Coroner – Mental Vortex: 30 años de uno de los cúlmenes del thrash

Ficha técnica

Publicado el 12 de agosto de 1991
Discográfica: Noise Records
 
Componentes:
Ron Royce - Voz, bajo
Tommy T. Baron - Guitarra
Marquis Marky - Batería

Temas

1. Divine Step (Conspectu Mortis) (7:05)
2. Son of Lilith (6:55)
3. Semtex Revolution (5:31)
4. Sirens (4:56)
5. Metamorphosis (5:35)
6. Pale Sister (4:55)
7. About Life (5:18)
8. I Want You (She's So Heavy) (The Beatles cover) (7:15)

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Casi todos los que tenemos la suerte de ser aficionados al maravilloso mundo de la música extrema pasamos por tres fases en nuestra toma de contacto con el género casi ineludibles. En un primer momento, escuchamos una canción o un disco que nos introduce a él, una primera toma de contacto con alguna de las bandas denominadas como comerciales hace que nos obsesionemos con ella. El tiempo transcurre y escuchas nuevas bandas y nuevos trabajos hasta que otro de ellos te hace un clic. Ese disco te abre las puertas a otro mundo, uno que ni imaginabas que existía, y con el tiempo, todo lo que creías adorar palidece ante lo nuevo, y terminas rechazando todas aquellas canciones por las que empezaste (salvo alguna honrorable excepción).

Finalmente, en la última etapa tras muchas escuchas a diferentes bandas, acabas conciliando tu pasado con tu presente, y aprendes a valorar a cada banda por lo que es, y no por aquello que pretendes que sea (salvo alguna deshonorable excepción). Pues bien, este es uno de los discos fundamentales en mi evolución musical, pues no solo me abrió la puerta a un mundo que yo ni tan siquiera imaginaba dentro del metal, sino que sentó cátedra sobre cada una de esas nuevas vías. Es un disco que me hizo querer empezar a tocar y querer dejarlo al mismo tiempo, es un disco que me ha hecho crecer, y mientras más crezco más crece el disco. Y para cerrar esta introducción voy a decirlo sin paliativos, este me parece junto al Rust in Peace de Megadeth y el By Inheritance de Artillery lo mejor que ha parido el thrash en toda su historia y entraría, sin duda, en un top ten personal de los mejores discos de metal en general.

Coroner es una de esas bandas de trayectoria corta pero intachable. Creo que ninguno de sus cinco discos puede bajar de la categoría de excelente, y cualquiera de ellos podría considerarse una obra maestra sin generar ningún tipo de polémica. En el R.I.P. (1987) demostraron su calidad técnica con canciones muy rápidas y llenas de elementos de fusión con otros géneros; en el Punishment for Decadence (1988) perfeccionaron esa corriente con canciones más elaboradas que no perdían esa fuerza thrasher de los inicios. Con el No More Color (1989) apretaron un poco el freno en sus ritmos y combinaron composiciones más complejas que en sus anteriores discos con pasajes más atmosféricos. Y esa desaceleración constante hacia tonos más ambientales y propios del progresivo, sin perder nunca la perspectiva de thrash técnico de la que hace gala la banda, sería el camino a seguir tanto para el disco que nos ocupa (Mental Vortex), como para su último disco Grin (1993), donde llevarían la fórmula un paso más allá hasta casi abandonar el thrash. En mi modesta opinión, los discos que mejor compilan su sonido y que conforman el genoma de lo que sería la banda son el No More Color y el Mental Vortex, que se sitúan justo en el impás entre el thrash técnico y el thrash progresivo; y de entre los dos el que nos ocupa me parece que se encuentra un ligero peldaño por encima por la definición de un sonido del que me parece que han sido amos y señores.

El disco empieza con una de las mejores canciones de la banda (y una de las favoritas de su batería, Marky Edelmann), «Divine Step (Conspectu Mortis)». El riff de inicio (que comienza tras la ligera introducción del tema) nos presenta el disco de manera espectacular. Un riff simple pero de métrica compleja se repite de manera esquizofrénica mientras la batería trata con diferentes ritmos de estabilizarlo; tras cinco cambios de ritmo entra la voz de Ron “Royce” Broder cuando la batería consigue elaborar su ritmo más agresivo, entrando con una autoridad al tema que te hace olvidar su complejidad de inmediato. A mitad del tema se adentra en un pasaje ambiental que también sentará las bases de lo que está por venir: arpegios oscuros pero bellos, batería constante y sólida acompañada de un bajo que complementa los dos instrumentos de manera sensacional. Todo ello seguido por un cambio de ritmo que nos introduce a uno de los espectaculares solos del que para mi gusto es la estrella de la banda y uno de los mejores guitarristas de la escena: Tommy Vetterli.

«Son of Lilith» es probablemente mi tema favorito del álbum, y una de aquellas canciones que creo que es capaz de revolucionar un género, a la vez que da por finalizada esa revolución porque la canción es ya insuperable. El riff de inicio combina la clásica técnica del downpicking y los power chords propios del thrash con la inclusión de un arpegio oscuro al final del riff, que lo mantiene en ese limbo entre lo puramente thrash y lo ambiental. La batería se dedica a reforzar el inicio con golpes contundentes y elegantes que mantienen la dureza del riff. El pasaje evoluciona hacia unos fraseos en espiral de las guitarras mientras la batería se acelera, para finalmente entrar con la estrofa cuando el ritmo vuelve a estabilizarse. Esta técnica de cambiar el ritmo justo antes de que la voz de Royce entre por primera vez, es algo que se repetirá en el disco en múltiples ocasiones y que genera una contundencia difícil de igualar cada vez que éste suelta sus versos. El tema discurre entre partes más agresivas y otras más melódicas (como aquellas que preceden al solo), hasta que finaliza en un outro maravilloso donde Coroner nos mete de lleno en uno de sus pasajes ambientales llenos de arpegios disonantes y opresivos.

Tanto «Semtex Revolution» como «Sirens» siguen la estela marcada por las canciones anteriores: riffs que combinan arpegios con aquellas técnicas más comunes del thrash, intrincadas estructuras, fraseos disonantes y que parecen hacerte descender por una espiral infinita, y una sección rítmica sólida, sin grandes florituras en los fills, ni grooves demasiado enrevesados, pero llena de unos cambios de ritmo que conducen, con la precisión de un reloj suizo, a la enmarañada guitarra de Vetterli hacia caminos mucho más firmes. Esa es una de las cosas que más me gustan de Coroner y que creo que algunas de las bandas sobre las que han ejercido más influencia (como Vektor, por ejemplo) adolecen; sus construcciones son complejas, pero jamás pierden esa firmeza debido a que dos de los tres instrumentos se mantienen siempre sólidos en un groove mientras el tercero discurre por las complejidades de éste. Así pues, cuando la batería se torna intrincada o excesivamente cambiante, es la guitarra la que mantiene ese pulso, y viceversa.

Con un lento ritmo a manos de Marky entramos en «Metamorphosis» que tiene una de las mejores construcciones iniciales que yo haya visto jamás, haciendo gala de todos y cada uno de los recursos que he ido nombrando a lo largo del artículo, hasta llegar a esa parada sobre el minuto 1 que da comienzo a la estrofa con una fuerza brutal. El solo de esta canción es una demostración más del buen hacer de Vetterli, pero para ser justos, más que el solo en sí es una vez más cómo se llega a él, y ahí, en esas construcciones arquitectónicas de riff tras riff, sonido sobre sonido es donde Coroner no tienen rival.

«Pale Sister» es en mi opinión quizás su tema más flojo (sin contar el cover de los Beatles), y que semejante temazo sea tu peor canción habla demasiado bien de este álbum. El riff sobre el que Royce canta “Pale sister, ancient blood” es uno de los mejores que yo he escuchado jamás, y su final me parece apoteósico; pero lo coloco un peldaño por debajo de los demás, porque la estructura no me llega de la misma manera en que lo hace en otras canciones, y las elaboraciones me parecen ligeramente menos imaginativas. Aún así, para mi no bajaría de un 8,5 con lo que os podéis hacer una idea de las demás notas.

Finalmente el disco cierra con otra maravilla como lo es «About Life»; que abre con un riff de reminiscencias neoclásicas y que recuerda al Coroner del No More Color hacia atrás, para entrelazarse con otro más groovie hasta que estalla todo con la entrada de la estrofa. El estribillo es pegadizo al nivel de «Walk» de Pantera, y todo el pasaje anterior al solo vuelve a sentar cátedra sobre cómo se deben hacer los puentes en una canción. El álbum cierra con una cover de «I Want You (She’s So Heavy)» que pese a disgustar a gran parte de los fans que no comprenden qué pinta una versión de los Beattles en semejante álbum, considero que es toda una declaración de intenciones. Donde los suizos parecen decir que la vertiente del metal que exploraron los de Liverpool con esta canción (esa combinación de arpegios oscuros y disonantes en espiral, mezclados con baterías a medio tiempo y guitarras herederas del blues) es el fenotipo de todo el álbum y un camino nada explorado por la escena coetánea que se centraba en sonar o bien más agresivo o bien más complejo. 

En resumen, un disco extraterrestre, una obra seminal, con un Royce en la mejor de sus formas vocales, un Vetterli en estado de gracia (que por otra parte es su estado ordinario), y un Marky sumamente original y preciso en la batería. Es uno de esos álbumes que sale una vez cada década, pero que está condenado a permanecer en el apartado de culto por el difícil acceso que tiene su escucha. Ese álbum que siempre aparece en los tops a modo de mención, pero que nunca copa los primeros puestos por falta de fama. No es un disco sencillo, pero es de aquellos en los que una vez entras ya no puedes salir.