La reseña improbable: Avalanch – Eternal Flame

Ficha técnica

Publicado el 1998
Discográfica: Underground Symphony
 
Componentes:
Juan Lozano - Voz
Roberto García - Guitarra
Alberto Rionda - Guitarra, teclados
Francisco Fidalgo - Bajo
Alberto Ardines - Batería

Temas

1. Eternal Flame (5:17)
2. Lost World (6:30)
3. Awake (1:17)
4. Lethal Vice (4:54)
5. Slave of the Anger (6:37)
6. Avalon, the King's Abode (1:12)
7. Excalibur (6:25)
8. Falling (4:32)
9. Rainbow Warrior (5:59)
10. Cruel Game (6:40)
11. The Tavern (3:34)
12. Avalanch (11:47)
13. Closing of the Tavern (2:01)

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Para quien empiece a leer esta reseña, que sepa que está leyendo una «reseña improbable». Se trata de una sección en la que a los colaboradores de Science of Noise nos meten en un lío al darnos un disco que no es de nuestro estilo y que quizá ni tan siquiera conozcamos a la banda. Este es mi caso, ya que los únicos Avalanch que me sonaban eran los Colorado Avalanche de la NHL. Seguramente por el estilo y por mi poca devoción por el rock o metal español, y lo siento si alguien le ofende, pero es que nunca me ha interesado demasiado. Solo alguna cosa muy concreta y por su mensaje político, más que por su estilo musical, ya que por suerte o por desgracia no tengo ningún criterio. Y no tengo nada en contra de este grupo, por supuesto, pero soy más de Def Con Dos o Narco que de otras sonoridades del ámbito español.

Dicho esto, y repito que se trata de mi opinión personal de un disco que nunca antes había escuchado y que no busco ofender a nadie, intentaré respetar -en lo posible- lo que sea respetable. No os hago spoilers sobre mi opinión: leed y aguantad hasta el final, o bien dejadlo aquí. Elegid, como diría el muñeco de Saw.

Lo básico e indiscutible es que el disco primero se publicó en castellano en 1997 a través de Búnker Estudios, y en 1998, lo que tardaron en traducirlo (es broma, ya que me parece muy destacable sacarlo en inglés, pero como esto es la reseña improbable…), fue editado por la discográfica italiana Underground Symphony. Los mismos 13 temas, con los títulos traducidos correctamente al inglés, no como sucede a veces con las películas, que del paso del inglés al castellano, normalmente aprovechan para inventarse el título (como lo odio). La cosa dura un poco mas de una hora. No sé bien si se trata de su álbum de debut, como he leído en varios sitios, pero fue editado cuatro años después de Ready to the Glory (1993).

La banda que grabó este disco estaba formada por Juan Lozano (voz), Alberto Rionda (guitarra, teclados), Roberto García (guitarra; no confundir con el Robert Garcia de Angoixa), Fran Fidalgo (bajo) y Alberto Ardines (batería), contando con Fernando Mon, Juan Moyano, Elena Pérez Herrero, Mauricio Septién a los coros, Fernando Arias a las percusiones y Lluis Liberdón a la flauta, siendo Rionda a medias con Lozano quien firma la mayoría de canciones. La parte gráfica es obra de J. Pablo Campa, Jorge Otero, y de la portada se encargó Raúl Alonso.

En cuanto a los temas, abren el disco con el que le da titulo, “Eternal Flame”. Esa entrada con esas guitarras dobladas me trae a la mente a Helloween. Vale, mierda… creo que me van a gustar. Cabrones, van y me dan para esta sección un disco del que ahora mismo ya estoy mirando si ya hay edición en vinilo… mierda. No es nada nuevo bajo la luna, pero está bien. Una voz potente, ideal para este estilo, y con una base rápida y con unos coros que juegan en la misma liga que las guitarras, abriendo el disco como se ha de hacer.

Una intro, que parece ser unas conversaciones entre policías da, junto a una serie de gritos, pie a “Lost World”, que empieza reposada para ganar velocidad rápidamente. No acabo de entender esos ritmos tribales o de txalaparta. Extraño, raro, que me hace que desconecte de esta canción. No son Sepultura. No tienen -en mi opinión, y de la manera en la que están metidos- demasiado sentido. Aquí ha sido cuando he parado de mirar de comprar el disco. Lo siento.

Unos pianos, antes de que las guitarras nos dejen sus riffs, abren “Awake”, pieza instrumental que sirve de enlace para “Lethal Vice”, que sigue en esa misma línea. No dudo de su talento, pero se trata de otro tema rápido con el mismo patrón del primer tema. Coros, guitarras dobladas, base rítmica apabullante, y me da que todo está puesto en exceso. Hay demasiado de todo, y me temo que los temas son tan largos para que dé tiempo para que entre todo. A los que controlan este estilo y a la banda, seguro que os parece perfecto, y os recuerdo esta reseña la hace alguien que ha sido obligado a hacerlo por sus compañeros para meterme en un aprieto. Eso sí, reconozco que si el Cardinal Copia sacara un disco como este, lo defendería. Por suerte duraré poco y volverá algún Papa Emeritus a poner orden. Así de nulo es mi criterio.

Volviendo al disco, los pianos vuelven a abrir una canción en la que suena de fondo una base de cuerdas, para que el solo de guitarra vuelva aparecer en la intro. “Slave of the Anger” es la que sería la balada típica de los 90 de las bandas de heavy. Con partes de guitarra española, como la que sirve de base junto a las flautas en “Avalon, the King’s Abode”, otra pieza instrumental de aire épico que desaparece en “Excalibur”.

Creo que mi mayor problema con este disco es que lo escucho en 2019 por primera vez, y que todo me suena a otras bandas, seguramente posteriores, lo que hace que no me emocione. Y entre tanto solo sucio doblado y coros a lo Manowar de tíos enfadados con ellos mismos y vestidos con pieles rotas, pues como que no sé cómo encarar lo que me queda de disco. Y en este tema suena como si hubieran trompetas… ¿o es la guitarra con un efecto? Pero unas bases grabadas y una guitarra clásica encima ponen a “Falling” en mis oídos. Pienso que a ver qué tal, pero vuelven la velocidad, las voces épicas y los coros… otra vez. Nada que no pase en los temas anteriores. Ahora una intro fantasmagórica, es la que nos abre “Rainbow Warrior”, pero sin más.

Si alguien ha llegado leyendo hasta aquí, ¡gracias! A mí me está costando escuchar el disco. Me lo he puesto en castellano para ver si así me variaba algo, pero nada titu, como decía Eugenio. Pero repito, que no despierte nada en mí, no lo hace un mal disco. Ese no es el veredicto. Otros pianos y riff de entrada. Otra balada o medio tiempo, como las de Scorpions o similares. Eso es lo que nos traen en “Cruel Game”. En sus casi siete minutos cambia de registro a rock duro, mas AOR que metal. Pero siguen siendo casi siete minutos donde te meten cosas que no sabes qué son en realidad. Esto lo hacen The Wildhearts y oye, cojonudo. Pero aquí me patinan tanto, como si nadie quisiera dejar de ganar su parte aunque fuera excesivo. Pienso que se debe acabar ya, pero quedan tres canciones. Tres entre las que están las dos más cortas del disco, “The Tavern” y “Closing of the Tavern”, y en medio casi 12 minutos de una canción que lleva por título el nombre de la banda. Sí, ”Avalanch”, dura casi 12 minutos. No es un tema con silencio en medio ni con un bonus track; es un tema entero. No es un problema de duración, es de que podían haber hecho tres. La primera parte sigue la linea del disco, y dura ya siete minutos. En medio una parte de guitarras clásicas y aires místicos, como medievales, que podría perfectamente ser otra canción de dos minutos, y cierran con casi cinco minutos de aires casi fiesteros de buen metal. Eso es Avalanch. El grupo y la canción.

Escuchado, y creo que no lo volveré a hacer. No es lo que me pongo en momentos musicales. No es un mal disco, no es por eso. Me parece un disco complejo, trabajado, pero excesivo en todo. No es un álbum como fue The Crimson Idol (1992) de W.A.S.P., por eso de buscar algo similar. Tampoco es Master of the Rings (1994) de Helloween, que este año ya os lo presentamos aprovechando su XXVº Aniversario. Es un buen disco que merecerá la atención de los fans del género. Pero a mí, que no lo soy, no ha conseguido interesarme.

Dicho esto, me dispongo a nominar a la siguiente víctima: Manu Damea. Te reto a que escuches y reseñes el que, hasta la fecha, es el último trabajo de estudio de Guns N’ Roses: Chinese Democracy (2008).

 

Ray Molinari
Sobre Ray Molinari 137 Artículos
Adicto a los vinilos y a los directos. Fotografo allì donde no haya sol y suene buena musica, con ya mas de 25 años pisando salas de concierto, ha visto de todo en todas las salas. Coleccionista de lp's y 7" que acaban sonando en sus sesiones como dj