Crónica y fotos del concierto de Katatonia + Sólstafir + SOM - Sala Salamandra (L'Hospitalet de Llobregat), 7 de febrero de 2023

Katatonia, oh Katatonia, se marcan un bolazo descomunal en Salamandra

Datos del Concierto

Bandas:
Katatonia + Sólstafir + SOM
 
Fecha: 7 de febrero de 2023
Lugar: Sala Salamandra (L'Hospitalet de Llobregat)
Promotora: Madness Live! / United Talent Agency / NMC Live / Northern Music Co. / Flying Fox AB
Asistencia aproximada: 700 personas

Fotos

Fotos por Manu Damea

Debido a mis circunstancias laborales y personales actuales, mi asistencia a conciertos ha bajado de forma notable en estos últimos tiempos. No es que haya dejado de ir ni muchísimo menos, pero como ahora me resulta bastante más complicado bajar a Barcelona (y más aún entre semana), me he vuelto mucho más selectivo con los eventos que quiero cubrir para esta, nuestra siempre bienamada revista. Lo que significa esto de volverme más selectivo, claro, es que solamente me acerco para ver a las bandas que me flipan de verdad, y eso se traduce en que últimamente mis crónicas acaban siendo cada vez más una retahíla de inevitables felaciones que no sé exactamente como disimular.

Esto lo digo porque Katatonia son una de mis bandas favoritas (top diez de mi vida fácil), así que por poco que estén inspirados y elijan un setlist medio decente contarán con mi pasión desbocada, mis entregados lagrimones y, como no, mi total ausencia de espíritu critico. En esta ocasión (spoiler alert) estuvieron tremendamente inspirados y el repertorio estuvo repleto de temarrales, así que si lo que os apetece es leer una crónica sesuda y analítica que le busque los tres pies al gato a la descarga de la banda sueca, mejor id tirando para otro sitio. Aunque no lo tendréis fácil, porque (spoiler alert II) solo estábamos dos redactores acreditados y no pondría yo la mano en el fuego que el otro acabe por publicar la suya.

Supongo que el motivo de tal falta de expectación mediática (sorprendente, diría yo) es el dolorosísimo solape que tuvimos que sufrir los pobres metalitos barceloneses en este frío martes de febrero, ya que mientras en Salamandra se nos ofrecía este bolazo de Katatonia y Sólstafir, en la grande de las Razz aterrizaba una giraca de aúpa con Trivium, Heaven Shall Burn, Malevolence y Obituary como protagonistas. Que no se trata exactamente del mismo estilo, ya lo sé, pero que no dejan de compartir cierta cantidad de público (yo mismo, por ejemplo) que gustosamente habría ido a ambos. En todo caso, y aunque me dolió sobremanera tener que renunciar a Matt Heafy y compañía, pocas bandas hay en este planeta capaces de hacer que me pierda yo un bolo de Katatonia, así que ahí me tenéis, bajo la lluvia gélida y torrencial, de camino a L’Hospitalet.

Es curioso que después de meses sin haber visto casi ni una gota de lluvia por estos lares, fuera precisamente hoy que Tutatis decidiera pegarle un hachazo a los cielos y se pusiera a caer la de dios sobre Barcelona y cercanías. Supongo que resulta literariamente tentador decir eso de que la melancolía ártica e invernal de Katatonia y Sólstafir se trajo consigo los nubarrones de tristeza, la lluvia y la ola de frío, y sería una patraña absurda y torticera hacerlo a no ser que, tal y como alguien me recordó poco antes del concierto, la última visita de los suecos a Barcelona (junto a Agent Fresco y VOLA en octubre de 2016) también viniera inusualmente acompañada de rascaza titiritante y tormentas por doquier. Ahí lo dejo.

SOM

Cuando entré en la sala poco después de las seis y media, los americanos SOM ya estaban descargando su segundo tema ante unas prácticamente doscientas personas que parecían todo voluntad pero que tenían pinta de no conocerlos demasiado. A pesar de ser una formación aún joven, sus componentes cuentan con experiencia más que sobrada en otras bandas tan respetadas como Caspian o Junius, y su presencia en el roster de un sello tan excelso como Pelagic Records les otorga una cierta aura de validación y prestigio que ya hace que te los mires con buenos ojos aunque no los tengas muy por la mano.

Algún influencer con ganas de aportar su granito de arena al underground quiso definir lo que hacían como doom pop y, dejando de lado la evidente simplificación, es posible que ésta sea una etiqueta lo suficientemente descriptiva para su música. En todo caso, tampoco os penséis que inventan nada realmente nuevo, y a mí me recuerdan a muchas bandas de post rock luminoso con voz sensible y tintes alternativos y etéreos como podrían ser los Alcest menos metálicos, los propios Junius o un montón más. Lejos de complicarse la vida, su propuesta se basa en canciones cortas, melódicas, lánguidas, potentes, hipnóticas y pegadizas que quizás ya te suenan de algún otro sitio pero que te acaban atrapando irremediablemente a pesar de que una vez escuchadas no acabes de acordarte muy bien de como iban. En sus cinco años de vida han publicado un EP y dos discos de estudio (el último, The Shape of Everything, hace tan solo unos meses) que se repartieron el setlist de una forma bastante equitativa. Resulta difícil destacar temas concretos, pero si tengo que hacerlo me quedaré probablemente con “Moments” y con la épica y bonita final “Youth // Decay”.

Su concierto fue sin duda de menos a más, y buena prueba de ello es que los aplausos del público fueron creciendo paulatinamente a medida que iban avanzando en su repertorio, hasta el punto que al concluir los treinta minutos escasos de los que dispusieron fueron despedidos con una tímida pero satisfecha y unánime ovación. Como detalle, y a diferencia de lo que suele ocurrir con muchos otros teloneros que se ven confinados a un par de metros en primera fila, SOM pudieron contar con el escenario al completo (plataforma de la batería incluida), ayudando con ello a que su puesta en escena acabara siendo la mar de resultona, con su bonito logo proyectado en la pantalla trasera y sus bamboleantes figuras, todas vestidas en sencillos vaqueros y camiseta negra, jugando con las contraluces que nos iban a acompañar durante toda la noche. Un concierto más que decente que no desentonó para nada con lo que estaba por venir.

Setlist SOM:

Prayers
Animals
Awake // Sedate
Moment
Clocks
Black Out the Sky
Youth // Decay

Sólstafir

Tras un tema de Type O Negative que sumió a la sala en las tinieblas, la banda sonora que acompañó el cambio de escenario fue enteramente protagonizada por un sentido cantautor folk islandés del cual desconozco por completo la identidad pero que funcionó a la perfección para que empezáramos a entrar poco a poco en el submundo que nos tenían preparados Sólstafir. Yo aproveché este momento, además, para pegarle un vistazo a la zona de merch y sorprenderme de encontrar camisetas a unos módicos 25 euros, un importe nada habitual en este tipo de conciertos internacionales en los que estamos acostumbrados a verlas por unos escandalosos 35, 40 o 45 euros. Supongo que si la mayoría de las bandas las ponen a precios tan cercanos al atraco es porque la gente las compra igual, aunque yo siempre he pensado que venderían bastantes más si dejaran de tirarse de la moto de una forma tan grosera. ¿No? Bueno, no sé… ¿qué sabré yo?

Siete minutos antes de lo previsto (a las 19:23) se apagaron las luces de la sala y, por primera y última vez en toda la noche, se sacó todo el jugo posible a la pantalla que ocupaba el fondo del escenario. Antes de la salida de los cuatro miembros de Sólstafir al escenario se proyectó una historia épica y bélica que ponía cara y narrativa a la melodía western-escandinava de la bonita “Náttfari”, el primer tema de su disco de debut que hoy sirvió de introducción al concierto. Si de SOM decíamos que iban en vaqueros y camiseta y que no se molestaron demasiado a nivel de imagen, los islandeses cuentan con una estética cuidada al máximo, con sus sombreros y sus barbas, sus trenzas, sus gafas de sol y sus preciosas guitarras talladas en madera acompañando una pose eternamente taciturna y en perfecta consonancia con su música y su imaginería.

Hay algo que me llamó poderosamente la atención, y es que mucha gente me preguntó si había venido por Katatonia o por Sólstafir (casi como si no fuera posible hacerlo por los dos). A pesar de que los segundos siempre han sido una banda que me ha gustado tanto en disco como en directo, mi respuesta estaba clara en favor de los primeros, pero la pregunta en sí ya me resultó interesante. Supongo que últimamente se están poniendo muy de moda las giras con doble cabeza de cartel, cosa que puede ser un regalo en el caso de que ambas formaciones te gusten lo suficiente, pero que también puede convertirse en una ruina en el caso de que una de las dos te eche para atrás y no te justifique pagar el precio de la entrada, normalmente bastante más elevado que en una gira de confección más tradicional. Al contrario que algunos ejemplos que hemos visto en estos últimos meses, en este caso sí que creo que, a pesar de se esencialmente muy distintas, ambas bandas encajan a la perfección y comparten muchos rasgos en común. Por ello creo que la respuesta del público fue bastante buena tanto en cantidad (lejos del lleno pero con una muy buena entrada) como en calidad (la mayoría disfrutaron con interés y entrega de todo lo que vieron hoy).

Eso sí, a pesar de la buena voluntad de todos, es posible que aquellos que no tenían muy por la mano la propuesta de los islandeses Sólstafir acabaran pensando que la hora y veinte que se pasaron sobre el escenario se hizo un poco plana y repetitiva. Es evidente que su música no es la más dicharachera del planeta, que los ritmos de unas canciones y otras pueden ser más o menos parecidos y que en buena parte carecen de melodías realmente pegadizas que ayuden a agarrarte a temas concretos, pero si rascas un poco más allá (algo no siempre posible en un concierto y así a bote pronto, está claro) ahí hay una cantidad de matices impresionante que hizo las delicias de todos aquellos que sí que tenían claro que habían venido principalmente a verlos a ellos.

A pesar de ser una banda relativamente joven (su primer disco fecha del 2005), decepciona un poquito ver como Sólstafir ya están empezando a vivir de las rentas. Su repertorio se centró en sus cuatro primeros discos (con dos temas de cada uno de ellos), mientras que su producción más reciente tuvo una presencia del todo testimonial (un solo tema de Endless Twilight of Codependant Love – que entiendo que es el disco que venían a presentar – y ninguno del anterior – y muy bueno, en mi opinión – Berdreyminn). Desconozco las razones para ello, y está claro que el trío Köld – Svartir Sandar – Ótta supone su punto álgido a nivel de popularidad y reconocimiento, pero no deja de resultar sorprendente y un poco preocupante esta poca atención o confianza hacia sus últimos trabajos.

Dicho todo esto, la verdad es que Sólstafir se pegaron un concierto notable que hizo disfrutar sin matices a sus acólitos y que, en su recta final, alcanzó niveles verdaderamente excelentes. Porque mientras canciones como la inicial y llorona “Nattmál”, la tremenda, gritona y emotiva “Köld”, la inesperada “Bloodsoaked Velvet” o la reciente, susurrante y evocadora “Rökkur” mantuvieron un nivel altísimo y generaron una emotiva e introspectiva comunión entre pista y escenario, fue el espectacular trío final el que puso aquello definitivamente patas arriba. Una pareja a pocos metros de mí vivió la interpretación del baladón nórdico que es “Fjara” (“su canción”, seguro) con un súbito ataque de amor, abrazos y deseo que me levantó una sonrisa, mientras que la magnética, repetitiva, hipnótica, creciente y brutal “Ótta” me parece sin duda el tema definitivo de los islandeses, siendo coreado con total entrega por parte de la mayoría de los presentes.

Mientras el bajista Svabbi Austmann (nominado en cinco ocasiones al hombre más sexy de Islandia y con menos pinta de Axl Rose que lo que nos tiene acostumbrados) y el gringo Pjúddi Sæþórsson se mantuvieron intensos, reflexivos, preocupados y básicamente silenciosos en todo momento, el desgarrado y larguirucho Addy Trygvasson fue quién tomó las riendas del concierto a nivel comunicativo, alternando guitarra con micrófono y mostrándose irregularmente locuaz entre canción y canción. Antes de lanzarse a por “Goddess of the Ages” (el tema que iba a cerrar la descarga) nos pidió que gritáramos tanto como pudiéramos porque, literalmente, seguro que sabíamos hacerlo bien al haber ganado un Mundial e ir a menudo a los toros.

Los que entendimos lo que dijo nos miramos unos a otros con cara de desconcierto, pero a la que se dejaron de chorradas y se pusieron a interpretar el largo y anunciado temón final, los islandeses fueron capaces de desencadenar la mayor de las ovaciones. Addy intentó pasearse por encima de la barrera que separa foso y pista y pegarse así un pequeño baño de masas, aunque la inseguridad con la que avanzaba deslució un poco la épica del momento. Tras la potentísima y apoteósica bacanal de post-todo que es “Goddess of the Ages”, la banda se retiró entre aplausos unánimes y dejando tras de sí un concierto precioso y orgánico que fue de menos a más y que demostró que, por lo menos en directo, siguen estando en un estado de forma excelente.

Setlist Sólstafir:

Náttfari
Náttmál
Köld
Melrakkablús
Bloodsoaked Velvet
Rökkur
Fjara
Ótta
Goddess of the Ages

Katatonia

Aunque en teoría Katatonia y Sólstafir ocupaban la posición de co-cabezas y aunque los islandeses son una banda muy querida por estos lares, no me quedó duda que las preferencias del público tiraban manifiestamente hacia las huestes de Jonas Renkse. Poco antes de que los suecos hicieran su presencia sobre el escenario, la pista se empezó a comprimir y todo el mundo se quiso hacer con un buen sitio para disfrutar de la primera visita de Katatonia a nuestras salas desde ese lejano 2016. Por el camino, un parón de un año que nos dejó bien preocupados y dos discos que nos han demostrado que siguen con las musas de su lado (bien, sobre todo este último, que a mí City Burials no me acaba de convencer).

A pesar de que en estudio me flipan, mi experiencia me dice que nunca sabes del todo lo que te vas a encontrar en un concierto de Katatonia. Y una vez se subieron al escenario (decorado con varias lonas con la imagen de la bonita portada de Sky Void of Stars) y empezaron la interpretación de “Austerity”, la verdad es que me saltaron todas las alarmas: SOM habían sonado perfectamente y Sólstafir habían sonado mayormente bien, pero esto sonaba como el culo. Por suerte, la canción que abre su último disco es probablemente la que menos me gusta de todas las nuevas que iban a tocar hoy (y tampoco me parece una elección particularmente acertada para empezar un concierto, la verdad), así que no me dolió especialmente que sonara tan mal. Es más, cuando al continuar con la tremenda y enfermizamente sincopada “Colossal Shade” (ésta sí que me flipa lo suyo) pude ver como todo se iba poniendo mágicamente a sitio y que la cosa empezaba a sonar como un cañón, casi me alegró que la sacrificada fuera esa y no un temón de mayor calado.

A mí alrededor algunos ilusos repletos de inocencia albergaban esperanzas de que cayera algo de sus primeros discos, pero yo creo que está más que claro que Katatonia hace años que dejaron atrás su etapa “gutural” (por llamarlo así). Su concierto se centró casi por completo en su trayectoria post-2005, cosa que celebro porque yo también pienso que es aquí cuando han sido capaces de sacar lo mejor de sí y se han ido marcando discazo tras otro con una elegancia y una calidad insultantes. Uno de esos discazos es Dead End Kings, y su maravillosa “Lethean” me parece de lo mejor que esta gente ha hecho en toda su carrera (de hecho, según las fascinantes y reveladoras estadísticas de Last.fm, éste y no otro es el tema que más he escuchado en los últimos once años de mi vida). Por ello, cuando empezaron a sonar sus primeros acordes y vi que eso sonaba que atronaba, algo en mi cabeza hizo clic y pasé a dejarme ir y a darlo todo como un poseso (molestando lo mínimo posible a mis vecinos, eso sí. Creo.) durante el resto del concierto.

La interpretación de “Lethean” (en serio, menudo temarral, chavalis) acabó con unos solos épicos que enlazaron prácticamente y casi sin avisar con “Deliberation”, otro temazo de padre y muy señor mío que me hizo pensar que si empezábamos así de fuertes la cosa solo podría ir a peor. Tras anunciar que estaba muy contento de tener de vuelta a “Katatonia in Catalonia” (bien podría ser el título de un disco en directo, eso), el señor Renkse (o lo que se supone que fuera lo que se escondía tras esa sombra peluda que se movía por el escenario y cuyas facciones nunca llegamos a atisbar) anunció que continuaban con la nueva, alegre y dinámica “Birds” y con la bailonga y casi ochentera “Behind the Blood”, un tema de City Burials que nadie puede negar que tiene su cosa y al que es bien difícil resistirse.

Pero si hubo una que sonó de la ostia de verdad, esa fue la brutal “Forsaker”. El primer corte de Night is the New Day es uno de los grandes hitazos indiscutibles de los suecos y su atronadora y machacona interpretación acabó de hacer subir al barco a los pocos que aún restaban dubitativos. Tras habernos dejado las cervicales por el camino, la antémica y luminosa “Opaline” y la tremenda y casi djent “Buildings” nos dieron un pequeñísimo respiro (bueno, o no, porque ésta última déjala ir) antes de que se lanzaran a por “su único hit”, que no es otro que un “My Twin” que, por favor, sonó también de puto lujo. Los ritmos que se marca esta gente no son de este mundo, y aunque es posible que el “nuevo” Daniel Moilanen no tenga el mojo y el duende que tenía su tocayo Daniel Liljkevist tras los parches, nadie les podrá negar que la banda suena compacta y poderosa como nunca.

La ligera, danzarina y gótica “Atrium” (el que fuera primer adelanto de su nuevo disco) rebajó un poco la tensión y sirvió para recuperar el ritmo cardiaco de todos los presentes, mientras que la bellísima, delicada y exuberante “Old Heart Falls” (qué gran disco es también The Fall of Hearts) nos emocionó a pesar de que alguno de sus punteos me pareció que no acababa de cuadrar del todo. Casi sin darnos cuenta (a mí se me hizo cortísimo, y de hecho esta primera parte del concierto duró sesenta minutos pelados) llegamos a la recta final, cerrando el set principal con la introspectiva y progresiva “Untrodden”. En lo personal esta elección me produjo un pequeño bajón, porque a pesar de sus tremendos y llorones solos finales, creo que los suecos tienen decenas de temas mejores para ocupar tal posición, pero la inercia y lo que habían demostrado hasta ahora me hizo disfrutarlo sin reservas ni matices.

Asumiendo que iban a acabar tocando menos tiempo que Sólstafir (¡malditas giras co-encabezadas!), Jonas y compañía se bajaron del escenario durante unos segundos, volviendo casi inmediatamente y animándose con un espectacular y poderoso “July” que también sonó perfecto. Aunque me faltaron cosas como “Leaders”, “Soil’s Song” o “The Racing Heart” (por citar tan solo las más flagrantes), no creo que nos podamos quejar de la elección de repertorio de Katatonia en la noche de hoy. El último slot lo guardaron para el tema más antiguo que iban a tocar hoy, un “Evidence” que cumple ahora veinte años y que quizás tiene más de hit nostálgico que de canción verdaderamente perfecta, pero que estuvo genial para poner punto y final a un concierto que a mí se me antojó realmente memorable.

De hecho, yo creo que a pesar de mi evidente subjetividad (ya os digo que perdí los papeles a partir del tercer tema) la unanimidad de opiniones que me crucé al acabar estaban entusiastamente de acuerdo conmigo, con lo que puedo afirmar con una certeza bastante ecuánime que se pegaron un bolazo de verdad, con un sonido prístino, una ejecución impecable por parte de todos y cada uno de sus miembros y una más que correcta elección de temas. Quizás las únicas pegas se las pondría a su corta duración (quince minutillos más no le habrían hecho daño a nadie) y a que como era de esperar no fuimos capaces de verles las caras en ningún momento (los pobres fotógrafos disfrutaron de lo lindo, ¿verdad, Manu?). Pero vamos, que bolazo descomunal. Katatonia son una banda muy querida y especial, única en lo suyo, y visto lo visto hoy esperamos realmente no tener que esperar siete años para que nos lo vuelvan a demostrar.

Setlist Katatonia:

Austerity
Colossal Shade
Lethean
Deliberation
Birds
Behind the Blood
Forsaker
Opaline
Buildings
My Twin
Atrium
Old Heart Falls
Untrodden

July
Evidence

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Sobre Albert Vila 952 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y me gusta inventarme palabras. Si habéis llegado hasta aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta.