Blind Guardian – Imaginations From the Other Side: 25 años de una obra cumbre

Ficha técnica

Publicado el 5 de abril de 1995
Discográfica: Virgin Records / Century Media Records
 
Componentes:
Hansi Kürsch - Voz, bajo
André Olbrich - Guitarra
Marcus Siepen - Guitarra
Thomas "The Omen" Stauch - Batería, percusión

Temas

1. Imaginations from the Other Side (7:18)
2. I'm Alive (5:29)
3. A Past and Future Secret (3:47)
4. The Script for My Requiem (6:08)
5. Mordred's Song (5:27)
6. Born in a Mourning Hall (5:12)
7. Bright Eyes (5:15)
8. Another Holy War (4:31)
9. And the Story Ends (5:59)

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Si hablamos de power metal, es evidente que Helloween y las dos partes de sus Keepers se llevan la palma, tanto por calidad como por innovación y frescura. Sin duda fueron la semilla de un estilo que mantuvo a flote y reinó la segunda mitad de los 90. Si hay otro disco icónico del estilo, otro “punto y aparte” capaz de aportar frescura y originalidad, así como ser el anclaje perfecto entre dos maneras de ver el power por una misma banda, ese es “Imaginations from the Other Side”, de Blind Guardian. Quizá no me haya expresado con claridad y haya dado muchas vueltas a una idea muy concreta y simple: tras los Keepers, este es el disco más importante (y, para el que firma, mejor) del estilo. Y, por supuesto, de la banda.

Los bardos ya venían con cierto nombre. En 1995 tenían cuatro discos de estudio en los que su música se basaba en el doble bombo, guitarras directas y melódicas, letras muy épicas y fantasiosas pero que, realmente, no aportaban novedad. Sí, eran (muy) buenos discos y tenían (muy) buenas canciones, pero ni se veía ni se intuía ninguna posibilidad de pasar a la historia. Hasta que parieron esta maravilla, uno de los discos más perfectos que he escuchado en mi vida. Es cierto que, por evolución personal, hoy en día apenas escucho nada del grupo, casi ni del estilo, pero las evidencias son eso, evidencias, y apenas admiten discusiones.

Imaginations from the Other Side fue la obra cumbre de los de Hansi. Con él rompieron el molde de un estilo bastante estancado, y también con él encontraron el punto intermedio perfecto entre lo que hacían, ya mencionado, y lo que harían en el futuro, quizá excesivamente orquestado y barroco. Las guitarras, llenas de efectos, le dan un sonido que nunca antes había escuchado y que no creo que hayan vuelto a tener, ni siquiera con su celebrado Nightfall in Middle Earth (1998). Ese sonido conseguiría que, estuvieses donde estuvieses y aunque sólo hubieras escuchado un solo tema del disco, pudieras reconocer al grupo e, incluso, al álbum. Las atmósferas de ciertos temas fueron más que celebrados, y aunque los efectos mencionados hacían que, de primeras, su música sonase algo extraña, la caña no estaba en absoluto ausente. De hecho, la rapidez no disminuyó respecto a su anterior versión (especialmente en el Tales from the Twilight World (1990), mi disco preferido de esa primera época). En aquella época Thomas «The Omen» Stauch se convirtió en uno de mis baterías de referencia.

Pero no dejemos que el fanboy que aún se esconde en mi alma tenga la verdad auténtica, veamos que se dice por ahí. La media en Allmusic es de 4.5/5. En Rate Your Music, excepto un par de tíos que lo ponen por los suelos, la media está en 4.5/5 (con muchos 5/5) y en Amazon le ponen, también, cinco estrellas. Por dar algún dato más, el disco fue considerado el 373 de entre los 500 mejores álbumes de rock y metal según Rock Hard, y Loudwire lo considera el segundo mejor disco de power metal de su top 25. No miento al decir que es uno de los dos o tres discos más importantes del estilo, tiene todo lo que el estilo requiere: batería imponente, unas guitarras que, como ya he dicho, son memorables, arreglos (y toda la producción y mezcla que viene detrás, de mano de uno de los que auparon a Metallica) enormes y una voz que se convierte en la guinda del pastel. Con una textura y un timbre nada típicos, es en nuestro protagonista en el que Kursch se destapa como un vocalista más que decente (y muy poco valorado). Sabiendo combinar tonos suaves con otros más agresivos que culminan en coros antológicos, al abanico que tiene el alemán no suele ser de lo más común en el metal de aquél país. Además, fue el disco que trajo de vuelta la colaboración de Kai Hansen con los bardos, gran amigo suyo que ya había aparecido al principio de su carrera. También sería el último disco con Kursch al bajo.

Si entramos de lleno en las canciones, nos encontramos nueve temas de los que, el peor de todos, merece un notable alto. Encontramos rapidez, medievo, medios tiempos y mucha y variada melodía. Abre el disco el tema homónimo, y más que enrollarme, os dejo este link a un artículo que habla sobre ella. “I’m Alive” le sigue, y es el gran ejemplo de que la caña, con este cambio de fórmula, no se perdió. No sé si es la canción más rápida que habían hecho hasta la fecha, pero seguro que está en un hipotético top 5. A mí es una de las dos que menos me gustan del disco, y es un auténtico temazo, así que el resto… El trío inicial lo cierra la artúrica “A Past and Future Secret”. Si bien es cierto que la temática se irá repitiendo a lo largo del disco, este tema en particular es el que me ha llevado a escribir, antes, la palabra “medieval” para hablar del disco. Los acústicos se entremezclan con arreglos suaves en un in crescendo que, en ningún momento, hace de él un tema cañero (que no malo).

Pero ojo, no nos dejemos engañar, que “The Script for My Requiem” llega como uno de los temas puntales del disco. La intro de bajo es inconfundible, y desde muy al principio la velocidad se hace protagonista. Las guitarras nos acompañan por parajes de todo tipo, como las voces de un Hansi pletórico en la piel de un cruzado en busca del Santo Grial y de sí mismo. El estribillo es memorable. Bueno, todo el tema lo es, para qué mentir.

Retomamos las leyendas artúricas con “Mordred’s Song”. De nuevo acústico y eléctrico se mezclan, aunque dejando tanto ese aire medieval que tenía el otro tema. Quizá podríamos decir que la canción desprende melancolía, aún sin tener un ápice de tristeza.

“Born in a Mourning Hall” trae de vuelta la velocidad, y es el otro tema que menos me gusta del disco. Qué cosas, a un amante del doble bombo, los dos temas que menos le atraen son dos de los más rápidos del disco. Eso sí, sirve de entrada a la que, quizá, es la mejor canción de disco, “Bright Eyes”. Misteriosa, con unos coros muy difíciles de reproducir en directo, atmosférica y no excesivamente trallera, el riff principal, unido a esos contratiempos en los hi hats, hace que escucharla sea una delicia. Y Hansi en el estribillo… ¡enorme!

Casi llegamos al final, y lo hacemos de mano del doble bombo de Thomas en “Another Holy War”. Otra de las destacadísimas con un estribillo agresivo a más no poder. La voz (de nuevo, sí) tiene mucho que decir.

Para el final dejamos una canción con título idóneo, “And the Story Ends”. No es acústica, pero podría serlo perfectamente. El medio tempo da paso a unas melodías preciosas, tanto instrumentales como vocales. Broche de oro para un disco de oro.

Pues sí, esto es Imaginations From the Other Side, un disco descomunal, atemporal (esto solo a medias), tremendamente bien pensado y parido, con unos temas inmortales y que encumbró a un grupo que realmente mereció estar en lo más alto. 25 años cumple. Un cuarto de siglo. Joder, cómo pasa el tiempo…

Xavi Prat
Sobre Xavi Prat 227 Artículos
Llevo en esto del heavy más de media vida. Helloween y Rhapsody dieron paso a Whitesnake y Eclipse, pero Kiske sigue siendo Dios. Como no sólo de música vive el hombre, la literatura, Juego de Tronos y los tatuajes cierran el círculo. Algunas personas dicen que soy el puto amo, pero habrá que preguntarles por qué.