Crónica y fotos del RockFest - Parc de Can Zam (Santa Coloma de Gramenet), 6 de julio de 2019

Rock Fest BCN 2019 (III): Angelus Apatrida arrasan en Can Zam

Datos del Concierto

RockFest

Bandas:
Saxon + Arch Enemy + Venom + Los Barones + Angelus Apatrida +Avatar + Combichrist + Cradle of Filth + Def Con Dos + Hammerfall + Leo Jimenez + Krokus + Los Barones + Gun + Deldrac
 
Fecha: 6 de julio de 2019
Lugar: Parc de Can Zam (Santa Coloma de Gramenet)
Promotora: Rock n' Rock
Asistencia aproximada: 18000 personas

Fotos

Fotos por Manuel Damea

Tal y como ya pude constatar en la jornada anterior, y contrariamente a lo que mi compañero Xavi Prat afirmaba en su crónica, este año me resultó mucho más sencillo aparcar en las inmediateces del festival que en la edición de 2018. El aparcamiento habilitado entre la fábrica de Cacaolat y la ribera del Besòs era más grande que nunca, y así como el año pasado por muy temprano que llegara ese espacio estaba siempre lleno y me tenía que aventurar carretera arriba en dirección Montcada para estacionar en los polígonos situados más o menos en el sexto pino, esta vez pude hacerlo cómodamente a diez minutos a pie del escenario, agradable paseíto por la orilla del río mediante.

Aunque eso es magnífico, por supuesto, viene con un pequeño hándicap como efecto secundario (no tanto para mí directamente, sino más bien de cara al festival), que es que una vez plantado bajo el sol de justicia que nos iba acompañar durante todo el día enfrente de los inmensos main stages, lo cierto es que había menos gente que nunca. Como vine con tiempo de sobras para asegurarme ver a Avatar, pude disfrutar de casi todo el concierto de Leo Jiménez, pero como mi compañero Abel ya está al tanto de él, me dediqué a recordar qué aspecto presentaba el recinto a esa hora en los años anteriores. Recuerdo que con Dark Funeral, por ejemplo, había un montón de gente. Por no hablar de Destruction / Dark Tranquillity. Hoy, en cambio, te podías plantar justo enfrente del escenario sin ningun tipo de problema. Y no precisamente porque Leo no tenga tirón, que lo tiene y mucho. Y bien que se lo merece.

Porque a pesar de tratarse del sábado, lo que teóricamente lo convierte en el día grande del festival, el cartel de hoy era un poco de circunstancias. Calidad había de sobras, claro, pero viniendo de lo que veníamos el año pasado (y casi todos los demás), una cabecera con Saxon y Arch Enemy se quedó algo corta. Y no lo digo yo, sino el público (o la falta de él) que hizo que fuera comodísimo moverse por el recinto en todo momento. Eso sí, no os equivoquéis, que vimos bolazos, pero para que este festival aspire a la primera línea europea como está haciendo cada año, no hay más remedio que poner nombres sobre la mesa. Y ojo, que me consta que la intención estaba allí, pero si montar una fiesta con dos bandas locales un sábado cualquiera de noviembre es complicado, no me quiero imaginar como debe ser montar un festival así.

Leo Jiménez

por Abel Marín

Ya desde primeras horas de la mañana el Sol prometía regalarnos una sofocante jornada que no iba a ser nada placentera para l@s esforzadisim@s camarer@s encargad@s de saciar la sed de l@s presentes. Todo mi apoyo y agradecimiento a su labor en estos duros cuatro días de festival.

De nuevo, por segundo año consecutivo, los legendarios thrashers Sacred Reich cancelaron su actuación en el Rock fest por lo que la organización contó a última hora con Leo Jiménez para cubrir a los americanos, no sin disparar una oleada de críticas por los thrashers del lugar.

Conscientes de lo que tenían encima nos iban a preparar una buena sorpresa, Korpa y Mero Mero iban a estar presentes en varias canciones por lo que la caña estaba asegurada saliendo al escenario Fest (el de la derecha) a pecho descubierto y con intención de comerse a los pocos presentes bajo un sol de justicia.

Tras la habitual introducción con la banda sonora de Conan nos aplastaron con Mesías en la que Korpa y Leo, acompañado de su guitarra en casi todo el show, no pararon de animar caldeando el ambiente para la siguiente colaboración de Mero Mero. Menudo despliegue de voz y carisma se gastan ambos barbudos. En todo momento la entrega del escaso público que estábamos presente fue total.

Leo sabe ganarse al personal y demostró, por si a alguien le quedaba alguna duda, que no se arruga ante los retos. La banda estuvo excelente en todo momento y no paró de interactuar con el público. Gran acierto por parte de Leo, y una suerte en tan poco tiempo, de contar con las colaboraciones de Korpa y Mero en los temas cantados por ellos, pues en su anterior visita no pudo ser y a pesar de la voluntad y entrega esos temas quedaron algo cojos.

Leo escogió un set list directo amoldado a la hora de actualización repasando temas de su reciente Mesías (2019), La factoría del contraste (2016) y Animal solitario (2013).

Gran inicio de jornada esperando verle de nuevo por aquí.

Avatar

por Albert Vila

Mientras el vocalista madrileño metía toda su tralla (inesperada para los que lo juzgan por su pasado en Saratoga), en el escenario de al lado se paseaban unos pipas en armillas y pantalones de pinzas ultimando los detalles finales del escenario de Avatar, que a pesar de tocar a primera hora se esforzaron para poner más atrezzo que casi nadie: una tarima en forma de podio, con la bateria en su escalón más alto; un telón de fondo inmenso con el escudo del País de Avatar y un logo de la banda iluminado mediante bombillas / focos / neones que se iba encendiendo y apagando rítmicamente. Al minuto de que Leo pusiera el punto y final a su concierto, el batería John Alfredsson entró marchando teatralmente sobre el escenario con cara de desquiciado, dando toda la vuelta por la parte frontal y, finalmente, sentándose tras un kit muy sencillo y de disposición plana (como el de Jinjer, para que os hagáis una idea). Eso prometía.

Aunque yo no soy particularmente fan de la música de los suecos, he oído tales maravillas de sus directos que este concierto era uno de los más esperados por mí de los que íbamos a ver hoy. Y lo cierto es que no me decepcionaron para nada, más bien al contrario, ya que me fue imposible despegar los ojos del escenario en ningun momento. Una vez toda la banda estuvo encima de las tablas con sus levitas y sus trajes reales (con el guitarrista Jonas Jarlsby ataviado con el brazalete rojo que lo identifica como rey y con el vocalista Johannes Eckerström ejerciendo de carismático e hipnótico maestro de ceremonias), empezaron su concierto con «Hail the Apocalypse», uno de sus temas más conocidos y una manera de ponernos en situación en cuestión de segundos. La teatralidad, las coreografías y los constantes molinillos (solo superados por el señor Corpsegrinder al día siguiente) nos atraparon a todos en seguida, y detalles como las preciosas guitarras tan trabajadas y a juego nos convencieron de que detrás de esta banda hay un trabajo y una confianza que solo puede hacerlos crecer irremediablemente.

Aunque empezaron su carrera como una banda death metal melódico bastante al uso, a día de hoy, y sobre el escenario, me da la sensación que recuerdan más a Marylin Manson que a otra cosa, tanto en lo alternativo de su música como en lo teatral e histérico de su propuesta escénica. Su último disco, Avatar Country, se acerca a un heavy metal más clásico, pero sus canciones estuvieron bastante menos representadas de lo que podíamos esperar viendo la decoración y la temática visual de su concierto. Aún así, para interpretar la bailonga y genial «The King Welcomes You to Avatar Country» se cambiaron de indumentaria y le endosaron a Jonas un chaleco dorado que ya no se cambiaría hasta el final del concierto. Los parlamentos y los movimientos de Johannes, un frontman que te cagas, amenizaron una descarga que atrapó a fans y también a los que no lo eran, y el calor infernal que hacía a esas horas (y más dentro de esos trajes tan tupidos y apretados que me llevan, almas de cántaro, a pesar de que en el escenario no tocara el sol directamente) no fue óbice para que tanto los de arriba como los de abajo lo diéramos todo en un concierto que tocó podio para muchos aficionados.

Después de comentar que ha venido a veranear a la Costa Brava toda su vida, Johannes introdujo «Let it Burn» y la final «Smells Like a Freakshow», ahora ataviado con un palo de majorette y sin cansar ni repetirse en sus coreografías. Aunque a esas horas aún no se congregaba demasiada gente delante del escenario, el concierto de Avatar fue de esos en los que es absolutamente imposible aburrirse. Técnicamente son una banda magnífica y escénicamente no paran de sorprendernos. No hay muchos conciertos en los que estás constantemente expectante de que ocurra algo sobre el escenario, pero éste fue sin duda uno de ellos. Los suecos han tardado bastantes años a crecer y hacerse un nombre entre el público internacional, pero si musicalmente están acertados en sus próximos trabajos, les auguro un futuro verdaderamente esplendoroso.

Gun

por Jordi Tàrrega

Amo a estos escoceses y siempre intento regalarme un concierto de Gun al año. Nunca fallan, aunque siempre que presentan disco nuevo se quita espacio de clásicos de su gloriosa etapa dorada. Favourite Pleasures tiene buena pinta y hay canciones realmente buenas como la homónima, o con “She Knows”, con la que empezaron. Dante cada vez gana más como vocalista y frontman, y que nos brinde “Don’t Say It’s Over” es toda una maravilla. Pocos temas tan redondos como este hay en el rock. Tommy, el guitarrista, lucía un rubio de pote que recordaba al de su cantante en la etapa de éxito. Pero siempre son los hermanos Gizzi y Paul los que comandan la nave. La felizona “Better Days” nos puso a todos a cantar para luego dejar caer uno de sus temas emblemáticos: “Word Up” original de Cameo, pero popularizada por Gun. En su día fue toda una revolución. Se agradece que el grupo cuente con coros reales, destacando especialmente la labor vocal de su bajista.

Su telón de fondo amarillo con las letras en negro dio color y el show fue dinámico y muy de festival, con todos los clásicos. Dante nos recordó hasta tres veces que tenían disco nuevo y que estaba a la venta para luego tirar de la preciosa balada “Taking on the World”. 30 años la contemplan… Siguieron con “Take Me Down” e “Inside Out” para rubricar con un “Steal Your Fire”, otro de sus temas más conocidos y perfectos. Jools y Dante utilizaron bien la pasarela para atacar luego “Shame on You”. Finalmente se despidieron con “(You Gotta) Fight for Your Right (to Party)” de los Beastie Boys, con Dante luciendo una gorra de chico malote y cambiando la letra, pasando del “Beastie Boys” a “Gun Boys”. Nunca fallan en directo y los festivales se les dan muy bien.

Combichrist

por Albert Vila

Llegados a este punto tenía la duda de si quedarme a ver a Gun (una banda que me gusta bastante, la verdad) o ir a gratinarme con el concierto de Combichrist en la carpa. Como finalmente mi compañero Jordi Tàrrega, como ya habéis visto en estos párrafos de aquí arriba, se mostró voluntario para cubrir la descarga de los elegantes escoceses, me encaminé hacia la temida Rock Tent para unirme a un tímido grupo de aficionados con ganas de ver qué tenían que ofrecernos estos americanos a los que les gustaría ser alemanes. Personalmente, he de confesar que había escuchado entre poco y nada de ellos, y de hecho este rollo EDM e industrial no acaba a de ser lo mío, pero no tengo problemas en reconocer y aceptar que los de Atlanta montaron un fiestón de tres pares. Con un extraño escuadrón formado por vocalista, guitarra, batería y un tío a los bombos, sonaron como un cañón e hicieron bailar a todos los que allí nos congregábamos.

De hecho, la combinación entre el delirante calor y lo hipnótico y repetitivo de su música consiguieron generar una especie de trance colectivo que no tuvo parangón en todo el fin de semana. Es posible que no estuviera preparado así, claro, pero el hecho de tocar a la hora más luminosa y calurosa posible ayudó a intensificar la sensación de after y a infligirnos un cierto sufrimiento, cosa que convirtió su concierto, almenos para mí, en una experiencia sorprendentemente memorable a pesar de no conocer ni una sola de sus canciones.  Demostrando una profesionalidad intachable, la banda liderada por Andy LaPegua no paró de moverse de un lado para otro y de sacudir la cabeza a pesar de estar lieralmente derritiéndose (bien, quizás ellos no, pero su maquillaje seguro).

Como nota personal, y casi al final de su concierto, me vino un acalorado compañero de prensa a decirme (casi a salvarme) que en la carpa habilitada para nosotros habían puesto una fuente de agua para nuestro uso y disfrute. En mi estado de sudada y extrema deshidratación momentánea, provocada por el continuo y tráncico baile que me había provocado el microondas en que se había convertido la carpa, a mí esa información me cayó totalmente del cielo, así que decidí sacrificar los últimos momentos del bailable ritual que habían montado Combichrist para ir a beberme, básicamente, media garrafa de esas de fuente de oficina. Sí, señores del Rock Fest: fui yo. ¡Muchas gracias!

Cradle of Filth

por Albert Vila

He de reconocer que mis expectativas de cara al concierto de los ingleses Cradle of Filth no eran del todo halagüeñas. Había visto a la banda un par de veces en su teórica época dorada (creo que en Garatge y en Razz, a eso de mediados de los noventa, pero quizás me confundo) y sus habilidades sobre el escenario me parecieron flojillas por decirlo amablemente. Su especie de black metal vampírico al que nunca han querido llamar black metal me atrapó en su primer par de discos, pero debo confesar que a partir de Dusk and Her Embrace, publicado en el ya lejano 1996, les perdí voluntariamente la pista debido a, probablemente, la irritante personalidad de Dani y a los derroteros relativamente paródicos que me parecía que estaba tomando su música (que me perdonen sus fans por decir esto). También es cierto que, llevado por mi irrefrenable interés periodístico, en los últimos años he escuchado sus dos últimos trabajos (Hammer of the WItches y Cryptoriana) y me han parecido sorprendentemente disfrutables, pero aún así no me han convencido lo suficiente como para subirme de nuevo al carro.

Así que tenía bastante curiosidad para ver qué es lo que podían ofrecer Cradle of Filth en directo a día de hoy, y más aún teniendo en cuenta las circunstancias tremendamente adversas (¿cuatro de la tarde para una banda de temática vampírica? Come on!) con las que tenían que lidiar. Vampirismo a parte, tampoco ellos no pusieron demasiado de su parte para sentirse cómodos: Dani llevaba botas inmensas, pantalones, armilla y capa de cuero, y detrás de su maquillaje se le veía rojo como un tomate maduro, mientras que el inconsciente batería Martin Marthus Skaroupka se parapetó detrás de una mampara insonorizadora transparente que, pobre chico, le debió producir múltiples quemaduras de tercer grado.

Tal y como anunciaban los setlists anteriores y los comentarios de la gente, su concierto empezó (intro aparte) con dos temas de Cruelty and the Beast («Thirteen Autumns and a Widow» y «Cruelty Brought Three Orchids») y uno del Dusk («Malice Through the Looking Glass»), lo que obviamente gustó al personal. Y aunque empezaron un poco dubitativos y con un sonido muy mejorable, la verdad es que se fueron entonando y terminaron por dar un concierto notable y, sin duda, mucho mejor de lo que me esperaba: los alaridos de Dani Filth fueron convincentes, la presencia al piano y a las voces de la canadiense Lindsay Schoolcraft fue magnífica y la instrumentación en general, una vez superados esos primeros compases, logró ser también precisa y compacta.

Canciones nuevas como la muy buena «Heartbreak and Seance» se alternaron con clásicos como «Nymphetamine Fix» o «Her Ghost in the Fog» para satisfacer a un público que tampoco es que se volviera loco con ellos pero sí que pareció bastante convencido. Como curiosidad, andaba yo pensando que ni había mucha gente viéndolos ni los que había estaban respondiendo demasiado apasionadamente al desarrollo del concierto (al contrario de lo que ocurrió con Avatar, por poner un ejemplo), pero mientras apuntaba esta reflexión ávidamente entre mis notas, me vino un chico joven que no conocía de nada todo emocionado y me dijo «Ostia, que buenos que son tío, no los había visto nunca!». Pues eso, que ya me callo. En cuanto a mí, tampoco os voy a decir que me volvieran loco, pero es innegable que ofrecieron un concierto más que digno.

Def Con Dos

por Abel Marín

Me hubiera gustado estar tras el escenario Fest durante la brutal actuación de Cradle of Filth en el Rock, pues seguramente allí estarían Strawberry y compañía de bromas ante el calor que estarían pasando los de Danny Filth y compañía con la indumentaria y el maquillaje, similar al que pasaría Sagan Ummo con el pasamontañas.

Después de la aberrante cancelación por parte del nuevo gobierno del ayuntamiento de Madrid del concierto que iban a ofrecer en las fiestas de Tetuán, Def con Dos venían con ganas de reivindicarse ofreciéndonos una muy buena actuación bajo un sol de justicia haciéndonos sudar las cervezas.

Alzheimer, Ultramenia, Armas p’al pueblo estuvieron muy presentes, repasando material clásico mezclado con sus más recientes España es idiota o su último Zombie Franco. No sólo iba a ser humor e ironía para luchar contra nuestra corrupta clase política y por la libertad de expresión, la reivindicación feminista y el apoyo a todas las víctimas de la lacra de la violencia machista estuvo muy presente.

Fiesta y reivindicación nos dieron para desgastar nuestras cuerdas vocales y obligarnos a saltar hasta el final con El día de la Bestia y los riffs de Walk de Pantera.

Tal vez muchos dudaron de su presencia pero demostraron el porqué se merecían estar ahí. Gran acierto.

HammerFall

por Xavi Prat

Preparar una review de un disco o de un concierto de Hammerfall es fácil: son sota, caballo y rey. Su música puede gustarte o no, eso ya es totalmente subjetivo, pero lo que seguro que no hace es sorprenderte. Llevan 22 años haciendo lo mismo y, la verdad, en disco me resultan muy cansinos. Pero su directo es tremendamente efectivo, y por muy hater que seas, no lo vas a cambiar. Su tono épico, sus melodías facilonas para levantar el puño y, en general, todo ese aura (casposa o no) que les rodea hace que su directo sea divertido. Y en esta edición del Rock Fest pasó exactamente eso: previsibilidad total pero diversión para un público entregado.

Los de Dronjak y Cans llevan mucha carretera encima, y se nota. Si le sumamos el buen hacer de Pontus a la guitarra (algo así como un Xavi Prat sueco, con pelo largo y sin gafas ni perilla que no pega nada con la estética del grupo, pero aun menos con The Poodles), de Larsson al bajo y de su enésimo batería, David Wallin, te queda algo resultón. Como unas tostaditas con salmón ahumado, algo que ya se ha visto mucho pero que siempre triumfa.

No sé cuanta gente habría viéndolos, estaba en primeras filas y parece que el sábado la asisténcia fue algo discreta, pero mirando hacia atrás parecía que aquello tenía buena pinta. Si, además, tenemos que guiarnos por los gritos y la reacción de la gente que tenía a la vista, los suecos deben seguir siendo un gran reclamo. Comparado con el concierto que dieron aquí mismo hace 2 años, creo que han mejorado. A Cans lo veo en mejor forma, incluso más delgado. Sigue sabiendo llevar muy bien al público mientras el resto construye unas basas sólidas para que él luzca.

Con el mítico guerrero de fondo y con disco nuevo anunciado (podemos hacer la review sin escucharlo. Lo que decía antes del sota, caballo, rey), la gente disfrutó con «Riders of the Storm» o «Renegade», muy aclamada.  «Let the Hammer Fall» y «Blood Bound» sirvieron para que el frontman jugase con el público, pero la locura, como viene siendo habitual, llegó con el último tema, «Hearts on Fire».

Ninguna sorpresa. Nada que te hiciera flipar. Pero nada que te decepcionase. Eso es Hammerfall, y eso hicieron.

Deldrac

por Albert Vila

La posición de Deldrac a esa hora de la tarde era toda una rara avis en el hstorial del Rock Fest. Para una banda local y novel (aunque sus miembros no sean para nada noveles, como banda solo tienen un disco en el mercado), poder tocar más allá de los primeros slots de la mañana o a última hora de la noche es un privilegio reservado a muy pocos. Y el motivo por el que gozaron de tal honor es porque su concierto se vendió desde la organización como un homenaje a Legion, la mítica banda pionera del thrash en nuestro país y que contaba en sus filas con el guitarrista Quimi Montañés, encargado también de las seis cuerdas en Deldrac (donde le podemos ver con su preciosa Jackson King V plateada) junto a musicazos del nivel y la trayectoria de David Saavedra (ex-Doomsday y ex-Lvx Divina), Eric Moya y el nuevo Marc Striker.

Pero a la hora de la verdad, lo cierto es que Deldrac se ventilaron rápidamente los temas de Legion (solo tocaron tres, entre ellos la muy celebrada «Mili KK» – una canción cuya letra no ha envejecido demasiado bien pero que era todo un foco de protesta y preocupación en su momento – ), y se dedicaron a presentarnos orgullosamente (como debe ser, en mi opinión) las canciones de One Day More, One Day Less (2016) y de su futuro trabajo, un Against Tyranny a publicar este mismo otoño. Delante de su escenario se congregó una buena cantidad de gente, entre fans actuales de la banda, nostálgicos del «Mili KK» y gente con ganas de apoyar a una escena local a la que muchas veces se echa en falta en este festival. Y lo mejor de todo es que enmedio de los ya esperados veteranos había un montón de jóvenes que lo dieron todo y que demostraron estar también interesados en el thrash local pasado, presente y futuro.

Desde el primer minuto (con el «Lethal Liberty» de Legion), Deldrac vinieron a darlo todo. Estuvieron veloces, compactos y potentes y sonaron bastante más cañeros de lo que nos acostumbran en disco. La megadethera «Then Some Bells May Shime», «Thought Police» y «Blame Satan» se mezclaron con algunos temas nuevos como «Headshot» (cuyo vídeo estrenamos en esta casa), «Blame God» o «Legal Mafia». Pero el momento estelar de la noche llegó sin duda con la interpretación de «Mili KK», el himno ícónico de Legion que coréo media carpa, y después de cuya interpretación algunos desfilaron, como si hubieran venido a escuchar solo esta canción. Pues peor para ellos, porque se perdieron la final «The Only Life You Know», que a mí me parece bastante mejor.

El concierto acabó con un alarido absolutamente espectacular de Eric, que demostró una vez más que se trata de un cantante excepcional. De hecho, según me comentó él mismo posteriormente, no vino en los dos dias previos de festival para cuidarse la voz y así poder darlo todo hoy. Ay, si algunos cantantes profesionales hicieran lo mismo, otro gallo nos cantaría. Con él a la cabeza, Deldrac demostraron estar totalmente a la altura de la posición que ocuparon en el cartel gracias a un concierto impecable y a una notable capacidad de convocatoria que sin duda celebramos y que esperamos a que ayude a que más y más bandas emergentes se hagan un sitio en Can Zam.

Angelus Apatrida

por Albert Vila

Después de disfrutar de la actuación de Deldrac, continuamos con el thrash hecho cerca de aquí con la presencia de los albaceteños Angelus Apatrida en uno de los escenarios principales. Ya lo hemos dicho mil veces tanto yo como muchos de mis compañeros de revista en los últimos tiempos, pero nunca está de más repetirlo: Angelus no tienen nada que envidiar, pero nada de nada, a ninguna banda de thrash metal mundial a día de hoy. Ni en canciones, ni en capacidad técnica ni mucho menos en solvencia y espectacularidad sobre el escenario. Y mira que ya les he visto veces (entre ellas, en este mismo Rock Fest hace dos o tres años o en el Rock the Coast hace menos de un mes), pero a cada una de ellas parecen superarse un poquito más. Y hoy, directamente se coronaron como el bolazo de la jornada (para mí, de largo) y como una de las bandas más abrasadoras y contundentes de todo el fin de semana.

Como la gente no es tonta y todo eso ya lo sabe perfectamente, la cantidad de público esperando la salida de Guillermo Izquierdo y su tropa era notable, y su aparición bajo las notas iniciales de la sencillamente espectacular «Sharpen the Guillotine» recibió una ruidosa ovación. Superados los inevitables segundos de ajuste técnicos desde la mesa, Angelus sonaron absolutamente atronadores, y para cuando empezaron a atacar «Vomitive», allí ya estábamos viendo los mayores circle pits de lo que llevábamos de festival (y la que te rondaré, morena). La brutal «Inmortal» sonó de la puta ostia y tanto yo como los miles de thrasheros ahí reunidos estábamos literalmente flipando ante la insultante calidad y precisión de esos tíos con camisetas de Napalm Death, Chuck Schuldiner y Straight Outta Albacete que primero parecen (y son) gente normal y luego te vuelan la cabeza de esta forma.

De hecho, la comunión que se generó entre banda y público fue espectacular, hasta el punto que creo que éste fue el mejor concierto de todos los que les he visto tanto a nivel de sonido como de respuesta del público. La brutal «Of Men and Tyrants» mantuvo el nivel ecstático del pit, mientras que el manchegan reggaeton de «Downfall of the Nation» y de la melódica «End Man» sirvió para tomar un poco (poquito) de aire antes del estallido final con la frenética «Serpents on Parade», la clásica «Give ‘Em War» y la habitual «You Are Next», que vino precedida del mayor wall of death que yo he visto nunca en este festival, estirándose desde el borde del escenario hasta la mesa de sonido y contando con la excitada participación de casi todo el mundo que se reunía ahí (yo incluido, y mira que yo soy de los que lo da todo, pero siempre con un metro a mi alrededor).

Bolazo de Angelus, que demostraron de nuevo ser unos grandes de esto. De todas las bandas del llamado neo-thrash, no veo a nadie que les tosa (quizás Crisix), y de las antiguas, la cosa estará ahí-ahí. Si no fue el bolazo del festival, bien poco le faltó.

Krokus

por Jordi Tàrrega

Con estos suizos casi podríamos hablar de una banda residente del festival. Son un seguro de vida y se agradece de que siempre tengan un horario de lujo, muy a pesar de que hay mucha gente que no lo termina de entender. Tres guitarristas de base y un Marc Storace haciéndote recordar al malogrado Bon Scott. Tiraron del apoyo de la pantalla y cumplieron, aunque no superaron sus brutales conciertos anteriores. “Headhunter” nos dio la bienvenida cuando el cielo ya empezaba a amenazar seriamente y en “Long Stick Goes Boom” cayó un diluvio tremendo el cual le hizo cambiar de letra a Storace para decir eso de “Estoy cantando bajo la lluvia”. Huida en masa de la gente, pero profesionalidad por parte de una banda que ya las ha visto de todos los colores. Siempre tiran de versiones, y aquí metieron un fragmento del “Pinball Wizard” de los The Who.

Sobraron un poco los videos de streapers en “Rock and Roll Tonight”, pero el tema es potente. Dedicaron al gran Lemmy en “Winning Man” y en todo momento Storace resaltaba la labor del gran Mandy Meyer (también en Gotthard). Siguiendo con el juego de imágenes en pantalla, sorprendió que en “Hoodoo Woman” metieran imágenes de “Perdita Durango”, film de Álex de la Iglesia. La lluvia nos dio un respiro y continuaron con “Fire”, con fuego en las pantallas y con una versión de Neil Young: “Keep on Rocking in the Free World”. El tridente de guitarras lució en “Eat the Rich” e “Easy Rocker” para luego indagar en la maravillosa discografía de Bob Dylan y rescatar “Quinn the Eskimo (The Mighty Quinn)”, con solo de batería por parte de Flavio Mezzodi. Este tema curiosamente suele estar presente en los directos de Gotthard. Terminaron con un tema más en el que incluyeron el riff de “Rock Bottom” de UFO, otro de los muchos homenajes con los que suele jugar la banda suiza. Cumplieron, pero otros años han estado estelares.

Venom

por Albert Vila

Venom era una de esas bandas de las que no sabía muy bien qué esperarme. A pesar de ser unos auténticos iconos de la vertiente más oscura del heavy metal, las huestes del viperino Cronos suelen ser tirando a simplonas y, secretamente, siempre he pensado que estaban entre bastante y muy sobrevalorados. Me explico: es verdad que crearon una etiqueta (el black metal) y que fueron de los primeros que empezaron a hablar de Satán e historias similares en sus canciones, pero musicalmente no creo que inventaran nada en absoluto. De hecho, su heavy metal con toques a Motörhead ya lo practicaban tanto antes como después de ellos decenas de bandas con una calidad y una capacidad compositiva bastante superior a la suya, y musicalmente entiendo que hay muchas propuestas mucho más proto-black que ellas. Y ojo, que yo de adolescente el primero que iba orgullosamente con mi camiseta con el la cara de chivo y el lema «Black Metal», pero a día de hoy lo cierto es que incluso sus clásicos me parecen tirando a ramplones. Perdonadme por favor los fans por expresar tales blasfemias.

Eso sí, nadie les puede negar a Venom que intentaron ser de los pocos que se curraron de verdad su puesta en escena, con un resultón vídeo de fondo lleno de rayos y, sobretodo, con sus continuas llamaradas y fuegos artificiales. Hasta ahí bien, pero tan pronto el trío formado por Cronos, Rage y Danté salió al escenario y empezó a interpretar su icónico «Black Metal» vi que la cosa no iba a pasar de ser un poco asá. El líder de la banda una vez consumada su árida escisión con Mantas (ahora al mando de Venom Inc), no demostró ser un vocalista ni un bajista especialmente brillante, y si eso lo unimos a que la guitarra no tan solo no acabó de sonar bien sino que estuvo llena de altibajos, de entradas a destiempo y de solos fuera de sitio, la impresión general es que lo que estábamos viendo sobre el escenario era un espectáculo esencialmente cutre. Algo que no arregló ni la interpretación de temas que molan (o eso creo) como «Welcome to Hell» y «Countess Bathory», que coreé voluntariosamente pero que no lograron desengancharme esta sensación.

Me temo que la desbandada general que se fue produciendo a lo largo de su concierto certifica en parte esta teoría, y el pobre Cronos pidiendo a la gente que gritara «Ve-nom! Ve-nom!» (algo que tantas otras bandas este finde de semana se ganaron espontáneamente) fue la señal de decadencia definitiva. Para ser justos, hubo algun momento aceptable, como «In Nomine Satanas» o «100 Miles to Hell», y cada disparo de fuegos artificiales también fue recibido por «oohs» y «aaahs» (quizás a modo de cachondeo, no sé), pero en su mayor parte lo que vi me dió por momentos un poco de vergüenza ajena. Hubo varios puntos en que el guitarra empezó algun tema absolutamente solo y ni tan siquiera fue capaz de mantener el tiempo, hubo finales de canción que parecían totalmente aleatorios… No sé, si os digo que estuve por irme a la carpa a ver a Los Barones (que lo petaron) ya os lo digo todo. Venom crearon una etiqueta y una imaginería que ha dado mucho juego, y eso merece todo mi aplauso, pero a día de hoy, o tuvieron un mal día (que lo dudo) o sencillamente me parecen indignos de una posición tan elevada en un cartel como el de hoy.

Los Barones

por Abel Marín

Al contrario que lo que me ocurriera con Obús la jornada anterior, la expectativa hacia la nueva (por decir algo) andadura del legendario Sherpa, junto a su inseparable compañero de batalla Hermes, en la que se ha propuesto mantener viva la leyenda del mítico Barón Rojo ahora que casualmente (mira por donde) los hermanos De Castro han decidido guardar en el hangar el avión que les ha llevado a batallar con dispar fortuna durante estos 40 años.

A pesar de estar relegados en el Rock Tent (carpa junto a los escenarios principales) la expectación fue en aumento mientras transcurrían los minutos, habiendo ya más de media carpa completa a escaso 10 minutos del inicio de la actuación y eso que el calor era más que notable allí dentro.

Tras aparecer en los laterales del escenario la ovación arropó a los protagonistas mientras en la pantalla posterior se proyectaban imágenes del legendario aviador y recreaciones de sus bélicas hazañas. Iniciaron con El Pobre y continuaron con la homónima Barón Rojo, convirtiendo todo el set list en un ejercicio de nostalgia para todos los presentes. Pero a pesar que tanto Sherpa como Hermes se encontraban en buena forma (musicalmente hablando) y sintonía el buen trabajo de las guitarras de Sergio Rivas y Marcelo Calábria no consiguieron quitarme la sensación de añoranza ante la ausencia de los hermanos De Castro, que tan buenos conciertos dieron en su gira de reunión a pesar de las desavenencias entre los miembros originales.

Entre tanta nostalgia introdujeron su nuevo single «Vive hoy», que mantiene ese regusto clásico pero que no acaba de convencerme y al parecer a la mayoría de los presentes tampoco pues hubo poco movimiento al contrario de lo ocurrido con la ráfaga de clásicos que dispararon a continuación, destacando «Se escapa el tiempo» poco asidua en los conciertos de los Barón Rojo oficiales. Entre «Breakthoven», «Son como hormigas», «Concierto para ellos» y más clásicos atemporales destacó lo vivido con «Siempre estás allí», la complicidad con la banda fué totalmente mística aflorando la piel de gallina, así como el apoteósico final con «Hijos de Caín» y «Los rockeros van al infierno» dando por finalizada la fiesta en una abarrotada carpa que no podía alojar a muchos de los que vieron el concierto desde fuera.

Antes de despedirse nos recordaron que «no habrá final» para Los Barones en referencia a al concierto final de Barón Rojo y que volverían en noviembre a la sala Razzmatazz.

Estaremos pendientes.

Saxon

por Xavi Prat

Llegaba la hora de los cabezas de cartel. Y debo decir que la elección (si es que fue tal y no un pito pito gorgorito, ¿a quien ponemos?) fue decepcionante. Sí, Saxon son unos clásicos. Sí, están celebrando sus 40 años. Y sí, tienen hits para aburrir. Pero nunca en la vida pueden ser cabezas de cartel de un festival como se supone que es el RockFest.

Una mini pantalla no escondía un águila de metal, y supongo que tampoco lo pretendía, cuando la intro empezó a sonar. Las pantallas escupían imágenes de los 40 años… y como pasa el tiempo, ¡joder! Cayó (y los que la recogía  taparon el inicio del show) y los cinco miembros ya estaban on stage. «Motorcycle Man» sonaba de puta madre, y parecía que el recinto se había llenado. En la pantalla, imágenes antiguas de carreras de motos. Posteriormente irían saliendo las portadas de sus discos, su logo y alguna otra imagen (cohetes con «The Eagle has Landed», por ejemplo). Había llamaradas, había humo, un sonido tremendo y, en definitiva, un show mucho mejor de lo esperado. Ya les había visto un par de veces, hace la tira de años, pero esta vez la cosa iba mejor. Tanto que el compañero de redacción Jordi Tárrega me vino a decir «nunca fallan». Cuando me lo dijo habían sonado temas como «Batering Ram», «Strong Arm of the Law» o «Denim and Leather». Casi nada.

Sí, están más viejos, calvos, gordos y con más arrugas. Pero como dijo el compañero, nunca fallan… hasta que lo dijo. «The Eagle has Landed» supuso un punto de inflexión hacia mal, convirtiendo un muy buen inicio de concierto en algo insulso y muy largo, exageradamente largo (y sólo fue 1:30 horas). Quizá fuese el cansancio del personal, no lo sé, pero se notó un bajón enorme entre el público, bastante del cual empezó a desfilar mientras otro le tiraba chalecos a Biff. Antes, eso sí, «They Played Rock n’roll» sirvió como tributo a Lemmy.

«Batallions of Steel», «Dogs of War»… la cosa no mejoraba, ni siquiera con «To Hell and Back». «Power and the Glory» y «Heavy Metal Thunder» pusieron el punto y final a la primera parte del show. De momento era como fué todo el día, el más flojo de todos los días que he estado en festivales. Pero volvieron a escena, no podía ser de otra forma. «Crusader» levanto algo los ánimos, «747 (Strangers in the Night)» lo volvió a bajar y «Princess of the Night» estuvo a la altura del inicio del show para poner su punto y final.

Creo que ponerles de cabeza de cartel les jugó una mala pasada. Saxon pueden dar muy buenos directos, mis ojos lo han visto, pero bien la edad, la duración, la hora, el desanimo en general o la alineación de los astros, hizo que un concierto que empezó muy potente llegase a ser muy cansino.

Arch Enemy

por Albert Vila

Después de menos de un minuto de silencio desde la finalización del bolo de Saxon, empezaron a sonar las notas del «Set Flame to the Night» que acostumbra a servir de introducción en los conciertos de los suecos Arch Enemy en los últimos tiempos. Antes de meterme en detalle en el concierto, dejadme reflexionar un momento sobre la transformación mediática que ha vivido la banda liderada por Michael Ammott desde hace unos años. Recuerdo que en 2012 estuve en el concierto final de la gira de Khaos Legions (2011) en Razzmatazz 2, un disco que acabó siendo el último que la banda iba a grabar con la icónica Angela Gossow al frente. Aunque en ese concierto había media entrada y gracias, cuando Angela anunció que daba un paso al lado para centrarse completamente en las tareas de management, más de uno pensó (yo lo pensé, sin duda) que estábamos ante el principio del fin de la banda. Pero nada más lejos de la realidad, al contrario, ya que la incorporación de la canadiense Alyssa White-Gluz les insufló una inesperada bocanada de aire fresco que, dos discos después (discos que no son mejores que lo anterior – aunque quizás tampoco peores -) tiene a la banda llenando salas como Razzmatazz 1 o logrando segundas filas en festivales de renombre.

¿Y por qué está ocurriendo esto? Pues me atrevo a decir que, teniendo en cuenta que la música no ha cambiado demasiado (o nada), la clave está justamente en Alyssa. El esfuerzo de marketización tanto sexual (algo que Angela nunca llegó a ser) como a nivel de icono de cara a las nuevas juventudes femeninas está dando sus frutos, y ha conseguido que gente a la que nunca le ha interesado el death metal ahora se acerque a Arch Enemy, principalmente, por este motivo. Puedo poner ejemplos de chicas adolescentes que escuchan a Txarango y a Oques Grasses pero que igualmente adoran a Alyssa y a Arch Enemy, al igual que puedo poner el ejemplo de un notorio redactor de nuestra revista que siempre ha despreciado explícitamente el metal extremo pero que lleva dando por saco con Alyssa desde hace meses. Eso sí, hoy él aguantó estoicamente hasta que empezara el concierto y después de exactamente un tema admirando a la vocalista del pelo azul se fue a su casa alegando sin pudor que «ya había visto todo lo que había venido a ver». ¿Y eso es algo positivo o negativo? Pues no lo sé, os dejo que cada uno opine lo suyo, pero no deja de ser un truco más viejo que el hambre: ahora Arch Enemy son una banda mucho más grande que cinco años atrás, y creo que en gran parte eso no se lo deben a la música. A ellos, en todo caso, seguro que les parece magnífico.

Bien, dicho todo eso, vamos allá. Lo cierto es que Alyssa, a pesar de disponer de un rango vocal extremadamente limitado (compararla con alguien como Tatiana de Jinjer, por ejemplo, es algo casi humillante), está logrando ser mejor frontwoman a cada concierto que les veo. No goza de especial carisma, es verdad (tampoco lo hacía Angela Gossow), pero se esfuerza en interactuar con el público hasta un punto en que le queda resultón. Empezaron su concierto, ante una generosa cantidad de gente, con la nueva «The World is Yours», un tema que está bastante bien pero cuyo estribillo no soporto. Ajustando aún el sonido continuaron con «War Eternal», un corte que sigue prácticamente la misma estructura que el anterior pero que, a mí juicio, está bastante mejor. Tal y como ha ido ocurriendo en los últimos tiempos, los repertorios de la banda se centran más y más en sus dos últimos discos (hoy, siete temas versus cinco entre todos los demás). Algunos como «You Will Know My Name» o «As The Pages Burn» brillan con luz propia, mentras que otros son recibidos con algo más de frialdad (incluso la trallerísima «The Race», casi lo más cañero que escucharíamos hoy, fue bastante ignorada por el respetable).

Lo que queda de sus épocas pretéritas y no tan lejanas son los clásicos inevitables e infalibles. Con «My Apocalypse», a la que le faltó algo de punch, algunos despistados se metieron a montar un pogo a pesar de que fuera casi el tema menos apropiado para ello. «Dead Eyes See No Future» es una canción que me flipa y que me sorprendió que incluyeran en detrimento de la más habitual «We Will Rise», perteneciente a su mismo Anthems of Rebellion (2003). «Under Black Flags We March» y «No Gods, No Masters» son temazos épicos y coreables que deberían tener lugar en cualquier directo suyo. Si bien el bolazo que se marcaron en Razz 1 hace ya cosa de año y medio me convenció mucho, en esta ocasión, y aún y tirar de los mismos trucos, todo me pareció un poquito más desganado. Coros, teclados y baterías pregrabados, coreografías lánguidas y previsibles y una total falta de protagonismo a nivel de focos de todos los miembros de la banda excepto Alyssa hicieron que fuera levantando la ceja para no volverla a bajar del todo hasta el final de su descarga. No fue un mal concierto, ojo, pero a mí me pareció que le faltaba algo de alma.

Para cerrar, la imprescindible «Nemesis», que es un temazo de arriba a abajo y que despierta a un muerto con el riffaco y el estribillo que se gasta. Hace ya años que acaban así, y si no hay ninguna sorpresa lo seguirán haciendo durante unos cuantos más, porque el tema es la leche y pega lo suyo para ese momento. Como siempre también, enlazan su final con la outro «Enter the Machine», durante la cual los miembros de la banda se van paseado por el escenario repartiendo púas y saludos para acabar abrazándose y, coincidiendo exactamente con la última nota, ofrecer su reverecia final al público. Todo estudiadísimo y, aunque resultón e incluso elogiable de buenas a primeras, también tremendamente previsible y sin mucha sangre. Arch Enemy es una banda extremadamente profesional que, además, tiene muy claro lo que quiere. Esto, evidentemente, tiene sus puntos positivos, pero en una noche regular se puede convertir en una sucesión de movimientos desganados.

Una vez de camino hacia la salida, mi coche y mi cama, no pude evitar pararme un rato ante una inesperada atracción llamada Bullicio Puppets, que no había visto hasta entonces pero que iban a estar ahí durante todo el domingo. La cosa consiste en un tío encima de una mesa minúscula y muy elevada aporreando una batería mientras otro, completamente vestido de negro (máscara incluida), controla una marioneta guitarrista y vocalista que va interpretando las canciones. Me quedé solo un par de temas («Domination» y «Walk», ambos de Pantera) pero a su alrededor se empezaba a crear un corrillo de gente que se iba animando más y más a cada momento. Bien por ellos, la verdad.

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