Yngwie Malmsteen – Fire & Ice: 30 años de un disco fuera de su tiempo

Ficha técnica

Publicado el 7 de febrero de 1992
Discográfica: Elektra Records
 
Componentes:
Yngwie J. Malmsteen - Voz, guitarra, sitar
Goran Edman - Voz
Svante Henryson - Bajo
Bo Werner - Batería, coros
Michael Von Knorring - Batería
Mats Olausson - Teclados

Temas

1. Perpetual (4:14)
2. Dragonfly (4:49)
3. Teaser (3:30)
4. How Many Miles to Babylon (6:11)
5. Cry No More (5:18)
6. No Mercy (5:32)
7. C'est la vie (5:20)
8. Leviathan (4:25)
9. Fire and Ice (4:31)
10. Forever Is a Long Time (4:28)
11. I'm My Own Enemy (6:10)
12. All I Want Is Everything (4:02)
13. Golden Dawn (1:29)
14. Final Curtain (4:47)

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Nunca terminaré de entender el por qué Malmsteen apenas recurre a este disco y lo relega al ostracismo puesto que es una obra magna y una de las mejores de su discografía, pero muy posiblemente el genio sueco se vio golpeado por el efecto 1991. El mundo musical cambió de la noche a la mañana con nuevas propuestas frescas y rompedoras y el heavy metal quedó desfasado de un plumazo. Él seguía a lo suyo y se marcó una obra excepcional con un cantante en un momento de forma extraordinario: Goran Edman.

Es más, esta obra posee un equilibrio casi perfecto entre demostraciones corremástiles, comercialidad, influencias clásicas y todos los ingredientes básicos de la coctelera de este sueco amante de las armas y los Ferraris. Cada vez que lo escucho me parece mejor, pero siíhay bastantes concesiones comerciales que, en el fondo, nunca han llegado a ser del agrado de un personaje que ya sabemos que si algo se le cruza… va al hoyo. Lo positivo es que mantenía casi la misma formación que en su anterior disco Eclipse.

El disco

A nivel de singles “Teaser” es un hard rock con extra de guitarras, cercano al “Heaven Tonight”, con muchos teclados y coros, pero con un espíritu alegre y certero. Pero hay en el disco auténticas joyas de muchísimos quilates puesto que el hombre como compositor es absolutamente espectacular, y gastaba un nivel muy alto. Una de las mejores es la trepidante y heavy metalera “No Mercy” en la que Edman se sale por los cuatro lados. Agudos vocales se dan la mano con fraseos alucinantes y con un estribillo original y efectivo. Hay una base clásica absoluta y el teclado es muy de Bach. Para un servidor, uno de los mejores temas de Yngwie, y mira que tiene obras maestras…

La experimentación llega de la mano de “C’est la vie” con ese sitar de intro y el mar de teclados de Mats Olausson. Las composiciones atmosféricas y épicas tan puramente Blackmore son una de sus mayores influencias, y aquí asoman. Hay incluso un punteo de acústica a una velocidad endiablada que se funde con otro solo en guitarra eléctrica. Siguiendo con la épica de Rainbow hay esa excepcional “How Many Miles to Babylon” en la que la referencia babilónica ya da muchas pistas de la influencia. Orquestaciones y delicadeza con sabores de oriente. Y la labor de Edman es prodigiosa.

Entre lo más noble del disco hay ese inicio instrumental en “Perpetual” en el que el sueco da rienda suelta a sus habilidades en las seis cuerdas siendo una pieza muy equilibrada y elegante. Es de las pocas que tuvo cierta presencia en directo, con el grupo acompañando para los precisos ejercicios de técnica y velocidad. “Dragonfly” posee mucha base rítmica con un inspirado Svante Henryson al bajo y siendo uno de los cortes menos Malmsteen del disco. Hay incluso influencias del crossover imperante de la época, pero siempre todo circunscrito al coto de caza del maestro. También hay acercamientos a Hendrix.

Algo cercano a la balada-medio tiempo es “Cry No More”, otro tema inspirado con un Goran Edman subiendo a lo más alto y el solo de Olausson puramente renacentista. Cuántos apuntes tomaron Stratovarius de discos como este… Al fin y al cabo, ficharon a Jens Johansson, un ex de Malmsteen. “Leviathan” es otro de los momentos instrumentales en los que desborda técnica y clase. Delicado y siguiendo el teclado, pero con el apoyo de una base rítmica sin fisuras y con un tremendo bajo por parte de Henryson. La homónima “Fire and Ice” demuestra el por qué se optó por ella en el título. Muy melódica y accesible en un medio tiempo animado.

Netamente metalera con pasajes neoclásicos es “Forever Is a Long Time”, una de esas composiciones tan prototípicas del divo, pero que funcionan de maravilla. Quizá pueda pecar de la fórmula, pero en esos días no abusaba tanto de ella. Es el Malmsteen que deseamos. Y sigue con el listón alto en el medio tiempo melódico “I’m My Own Enemy”, jugando con la progresión de acordes del canon de Pachelbel y con el ritmo marcial de Michael en la caja de la batería.

Hay un gran solo de guitarra en “All I Want Is Everything” y soy de los que cree que es mejor el solo que la canción, pero luego pasamos a esa bella intro que es “Golden Dawn”, con referencias ocultistas musicales y en el título. Fin de fiesta con “Final Curtain”, con truenos de fondo y un desarrollo casi orquestal, con muchos teclados jugando con las acústicas y sobrado de clase. Otra vez la influencia Rainbow asoma orgullosa.

Veredicto

Fire & Ice fue número 1 en Japón llegado a lo más alto de las listas y funcionando perfectamente en Suecia, e incluso en Inglaterra, pero serían los dos siguientes discos los que subirían incluso más peldaños. También Yngwie tuvo claro que a partir de entonces Estados Unidos le daba la espalda de forma definitiva pasando a ser un artista de culto (allí).

Es un disco que curiosamente apenas ha tenido la exposición, pero está claro que estamos ante un Malmsteen totalmente inspirado y que saca lo mejor de un Goran Edman grandioso. Grandes composiciones y unas instrumentales absolutamente lúcidas, con derroches de técnica, pero con mucha musicalidad. Para la posteridad hay esa imagen en la contraportada de Yngwie lanzando su guitarra a una altura muy arriesgada.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 940 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.