Ready for Prog 2022: Otro festival progresivo que se apaga

Ready for Prog (inicialmente llamado Very Prog Festival en su primera edición) se originó en la ciudad francesa de Toulouse en el año 2018, siendo éste el único festival del país galo dedicado en exclusiva al amplio paraguas del estilo progresivo. Concebido en sus orígenes como un evento de dos días coincidiendo con fin de semana, la idea ha sido siempre ofrecer en su cartel un amplio abanico de bandas tanto nacionales como internacionales, emergentes o consolidadas, representativas del género en toda su extensión.

Cabezas de cartel de renombre como Caligula’s Horse, Sons of Apollo, Threshold, Pain of Salvation, Noveria o Leprous, han hecho las delicias de todo fan del progresivo que ha encontrado hasta la fecha una meca europea a la que dirigirse año tras año, con tan sólo un parón en el 2020 debido a la pandemia. En el 2021 consiguieron sacar adelante el festival aun a pesar de las restricciones vigentes. Para la edición de este año 2022, Seventh Wonder y Myrath han sido los reclamos principales del cartel, acompañados por bandas venidas de países tan dispares como Francia (Wyvern), Alemania (Art Against Agony), Líbano (Turbulence), Italia (Kingcrow) y Suecia (Scar Symmetry). Sin embargo, la variedad y calidad del cartel no han sido suficientes para obtener la respuesta deseada.

Los organizadores de Ready for Prog llevaban semanas avisando a todos sus suscriptores: si no hay venta de entradas, esto se acaba. A tres días vista del evento, no llevaban ni 300 entradas vendidas. No hay más que echar la vista atrás para darse cuenta de que ésta ya era una edición diferente en la que los riesgos tomados eran menores que en otras ocasiones, intentando dar un paso hacia atrás para mantenerse a flote como mínimo un año más, a la espera de una nueva coyuntura mundial más favorable para el desarrollo de la actividad musical en vivo. Un cambio de ubicación a una sala en las afueras de la ciudad de Toulouse, así como la realización del evento en un solo día conservando el mismo número de bandas, ocho en total, pero con menor minutaje en la mayoría de los casos, han sido las novedades de este año. La fecha escogida, 29 de octubre, muy posiblemente no ha sido aleatoria tampoco, pues ha coincidido con un puente del que mucha gente ha disfrutado y, por lo tanto, con disponibilidad mayor para acercarse al evento en el caso de venir de lejos. ¿Ha salido bien la jugada? La respuesta es no a ojos vista de todos los que allí acudimos a esta edición, mal que nos pese. Ni la sala presentaba el aspecto de llena en absoluto, ni los allí congregados se lanzaron a consumir como locos en los bares y puntos de merchandising. Si tenemos en cuenta las cifras de personal que Ready for Prog ha proporcionado en cuanto a organización, 20 voluntarios y 80 personas de staff técnico, más todos los gastos que comporta traer todas esas bandas que hemos mencionado con anterioridad provenientes de tanta diversidad geográfica, nos damos cuenta del verdadero desastre económico que debe haber supuesto esta edición. Por lo pronto, los organizadores han decidido tomarse su tiempo para valorar la magnitud de la catástrofe y si realmente merece la pena luchar para tan escaso resultado, pero todo apunta a que esta cuarta edición va a ser la última y no vamos a poder reprocharles nada, más bien al contrario.

Aquí, los que han fallado en realidad han sido los no asistentes, aquellos que no dudan en agotar entradas en horas para eventos de otra magnitud (léase Hellfest en Francia), mientras otros de menor envergadura se las ven y se las desean para vender unos pocos cientos de entradas en todo un año. “The Winner Takes It All” vendría a ser el resumen de esta situación, tal y como nos recordaban los organizadores con cierto pesar en uno de sus comunicados previos al evento. Si finalmente deciden no continuar, decisión más que comprensible, siempre podré recordar con nostalgia que pude asistir tanto a sus orígenes en su primera edición del 2018, como a su última en este 2022. De todas maneras, espero equivocarme de lleno y descubrir que el año que viene, una vez más, el progresivo manda y vuelve a encontrar su espacio en la bonita ciudad de Toulouse.

Aunque al festival de este año he acudido en calidad de mera aficionada al género y sin ninguna intención de escribir crónica alguna, sí me apetece comentar algún aspecto del festival que me ha llamado la atención. Por un lado, la CALIDAD en mayúsculas de todas y cada una de las bandas que allí sonaron. Desde el primer grupo, Wyvern, unas criaturas toulousianas que déjalas ir, menudo nivelón que tienen ya para la edad que gastan, hasta los indiscutibles cabezas de cartel Seventh Wonder y Myrath. Los alemanes Art Against Agony fueron la sorpresa de la jornada, una banda instrumental super original en cuanto a propuesta musical (fusionando jazz y metal progresivo) y visual, con hasta tres guitarristas (uno tuvo que abandonar por problemas de sonido) y un percusionista en primera línea que tocaba una especie de conga horizontal como elemento distintivo. El fichaje progresivo de la factoría Frontiers, los libaneses Turbulence, ofrecieron un prog más de manual (no en vano en sus orígenes versionaban a Dream Theater), pero no falto de melodía, destacando en especial el nivel de su guitarrista Alain Ibrahim. Los italianos Kingcrow nos deleitaron con un progresivo más accesible pero de alto voltaje, para dar paso a unos mucho más melódicos y calmados Klone, que aunque ofrecieron un buen espectáculo para mi gusto no estuvieron bien ubicados dentro del cartel. Los suecos Scar Symmetry aportaron el punto diferencial en cuanto a estilo, pues se les suele clasificar como death metal, pero tuvieron su gracia y dinamismo al llevar dos cantantes y dos guitarristas de gran virtuosismo. Con Seventh Wonder hubo serios problemas de sonido, dejando al genial vocalista Tommy Karevik prácticamente inaudible, aunque tampoco tenía el día y se le veía sufriendo para alcanzar las altas notas de las que se prodiga en sus temas. Ya para acabar, Myrath nos deleitó con su metal oriental y un espectáculo basado en el ilusionismo y la danza oriental. Un final con Zaher Zorgati levitando por encima de su trono nos dejó a todos con la boca bien abierta para acabar la maratoniana jornada de más de ocho horas de festival.

Como punto negativo cabe destacar que el festival empezó prácticamente con casi dos horas de retraso, por lo que el incumplimiento en cuanto a horarios anunciados fue total. Estando en la cola esperando entrar nos pareció entender que había habido algún problema sobrevenido con alguna banda y de hecho sí pudimos constatar que el batería de Myrath, Morgan Berthet, hizo doblete. Quizás por ahí fueron los tiros, aunque quizás es mera conjetura. El retraso hizo que algunos setlists quedaran amputados (lo pudimos comprobar pues era fácil acceder a las primeras filas y se veían las tachaduras sobre el papel) y los tiempos de espera entre banda y banda también fueron reducidos al máximo, con lo que al final se acumuló tan solo un retraso de apenas una hora. Y ahora toca resaltar un aspecto que me ha dejado descolocada en relación a este retraso que condicionó totalmente el devenir de la jornada.

Al día siguiente del festival, Ready for Prog emitió un comunicado en sus redes dando las gracias a todo el mundo: voluntarios, staff, asistentes… Y, ¿sabéis qué? Absolutamente nadie ha despotricado sobre este tema, ni un solo comentario negativo, solo alabanzas a la organización que dadas las circunstancias han sabido tirar adelante un festival más que accidentando. Empatía, en definitiva. Si esto llega a pasar en nuestro país, les cae la del pulpo. Por motivos tan sencillos como éste, me encanta salir ahí fuera y ver mundo más allá de nuestras fronteras. 

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Sobre Susana Masanés 56 Artículos
Aficionada a la música y los viajes, aunque no sabría decidir en qué orden. Cuando los combino, ¡lo más! Amante de aprender cosas de allá donde vaya, soy un poco la suma de los lugares que he visitado y las experiencias vividas. Daría la vuelta al mundo de concierto en concierto si de mi dependiera, pero las limitaciones terrenales me mantienen aquí y ahora, así que, ¡a sacarle el máximo partido!