Biohazard – Biohazard: 30º Aniversario del irregular debut discográfico de los Reyes de Brooklyn

Ficha técnica

Publicado el 30 de junio de 1990
Discográfica: Magnetic Air Productions Inc.
 
Componentes:
Evan Seinfeld - Voz, bajo
Billy Graziadei - Voz, guitarra
Bobby Hambel - Guitarra
Danny Schuler - Batería

Temas

1. Retribution (4:26)
2. Victory (2:29)
3. Blue Blood (2:29)
4. Howard Beach (2:09)
5. Wrong Side of the Tracks (3:54)
6. Justified Violence (4:09)
7. Skinny Song (2:27)
8. Hold My Own (2:38)
9. Pain (2:35)
10. Panic Attack (3:30)
11. Survival of the Fittest (2:16)
12. There & Back (4:02)
13. Scarred for Life (4:15)

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Hoy se cumplen tres décadas del homónimo debut de Biohazard, un trabajo cuyo prácticamente único mérito radica en el hecho de ser el primero de los de Brooklyn, Nueva York una de las bandas más míticas de los 90.

Biohazard fue una de las primeras bandas en incorporar regularmente elementos de hip-hop y metal a su sonido eminentemente hardcore, haciendo de esta mezcla el envoltorio casi perfecto para describir la dureza de la vida urbana que narraban sus letras. Esa ira y esa frustración resultantes tendría su máximo exponente unos meses más tarde del debut que aquí nos ocupa, cuando Anthrax y Public Enemy unieron fuerzas en 1991 para revisitar conjuntamente el clásico «Bring the Noise». Cuando Biohazard se formó en 1988 en Brooklyn, su sonido estaba mucho más cerca del de los de Belladonna que del de los de Chuck D. El lineup original estaba formado por Billy Graziadei (voz, guitarra), Evan Seinfeld (voz, bajo), Bobby Hambel (guitarra) y Danny Schuler (batería). Comenzaron a abrir para bandas locales de hardcore y thrash y gradualmente fueron ganando un gran número de seguidores a base de girar y de quejarse de todo, líricamente hablando. Este debut se lanzó en 1990, pero no fue hasta un par de años más tarde que lo petarían con el inmenso Urban Discipline (1992), tras fichar por Roadrunner Records.

Pero, ¿por qué nunca han llegado hasta dónde muchos creemos que deberían haber llegado? ¿Es quizá este debut, en cierta manera, culpable? Para much@s, el hecho de que añadieran rap a su propuesta hardcore no fue un acierto. ¿Acaso no saben rapear? Cuestionarse esto, 30 años más tarde, no merece la pena y, en cierta manera, me parece injusto e insultante. Estamos hablando de una banda top dentro del panorama alternativo / rapcore de las últimas décadas, un cuarteto que ayudó a engendrar el caldo de cultivo de un género como el nu metal mucho antes de que Jonathan Davis se enfundara por primera vez el chándal Adidas o de que Fred Durst se hiciera con su primera gorra roja de los Yankees. En sus primeros álbumes, estaban mucho más cerca del hardcore, pero con un estilo proto-nu metal que eventualmente conduciría al nacimiento de tan defenestrado género.

Su primer álbum no es brillante, y seguramente no asomó el hocico por ningún top de la época. Es más, me atrevería a decir que no ha envejecido del todo bien. Los riffs son pesados, cayendo sobre tus tímpanos desde el minuto cero. Hacen que te metas de lleno en su propuesta musical, en lo que también colabora la batería y, sobre todo, el bajo del señor Seinfeld. Pero hay demasiadas pistas que suenan forzadas e incluso repetitivas. El problema creo que radica en las voces y en las letras, que aunque por momentos pueden resultar creíbles y conmovedoras, insisto, no han envejecido bien. Eso de ser el llorón de clase no se les dio del todo bien, pero la fórmula sí que les acabó de funcionar, pues fueron un ejemplo a seguir -como ya he dicho- para la mayoría de futuras bandas de nu metal.

Hay que recordar que este disco veía la luz al mismo tiempo que el thrash metal empezaba a despuntar en la otra punta del país, haciendo que tanto la East como la West Coast siguieran un curso y un camino similares. Las diferentes variaciones melódicas y demás cambios conceptuales que uno percibe en este Biohazard no ayudaron del todo a que la escena más dura de Nueva York siguiera en ascenso. En otras palabras: Biohazard no hicieron gran cosa para revitalizar el hardcore. He aquí la respuesta a la duda anteriormente planteada.

En general, el disco llega al aprobado alto gracias a algunos de sus temas. Destacan la primera mitad de la inicial «Retribution», con ese inicio inspirado en The Godfather: Part 2 (1974), cuando Michael Corleone le dice a Frankie Pentangeli aquello de:

«My father taught me many things here – he taught me in this room. He taught me: keep your friends close, but your enemies closer.»

El combo formado por «Blue Blood» y la que le sigue, «Howard Beach», son un buen ejemplo de por dónde deberían haber tirado para que el conjunto brillara con más fuerza. Y, obviamente, «Survival of the Fittest», uno de los títulos más utilizado en la historia de la música, y la final «Scarred for Life» (bonito piano inicial), título este que sería utilizado posteriormente por Ignite para su debut de 1994 y por los samoanos («Skared for Lyfe») Boo-Yaa T.R.I.B.E. en su finísimo Angry Samoans (1997).

Este trabajo siempre ha tenido la soga alrededor del cuello por culpa de sus posteriores trabajos; especialmente culpable es Urban Discipline, lo que sugiere que quizá la banda simplemente estaba afinando su propuesta musical que acabaría por desembocar en el rap-metal de su majestuoso State of the World Address (1994), que les abriría las puertas para irse de tour con Slayer y Machine Head.

Técnica y conceptualmente primitivo, el debut de Biohazard fue concebido en su particular laboratorio hardcore a modo de experimento para agradar a unos pocos devotos del género y para ayudar a sentar las bases del sonido más duro de los 90, y solo por eso me alzo y me quito el sombrero.

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 370 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.