Upon a Burning Body – Southern Hostility

Nuestra Nota


7.75 / 10

Ficha técnica

Publicado el 7 de junio de 2019
Discográfica: Seek & Strike Records
 
Componentes:
Danny Leal - Voz
Rubén Álvarez - Guitarra
Joe Antonellis - Bajo
Tito Félix - Batería

Temas

1. Southern Hostility (1:01)
2. King of Diamonds (3:25)
3. All Pride, No Pain (3:27)
4. From Darkness (3:30)
5. The Champ Is Coming (3:13)
6. Burn (3:08)
7. Reinventing Hatred (3:08)
8. Never Alone (3:12)
9. The Anthem of the Doomed (3:18)
10. Soul Searcher (3:45)

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Upon a Burning Body están de regreso con una nueva y brutal descarga sonora en forma de álbum, Southern Hostility, que vio la luz el pasado día 7 de junio a través del sello Seek & Strike. Este, su quinto álbum de estudio, supone un cambio hacia un estilo más enérgico y, en ocasiones, poco desarrollado, que sin duda ampliará su atractivo, al tiempo que les permitirá repescar a algunos fans que empezaron a sudar un poco de ellos tras su anterior Straight from the Barrio (2016).

En palabras de la propia banda, este nuevo álbum es definitivamente toda una declaración de intenciones para ellos. Era hora de reinventarse, de regresar a sus raíces, y la energía que logran transmitir en este álbum, pone a este Southern Hostility a la altura de sus dos primeros trabajos, The World Is Ours (2010) (sí, el álbum de Al Pacino) y Red. White. Green. (2012), si bien supura mucha más madurez.

Reconozco que desde que escuché su single «Intermission» en 2012, he pensado que Upon a Burning Body es una banda bastante subestimada. Su musculoso deathcore, con reminiscencias de nu metal, tecnicismo discreto y transiciones geniales, junto con una interpretación vocal que superaba la plétora de voces tan similares que existían en aquél mismo período, me impulsó a no perderles de vista. Buenos y talentosos músicos. Unos innovadores silenciosos, en la sombra, dispuestos a poner el mundo patas arriba desde su San Antonio natal.

Todo esto que digo puede resultar, cuanto menos, una afirmación extraña sobre una banda que, para mucha gente, no es más que otro proyecto de deathcore como cualquier otro. Sin embargo, cuando consideras que su álbum debut, The World is Ours, unió nu metal con deathcore en 2010 (el mismo año en que Whitechapel, una banda ya establecida, hizo lo mismo en su A New Era of Corruption, al contar con la colaboración de Chino Moreno (Deftones, Team Sleep), y un año antes de que Suicide Silence publicara ese mashup que es The Black Crown), comienza a surgir un patrón. En el genial Red. White. Green., la banda experimentó con un mayor dinamismo, y de nuevo las comparaciones con el álbum homónimo de ese mismo año de, otra vez, Whitechapel, y un año antes de que los británicos Bring Me the Horizon le dieran una vuelta de tuerca más a la idea con su aclamado Sempiternal (2013). Sus dos álbumes siguientes, The World is My Enemy Now (2014) y el flojo Straight from the Barrio, juegan en una liga menor.

2019. Los chicanos están de vuelta reivindicando sus orígenes -no hay más que ver la portada y el título de este trabajo-, un acto este bastante premeditado y diría yo que hasta deliberado.

Desde la explosividad de la pista que le da título, que dura un minuto escaso, hasta la pista numero cinco, «The Champ is Coming», el cuarteto nos presenta esa nueva declaración de intenciones de la que os hablaba líneas más arriba. Los riffs de estas pistas, en los que, en ocasiones, se notan reminiscencias del estilo de un álbum como el Burn my Eyes (1994) de Machine Head, se entremezclan con otros tonos más thrashy y con cantos pandilleros, reminiscencias estas transmitidas de su material más antiguo. Ninguna pista describe mejor esta mezcla que la cuarta, «From Darkness», con su agresivo doble bombo, esos chirriosos riffs y esos ritmos tan rompenucas. Todo es como muy sureño, ¿no creéis? Es como si la banda se hubiera empeñado en rendir un sentido homenaje al sonido noventero de bandas como Pantera, Lamb of God o, los ya citados, Machine Head.

La cosa se desvía un poco a partir de la sexta pista, «Burn», pues la banda empieza a agregar a su música otros elementos y tempos. En mi opinión, la segunda mitad del trabajo no tiene el nivel de sus primeros cinco temas; rascan el aprobado, sin más. Estamos hablando de un trabajo que dura escasos 30 minutos, por lo que cada segundo cuenta. Las desviaciones estilísticas de la segunda mitad de Southern Hostility matan el ímpetu con el que se inicia el trabajo, dando como resultado una sensación de ir de más a menos… a mucho menos. Mi canción favorita de esta segunda mitad es la número siete, «Reinventing Hatred». Apenas dura tres minutos y creo que le falta un minutillo más para acabar de brillar. Una cosa similar sucede con las pistas que menos me gustan, «Burn» y «Never Alone», pues ambas tienen un aire de death metal melódico (tufillo a Arch Enemy, quizá) que me tira un poco para atrás. La dureza inicial del álbum hubiera permanecido algo menos intacta si a estas canciones se les hubiera dotado de algo más de profundidad, o se hubieran descartado por completo y se hubieran reemplazado por otras canciones con una pulsión más hardcore.

Independientemente de sus problemas, en este álbum hay muchas cosas que están bien. Upon a Burning Body, podríamos decir que han dejado un poco de lado ese sonido que ayudaron a crear en favor de algo mucho menos original, pero, aún así, se les nota que están de vuelta con mucha más pasión. Si bien este no es su mejor álbum, se trata de una jugada bastante inteligente. La banda tiene potencial para ser masiva y, con suerte, podremos observar aún más crecimiento en los álbumes que están por llegar. Los ingredientes están ahí.

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 252 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.