Whitesnake – Starkers in Tokyo: 25 años del más descafeinado unplugged de los 90

Ficha técnica

Publicado el 9 de septiembre de 1997
Discográfica: EMI Records
 
Componentes:
David Coverdale - Voz
Adrian Vandenberg - Guitarra

Temas

1. Sailing Ships (4:44)
2. Too Many Tears (4:08)
3. The Deeper the Love (4:10)
4. Love Ain't No Stranger (3:16)
5. Can't Go On (3:50)
6. Give Me All Your Love (3:21)
7. Don't Fade Away (4:27)
8. Is This Love (3:10)
9. Here I Go Again (5:07)
10. Soldier of Fortune (4:03)

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No es para nada de los mejores trabajos de David Coverdale y como unplugged, el Starkers in Tokyo (1997) es bastante pobre comparado con esas grandes producciones de la MTV, pero… es David Coverdale junto a Adrian Vandenberg en un mano a mano. Solo por eso hay que levantarse y aplaudir. Es más, en la época dorada del desenchufado, a ningún loco se le ocurrió desnudar hasta tal punto las canciones. Y es que en el fondo ese es el problema: demasiada desnudez…

Los 90 fueron muy duros para David Coverdale y la era del grunge pudo con este coloso que empezó una dura travesía por el desierto. Whitesnake estaban en nevera a pesar de que la formación era bastante buena (que no rutilante), pero sobrevivió el ex vocalista de Deep Purple con discos recopilatorios y con el gusanillo de empezar una carrera en solitario. Eso le llevó a grabar un disco con Jimmy Page de Led Zeppelin, algo que reavivó las ganas de ver una reunión de… ¡Led Zeppelin!

Dolido y taciturno quiso que Restless Heart fuera un disco personal y que saliera sin el nombre de Whitesnake, algo que EMI no quiso ni en pintura. La poca confianza que había en 1997 hacia ese disco másblues y centrado en sus inicios como vocalista y compositor hizo que incluso ni se editara en Estados Unidos. Pintaban bastos para el genial vocalista, que, además, veía como su chorro de voz se iba secando.

Restless Heart funcionó a medias en el resto del mundo y Japón fue esa isla. Intentó Coverdale promocionar el disco de una forma original: en unplugged, pero solo con Adrian Vandenberg. Terminó haciendo un directo el día 5 de julio de 1997 en tierras niponas ante el frío y respetuoso público del sol naciente que se limitaría a aplaudir entre canción y canción, dejando más desnudo si cabe este unplugged.

El disco

No era ni el sitio, ni el lugar, ni el público, ni el disco, pero sí la década para hacer un desenchufado. Si la MTV hubiera hecho la apuesta por Coverdale hubiese sido en un recinto enorme, con todos los instrumentos y con un público entusiasta norteamericano cantando las canciones de pe a pa. Pero don Coverdale iba a la suya, pensando en su carrera en solitario y malbarató esa bala que terminaría por la desaparición de la serpiente blanca.

Las canciones en general pierden mucho y David no hace un alarde de potencia vocal precisamente. Vandenberg apoya perfectamente sin tirar de solos y sin dejar patente toda la clase y técnica que posee. Unos coros femeninos, otra guitarra con punteados… Todo eso se echa mucho de menos. Tampoco ayuda el hecho de meter hasta cuatro temas de Restless Heart, hecho que ya te da una idea de que estás en un evento promocional y poco más. No se busca la inmortalidad precisamente…

Y la cosa empieza bien con la maravillosa “Sailing Ships”, que en este formato gana y mucho. El dueto está tremendo y los sentimientos a flor de piel. Cuando más sencillas y desnudas son las canciones originales más se disfrutan aquí, pero eso pasa en esta y en la final “Soldier of Fortune”. Esta última se la he escuchado cantada a capela en directo y es absolutamente maravillosa, y aquí no le va a la zaga. Hay vibratos de voz, profundas inspiraciones y momentos de trasteo por parte del guitarrista. Sólo por estos dos temas digamos que ya valió la pena este noble atrevimiento.

Luego están los clásicos del grupo que quedan absolutamente descafeinados. Obviamente uno espera despegar con temazos del peso de “Gimme All Your Love Tonight”, pero la voz está muy por encima de la guitarra y la cosa no llega a levantar el vuelo como uno espera, y los agudos están desaparecidos. “Is this Love” no llega a emocionar y debería hacerlo pues incluso, por momentos, la voz de Coverdale tiembla un poco.

Misma suerte corre el súperclásico “Here I Go Again” desprovista de potencia y de esos cambios de intensidad míticos. Afortunadamente son piezas maestras con su voz original, y eso ya es mucho. Que ni el público la cante tiene realmente delito… “The Deeper the Love” se salva de la quema por no ser un clásico básico, pero falta punch. Obviamente el ídolo modula a la perfección, pero en tonos más bajos y cubriéndose bien las espaldas, pero sigue siendo David Coverdale.

“Love Ain’t No Stranger” funciona a medias quedando otra vez la guitarra muy baja y con un vocalista que salva los muebles con clase, pero repito: ¿cómo no canta la gente ese tema a pleno pulmón? “Too Many Tears” es del Restless Heart y entra suave y sinuosa. Se nota que en los nuevos temas hay muchas ganas de gustar, aunque convencen a medias.

“Can’t Go On” es de las que más luce de su “nuevo” disco con un deje muy primigenio, muy de sus inicios, que es lo que buscaba el disco que presentaba esta leyenda viva del rock. El problema es que su voz no daba para mucho ya en 1997. Finalmente, en “Don’t Fade Away” hay uno de los ejercicios vocales más interesantes (que no rotundos), pero el título de la canción queda un poco como premonitorio de lo que nos va a deparar el futuro.

Veredicto

Termina el disco con David agradeciendo la hospitalidad y los 20 años de fidelidad hacia el grupo. Se despide el disco con una ovación en fade out y poco más. Al parecer hubo tres temas más que nunca entraron en el disco (incluyendo un tema de Vendeberg). Podías ver clarísimamente que la estrella se estaba apagando y dolía de verdad. Finalmente, tuvo posteriormente su dichoso disco en solitario y gracias dio a que entramos en los 2000 con el renacimiento y el revival que le permitió vivir de rentas y tirar de clásicos durante mucho tiempo, espaciando sus entregas discográficas de estudio.

Starkers in Tokyo queda como un reflejo del momento en el que David Coverdale estaba a finales de los 90. Imaginad por un momento los ex miembros de Kiss tocando en su unplugged, en esa atmósfera mítica del de Nirvana o en lo participativo que estuvo el público en el desenchufado de Clapton… Imaginad a un Vandenberg audible para que Steve Vai hiciese diabluras en esos clásicos inmortales de Whitesnake. Pues nos lo perdimos…

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 985 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.