John Petrucci – Terminal Velocity

Nuestra Nota


9 / 10

Ficha técnica

Publicado el 20 de agosto de 2020
Discográfica: Sound Mind Music
 
Componentes:
John Petrucci - Guitarra
Dave LaRue - Bajo
Mike Portnoy - Batería

Temas

1. Terminal Velocity (6:07)
2. The Oddfather (6:25)
3. Happy Song (6:01)
4. Gemini (6:05)
5. Out Of The Blue (5:46)
6. Glassy-Eyed Zombies (5:55)
7. The Way Things Fall (7:33)
8. Snake In My Boot (4:04)
9. Temple Of Circadia (7:10)

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Terminal Velocity es un trabajo instrumental (el segundo en la carrera en solitario de John Petrucci tras Suspended Animation del 2005) que te atrapa de principio a fin sin decaer en ningún momento a la primera escucha. Y eso tiene mérito, mucho mérito. Una obra muy meditada, bien estructurada y con mucha variedad. Es en parte gracias a esa diversidad de estilos en sus distintos temas que te engancha de principio a fin. A medida que avanzas quieres volver a ser sorprendido y lo consigue, vaya si lo hace. 9 temas en un total de 55 minutos son suficientes para convencernos que esta vez la composición vence sobre la técnica, y eso es mucho decir de un músico excelso como Petrucci. Y ahí radica el acierto de este trabajo.

Quince años ha tardado John Petrucci en sacar un nuevo trabajo en solitario debido al compromiso absorbente con su banda principal, Dream Theater. Precisamente por ese motivo, su batería original, Mike Portnoy, abandonó la banda allá por el año 2010 y ahora es llamado a filas de nuevo para cerrar de alguna manera esa vieja herida. Portnoy quiso explorar otros territorios y por ello tuvo que bajarse del barco. Ahora, debido al parón obligado producido por la Covid, es Petrucci quien ha encontrado su momento para explorar esos otros territorios que todo buen músico que se precie necesita conquistar.

Tres instrumentos bastan para hacernos viajar por diferentes escenarios, aunque la mayoría del tiempo tengamos la impresión de que sean cuatro personas las que estén tocando debido a la omnipresencia guitarrística de Petrucci, ya sea melódica, ya sea rítmica. La ausencia de voces o teclados hace que nos podamos focalizar en los tres integrantes del proyecto: Dave LaRue al bajo, Mike Portnoy a la batería, así como el susodicho John Petrucci a la guitarra. Todos músicos de reconocidísima solvencia que llevan tiempo colaborando entre ellos, aunque no de forma conjunta. Mike Portnoy y John Petrucci compartieron la friolera de 25 años en Dream Theater, mientras que Dave LaRue y Mike Portnoy han facturado varios trabajos con Flying Colors. Dave LaRue tocó con John Petrucci girando como parte del cartel del G3 que en el 2018 recaló en nuestro país, mostrándonos dos de los temas que se han grabado ahora para este trabajo: “Happy Song” y “Glassy-Eyed Zombies”. Era cuestión de tiempo que estos tres músicos coincidieran. Se conocen y eso ha facilitado el entendimiento. No han sido circunstancias fáciles para el montaje de la obra por la complejidad del momento. Dave LaRue y John Petrucci grabaron sus instrumentos con una batería programada y al incorporar a posteriori al proyecto a Mike Portnoy, algunas partes tuvieron que ser retocadas para adaptarse a sus ideas. Parece que para Mike Portnoy tampoco fue fácil tener que de alguna manera “suplir” los patrones de batería que tenían pregrabados, pues su forma natural de enfocar los temas hubiera sido otra de haber participado desde el principio en las composiciones. Mike Portnoy explica que incluso fue complejo el montaje del instrumento en el estudio al encontrarse su proveedor habitual cerrado por la pandemia. Tuvieron que improvisar con piezas de aquí y allá como si se tratara del ensamblaje de un Frankenstein. Sea como fuere, el resultado final no se resiente en absoluto.

Completan el equipo James “Jimmy T” Meslin (colaborador habitual en Dream Theater) encargado de la grabación, y Andy Sneaps (productor y actual guitarrista en Judas Priest entre otros) encargado de las mezclas y masterización.

Comenta John Petrucci que su objetivo en estos tiempos tan oscuros era arrojarnos algo de luz, de ahí el carácter alegre, positivo y energético de la mayoría de sus temas y de ahí que se primara la salida en plataformas digitales tan buen punto estuvo concluido (28 de agosto) antes que en los formatos físicos (30 de octubre).

Llegados a este punto, le empezamos a dar un repaso a lo que Terminal Velocity tiene que ofrecernos. Abre el trabajo el tema homónimo, “Terminal Velocity”, y si a priori el título nos sugiere que vamos a empezar un tanto acelerados, nos encontramos con un tempo bastante moderado que acompaña una alegre melodía que se va repitiendo a lo largo del corte. Recuerda sobremanera a Joe Satriani (siendo esto algo positivo). Resulta un gustazo para las orejas dar la bienvenida a bordo de nuevo a Mike Portnoy. Un larguísimo solo (este sí de velocidad de infarto en ciertos tramos) rompe el ritmo a media canción, para luego terminar exactamente con la misma melodía inicial, cerrando el círculo y desprendiendo buen rollismo a raudales.

Este es el único tema que han escogido para grabar un vídeo promocional con un formato muy casero, donde aparecen los tres músicos tocando en estudio por separado, muy propio de la época en que se ha rodado. Espero y confío que en un futuro no muy lejano podamos echar la vista atrás y reírnos de su sencillez. Cuando menos, sirva como documento testimonial de lo que la mayoría de músicos han vivido durante este duro confinamiento.

Petrucci bebe de sus raíces italianas para sacarse de la manga el siguiente tema, “The Oddfather”, que bien podría servir como banda sonora a la saga del Padrino. Canción con un tinte mucho más progresivo, con múltiples cambios, mucho más compleja en su estructura y muy en la línea de lo que nos tiene acostumbrados Dream Theater. Aquí sí que vemos lucimiento técnico de la guitarra en todas sus variantes y a un Portnoy en su auténtica salsa. Después de este tema más tirando a oscuro y contundente, Petrucci nos sorprende cambiando radicalmente de estilo con su “Happy Song”. Tal y como indica su nombre, felicidad en vena, de nuevo muy en la onda de lo que nos transmitió en su día Satriani con su “Summer Song” (¿pura casualidad la similitud en los títulos?). Y si el tema anterior se nos antojaba de difícil digestión, todo lo contrario nos ocurre con este. Su melodía fácilmente identificable y positiva nos arranca una sonrisa de principio a fin. “Gemini”, de nuevo contrastando con el tema anterior, es de largo uno de los más complejos pues es una composición basada en unos ejercicios que Petrucci escribió para sus clinics en los años 90. Para ello ha tenido que buscar por la red sus propios vídeos de enseñanza y recopilar todas esas ideas que andaban sueltas a espera de un hilo conductor que aquí da forma con este tema. Nos encontramos giros y más giros, es una auténtica locura la de veces que nos cambian el guión, imposible relajarse. A destacar la sección flamenca que nos cuela en mitad del tema. ¿Qué estilo se le resiste a nuestro amigo Petrucci? Le toca el turno al tema que más me ha sorprendido de este trabajo: “Out of the Blue”. Un blues en toda la regla, de los que tanto gustaban a Gary Moore, cargado de sentimiento y emotividad, con algún guiño progresivo de por medio. Se toma su tiempo para conducirnos a un estado de ánimo melancólico y cuando ya nos tiene atrapados, llega el momento culmen con un solo de órdago de esos que te dejan sin aliento. Si alguien cree que Petrucci es pura técnica (que lo es), que le dé un doble repaso a este tema, ¡por dios!

“Glassy-Eyed Zombies” es de los temas más machacones y oscuros que seguro agradará a todo fan que se precie de Dream Theater. De nuevo otro tema con muchísimos cambios que te conducen por una atmósfera densa en todo momento. Nos encontramos ante un despliegue más de técnica que de melodía y por lo tanto se hace un tanto complejo de digerir.

“The Way Things Fall” es un tema mucho más comercial que nos viene de perlas para recuperarnos del estado de ánimo decaído del anterior. Una alegre melodía conductora y una presencia muy destacable esta vez del bajo de Dave LaRue, sin olvidar a Pornoy y sus múltiples filigranas. Tema muy agradable, está claro que es uno de esos regalos que nos ha querido hacer Petrucci para combatir estos tiempos de oscuridad.

“Snake In My Boot” es un tema muy divertido que se inicia con unas palmas marcando el ritmo que seguro nos animarán si algún día podemos escucharlo en directo. Nos trae unos aires muy rockeros de la vieja escuela, pero, como no podía ser de otra manera con Petrucci, nos cuela cambios aquí y allá para que no nos aburramos. La anécdota del tema es que se pueden escuchar unas carcajadas de Portnoy y Petrucci que surgieron de forma espontánea durante la grabación y que le dan un toque de frescura.

Llegamos ya al final con un contundente “Temple Of Circadia”, un autoplagio descarado de Dream Theater (se lo perdonamos) de nuevo con un aire oscuro y machacón que contrasta sobremanera con la genialidad del pasaje lento que aparece en medio del tema. LaRue tiene su momento de lucimiento personal en ese tramo ya que el resto de instrumentos bajan las revoluciones y el volumen para dejarle protagonismo. Petrucci no tarda en sumarse a la fiesta con una bonita melodía de dos guitarras y su posterior solo, para retomar una vez más el ritmo trepidante del principio. Un buen broche de oro para cerrar el trabajo.

Petrucci ha dado en este trabajo con la fórmula ganadora, la creación de melodías/riffs fácilmente identificables que llevan la carga de la emotividad de la canción, la que quiera expresar en cada una de ellas, ya sea el buen rollo de la “Happy Song” o la pesadez intencionada del “Temple of Circadia”. En general, podríamos decir que este trabajo le sirve como lucimiento personal (bien arropado por sus compañeros) ya que consigue abordar diferentes estilos con nota. Nos muestra esa otra faceta más compleja como músico que es la de poder resolver con solvencia otros géneros. Es de agradecer ese atrevimiento y salida de su zona de confort. Bien podría haber acuñado un trabajo totalmente técnico/progresivo y hubiera ganado el favor de la opinión más erudita sin dudarlo, pero se ha lanzado a otras piscinas y con mucho acierto. ¡Bien por él!

A ser posible, no tardes otros 15 años en sacar otro trabajo en solitario, maestro.