
No hay verano que se precie para un metalero de Barcelona y cercanías que no termine… en Ripollet. Lo tengas previsto o no. Porque este es el punto de partida de esta crónica. Este año me había propuesto romper con la tradición y saltarme la cita, sin más justificación que un “seguro que me da pereza“.
Cada año se da la tesitura de que el Ripollet Rock me pilla o bien al final de mis vacaciones de verano, lo que como culo inquieto supone que me toca adelantar la vuelta a casa dos días antes de lo previsto si quiero acudir a su cita, o justo después de una semana de trabajo que suele ser de lo más intensa, después de poner al día todo lo que no has hecho durante tu ausencia. Este año tocaba lo segundo. Y claro, lo de la “pereza” tenía cierta lógica. Trabajo a cinco minutos de Ripollet. Coger el coche dos veces para hacer el mismo trayecto de 30 km… ¿a que da pereza solo de pensarlo?
Pues así me encontraba el pasado viernes 28 de agosto después de mi jornada laboral y ya a salvo del calor infernal en casa, debatiéndome entre la pereza y la idea de escuchar unas cuantas horas de buena música, ¡gratis! Visto así, ¿cómo resistirse?
Y es que el Ripollet Rock, además de ser una muy buena oportunidad para ver conciertos en un emplazamiento al aire libre ideal para despedir el verano, se convierte en un epicentro de vida social que marca también la despedida de muchos de tus colegas musicales, con los que sabes que va a ser difícil coincidir hasta, posiblemente, el próximo Rock Fest.
El caso es que, este año, nadie de mi entorno había manifestado su intención de ir. Venga, va, tira igualmente, que nadie te obliga a estar allí hasta el final si te acabas aburriendo…
¿Os hago un spoiler de cómo acabó la jornada? ¡Que ha sido uno de los mejores Ripollet Rock que he vivido! Los habituales colegas acabaron viniendo en el último minuto, uno recién llegado de Soria, otro al que le tocaba trabajar bien pronto al día siguiente… y eso resume mejor que nada el espíritu de la tradición del Ripollet Rock. Da igual tus circunstancias personales, si eres un amante de la música y te gusta rodearte de los tuyos para disfrutarla, ese es tu hogar, uno que lleva 33 años en construcción y que no deja de crecer, sobre todo en nuestros corazones. Son muchas las anécdotas que atesoramos los que nos hemos acercado allí con regularidad y que, año tras año, han pasado a formar parte de nosotros. Ripollet Rock no es solo un festival de música, es también un punto de encuentro entre personas tan potente que ha sido capaz de que su peregrinaje a él se convierta en toda una tradición. Y de las que te apetecen.
Con tanto prolegómeno, casi olvido que el motivo de este artículo era en realidad el de dar cuenta de lo que pasó allí a nivel musical. Pues ya me perdonaréis si esta vez no escribo una de mis interminables chapas, tampoco estaba prevista ni mi intervención como cronista, ni la de mi compañero como fotógrafo accidental. Pero ante la idea de dejar el reportaje desierto, creo que siempre resulta algo más interesante poner por escrito ni que sean unas cuantas pinceladas de cómo lo vivimos.
Leyendariän
Y empezamos la noche con una agradable sorpresa: Leyendärian, Cada Ripollet Rock suele empezar con una banda vinculada a la escena local, y este año fueron ellos los encargados de abrir fuego. El hecho de contar con un violín y una flauta travesera sobre el escenario aportó sin duda un plus a su música que ha venido a etiquetarse dentro del folk metal, pero que, en realidad, nos sonó más a un rock/metal de corte clásico con el añadido “épico” de esos dos instrumentos y, por tanto, con un protagonismo más repartido. Tanto su propuesta escénica como la temática de sus canciones, que se mueven dentro del universo artúrico, convencieron sobre un escenario que incluso contó con proyecciones en su parte trasera que potenciaron todo ese imaginario medieval. Nada mal para ser la banda de apertura.

Serious Black
Serious Black vino a continuación, una banda que a pesar de sus prometedores inicios, perdió algo de su magia power metalera por el camino debido a sus múltiples cambios de formación, En 2017 tuve el gusto de verlos en directo y en comparación (siempre odiosas) creo que aún marcándose un buen show esta vez, no transmitieron al mismo nivel. El sonido empezó algo alto y tardó un rato en situarse a un nivel óptimo para dejarnos disfrutar de su propuesta, que de manera sorpresiva, mostró ausencia de su bajista en casi la totalidad de su espectáculo. Mario Lochert, miembro fundador, tan solo actuó en unos pocos temas aduciendo prescripción médica, al haber sufrido recientemente un ataque al corazón. Si no conocías su anterior versión, es posible que te dejaran más que satisfechos si el power melódico es lo tuyo, a mi me faltó un poco de la chispa de antaño.
Setlist Serious Black:
Serious Black Magic
The Story
United
Tonight I’m Ready to Fight
Last Man Standing
Take Your Life
High and Low
Crematory
Les tocó el turno a Crematory acto seguido, una banda alemana totalmente desconocida para mí aun a pesar de llevar más de treinta años sobre las tablas. Y es que su fórmula death/gótico/industrial no figura en absoluto entre mis favoritas, pero qué queréis que os diga, me los estuve escuchando con detenimiento y me gustó esa forma de mezclar todas esas influencias sin llevarlas al extremo y cuidando a su vez el aspecto melódico. El teclado, que tuvo que ser cambiado tras la finalización del primer tema, hizo que la actuación empezara un poco tensa, pero una vez superado ese pequeño incidente, el espectáculo fue poco a poco a más, cantando la mayoría de sus temas en inglés, pero también algunas en alemán, congregando a un número elevado de asistentes en la mejor franja sin duda de la noche.

Rhapsody of Fire
El público no se dio a la fuga tras la actuación anterior, pues pasada de largo la medianoche aún faltaba por actuar el cabeza de cartel, nada más ni nada menos que los italianos Rhapsody of Fire. La solvencia de esta formación es algo que está por encima de cualquier duda, funcionan como un cañón desde hace ya tiempo, con Alex Staropoli como verdadero puntal y Giacomo Voli como flamante vocalista que en nada desmerece a la voz original que tanta personalidad imprimió al combo. Y aunque Rhapsody of Fire sigue adelante intentando generar nuevos himnos que incluir en sus directos, saben que el público de un festival va a preferir escuchar aquellos que en su pasado los hicieron únicos. Así pues, el setlist que pudimos escuchar en Ripollet se basó en sus primeros discos de finales de los 90, principios de los 2000, una apuesta ganadora que obtuvo justo lo que vino a buscar de su público: su beneplácito. Con un final tan apoteósico como previsible, encadenando “Dawn of Victory” y “Emerald Sword”, se disiparon todas mis dudas ante el dilema planteado recientemente en nuestro artículo que diseccionaba ambas canciones. No hay un canto colectivo más emocionante que el que se produce cada vez que suenan las palabras “gloria, gloria perpetua”.
Setlist Rhapsody of Fire:
Unholy Warcry
Rain of Fury
I’ll Be Your Hero
Chains of Destiny
The Magic of the Wizard’s Dream
Erian’s Mystical Rhymes (The White Dragon’s Order)
Challenge the Wind
On the Way to Ainor
The March of the Swordmaster
Dawn of Victory
Emerald Sword

Headon
La única vez que me he quedado hasta el final de Ripollet Rock fue para ver a Myrath en 2016 y os puedo asegurar que para una persona diurna como yo supone todo un esfuerzo titánico mantenerme despierta a esas altas horas de la noche, algo a lo que me he vuelto a enfrentar en la presente edición. Iba a sacrificar a Headon, cuando empezó su espectáculo justo antes de irme… y me atrapó. Sin idea clara de a lo que iba a enfrentarme, pues lo único que conocía de ellos eran las constantes sugerencias del algoritmo de Facebook que no deja de mostrarme el postureo de su cantante, Andy Martínez, mi sorpresa fue encontrarme con un frontman que no solo puede presumir de una inmejorable imagen, sino de un chorro de voz brutal también. Saltaron al escenario desplegando ya un aura especial, con una imagen oscura tirando a gótico / industrial, dejando claro desde el principio que su bajista, Sergio Ros, iba a aportar mucho juego al combo, contrastando con su voz más contundente. El metal alternativo que practican, lejos de ser algo frío, entró bien gracias a su fuerte carga melódica y lo cierto es que encajó como un guante con la franja horaria asignada para ellos. Mi disfrute solo hizo más que mejorar con el cameo con Isra Ramos, quien salió a interpretar “Constantine” junto a ellos. Qué regalazo para clausurar la noche. Porque hasta allí me alcanzaron las fuerzas. El resto del show lo oí de lejos de camino al coche.
Y aunque, tal y como he dicho al principio del escrito, esta edición del Ripollet Rock ha sido una de las que más he disfrutado por afinidad musical con el cartel, sé que seguramente el año que viene me volverán a asaltar las mismas dudas. Y sé, también, que la tradición volverá a guiar mis pasos hacia allí.


Aficionada a la música y los viajes, aunque no sabría decidir en qué orden. Cuando los combino, ¡lo más! Amante de aprender cosas de allá donde vaya, soy un poco la suma de los lugares que he visitado y las experiencias vividas. Daría la vuelta al mundo de concierto en concierto si de mi dependiera, pero las limitaciones terrenales me mantienen aquí y ahora, así que, ¡a sacarle el máximo partido!
















