Las mejores 5 canciones del hardcore melódico sueco según… Albert Vila

Es curioso lo de Suecia. Un país en el que hace un frío que pela y en el que no se vé la luz del sol durante medio año y es capaz de parir bandas que suenan más playeras que en California, más sureñas que en Alabama o más desérticas que en Arizona. Para entender ese fenómeno debemos unir dos factores: la fijación de este país escandinavo con la cultura americana y la altísima cultura musical y de disciplina de los suecos, lo cual ha desembocado en esta aparente facilidad para crear bandas rockeras de nivelón una tras otra, independientemente del estilo.

Aunque he titulado este artículo «Las mejores cinco canciones…» (ya sabéis que esto de «lo mejor» siempre tira mucho), esto no es del todo cierto. Para empezar, he escogido una canción por banda, para no repetirme, con lo que en realidad estamos hablando de «Las cinco canciones que representan a las cinco mejores bandas…», pero eso sería un poco más complicado de titular. Y de todas maneras, es muy probable que tampoco sean las mejores, sino que son las que me retrotaen más fielmente a una época muy concreta de mi vida, época que asocio gráficamente a mi post-adolescencia, a mis primeros meses como conductor, al veranito con la ventanilla bajada y el brazo fuera, al ir de fiesta en fiesta y de playa en playa escuchando, precisamente, a Millencolin, a No Use for a Name y a No Fun at All sintiéndome el puñetero rey del mundo sin comerme el coco con ningún tipo de preocupación.

La verdad es que estoy seguro que la realidad no era bien bien así, y de hecho no lo era si pienso bien en ello, pero la sensación que recuerdo es indudablemente esa, y al final esto es lo importante. Estamos hablando de una época en la que cambié mis sempitérrimas camisetas negras de bandas metaleras por camisas de colorines de Quiksilver o Rip Curl, así que imaginaos qué fuerte que me dio. Esa época, todo hay que decirlo, tampoco me duró mucho, y aunque ocasionalmente sigo escuchando estos discos novernteros tan despreocupados con una sonrisa en la cara (como hoy), la única banda de punk rock que ha perdurado de verdad en mi rotación habitual es una que ya estaba antes de que me atrapara esta «moda» adolescente: Bad Religion.

Millencolin – Trendy Winds (For Monkeys, 1997)

Aquí he tenido que dudar entre «Twenty Two», «Trendy Winds», «Mr. Clean» o «Leona», ya que las cintas Tiny Tunes / Same Old Tunes y For Monkeys gozaron de una rotación privilegiada en mi pletina y en la de la mayoría de mis reuniones sociales de la época. La banda juvenil por excelencia, adolescentes eternos, preocupaciones pre-adultas, coros pegadizos… Ultra veloces y ultra melódicos, Millencolin quizás han logrado establecerse con el paso del tiempo como la banda definitiva del hardcore melódico sueco. Además, han conseguido algo que parece que ningun otro de sus compatriotas contemporáneos ha conseguido: mantener un cierto estátus dentro del mundillo y no verse relegados a salas de pequeño aforo y a séptima línea de festivales.


No Fun at All – Beachparty (No Straight Angles, 1995)

Aunque el disco de No Fun at All que más me trillé fue Out of Bounds (con temazos como la pastelosa y deliciosa «I Have Seen» o la debilidad personal que era «Invitation»), yo creo que el objetivamente mejor trabajo de su época dorada tiene que ser este No Straight Angles, un pepinazo de principio a fin con un montón de canciones alegres y maravillosas como «Believers», «I am Wrong and I am Right», «Nothing I Wouldn’t Do» o las fabulosas «Wisdom?» o «Evil Worm». «Beachparty», de todas maneras, y aunque no es una elección fácil entre tanta exhuberancia punk rockera adolescente, siempre fue un tema especial para mí y para mi grupo de amigos, así que ahí que va.


Randy – Me and the Boys (You Can’t Keep a Good Band Down, 2002)

La verdad es que los Randy que a mí me gustaban de verdad fueron los de Welfare Problems, ese disco que me acompañó unos años más tarde en tantos trayectos post-etílicos mañaneros en el coche y en el que tiraron más hacia Ramones o The Clash que hacia su hardcore melódico originario. Aún y así, ningun repaso a las bandas más destacadas del movimiento skate punk en Suecia debe dejar de lado a Randy, así que, aunque ya os digo que antes que éste hubiera puesto un puñado de temas extra de No Fun at All o Millencolin, para no repetirme incluiré este «», una elección en la que he contado con el valioso asesoramiento de un experto en la materia como es nuestro compañero Toni Mellòdic.


Satanic Surfers – Hero of our Time (Hero of Our Time, 1996)

He de decir que Satanic Surfers no me atraparon tanto como los mencionados Millencolin, No Fun at All o No Use for a Name, pero este «Hero of our Time» tenía un sitio reservadísimo en todos los recopilatorios que preparé para quien quisiera escucharlos. Vista con la perspectiva del tiempo, la banda liderada por Rodrigo Alfaro tiene un legado tanto o más potente que otros coetáneos, con este disco y temas como «Better off Today», «Ketty», «Armless Skater» o «Good Morning» brillaban por encima de todos.


Atlas Losing Grip – Contemplation (State of Unrest, 2011)

Teniendo en cuenta que Satanic Surfers no fueron del todo santo de mi devoción, es curioso que al descubrir esta banda me engancharan tanto como lo hicieron. La razón por la que quince años después de dejar de lado la escena punk rock me emocionara con una banda del estilo es su presencia en el Resurrection Fest de 2014 (menudo cartelón, ese año). Como soy de esos que quiere pegarles almenos un orejazo a absolutamente todas las bandas que participan en los festivales a los que voy, me llevé este State of Unrest a mis oídos, y madre mía, menudo discazo: «Bitter Blood», «All in a Day’s Work», «Numb»… el disco es fabuloso de principio a fin, pero fue este «Contemplation», con un estribillo absolutamente maravilloso, el que me acabó por atrapar totalmente. Por desgracia (o por suerte, según como se mire) a la que Rodrigo Alfaro dejó la banda para volver a reunir a Satanic Surfers, los Atlas acabaron por separarse.

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Sobre Albert Vila 869 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.