy bien cómo fue, pero creo que a finales de 2006, cuando tenía trece años, tropecé con un vídeo de Youtube con el último estribillo y el final de ‘Perennial Quest’ y recuerdo que se me quedó grabado a fuego, se me pusieron los pelos de punta con los volume swells del outro. Estaba empezando a escuchar metal extremo y me llamó la atención que pese a hacer música muy técnica, también era muy pegadiza y los riffs que conseguí sacarme con la guitarra eran divertidísimos de tocar.

Para mí, esta es la mejor formación que tuvieron y eso que Chuck siempre tuvo muy buen ojo a la hora de reclutar músicos: Hoglan se sale por todos lados (sin desmerecer a Christy ni, por supuesto, al enorme Sean Reinert) con sus juegos con campanas, bombos rapidísimos, fills inolvidables (el que hace a mitad del estribillo de «1000 Eyes» se me quedó grabado a fuego) y ese sonidazo de caja. Kelly Conlon era desconocido aún (aunque luego se haría dos discazos con Monstrosity) y aunque no es tan llamativo como DiGiorgio, tenía muchísimo gusto y un tono brutal. Y el otro guitarrista, Bobby Koelble, para mí es la combinación perfecta entre las marcianadas de Masvidal y la melodía de Andy LaRoque. Sus solos son rarísimos, pero quedan genial, la verdad. Al igual que los de Chuck, no sobra ni una nota: puro buen gusto y feeling.

La producción sigue siendo brutal a día de hoy, se entiende todo de lujo y hay un montón de recursos chulísimos, uso de efectos bastante bien metidos en las guitarras etc y la voz, aunque Chuck nunca será de mis vocalistas favoritos, sí que me gustan mucho sus letras y en este disco se le entiende cada palabra a la perfección. Mis temas favoritos son “Perennial Quest”, “Empty Words y “1,000 Eyes”, pero me encantan también “Without Judgement” y “Sacred Serenity”. Las melodías son buenísimas y esos riffs se te quedan en la memoria para siempre, aunque siempre me dio un poco de bajona que Chuck casi siempre haga un copy paste del tema después del solo, es como si ya hubiera llenado el cupo de riffazos y no diera para más, jajajajaja.

En definitiva, uno de los discos que creo que más han inspirado al metal extremo en general: desde infinidad de grupos de death metal técnico como Necrophagist, Obscura, Decrepit Birth o The Faceless a bandas cuya influencia podría ser un poquito menos obvia, como The Red Chord, Sylosis, Epica o nosotros mismos.

Y, como anécdota personal, tuve la suerte de estar de stage manager en un festival en el que tocaban Death to All y el día antes del comienzo “oficial” del personal, tuve a 2/4 de la formación del disco (tres si contamos a DiGiorgio, que grabó las demos) ensayando temas de este disco y del resto de la discografía de Death en mi escenario, ya que era el primer show de la gira. Fue algo increíble poder pasar varias horas viendo cómo depuraban esos temas que tantas veces había escuchado o practicado.


Xavi Martínez (administrador de Rock On Magazine y redactor en Ruta 66)

Hablar (o escribir) sobre Death y Chuck Schuldiner es sin duda cosa mayor, o como diría el ínclito y nunca bien ponderado M. Rajoy no es cosa menor. Y más cuando se cumple el vigésimo quinto aniversario de una obra capital para entender las posibilidades del metal (no ya solo extremo) como género; Symbolic por supuesto.

A pesar de que me gusta y disfruto todo lo que hizo Chuck Schuldiner con Death, tengo que reconocer que ya hace un tiempo que mi atención hacia la banda orbita alrededor de tres álbumes; Scream Bloody Gore, Leprosy y este Symbolic que ahora mismo me ocupa. Los dos primeros porqué siguen sonando frescos y regeneradores (siempre con el permiso de Possessed) como el primer día que se publicaron, un paso atrevido y revolucionario dentro de la constante evolución del metal. Llevando la revolución que supuso el thrash metal a nuevos horizontes, más extremos y técnicos, y de pasada dando origen a ese ente que ahora todos conocemos como death metal.

Y el tercer disco en discordia sería sin ningún tipo de duda Symbolic y además por diversas razones, pero vayamos por partes. Es posible que igual me esté yendo al terreno de la hipérbole, pero con Symbolic Chuck Schuldiner elevó el metal extremo al terreno de las bellas artes. Puede parecer esto una perogrullada, pero Symbolic aunó el extremismo musical de sus dos primeras obras, pero rebajándolo un poco del tecnicismo que estaba copando cada vez más terreno en obras como Human o Individual Thought Patterns. No es que Symbolic no sea una colección de canciones donde la técnica está más que presente, pero hay un claro aperturismo hacia la melodía que hace que todo fluya de manera absolutamente pasmosa. “Zero Tolerance”, “Without Judgement” o “Misanthrope” son algunas de las canciones que subliman el estilo que a estas alturas Chuck Schuldiner se había encargado de modelar y remodelar ya unas cuantas veces. Resulta curioso también que Death se descolgaran en 1995 con semejante y revolucionario artefacto cuando el género que ayudaron a crear no estaba pasando uno de sus mejores momentos a nivel popular y creativo. Sin duda el metal en los 90 estaba en muy buena forma y revolucionado, pero si hablamos de death metal el fuego inicial estaba más que apagado, con bandas como Morbid Angel o Pestilence sobreviviendo para unos pocos y resistentes aficionados.

También tengo que reconocer que a nivel personal le debo bastante a una obra como Symbolic, de hecho fue el primer disco de la banda que entró en mi vida, y obviamente semejante colección de canciones no le podía dejar a uno como que había escuchado un disco más. Agresivo, técnico, melódico y lleno de canciones para perderse en ellas el rato que hiciera falta. Y que además me sirvió para poder ver a Chuck y cía en un impecable concierto en la ya extinta sala Canciller de Madrid el mismo año de la publicación del disco.

Y así 25 años después seguimos hablando, escribiendo y debatiendo de Death y este álbum que haciendo una analogía fácil se podría considerar todo un ‘símbolo’ dentro de la historia del metal. Sólo entristece este motivo de celebración el saber que el bueno de Chuck Schuldiner ya hace tiempo que no está entre nosotros y no pueda ver como su legado sigue siendo influyente como pocos en el actual panorama metálico.


Pablo Mayoral (Redhardnheavy.com / Corsarios del MetalRadio Enlace 107.5 FM-Madrid)

Lo tengo claro, mis años favoritos de Death son los que abarcan de Scream Bloody Gore a Spiritual Healing, siendo este último mi disco preferido del grupo, sin embargo entre los siguientes trabajos Symbolic es el que más destaca a mis ojos de fan, aunque se trate de un “primus inter pares” -el primero entre los iguales-, porque hay que ver qué buenos son todos.

Symbolic ya sonaba innovador en su día, muy alejado de las opciones mayoritarias del death metal, pero si tomamos la perspectiva que dan 25 años desde su edición ¿A qué grupo suenan bandas tan dominantes ahora como Arch Enemy? Sí, la respuesta empieza por «Symbolic» y termina por «Perennial Quest», y se encuentra en la combinación de agresividad y melodía que Death llevaron al extremo en este trabajo. No son sólo Arch Enemy quienes se han mirado en este espejo: vacas sagradas como Kreator llevan ya varios discos en esta línea. La lista de nombres podría ser interminable, pero ninguna banda de las que pudiéramos mencionar tiene la técnica de Death en los 90, y los que la tienen no la ponen tanto al servicio de los temas y no del lucimiento personal (¿Alguien ha citado como ejemplo a Ralph Santolla en Xecutioner’s Return de Obituary entre toses por ahí al fondo?).

Death no son de esos y aunque los solos y dobles armonías de «Crystal Mountain» se cuenten entre mis preferidos del heavy metal cuando me pongo este disco sólo oigo canciones, no virtuosismo gratuito. Ese es otro de los puntos fuertes del LP, que lo puede escuchar cualquiera, que es fácil acercarse a él. Es agresivo y es asequible a la vez y muy pocos pueden decir eso, ni siquiera Death en los primeros años cuando todavía las voces eran más guturales y menos rasgadas y las letras menos filosóficas y más gore. Puedo echar de menos algo de eso, especialmente siendo Spiritual Healing, como decía antes, mi disco preferido del grupo. Si lo elijo por encima de todos es porque me parece que tiene lo mejor de las dos épocas, pero eso no hace de menos al resto de los 90, y por supuesto a Symbolic.

No ha habido época de Death que no haya dejado una profunda huella en el heavy metal. Vamos a concederle a Possessed haber nombrado el género, pero para construir el death metal no fueron otros sino Death, cuando todavía eran conocidos como Mantas, quiénes definieron el estilo musicalmente. De esa primera piedra al final del grupo con The Sound of Perseverance y la posterior muerte de Chuck Schuldiner, pasando por la conversión de éste en un proyecto personal en los años de Human. En cada momento Death han sido líderes musicalmente y avanzados para su época unos años… lo que pasa es que en Symbolic lograron ponerse por delante varias décadas… si saliera hoy sería actual todavía.


Jesús Muñoz Caballero (redactor jefe de Broken Tomb Magazine)

Por el amor de Odín. Como pasa el tiempo, ¿eh? 25 añazos desde que el penúltimo disco de Death llamado Symbolic nos volase a todos los sesos. Por ahí, aún conservo la Grind Zone donde el conjunto capitaneado por Chuck Schuldiner ofrecía una muy suculenta entrevista…

En mi caso, descubrí a Death a los 13 o 14 años. Un buen amigo mío, y actual colaborador de Broken Tomb (realiza reseñas bajo el seudónimo de Suicider) vino a mi casa con el M.C original del Leprosy. De inmediato, aquel disco me pareció impresionante. Hasta que no cumplí 18, no pude hacerme con el resto de lanzamientos de los de Florida y no fue en el orden de salida. Por ello, no descubrí su evolución de forma «lógica». Para mí, sus mejores discos son Leprosy y Spiritual Healing. Pero bueno, mejor dejo de divagar y me centro en lo que estamos ¿verdad?

Tres años más tarde del descubrimiento, trabajaba casi 60 horas semanales en un taller de mecánica rápida. No tenía tiempo para mucho más que escuchar «Ruido Radical» y dormir, ya que llegaba a casa destrozado. Lo bueno de esa época, es que me hice con una cantidad curiosa de CD’s. Entre ellos, por supuesto el que protagoniza estas líneas. De entrada, antes de comprarlo, otro amigo me grabó un recopilatorio donde incluía el tema que le daba nombre al redondo. Claro, ahí es cuando en el buen sentido de la palabra me descuadré del todo. Tened en cuenta que mis oídos solo se deleitaron hasta aquel instante con Leprosy. ¿Qué había pasado con la voz de Chuck? Ahí exhibía un registro más alto. No me disgustaba, pero prefería su anterior tono vocal. Por otro lado, su propuesta parecía mucho más compleja en materia de estructuración y ejecución. Una vez me puse el LP entero, comprobé en mis carnes que aquello que os acabo de comentar no era cosa de una sola tonada, sino de todas. Algunos ya estaréis pensando, «uff, ya va a poner pegas». Pues no queridos lectores, todo lo contrario. De la misma forma que aluciné con Leprosy, lo hice con Symbolic. Aunque el poder de agresión se mantenía intacto, el plus de técnica extra unido a…. como decirlo… el alma de esas composiciones lo hacían perfecto.

Como ya os he relatado con anterioridad, terminé por hacerme con toda su discografía. Al oírla de forma correlativa, me percaté que, con cada plástico, las habilidades como músicos eran más y más grandes, hasta alcanzar cotas de enrevesamiento sónico increíble. Por supuesto, este hecho solo hacía constatar una vez más que Evil Chuck era un genio en todos los aspectos, que se sabía rodear de los mejores instrumentistas para que junto a él, le dieran vida a su mortal retoño.

Symbolic, al igual que el resto de la discografía de los auténticos padres del death metal (¿o debería decir el auténtico padre del death metal?) me parece imprescindible. Fue el salto definitivo a una proposición sonora de claro filón progresivo, que ya se veía venir en el anterior Individual Thought Patterns, desembocando finalmente en el fantástico The Sound of Perseverance. Es una banda cuyo legado es intocable, imprescindible e intachable. Por mucho tiempo que pase, siempre estarán vigentes.


Albert Perera (responsable de Simfonia Metàl·lica)

Con Death me ha pasado como con tantas bandas que en su momento las escuchas, te gustan, pero no valoras en su justa medida. O quizá con el tiempo pasa lo inevitable, la nostalgia y los años vividos hacen que valores más aspectos, situaciones, vivencias… y música a la que en su momento no le dábamos tanta importancia. Nada nuevo, los seres humanos tendemos a comportamientos irracionales y poco consecuentes muchas veces, contradictorios y sin coherencia. A los hechos me remito.

Puesto, pues, en perspectiva Symbolic es uno de esos álbumes que por muchos años que pasen suena como si hubiese sido editado hace un mes. Brutalidad, técnica, melodía y un sonido precursor de lo que hoy en día se hace incluso a nivel técnico en estudio, salvando las distancias, en donde se apuntaba ya todo lo que es habitual hoy.

Nunca fui un gran fan de la banda, ni ahora. Sí que los años me han permitido ver la importancia de su obra y su visión musical. Especialmente en un disco como este que revisándolo estos últimos tiempos me parece difícil que no pueda satisfacer a un seguidor del metal en general sea cuál sea cuál el sub-género por el que se decante. Desde el metal más tradicional pasando por el melódico y por supuesto las vertientes más extremas en las que, de manera más que acertada, muchos músicos nombraran a los americanos entre sus influencias. Sin ir más lejos hace pocas fechas Max Cavalera declaraba que no se ha dado suficiente crédito y reconocimiento a la figura de Chuck Schuldiner.

Como decía sin ser un gran fan del grupo estuvo presente en aquellos años en donde uno va forjando sus vínculos y lazos con el mundo y que acabas recordando de por vida, la veintena. Frecuentaba habitualmente un local en donde los fines de semana sonaba heavy metal de todos los estilos y que acabó siendo un reducto de los “antros” de este tipo en un territorio poco dado a sitios de estas características. Curiosamente, teniendo en cuenta que estábamos a mediados de los 90 el grunge, la corriente imperante a nivel mundial en los años precedentes no encontraron su hueco entre nosotros, y las preferencias y lo que sonaba iba más encarado al heavy metal más tradicional, el power que cada vez dominaba más y sería un estilo predominante en los años futuros y bandas más extremas de thrash metal en donde Death siempre se colaban. Curiosamente no recibían la mejor de las acogidas cuando sonaban por los altavoces del garito pero nadie se quejaba.

Con cariño si recuerdo un absoluto fanático que recriminaba a todo aquel que no había escuchado al grupo o tenía una mala palabra para ellos. Llegaba al sitio y la primera palabra era para el encargado de pinchar pidiendo, como no, Death. Su empeño no cesaba en toda la tarde hasta que finalmente siempre caía algún tema. Curiosamente Symbolic era casi siempre una elección recurrente aunque no la única. Me gustaría saber si, así como mi aprecio por la banda ha ido en aumento, si se ha mantenido la fijación de aquel sujeto del que perdí la pista con los años.

Sin duda, y hablando en concreto de Symbolic, es uno de mis discos favoritos de la banda. Justa medida, como comentaba anteriormente, de todos los elementos posibles. Brutalidad, melodía, destreza instrumental, grandes composiciones… en un compendio de temas entre los que es difícil destacar alguno. Alguno dirá que no es mejor trabajo que Human o Spiritual Healing, pero, acaso no es complicado decidirse por cualquiera de ellos? Sencillamente es cuestión subjetiva decidirse por uno y yo lo haría por éste. Sea como sea todo proviene de una mente privilegiada para esto de la música, como fue Chuck Schuldiner, que incluso con posterioridad a este trabajo nos brindó aquel gran The Fragile Art of Existence bajo el nombre de Control Denied para dar rienda suelta a todo lo que llevaba dentro musicalmente fuera de Death.

Siendo un referente de muchos de los músicos actuales de la música extrema es curioso ver como esa “leyenda” se ha forjado prácticamente sola. Quizá el boca oreja ha hecho el mayor trabajo. Ya en su momento no fue una banda que tuviese un gran apoyo promocional. Recuerdo incluso una gran plataforma como fue el Headbangers Ball de la MTV, que seguía con devoción cada semana en un maravilloso programa de tv dedicado al metal como nunca más se ha hecho, tampoco tuvo una especial presencia. Se hartaron de apoyar a bandas como Machine Head, Sepultura, Paradise Lost, Carcass y tantos otros, no veo la razón que Death no entrara más. ¿Poco apoyo de sus discográficas de entonces? Puede ser. Llegaron a fichar en la parte final de su carrera por Nuclear Blast pero aún no era una de las independientes más poderosas del metal.

Sea como sea si en la escena del heavy metal presumimos de historia, referentes y que no vivimos tan solo de la última novedad como las fórmulas imperantes en la Fm es hora que cojas Symbolic y lo pongas a todo volumen si ya no lo has hecho alguna vez. Tus vecinos descubrirán algo de una vez que vale la pena musicalmente hablando.


Jonathan Pernía (vocalista de Hex)

Hablar de Death son palabras mayores. Es verdad que siempre hubo, hay y habrá detractores de la banda liderada por Chuck Schuldiner. De hecho, siempre ha existido ese runrun de que no era una persona de trato fácil. O incluso comentarios acerca de su mal carácter. Infundados o no dichos rumores, lo hemos comprobado a lo largo de la historia y en cualquier vertiente artística; pintura, música, escultura, poesía,… ¡los genios son así!

Todos y cada uno de los discos han tenido un aporte muy valioso para la escena musical. Desde los primeros discos, donde su crudeza era más que palpable, atisbándose una elegancia sin parangón en las melodías que con el paso de los años, se convertirían en santo y seña de Chuck. Aquellas obras, en contexto, darían forma, sentido y un impulso al death metal al nivel más global.

Symbolic comparte un reñido puesto en lo más alto de la discografía de los de Florida. Personalmente, el disco que más disfruto es el ‘Human’, pero es innegable obviar la influencia de álbumes como Individual Thought Patterns (esa tripleta con DiGiorgio y Gene Hoglan es francamente insuperable), Symbolic o su obra póstuma The Sound of the Perserverance. El disco que nos ocupa, muestra una depuradísima técnica y maestría del señor Schuldiner a las cuerdas. Clásicos, que según pasan los años, se hacen atemporales y no hacen más que envejecer como el buen vino, caso de los «Crystal Mountain’, «Zero Tolerance», «1,000 Eyes» o «Empty Words».

Huelga decir, que el propio Chuck era capaz de ser un excelso guitarrista solista (dominaba como nadie muchísimas técnicas), sin descuidar para nada la parte compositiva. He ahí donde creo que ha radicado parte de su éxito y legado musical. Un genio con una habilidad de crear riffs capaces de transmitir un montón de sensaciones, desde: rabia, elegancia, tristura, fuerza, pasión, etc.

Por ello, te invito en este 25º Aniversario, a sentarte en el sofá de tu salón, abrir tu reproductor de CD o vinilo y pinchar Symbolic y disfrutar de una de las mejores elepés del death metal de la década de los 90.


Dany Ponce (vocalista de Kilmara)

Personalmente, Symbolic me trae muchísimos recuerdos ya que fue el primer disco que descubrí de los míticos y añorados Death. Recuerdo que en aquella época todavía no me había adentrado demasiado en el territorio del metal extremo y no era muy conocedor del género, lo más cercano que escuchaba por aquel entonces, era death melódico, sobretodo procedente de Escandinavia y algún que otro grupo de black sinfónico.

Si os diera una fecha exacta os mentiría, pero sería allá por el lejano 2003… Lo que si recuerdo clarísimamente fue cuando un amigo mío una tarde me puso el Symbolic en su casa y me quedé alucinado.

Esa única y desgarradora voz, esas afiladas guitarras, esa base rítmica demoledora, esos solacos increíbles y esas estructuras de canciones con guiños progresivos… Era un cóctel sónico que jamás había degustado pero que me atrapó desde el primer momento. La canción «1,000 Eyes» por ejemplo, a día de hoy sigue poniéndome a 1.000 por hora y la sigo disfrutando tanto como cuando la descubrí. En realidad el trabajo entero es infalible para mi gusto. Tanto me impactó el CD que se lo tuve que pedir prestado a mi amigo esa misma tarde y si os soy totalmente sincero, jamás se lo devolví…

Años más tarde me reconozco un ferviente fan de Death y tras mi iniciación con Symbolic, fui comprándome todos y cada uno de sus esenciales trabajos. He entendido su evolución, he degustado sus diferentes épocas y he aprendido lo importantes que fueron como líderes y pioneros de un estilo tan importante para nuestro rollo como lo es el death metal.

Sin la existencia de una mente tan maravillosa y privilegiada como la del eterno Chuck Schuldiner, el metal extremo a día de hoy, posiblemente sería muy diferente a como lo conocemos…

¡Nos veremos al otro lado maestro y gracias por tu legado!


Esteban Portero (bajista de Foscor)

Había escuchado discos anteriores de Death, pero pese a gustarme nunca acabaron de colocar a la banda en el panteón personal en el que desde mi primera escucha a Symbolic se encuentran para mí. En aquella época yo andaba tocando la batería en un grupo de thrash progresivo (Reek), y ese álbum supuso todo un descubrimiento y un motor de crecimiento musical. Las estructuras atípicas de los temas, el devastador nivel técnico, la manera de conjugar agresividad y precisión… se trataba de una forma totalmente distinta de concebir el metal extremo.

El genio de Chuck Schuldiner se me antoja indiscutible, pero una de las cosas que más me enamoran de este trabajo son las líneas de Gene Hoglan a la batería. No sé cuántas horas me pasé intentando sacarme «Crystal Mountain». Nunca llegué a tocarla bien, sobra decirlo (risas). A día de hoy probablemente siga siendo mi álbum favorito de la banda, seguido de cerca por «Individual Thought Patterns», y creo que sería uno de esos álbumes que me llevaría a una isla desierta porque la verdad es que no me canso de escucharlo.

Creo que Death han sido una de las bandas de mayor influencia en la historia del metal, y todavía más importante, consiguieron hacerlo desde distintos ángulos en diferentes momentos de su carrera. «Leprosy» es un hito para otras subramas del género, pero sin duda «Symbolic» supuso un punto de inflexión para los fans del prog y lo técnico.


José Poza (director de La Poza del Meh)

Bueno, pues vamos al lío. Yo, como dicen los Saint Vitus, was born too late. No puedo decir qué recuerdo tengo de cuando el Symbolic de Death salió al mercado porque, básicamente, iba en pañales. Pero sí puedo aportar el punto de vista del que lo descubrió con Chuck ya pudriéndose en su tumba y con la perspectiva del tiempo.

Symbolic vino a dar otra vuelta de tuerca al camino iniciado, más o menos, en Spiritual Healing, con Evil Chuck erigiéndose como dueño y señor de Death, haciendo y deshaciendo a su antojo y rodeándose de la creme de la creme del metal extremo. Incluso en las portadas se ve un giro, pasamos de un leproso feo de cojones dejándonos el cuerpo helado con su profunda mirada cargada de odio a usar obras del artista René Miville, que eran unas putas idas de olla, por lo que ya veíamos que la cosa no iba a quedarse en un Death primitivo, sino que ahí había ganas de hacer algo más y se hizo por las santas pelotas de Chuck.

Symbolic sigue siendo un disco bruto, salvaje, pero a su vez nítido en producción, con su complejidad y técnica marcando la pauta. Con todo ello, se hace ciertamente «agradable» escucharlo en comparación a otros trabajos del género, aunque no para llegar a tildarlo de comercial como he llegado a leer por ahí. Es virtuoso, pero no es algo vacío, tiene sentimiento e intención y creo que es lo suficientemente variado como para que cada uno de los que escribimos aquí diga un tema diferente como su favorito. El mío posiblemente sea Zero Tolerance, cuya atmósfera tremendamente maligna me hace girarme cada poco a ver si tengo algún ente maligno acechándome por la espalda. De todas formas, no es mi álbum favorito de la banda, soy más de la vertiente primitiva de los inicios, siendo Leprosy (que ya está bien pulidito) mi disco referente de la banda junto a Human, pero Symbolic tiene un algo que me enamora igual.

Está claro que Chuck Schuldiner fue un tipo adelantado a su tiempo. Posiblemente se abusa de estos términos una vez el músico en cuestión ha palmado (como han cambiado las críticas de los últimos discos de Dio, ¿eh?) pero es que en este caso creo que es verdad. Death, a lo largo de su carrera, se dedicaron a sacarle todo el jugo posible a un estilo que, a día de hoy, sigue aprendiendo, inevitable y tal vez indirectamente, del eterno legado que dejó con álbumes como Human, Leprosy o este maravilloso Symbolic.


Gou Siroll (cantante de Siroll!)

Me enganché a Death con el The Sound of Perseverance y su brutal versión de “Painkiller”, de Judas Priest, pues en esos tiempos de instituto no dábamos abasto a todo lo que el mundo del metal nos ofrecía. A partir de ahí fue un no parar de indagar en la discografía que nos brindó Chuck Schuldiner.

Ese death metal técnico quizá me costó de entrar a la primera ya que tiraba más por sus primeros discos que eran más crudos, como el Leprosy o el Human, pero a cada escucha de Symbolic, como el The Sound of Perseverance”, descubría nuevos riffs y me dejaba llevar por temas llenos de calidad, rabia y esa voz estridente que me cautivó.

Está claro que si no hubiese sido por la muerte de Schuldiner esta banda, su banda, nos hubiese ofrecido discos descomunales en un futuro.

¡Su legado es una joya para los oídos!


Pep Thrash (director de Ràdio Metal Vortex Sant Joan Despí)

Para mi Symbolic significó el descubrimiento de un estilo gracias a la banda sumando los cambios de sonido a que nos tenia acostumbrados, donde mezclaban varias técnicas como su death más clásico siendo más técnicos con toques progresivos y a veces ráfagas de thrash metal. Donde creo que consiguieron su consagración de Death a nivel mundial.

Los recuerdos que tengo de este disco, era cuando lo pinchaban en el Massacre (pub de Terrassa) y nos destrozábamos las cervicales en la pista, jajajaja.

Bajo mi humilde opinión creo que este disco dejó claro el mensaje de que la música death metal no solo era aporrear los instrumentos y gritar como un poseso sino que necesitabas estar acompañado de grandes músicos para poder ser capaz de grabar un disco como Symbolic de los muy grandes Death.


Jaime Torres (guitarrista de Eternal Storm)

Conocí a Death cuando tenía unos 16 o 17 años (no me acuerdo bien, mi memoria es un desastre) y estaba empezando a adentrarme en sonoridades un poco más “extremas”. The Sound of Perseverance fue mi primer contacto con ellos y poco después me tope con Symbolic, por lo que ambos son discos a los que tengo un cariño especial y me cuesta bastante decidir entre los dos, aunque creo que se lleva el podio por poco el disco que estamos celebrando.

“Without Judgement” fue el primer tema que escuche del álbum y recuerdo lo mucho que me impactó la parte central, con su tapping y su exquisito desarrollo añadiendo unas cuantas capas más. La intro ambiental de “Empty Words”, la mítica “Crystal Mountain” y su estribillo, el icónico riff que abre el álbum en el tema título… en fin, todos los temas tienen algo de genialidad. Y todo se corona con la colosal “Perennial Quest”, ocho minutazos gloriosos que culminan en una de las outros acústicas más bellas que jamás he escuchado y que nunca deja de emocionarme cada vez que la escucho.

Líricamente también es un álbum más que digno, Chuck tocaba temas mundanos, sociales y psicológicos desde una perspectiva seria, incisiva y crítica pero a la vez no falta de esperanza y creo que se tiene merecido su puesto entre los mejores letristas del rock y el metal.

A nivel de desarrollo musical la influencia que “Symbolic” tuvo en mí es enorme, eché horas y horas aprendiéndome los temas, que por cierto, como siempre comento con mi compañero Daniel Maganto, son divertidísimos de tocar. Por tanto me vino genial tanto para depurar técnica como para aprender a nivel compositivo, ya que sus flirteos con elementos progresivos (realmente el álbum es más bien prog con algo de death metal), pasajes más ambientales y guitarras limpias dejaron bastante huella en mí. Aunque si hay un punto negativo que comentar, y que en general se aplica a toda la discografía de Schuldiner, es que en prácticamente todas las canciones se tiende a repetir absolutamente toda la estructura del tema después del solo, que tampoco es que quede horrible pero es quizás un poco formulaico. Pero bueno, peccata minuta.

En definitiva, Symbolic es una auténtica obra maestra que ha sido fundamental en el desarrollo del metal más atrevido abierto a explorar nuevas sonoridades y creo que tiene suficientes elementos para contentar a aquellos que disfrutan no solo del metal sino de la música que apuesta por explorar nuevos territorios. ¡Peguémosle una escucha hoy para recordar el legado del señor Chuck!


Xavier F. Vidal (batería de Reaktion y ex Vivid Remorse)

Me encanta el Symbolic, es uno de mis discos favoritos de metal de todos los tiempos. Es curioso, al principio tenía muchos prejuicios con este estilo y, de hecho, de esta banda solo me gusta también el The Sound of Perseverance. Sí, no se entiende… no me entra el Human, de estilo similar, y en cambio considero este disco del que hablamos como una obra maestra absoluta.

Lo descubrí por primera vez allá por el año 2002. Yo tocaba la guitarra (y cantaba, ¡cuidado!) en una banda que duró tan poco que no tuvimos ni tiempo de darle un nombre. Hicimos poquísimos ensayos y versionábamos varios temas, entre ellos el «No Remorse» de Metallica (de ahí pillé la idea luego para bautizar Vivid Remorse). Yo estaba muy metido sólo en heavy clásico y thrash metal, y cuando el bajista de la banda me habló de Death, no le hice caso. Pero me insistió en que me escuchara el
Symbolic. Le dije que no se molestara, que no me iban las voces guturales. Y me replicó que no eran guturales y que, en cualquier caso, hiciera caso sólo en los riffs. Me convenció para que lo escuchara y la verdad es que aluciné. Tenía razón el amigo. De hecho, siempre he visto el Symbolic más como un disco de thrash con voces chirriantes que como uno disco de death. No hay blast beats y, de hecho, hay muy pocos temas rápidos. Abundan sobre todo los medio tiempos, a excepción de algunas partes (como el impresionante estribillo de «1,000 Eyes», junto a «Crystal Mountain» mi tema favorito del LP). Lo que hay es una colección impresionante de riffs, y muchísima melodía guitarrística. Si a eso se le suma el trabajo de Gene Hoglan, absolutamente impresionante, que le da una impronta personalísima pero sin «comerse» los temas, tenemos ahí un disco espectacular.

Sí, da igual que no te guste el death metal, porque el Symbolic va más allá. Es un disco exquisito de metal, con una lista de riffs increíbles uno tras otro que es un gustazo escuchar. Uno de los aspectos que destaco más de este álbum, y que lo hace muy especial, es la estructura de los temas, que siempre me ha causado curiosidad. El 95% de las canciones tienen una estructura de estrofa-puente-quizás otra estrofa-estribillo-lo mismo-parte intermedia con solo-quizás otra estrofa-último estribillo que quizás se repite. Los temas del Symbolic no se organizan así. Hay cuatro o cinco partes con sus respectivos riffs, sin saber realmente qué es la estrofa, un estribillo, una parte intermedia con solo (normalmente lenta) y de nuevo lo mismo del principio, una estrofa basada en cuatro o cinco riffs, o estrofa de un riff con cuatro puentes, o llámesele como se quiera. Siempre me ha parecido algo realmente peculiar, y que también está en el The Sound of Perseverance posterior.

En definitiva, un álbum que va mucho más allá del death metal. De hecho, si no te gusta la voz de Schuldiner, recomiendo igualmente que escuches esta obra maestra intentando obviar la voz. Es una genialidad absoluta de cómo hacer riffs de metal, de thrash, de death o como se le quiera llamar, llenos de clase, calidad, melodía e inspiración, y con una batería a su nivel: inigualable.


Anna Vidal (cantante y guitarrista de Abisme)

La verdad es que Death ha sido una grandísima influencia para mí (por no decir la más directa) tanto musical, al romper esquemas compositivos que al principio me dejaban a cuadros pero después sólo hacían que atraparme aún más; a nivel expresivo, no he encontrado solos que me llegasen emocionalmente más a fondo; como filosófico – no veo límites al mundo que ha creado Chuck Schuldiner; Multidimensional. Tuve la suerte de que la banda llegase a mis oídos cuando aún no llevaba mucho tiempo a la guitarra, en esa época en la que empezaba a aprender los primeros solos, Albert Archs me puso de deberes algunos riffs de “Spirit Crusher” y desde entonces este tema y en especial “Scavenger of Human Sorrow” pasaron a ser temas recurrentes en mi playlist variopinta del mp3. Igual por esta razón The Sound of Perseverance ha sido el disco que más me ha marcado de Death, seguido por Symbolic, Human y todos jaja

Tal como el título indica (e igual así induce a leerlo), veo este álbum lleno de conceptos simbólicos -que adoraría poder llegar a comprender en su totalidad- y la importancia que estos tienen, que según con qué ojos lo mires ni siquiera los ves. Conceptos, aprendizajes, formas distintas de entender y de enfrentarte a realidades que duelen, el poner palabras a conceptos de los que no se hablan y desde una perspectiva honesta, que no ansía poder y no teme a reconocer la fragilidad que el dolor te trae, de cómo cambia el valor atribuido según tu contexto variante.. Te acompaña en procesos que muy probablemente hayas vivido, generando así otra dimensión donde te atrapa, caminando a tu lado. Y a parte de todo un género literario que perfectamente son sus letras, te ofrece herramientas para crecer a nivel de consciencia, o como quien dice, espiritual.. Por esto disfruto mucho de tomármelo en plan “simbólico” pequeñas cosas, claves, detalles, pero de vital importancia.

Tendría dos añicos cuando salió Symbolic, así que no voy a ser yo quien hable del cambio de panorama que supuso dentro del metal o cómo sentó nuevas bases pero como generación que lo descubrí años después, puedo apreciar también en la música algo único, diferente (y cualidad a la que le doy mucho valor) genuino. Se nota que proviene de una fuente creativa que nunca tuvo miedo de innovar y a su vez que no se traicionó en lo que creía y quería hacer. Puedes apreciar todos los instrumentos brillar, tienes muchos cambios que fluyen muy bien de unos escenarios a otros, guitarras que juegan a un entremedio entre devenir riff o melodía, no hay tipología de riff estándar en Symbolic, rítmicamente es potente sin caer en constantes ritmos rapidísimos, hay mucho control de las intensidades y un gran equilibrio entre riffs más melódicos y rítmicos -con predominancia melódica-, el dónde recaen los pulsos en los riffs aportándoles tanta variedad, aún flipo cuando paro a analizarlo. Simplemente, “Symbolic”, “Zero Tolerance”, “Empty Words”, “Misanthrope” -por decir algunas-, obras maestras de estribillo que empieza lento, simple, directo, de menor intensidad seguidos de solacos, estrofas con elementos que rompen y llevan todo por lo alto otra vez sin perder variedad en cada una de ellas, icónicas. Pasan los años y sigues pudiendo apreciar los elementos que aportan ese toque genuino, cuidado y de gran fluidez de toda la obra. Son detalles, el elemento que te atrapa en el álbum. Por todos lados.

Y para acabar no podía faltar hablar de los solos, a posta lo he dejado para el final. Como supongo que tenía sentido -al verme en retrospectiva- empecé a profundizar a muerte en los temas de Death con “Scavenger of Human Sorrow”, entre reto personal y por lo mucho que me flipaban los solos de Chuck. Con guitarpro y transcribe! me saqué el tema, lo grabé del tirón y colgué a youtube, de este le siguieron varias covers de Death («Crystal Mountain» entre ellas) y una gran etapa de crecimiento como guitarrista donde al tocar y buscar imitar al detalle -las rápidas subidas, bajadas, “venazos” seguidos de melodías peculiares, vibratos, pinchs, palmutes particularmente colocados, bendings en los momentos exactos que te quitan la respiración, su forma de acabar – para intentar encontrar el aquello especial que me flipaba y paraba las conversaciones a la que sonaban los solos. Para remarcar algunos, el construido momento de los bends de “Crystal Mountain”, el tapping que lo precede, o los caminos que las guitarras exploran en “Zero Tolerance”. Lo que encontré lo incorporé y ahora forma parte de mi parte de tocar y mi parte de pensar. Luché y entré de cabeza en una banda que me flipaba entre otras cosas por tener una parte de Death como estilo en su base. Considero que ha sido mi escuela y me ha unido a mucha gente. Es por estas sensaciones, este camino, esta búsqueda de expresiones y el “hambre de crear” que Death también se hizo hueco en mi piel. Es un disco para sumirse, perderse y encontrarse después. El legado de Chuck Schuldiner y Death abre un mundo inmenso.


Albert Vila (director de Science of Noise)

No tengo del todo claro si Symbolic fue el primer disco de Death que llegó a mis manos. Es muy probable que antes que él ya me hubiera grabado Scream Bloody Gore y Leprosy en alguna de las múltiples cintas que acumulé en esa época de tape trading frenético en la que no escuchaba ni la mitad de lo que se acumulaba en mis estanterías. Porque muchas de esas grabaciones ya debían haber pasado por mil pletinas y, en consecuencia, sonaban como el puto ojal, así que a la hora de la verdad servían más para agrandar la lista de álbumes que poseía (y, con ello mi pedigrí metalero ante el resto de la tribu) que para darme la oportunidad de descubrir nada en demasiada profundidad.

Lo que sí que recuerdo es que Symbolic fue el primer álbum de la banda que me compré en CD, y por ello se mereció bastante más atención y muchas más escuchas que las que merecieron esas abandonadas y primitivas cintas. Aunque si queréis que os diga la verdad, y aunque por supuesto me gustaron muchas cosas de él, tampoco entonces acabé de quedar del todo atrapado al disco más allá del tema título (con el sonido simplemente espectacular de sus guitarras iniciales y las filigranas imposibles al ride del señor Gene Hoglan) o algún que otro corte que me entró más a la primera como es el archicelebrado «Crystal Mountain».

Pero misteriosamente, en vez de dejarlo en una segunda fila personal y ya está (como hice con tantos otros discos), en algún lugar de mi mente registré que se trataba de un discazo especial, y en mi subconsciente así lo traté durante unos cuantos años en los que acabé por asimilar la mayor parte de la discografía de Death (con más interés en la época progresiva que en la más estrictamente death, todo hay que decirlo), adquiriendo también Individual Thought Patterns (mi segundo álbum favorito de ellos a día de hoy), Spiritual Healing y The Sound of Perseverance en formato original. Los tres eran discos que me gustaban mucho (también Human) y que escuché relativamente a menudo, pero nunca me atreví a decir que los de Chuck Schuldiner eran una de mis bandas verdaderamente favoritas.

Imaginaos si los tenía en segundo plano que incluso la época en la que Chuck se puso enfermo y finalmente falleció de forma trágica me pasó un poco desapercibida, y de hecho no fue hasta al cabo de algunos años (no sabría deciros exactamente cuántos) y de muchos meandros musicales (desde el hardcore al post hardcore, pasando por el indie, el jazz o la electrónica) que volví donde mi cerebro sabía que algún día tenía que volver: a escuchar Symbolic con unas orejas totalmente renovadas y con todo lo que había aprendido durante este tiempo de asimilación de tantos y tantos estilos. Y entonces, amigos y amigas, todo hizo click.

Porque lo que mi subconsciente ya sabía se convirtió en certeza innegable: no tan solo Symbolic era una obra maestra, sino que con el tiempo se convirtió en uno de mis álbumes de cabecera y en uno de los discos que puedo considerar entre mis favoritos e imprescindibles en toda la historia del metal. No debe haber muchos álbumes que sienta que son absolutamente perfectos, inmejorables y de diez, pero este es sin duda uno de ellos. Porque tanto las canciones más conocidas (las propias «Symbolic» o «Crystal Mountain» que comentaba antes) como el resto de cortes («Zero Tolerance», «Empty Words», «1000 Eyes», «Without Judgement», «Misanthrope», ….) me parecen a día de hoy temazos absolutamente increíbles que me siguen haciendo babear aunque los haya escuchado chorrocientas mil veces.

El delicado balance entre brutalidad, elegancia y melodía que encontramos en este disco es casi alquímico, mientras que el sonido que consiguió sacarle Jim Morris es excepcional y perfectamente vigente a día de hoy. La calidad en la ejecución de todos y cada uno de sus miembros (con mención especial, por supuesto, para un Gene Hoglan que él sólo revolucionó la forma de tocar la batería a cada nuevo disco que grabara en esos tiempos) es sencillamente increíble. Siempre se ha dicho Symbolic fue la razón para que muchos músicos jóvenes se animaran a agarrar por primera vez una guitarra o unas baquetas, y la verdad es que no me extraña. En todo caso, se me ocurren pocos indicativos más definitivos para medir la influencia que pueda tener un disco o una banda…

También el tiempo me hizo apreciar el valor de una banda como Death, que igualmente consideraba de culto más por inercia y consenso generalizado que por apreciación personal. Todos y cada uno de los discos que parió Chuck Schuldiner junto a quién fuera que le rodeara en cada momento (incluido el de Control Denied) me parecen una auténtica delicia, y es absolutamente fascinante certificar cuán distinto, personal e innovador es cada uno de ellos. Por ello, es casi imposible encontrar ponerse de acuerdo sobre cuáles son los mejores o peores trabajos de la banda. Son todos tan jodidamente buenos y tan absurdamente originales que, como hemos visto en este reportaje, todo el mundo tiene sus preferencias a pesar de que el catálogo al completo reciba un respeto generalizado casi reverencial.

Porque es cierto que ni Chuck ni Death inventaron el death metal, el death metal progresivo, el death metal técnico ni el death metal melódico. Pero lo que sí que lo es es que su irrupción y su perfeccionamiento de cada uno de estos estilos fue pivotal para que cogieran vuelo y se convirtieran en ramas propias dentro de la evolución del metal extremo. No sé si la banda y el personaje de Chuck reciben hoy en día todo el crédito que posiblemente merecen como una de las figuras imprescindibles en la evolución del metal en todos sus sentidos, pero más allá de que hoy es cool dejar ir el nombre de Death (y por algo será), se me ocurren bien pocos actores que les lleguen ni tan siquiera remotamente a su nivel.

Y de todos los discos únicos y pivotales en el devenir del metal extremo que salieron de la mente de ese genio que fue Chuck Schuldiner, yo me sigo quedando con Symbolic. Tanto me flipa este álbum, de hecho, que no he podido evitar ser un pesado (como casi siempre) y, ante el levantamiento de ceja de alguno de ellos, hacer todo lo posible para convencer a la plana mayor de la revista de que el día de hoy se lo teníamos que dedicar monotemàticamente a este disco. Es la primera vez que lo hacemos en nuestra historia y la verdad es que creo que nos ha quedado genial, con cuatro artículos variados y extremadamente interesantes que nos ayudan a poner en valor el que, para mí, es uno de los grandes discos de la historia del metal. ¡Felicidades, Symbolic, y muchas gracias por todo una vez más, Chuck!

Avatar
Sobre Albert Vila 793 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.