Thin Lizzy – Chinatown: el descenso a los infiernos de Phil Lynott cumple cuatro décadas

Ficha técnica

Publicado el 10 de octubre de 1980
Discográfica: Vertigo Records / Warner Records
 
Componentes:
Phil Lynott - Voz, bajo, teclados
Scott Gorham - Guitarra, coros
Snowy White - Guitarra
Brian Downey - Batería

Temas

1. We Will be Strong (5:11)
2. Chinatown (4:43)
3. Sweetheart (3:29)
4. Sugar Blues (4:22)
5. Killer on the Loose (2:55)
6. Having a Good Time (4:38)
7. Genocide (The Killing of the Buffalo) (5:06)
8. Didn't I (4:29)
9. Hey You (5:09)

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Es difícil que cuando un grupo alcanza una de sus cotas más perfectas en estudio no se resienta en la siguiente obra. Los Lizzy en 1980 venían de tocar el cielo con Black Rose a la vez que el espiral de excesos de Lynott ya era más desaforado que nunca. Su mano derecha, Scott Gorham, también estaba muy metido en las dogas y el alcohol. Pero hay que añadir a ello que Gary Moore se había vuelto a largar del grupo y había que buscar un sustituto. Se optó por Snowy White y fue algo que nunca funcionó. ¿Un guitarra de Pink Floyd en Thin Lizzy? Rematándolo todo se decide que no van a contar con el habitual Tony Visconti en tareas de producción. El sumatorio de todo nos da un disco flojo, con mucho relleno en su segunda cara por mucho que haya muchísimos temas a revindicar e incluso clásicos.

Días de exceso y teclados

También hay que resaltar las cosas buenas de esta obra como son el fichaje de un jovencito (18 años) Darren Wharton a los teclados sustituyendo a un genio como Midge Ure, que llega a aparecer en los créditos. Lynott se había abierto al pop y los teclados y sintetizadores empezaban a asomar en las estructuras de los Lizzy, algo que el mismo Ure le decía a Lynott que era absurdo. La agencia de management había decidido ir más allá de la representación en exclusiva de los Lizzy y ficharon a Visage y Ultravox, ambas bandas comandadas por Midge Ure. Lynott montó en cólera, pero se rindió posteriormente a dos evidencias ese mismo 1980: “Fade to Grey” de Visage fue un éxito mundial y “Vienna” de Ultravox todavía fue más enorme. Se veía venir, pero estaba claro que Midge Ure era un genio y era pura actualidad, en Lizzy era un secundario que no encajaba. Lynott por el contrario sentía que su banda no era actual y que estaba desfasada.

La portada y concepto

El disco fue grabado en la zona londinense de Chinatown y recoge ese fenómeno internacional en el que una parte de una ciudad queda tomada por la inmigración china y esta mantiene sus creencias y sus prácticas quedando a la vista de todo el mundo. Los barrios chinos poseen una mística especial y les hacen atractivos y misteriosos. También suelen estar asociados a los bajos fondos y a los trapicheos, incluyendo las drogas, uno de los grandes motores (y frenos) para el líder del grupo. El dragón que aparece en la portada es el dragón real imperial, el emblema de los emperadores, siempre representado con las tres garras simbolizando la tríada: la más temida sociedad secreta oriental: el poder, el diablo y el dinero.

La carrera en solitario de Lynott y Thin Lizzy se solapan en un mismo estudio

Pero el problema real de todo era que el líder utilizaba las mismas sesiones de grabación de Chinatown con las del siguiente disco en solitario hasta el punto de que el resto del grupo, cuando grababa, no tenía ni la más mínima idea de si lo estaba haciendo para el nuevo disco de Lizzy o para el Solo in Soho en solitario del moreno vocalista. Era un caos absoluto. Las influencias de la música negra y su naturaleza de color le hizo abrirse a nuevos sonidos y músicas llegando a cambiar incluso algunas amistades habituales y yendo con afroamericanos y jamaicanos. Dicen que incluso cambiaba su forma de ser cuando iba con ellos. Su nuevo matrimonio puso algo de paz, pero las críticas del disco en solitario no fueron especialmente buenas hasta el punto de que quiso romper algunas caras a críticos especializados que lo destriparon literalmente con su pluma. También se instaló en Dublín y así lo recuerda su habitual portadista Jim Fitzpatirck que lo recuerda yendo en bicicleta de casa a la iglesia.

La música

Y eso que el inicio no puede ser más rotundo con un himno del calibre de “We Will Be Strong”. Nunca entendí el por qué el grupo le dio la espalda a esta obra maestra pues estamos ante una de las canciones más perfectas del grupo. Esas twin guitars de inicio y ese tremendo estribillo con las voces dobladas de Phil ponen los pelos de punta y te dan un subidón de positividad. “Chinatown” es el típico clásico del combo que uno espera: twin guitars y la marca de siempre con una gran línea vocal y el sempieterno latido en la batería de Brian Downey. Un groove que te lleva en volandas y ese feeling que sólo ellos consiguen. La otra genialidad del disco se coló en el Top 10 de forma totalmente inesperada: “Killer on the Loose”. Tremendo trallazo que en directo suena realmente duro y al que añaden risas malévolas. Lynott quería un poco acercarse a la corriente del NWOBHM, puede que, en parte, ese sea la clave de escalar tan alto en las listas siendo tan poco Lizzy. Otra explicación es que en esos días andaba suelto un asesino: el destripador de Yorkshire.

Podríamos salvar de la quema “Genocide (The Killing of the Buffalo)” inspirada en un libro sobre el Oeste americano que le dejó Fitzpatrick. En este tema se puede ver que a nivel de letras el poeta ya no es lo que era y que la fonética le gana terreno al mensaje y a sentido. De todas formas, sigue siendo un tema que no está nada mal. La bomba melódica de “Sweetheart” está dominada por el bajo del larguirucho rizado y sorprende por lo accesible, pero también por la contundencia de los instrumentos. Los teclados de Wharton tienen su riff y si uno escucha con atención verá la cantidad de ideas que sacaron Los Suaves de canciones como esta. Los Lizzy fueron su fuente de inspiración absoluta. Con los años me ha ido convenciendo ese “Sugar Blues” en la que el entramado instrumental es lo principal. Solos de guitarra yendo incluso más allá de su estilo.

Las referencias veladas a la heroína y a las adicciones van ganando terreno en sus letras y el amor y otros tópicos caen en desuso, aunque “Didn’t I” es baladita con exceso de pompa, arreglos de cuerda y algo de romanticismo. No pasó a la historia, aunque conectaba con algunas composiciones de sus inicios. La influencia de la música negra se hace patente en la final “Hey You”. Hay un arranque eléctrico marca de la casa, pero la locura colectiva que supuso el “London Calling” de The Clash hizo que muchos grupos vieran con muy buenos ojos las influencias jamaicanas. “Having a Good Time” completa la cara B de un disco con buenos momentos y destellos, y aquí los hay. Destellos instrumentales notables en una canción feliz con una buena línea vocal y poderosos coros.

Veredicto

Chinatown no tiene ni por asomo la calidad de las grandes obras de Thin Lizzy pero hay aquí canciones imprescindibles y momentos de brillantez absoluta por mucho que estemos ante la decadencia del combo dublinés. Adicciones, teclados, discos en solitario en paralelo… Todo se iba sumando a una mochila que cada vez pesaba más. Quedaba enterrada para siempre la ascendencia irlandesa del grupo y con ella se perdía un poco la gran referencia de Thin Lizzy. La banda mantenía su carácter pendenciero y se atrevieron en la que sería su última gira por Estados Unidos. Allí tenían fans muy devotos y entregados, pero no los suficientes. Económicamente era un desastre. El disco llegó a ser de plata en Inglaterra pero las cosas irían a peor con Renegade, llegando a fichar a Chris Tsangarides como productor para poder llegar a diferenciar qué canción iba para Lizzy y cuál para su material en solitario. El mismo productor de Chinatown Kit Woolven terminó en la segunda aventura personal de Lynott que pasó muy inadvertida. Afortunadamente, años más tarde, el último coletazo discográfico de Thin Lizzy sorprendió al mundo. Pero esa ya es otra historia…

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 471 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.