Triggerfinger, de la elegancia al éxtasis

Datos del Concierto

Bandas:
Viven + Triggerfinger
 
Fecha: 26 de enero de 2018
Lugar: Sala Bóveda (Barcelona)
Promotora: Cooncert / Live Nation
Asistencia aproximada: 200 personas

Fotos

Fotos por Toni Feliu

Nuestra Previa

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Hacía tiempo que no me pasaba por la sala Bóveda de Barcelona, ¡y no recordaba lo alto que tienen el escenario! Sin miedo a la tortícolis, todo estaba a punto para una noche de descubrimientos con dos bandas que me sorprendieron in crescendo.

Viven

Una intro pregrabada muy sureña, a lo Calexico, dio paso a una contundente entrada de la batería, seguida inmediatamente por la banda al completo. Casi al instante se pudieron apreciar los rasgos que definen a Viven, cuarteto de rock alternativo a quienes les van los compases rarunos y los momentos de pajareo bien entendido. Su actitud fue ejemplar durante todo el concierto, reforzada por la elegancia de ir todos vestidos de negro y por el segundo mosquetón con llaves colgando que veo en pocos días.

Con mogollón de pedales capitaneados por dos guitarras luciendo un combo perfecto Les Paul / Telecaster, y un bajista a cinco cuerdas y dos patillas (que no pastillas) a lo rudeboy, los de Mataró crearon una base compacta, reforzada por unas baterías muy sólidas, que fácilmente podía recordar a Queens Of The Stone Age. Tenían las distorsiones en el punto justo, al igual que la presencia sonora del bajo. Una buena mezcla donde quizás la voz principal hubiese necesitado un poco más de volumen para destacar aún más su ejecución sin fisuras, muy bien cantada, afinada y apuntalada por los coros del bataca. Tenores de los buenos contribuyendo a que la intensidad no parase nunca, incluso con algún tema más lento.

Situado delante del escenario me percaté que realmente me estaba pillando tortícolis de tener que mirar tan hacia arriba, así que me desplacé hacia al fondo de la sala mientras el cantante soltaba una primicia: “Estamos a punto de sacar un largo en abril: Las Tripas Del Lobo”. ¡Pues la cosa promete! Ya en el último tema, el bajista hizo su primera intervención vocal con gritos guturales. Guinda final para una magnífica actuación que me dejó con ganas de más. Espero que cuando presenten el nuevo disco dispongan del tiempo que se merecen.

Triggerfinger

Pocas veces había estado tan entretenido durante un cambio de grupo. La prueba de sonido de los belgas empezó con una auténtica exhibición del batería, anticipando lo que vendría luego y que acabó al grito de “Ja!” (pronunciado “¡Ya!”), mientras de fondo sonaba el temazo Pungee de The Meters. Le siguió un pipas que tuvo tiempo de colocar un misterioso banner, los setlists en el suelo y probar todos los instrumentos, mientras los tres miembros de la banda hablaban vivamente detrás del escenario. Es lo que tiene Bóveda, que de camino hacia fuera ves todo lo que pasa entre bambalinas.

Ya en la calle, tomando un poco de aire escuché a Viven en un rincón comentando como había ido su bolo, haciendo hincapié en esas cosas que sólo los miembros del propio grupo se dan cuenta, tipo “¡Es que yo nunca me escucho!”. Entrañable. Terminado el piti, la imagen entre bambalinas había cambiado, con la banda haciendo ritmos con las baquetas y el borde trasero del escenario. Un calentamiento impagable. Con la batería movida hacia adelante y tras la clásica señal lumínica con una linterna hacia control, empezó a sonar (otra) intro pregrabada, y… por fin aparecieron Triggerfinger en el escenario.

A los pocos segundos de empezar, lo primero que me vino a la cabeza fue “son buenísimos y madurísimos a la vez”. Suerte que fue eso lo primero, ya que lo segundo fue “el bajista tiene pinta de segurata de Opium“. No hay nada como llevar tu propio técnico de sonido, ya que a los pocos segundos de empezar la voz adquirió el volumen necesario. Un poco de pajareo anticipó el primer temazo de la noche, …and There She Was, Lying in Wait, donde el rock en mayúsculas hizo mover las primeras caderas de un público mayormente pureta que ya estaba totalmente conectado con el bolo.

La elegancia del trío también se percibió de inmediato, y hablo no sólo de sus trajes, especialmente el del cantante, sino también que todo sonaba perfecto, sin matices. Ciertamente un Orange a la guitarra y un Ampeg al bajo ayudaron a que eso fuese así, pero es que los tres músicos hacían lo que querían sin despeinarse. El batería iba tan sobrado que daba las clásicas vueltas de baqueta antes de darle a cada uno de los platos. En casi cada tema había un cambio de guitarra, asistido por el pipas de antes, muestra de la obsesión del grupo a la búsqueda del sonido exacto para cada canción. Y un detalle curioso: el bajista nunca iba a contrapúa, igual que el de Ramones.

Después de unos cuantos medios tiempos en medio de caras de goce absoluto, banda incluida, Triggerfinger empezaron su coronación con My Baby’s Got a Gun, una especie de stoner blues presentado por el cantante como “pretty intimate” y que ya de entrada se valió de un interesante delay en la voz que directamente hizo enmudecer al público. ¡Que cracks! Y claro, en medio de ese silencio expectante, a la que el tema explotó se pasó a la histeria colectiva. La sonrisa del batería era impagable, prueba de lo bien que se lo estaban pasando.

El tema siguió con el guitarra cantando sin micro, un recurso arriesgado pero que resultó muy efectivo para otra vez enmudecer a la gente primero y desatarla acto seguido con un cambio de 0 a 100 en medio segundo. Hacia tiempo que no veía a cuarentones mover las greñas con tal pasión.

Los recursos ingeniosos no acabaron allí. En otro momento hicieron una especie de mannequin challenge que volvió a generar tensión silenciosa necesaria para que la descarga inminente entrase aun mejor. Excelentes solos sin complicaciones innecesarias del guitarra / cantante, excelentes líneas de bajo y excelentes baterías, magnifica gestión de los silencios… muchas tablas en las espaldas, como el SO-LA-CO del batería al que se acabaron uniendo los otros miembros del grupo, pero ¡los tres tocando la batería! ¿Batucada carnavalera? Mejor no ponerle nombre y recordarlo sin matices en nuestra memoria.

De hecho el batería se desveló como agitador de masas con frases como “Let’s see los cojones!” o “Yeeeeah!” repetido incontables veces. Cierto es que los bailes sinuosos del cantante probablemente también agitaron otro tipo de masas, y además tuvo tiempo de dedicar un tema a Viven, “Who were absolutely awesome tonight!”, justo antes de sacar un mini altavoz de manifestación con el que gritaba sobre la pastilla de la guitarra… O mejor dicho, ¡al bajo! Cuando vi que una de las guitarras proporcionadas por el pipas era en realidad un bajo conectado a un ampli de guitarra (y a un octavador) estuve a punto de empezar a hacer reverencias compulsivamente. Todo eso fue con Colossus, tema que da nombre al disco que estaban presentando aquella noche.

Por supuesto hubo bises. En Afterglow el cantante solo con su guitarra y un precioso falsete se ganó al público por enésima vez con una balada que estalló con un fuzz maravilloso, y en el bis final toda la sala acabó gritando “Fun! Fun!” en medio de un flanger pasado de vueltas. Creo que ya no me quedan más adjetivos para calificar un concierto maravilloso. Viva Bélgica.

 

Toni Feliu

Toni es un apasionado de la música. Estudió violín e ingeniería informática. Sus gustos eclécticos, desde el hardcore/punk a la clásica, le permiten usar la música como terapia para no enloquecer (demasiado). Literalmente sin tiempo para pensar, toca la guitarra, el violín y el bajo en 3 bandas, se relaja como DJ y deambula compulsivamente por mogollón de conciertos molones.

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Toni Feliu
Sobre Toni Feliu 18 Artículos
Toni es un apasionado de la música. Estudió violín e ingeniería informática. Sus gustos eclécticos, desde el hardcore/punk a la clásica, le permiten usar la música como terapia para no enloquecer (demasiado). Literalmente sin tiempo para pensar, toca la guitarra, el violín y el bajo en 3 bandas, se relaja como DJ y deambula compulsivamente por mogollón de conciertos molones.