
Wyrmhaven llevan rodando por Tucson, Arizona, desde 2018, y han esperado hasta ahora para soltar su primer LP. Para ser un debut autoeditado, Seasons of Gloom (2026) llega con unos galones de producción que ya quisieran muchos veteranos. Lo grabó y produjo la propia banda junto a Ryan Bram (el de la órbita de Gatecreeper, Spirit Adrift y Terminal Nation) en sus Homewrecker Studios, y la mezcla y el máster corren a cargo de Zack Ohren, que tiene en el currículum nombres como Machine Head, Fallujah o All Shall Perish. La portada, además, es de Adam Burke (Nightjar Illustrations). Para un quinteto que viene casi del desierto y se paga sus propias facturas, no está nada mal.
El cajón en el que se mueven es el death metal melódico, pero con suficientes recovecos como para no quedarse ahí. Hay un poso doom que va y viene, algún guiño al metalcore de la vieja escuela y un punto progresivo en cómo a veces monta las estructuras. La prensa los ha emparentado con el sonido Gotemburgo de The Black Dahlia Murder y con cosas como Gojira, Arsis o el hardcore retorcido de Burnt By the Sun, y yo creo que el retrato es bastante fiel, aunque a mí me da que tiran más hacia lo metálico-técnico que hacia lo puramente melódico.
En lo lírico el disco va de podredumbre, decadencia y crisis existencial, escrito según ellos mismos en una época marcada por las pérdidas. Han explicado que «Morning Star» nace de una idea ocultista, la del subconsciente como creador de la realidad que percibimos, con la imagen de un ejército de muertos rindiendo tributo al Portador de la Luz como metáfora de servirse a uno mismo y dejar de mentirse. Y «Unrelenting Storms», que señalan como la canción que resume el disco entero, habla de ver el mundo quedarse yermo y, en lo personal, de ver morir a la gente que quieres. Alegre no es.
Dentro análisis. El arranque con «Corruptoris» y «Beneath the Pale» es la cara más directa de la banda. La primera es metal-hardcore de calidad excelente, con unos guturales guapísimos y un solo de guitarra que me dejó muy buen sabor. La segunda entra con doble bombo a saco, y hacia la mitad vira hacia el thrash y va ganando contundencia hasta cerrar con el mismo doble bombo del principio.
De «Morning Star», que fue el primer single, me quedo con un detalle pequeño pero que mola mucho, el uso de armónicos muy sutiles en las guitarras al principio del tema. Y luego, casi al final, hay un break bestia que encima hacen más bestia ralentizándolo a cada vuelta. Ese tipo de cosas son las que me ganan.
Donde no me esperaba lo que me encontré fue en «Sunless Solstice» y «Unrelenting Storms». La primera está en compás de seis, que ya de por sí sorprende, pero es que además arrancan con alguna irregularidad por ahí, juraría que se cuela algún cinco, y eso ya me pareció otro nivel. El otro tema va por el mismo camino, mismo juego.
En la zona central el disco se pone más espeso. «Violent Afterglow» es más pesada y machacona que lo anterior, salvo el final, donde vuelven a la carga. «Nightshade’s Embrace» se construye sobre dos figuras de la guitarra rítmica que se van alternando y mutando las dinámicas según cuál esté sonando. Y «Pendulum Faces» me tiene con la duda de si está todo el rato en cuatro, pero si lo está, es un ejercicio claro de cómo marcar la tónica fuera del uno para que parezca que el compás es más raro de lo que es.
El tramo final es el más vistoso en lo técnico. En «Lifeless Oceans», pasada la mitad, hay una alternancia entre una parte frenética con sweep picking y otra más dura con tapping, y esa combinación de los dos motivos seguidos es muy guapa. Y «Obsidian Gold» cierra empezando a saco, frenética, manteniéndose siempre arriba salvo algún momento puntual, con un doble pedal que hace un trabajo magnífico y algún toque de ride que le da mucha garra. Al final, a partir de una figura de la guitarra, baja bastante las revoluciones para terminar.
Para ser un debut, Seasons of Gloom tiene un nivel de ejecución alto y un puñado de ideas que se salen del molde, sobre todo en los compases. En mi opinión lo que le falta es ese temazo que sobresalga claramente por encima del resto y que te haga volver al disco a por él, una sensación que por cierto también he leído en alguna otra reseña por ahí. Son treinta y cinco minutos que se quedan cómodos en su terreno y lo defienden bien. A mí me ha gustado, y tengo curiosidad por ver hasta dónde llegan cuando encuentren ese giro que quizá les falte en algún momento.


Adicto a la música desde que tengo uso de razón y pateador crónico de salas de concierto.
Músico, cocinero y escritor cuando se tercia.
Siempre con más ganas que tiempo y más tiempo que talento.