Azusa – Heavy Yoke

Nuestra Nota


9.25 / 10

Ficha técnica

Publicado el 17 de noviembre de 2018
Discográfica: Solid State Records
 
Componentes:
Eleni Zafiriadou - Voz
Christer Espevoll - Guitarra
Liam Wilson - Bajo
David Husvik - Batería

Temas

1. Interstellar Islands (3:40)
2. Heart of Stone (3:47)
3. Heavy Yoke (4:01)
4. Fine Lines (1:57)
5. Lost in the Ether (3:15)
6. Spellbinder (2:40)
7. Programmed to Distress (3:03)
8. Eternal Echo (3:24)
9. Iniquitous Spiritual Praxis (3:38)
10. Succumb to Sorrow (1:47)
11. Distant Call (2:53)

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Azusa es una ciudad ubicada en el condado de Los Ángeles, en el estado estadounidense de California, que en el año 2008 tenía una población de 44.712 habitantes. A día de hoy, a finales del 2018, su población se ha visto reducida drásticamente a solo cuatro habitantes, y no es precisamente por culpa de los incendios que han asolado la zona recientemente.

Una orgía de contrastes y de buen gusto. Eso es realmente Azusa, una nueva banda cuya música te llenará y cautivará sin remedio, lenta y pausadamente, pero con ese twist de cambios rítmicos a lo loco que tanto me enamora. Uniendo las habilidades complementarias de sus diferentes miembros, la vocalista Eleni Zafiriadou (Sea, Air), el bajista Liam Wilson (The Dillinger Escape Plan) y los componentes de Extol Christer Espevoll (guitarra) y David Husvik (batería), nos llega esta mezcla tan explosiva como perturbadora de thrash/death experimental. ¿Te imaginas a Kate Bush al frente de Slayer o a Death colaborando con Annette Peacock? Estas influencias supuestamente tan incongruentes se disuelven a la perfección en tan seductora alquimia sonora. Intransigentemente experimental, el enfoque de Azusa muestra las fortalezas únicas de cada uno de sus miembros como una reacción a sus proyectos anteriores, más que una extensión de estos mismos. Reflexionando sobre los misterios existenciales de la vida, las letras de Azusa buscan explorar las disonancias cognitivas en la encrucijada de la educación, el misticismo, las creencias y la traición. Desafiando las expectativas al abrazar la contradicción, la banda encuentra fuerza en la vulnerabilidad, la armonía en la disonancia y su melodía en la discordia.

Este soberbio debut seguramente habrá llegada hasta tus oídos de la misma forma que ha llegado hasta los míos, y de la misma forma en que llegó el espectacular segundo larga duración de The Black Queen Infinite Games (2018). Es decir: porque en él aparece un ex miembro de The Dillinger Escape Plan, autores del mejor álbum del pasado año 2016, Dissociation. Pero en esta ocasión no es Greg Pucciato el protagonista, sino su ex compañero, Liam Wilson. De hecho, es de recibo decir que durante muchos pasajes, Azusa suena como Dillinger pero sin Pucciato tras el micrófono. Pero la estrella aquí no es un hombre, sino la vocalista Eleni Zafiriadou, que pasa de la melodía a la rabia en cero coma, mostrando un rango vocal tan vasto que asusta. Muy en la onda de Eva Spence, líder de Rolo Tomassi.

Escuchar este disco por primera es todo un viaje. Es fresco y diverso, pero perfectamente coherente, donde el todo no se entiende sin cada una de las piezas de su puzzle. Caos dentro del caos, pero con momentos de luz. es como toda un a sucesión de pesadillas que pasan ante uno dentro del más placentero de los sueños. Cuando lo acabes, seguramente te preguntes que qué coño acabas de escuchar, lo cual es genial pues Heavy Yoke es ese tipo de trabajos que has de tirar pa’trás para escuchar una y otra vez no vaya a ser que se te ha pasado algo. Y, como sucede con los trabajos de verdad, cuanto más lo escuchas, más emociones te asaltan la cabeza. Es como si las experiencias vividas tras una primera, tras una segunda, tras una tercera… escucha, van variado y bailando en el interior de tu cabeza a medida que los mismos ritmos y los mil y un patrones diferentes que componen las canciones resuenan, una y otra vez, dentro de ti. En la variedad está el gusto, y mucho me temo que moriréis de gusto esta vez.

La inicial “Interstellar Islands” es un muy buen indicador de lo que te vas a encontrar en este trabajo. Empieza caótica e hipnotizante, y las partes más pegadizas son, precisamente, las más misteriosas. “Heart of Stone” mezcla voces limpias embadurnadas con un halo muy shoegaze, y esta combinación te deja sin aliento, con apenas tiempo para poder respirar. El caos continua con la homónima “Heavy Yoke”, que te pega directamente en la tocha y no dejas de sangrar hasta el final. Es quizá la canción más genuinamente DEP aquí contenida.

Con “Fine Lines” la banda levanta levemente el pie del acelerador. Se trata de una canción bastante más limpia y melódica. Es en su emoción en la que uno encuentra un resquicio donde poder respirar y seguir adelante con la escucha. Pero, acto seguido, nos metemos de lleno en “Lost in the Ether” y con ésta regresan los riffs pesados y violentos de los tres primeros cortes, junto con los alaridos. El tema no abandona del todo la melodía de su predecesora, pero provoca en ti que te quieras aferrar a la voz con más fuerza si cabe.

“Spellbinder” es rápida y burra, y las voces limpias del final son sublimes. “Programmed to Distress” es más lenta y sludgy y las voces, de nuevo limpias, se van acumulando y te dejan con una especie de suspense al final, por otro lado como cualquiera de las canciones aquí contenidas. Cuando llegas a “Eternal Echo” y a “Iniquitous Spiritual Praxis” notas que el caos inicial todavía está más que presente y su único cometido es dejarte con el aliento por los suelos; ya respirarás cuando mueras.

“Succumb to Sorrow” es la canción más corta del álbum (no llega a los dos minutos) y es algo así como una rápida y extraña acumulación misteriosa de “cosas” hasta llegar al cierre, “Distant Call”, que provoca que el álbum termine con un caos en toda regla y hace que, simplemente, el tren descarrile (sin dejar heridos, ojo) para luego parar de repente para provocar que el trabajo acabe tal y como empezó.

Caos sonoro en toda regla, como tantas otras joyas que nos ha regalado este año. Pasan muchas cosas en un periodo de tiempo relativamente condensado. Música para satisfacer a tus orejas y para dejarte helado, ahí quieto parao. Estamos ante un álbum realmente heavy que hará las delicias de los amantes del caos de bandas como Converge, Faus o Everytime I Die. Además, tiene un poco de todo -como ya he dicho unos cuantos párrafos más arriba- de los anteriores proyectos de sus respectivos miembros y es, sin lugar a dudas, una muy buena puerta de entrada para todos aquellos que quieran empezar a dejarse embarrar por un género como el mathcore, gracias a esas voces limpias que tan impunemente salpican casi todas las canciones aquí ofrecidas. Y además es una de las propuestas más interesantes que han parido últimamente los cristianos de Solid State Records.

Rabia, rabia absoluta solo de pensar que este Heavy Yoke llega justamente ahora, al final del año, cuando uno ya tenía hechas todas sus quinielas para el Top 5 anual…

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Rubén de Haro

Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J’hayber.

Rubén de Haro
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Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.