Canciones perfectas: «Shine on You Crazy Diamond» de Pink Floyd

«Cuando empezamos a grabar el disco la mayoría de nosotros no quería estar allí, deseábamos estar en otra parte.» (Roger Waters)

Pocas canciones tienen la fuerza y el impacto que posee la colosal «Shine on You Crazy Diamond» de Pink Floyd. Puede que a David Bowiel le debamos el vuelo espacial más famoso a lomos de «Space Oddity», pero no necesitas ponerte casco y botas. En esta pieza de Pink Floyd sí. Son 25 minutos repartidos en nueve partes y es todo un homenaje a Syd Barret. Cuando ese junio de 1975 les visitó Syd en el estudio de grabación, antiguo líder del combo, nadie reparó que ese tío feo, calvo y obeso era su amigo y ex compañero de banda. Algunos de ellos (se dice) lloraron al darse cuenta de quién era. Ese encuentro vertebró un homenaje que llegó a los 25 minutos de duración y se la considera como el mejor single de la historia de Pink Floyd. Se basa especialmente en la guitarra de David Gilmour y reposa en colchones mullidos de teclado que forman una preciosa constelación para que la nave de seis cuerdas avance.

El impacto

El disco se recibió de forma poco entusiasta hasta que caló llegando al número 1 en Estados Unidos y en el Reino Unido. Pink Floyd no solo mantuvo el extraordinario nivel atesorado en su anterior Dark Side of the Moon, sino que incluso fue más allá. Eran tiempos en los que el grupo estaba tocado por las musas, y lo que vendría… Fue grabado en los Abbey Road Studios. No nos extenderemos más pues tocará hacer algún día un reportaje largo y extenso de esta colosal obra en la que, ya viendo la portada, uno ve que estamos ante otro hito musical.

«Ser un Pink Floyd»

Durante los 80 se hizo usual y corriente la frase de «ser un Pink Floyd», y era básicamente el «ser un flipado». También se referían a los tipos que vestían raro o diferente. El mismo David Broncano confesó en su programa que de pequeño le llamaban «Pink Floyd», con cierta connotación despectiva. Hay programas de televisión y anuncios que han utilizado la canción. Es el caso de Cuarto Milenio pues tiene en el momento de la editorial, cuando habla Iker Jiménez y desnuda su opinión personal al final del programa, el «Shine on You Crazy Diamond» de los Floyd de fondo. Casa de maravilla con esa pretensión estelar de ir hacia lo desconocido. La nave del misterio de la que el presentador siempre nos habla.

La música y la letra: un todo

La primera parte es una introducción majestuosa de tres minutos y cuarenta segundos en los que los teclados de Richard Wright y la guitarra de David Gilmour acarician el cosmos. De verdad que puedes creer que, si hay una música en los astros, sea esta. Es aparentemente sencilla, pero también era la nueva realidad de Pink Floyd en la que habían descubierto el sonido para llegar a las masas despojándose de la psicodelia y el ácido de sus primeros días. Aquí el menos, es más. El ritmo es lento y el avance un poco imita a los astronautas flotando en la ingravidez de la nave espacial. Hay incluso unos perros ladrando, casi imperceptibles. La citación del diamante podría ser referencia a los Beatles y al «Lucy in the Sky with Diamonds», siglas de LSD, una de las drogas que solía tomar el bueno de Syd. Pero si nos gusta jugar con las siglas… ¿Qué os parece esto?

(S)hine on
(Y)ou Crazy
(D)iamond

Atención a la letra pues pocas personas han recibido un homenaje más alucinante que este. Lo que dice el grupo es maravilloso, aunque sorprende que se haga una retahíla de halagos de una forma tal que parece que Syd hubiera fallecido. Era un homenaje a un muerto en vida. En parte, su amigo Syd Barret había desaparecido, y el calvo y gordo que apareció ese día era para ellos otra persona que poco o nada tenía que ver con quien admiraron y crecieron como músicos.

Hay otro segundo solo diferenciado del primero y el tercero se adentra en terrenos más blues. En la primera frase de texto se acompañan las palabras con unas risas buscando el subrayado de tiempos felices, y la guitarra, hace de eco a lo que narra la voz. En el minuto 11 entra el saxofón de Dick Parry que le da el relevo a la guitarra, y el solo que ataca, un poco, está basado en la genialidad que les supuso el «Great Gig in the Sky» de su anterior obra, que era en si misma un solo vocal femenino (y estratosférico).

«Recuerdo cuando éramos jóvenes,
tú brillabas como el sol.
Sigue brillando, diamante alocado.
Ahora tienes esa mirada en tus ojos,
como agujeros negros en el cielo.
Sigue brillando, diamante alocado.
Te viste atrapado entre el fuego cruzado
de la infancia y el estrellato.
Arrastrado por la gélida brisa.
Vamos, tu meta es la risa distante.
Vamos, desconocido.
Tú, leyenda, mártir, y brilla.

Intentaste alcanzar el secreto demasiado pronto,
lloraste por la luna.
Sigue brillando, diamante alocado.
Amenazado por las sombras en la noche,
y expuesto a la luz.
Sigue brillando, diamante alocado.
Bueno, ya agotaste tu bienvenida
con una precisión casual.
Cabalgaste sobre la gélida brisa.
Vamos, fiestero.
Tú, profeta de visiones.
Vamos, pintor.
Tú, flautista, prisionero, y brilla.

Sigue brillando, diamante alocado.»

Las letras capturan la indefinible melancolía de la desaparición del Syd Barret que ellos conocían. Syd, miembro fundador de Pink Floyd tuvo un colapso mental tras sacar el primer disco The Piper at the Gates of Dawn y dejó el grupo al año siguiente. La temática del disco versa sobre le pérdida y la ausencia combinada con el cabreo que uno siente a la hora de ver como la industria te engulle, te mastica y puede escupirte. Barret luchó contra la presión de conseguir de conseguir hits exitosos a la vez que emprendía agotadoras giras en las que la fiesta podía con él. En la letra se le cita como fiestero y también se refieren a él como el «gaitero» (The Piper) en referencia al título de su primer disco. El chico era demasiado sensible y no estaba hecho para la carretera.

La segunda parte cierra el disco y posee retazos de la primera pues en las letras repetimos. Se encuentra la unidad pretendida  con ese viento que proviene del «Wish You Were Here», otra obra maestra del disco que, posiblemente, deberemos calificar como canción perfecta pronto o tarde. Hay solos de guitarra diferentes y el primero entra en terrenos funkies apoyados por teclados atmosférico-galácticos que deambulan hacia un fade out que desemboca en un cambio de tercio final con todo el protagonismo para Wright. Antes el teclista hace hablar ese minimoog. Hay incluso otra referencia a Barret en un inclusivo fragmento del «See Emily Play», canción compuesta por Syd en sus primeros días. ¡Genial!

Veredicto

Más allá de los gustos personales que uno pueda tener queda claro que hay varias canciones que están por encima de las demás y que tienen que entrar sí o sí en este reportaje de canciones perfectas. «Free Bird», «Bohemian Rhapsody», «Stairway to Heaven»… El paso del tiempo ha hecho de filtro y las ha elevado a los altares. Pues bien, esta es otra. Pink Floyd es un grupo que tiene varios temas candidatos a gozar de la perfección y sin duda alguna «Shine on You Crazy Diamond» es una de las más perfectas de todas. Pocas composiciones cuentan con una sensibilidad tan a flor de piel, una letra tan desgarradora y un universo de imágenes y sonidos como este. Esto es música en mayúsculas. Lo increíble de todo es que su extensión evidente pasa como un suspiro, saboreable a cada minuto, a cada segundo.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 462 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.