
Escuchar Pictures (2026) por primera vez es como entrar en una habitación en penumbra y tardar unos minutos en acostumbrar la vista. Al principio todo parece difuso, pero conforme pasan los minutos empiezan a distinguirse formas, capas y detalles. Esa manera de desplegarse define también el disco. HamaSaari avanzan con calma, desde una identidad bien asentada y sin bruscos forzados.
Tras Ineffable (2023) , que ya dejaba claras muchas cosas, este segundo trabajo afianza una forma muy concreta de entender el rock progresivo contemporáneo. Hay atmósfera, hay emoción y hay técnica, pero todo está colocado con cuidado, haciendo la escucha del álbum realmente muy agradable.
A nivel de producción, el disco apuesta por un sonido orgánico y amplio, con una base rítmica muy dinámica —bajo y batería moviéndose con libertad, pero siempre al servicio del conjunto— y un trabajo de guitarras que prioriza las texturas, los arpegios y los espacios largos. Las voces aparecen claras, sin excesos, bien integradas en la mezcla, evitando protagonismos innecesarios y reforzando ese tono introspectivo que atraviesa todo el álbum. Todo suena medido, sin aristas fuera de lugar, como si cada decisión de grabación estuviera pensada para sostener la atmósfera antes que para lucirse.
El arranque con “Below the Lightnings” marca bien el tono general. La canción se construye poco a poco, apoyada en guitarras amplias y envolventes, con ese estilo contenido tan reconocible que inevitablemente recuerda a Porcupine Tree. No tanto por una cuestión de sonido concreto, sino por la manera de dejar que las ideas crezcan sin prisas, dejando espacio para que el oyente entre dentro.
Esa sensación de avance casi hipnótico, continúa en “The Wild Ones”, un tema más abstracto, menos brusco en su estructura, que juega con el clima y con una tensión que se va acumulando de forma silenciosa. El tramo final, con métricas irregulares, introduce una ligera tensión que evita que el disco se acomode demasiado pronto en terrenos seguros.
Con “Our Heads Spinning” el álbum da un pequeño giro. Aparece un estribillo más reconocible, algo que hasta ese momento parecía deliberadamente esquivado, y una sección central con un punto más contundente que amplía el rango expresivo del disco. El cierre con guturales añade una capa más de intensidad emocional, casi como un desahogo contenido hasta ese momento.
“Lost in Nights” vuelve a situarse en un terreno más sutil, pero no menos complejo. Las alternancias de compás en los versos y el interludio están integradas con naturalidad, sin llamar la atención sobre sí mismas. Todo fluye con una lógica interna muy clara, como si cada cambio estuviera ahí porque tenía que estar.
Uno de los momentos más especiales del disco llega con “Frames”. El inicio es delicado, frágil, con la voz de Christelle Ratri entrelazándose con la principal de una forma sorprendentemente orgánica. Cuando la canción empieza a abrirse, aparece un punteo de guitarra finísimo, elegante, de los que dejan huella. Es un tema que crece con paciencia y que gana mucho con cada escucha.
“Under the Trees” baja todavía más las revoluciones y apuesta por una desnudez casi total. La canción se sostiene a través de la guitarra acústica y la voz, con arpegios que parecen tocados a dedo y una sobriedad que me recordó a otros maestros en esto como lo son Riverside. Este tema podría funcionar como pausa emocional, como un momento para respirar dentro de un disco que, aun siendo contenido, tiene su parte densa.
El cierre con “Home” resume bastante bien el espíritu del disco. Es una canción elegante, muy medida, con un interludio de métricas algo más complejas y un estribillo que, sin buscar ser obvio ni grandilocuente, acaba quedándose contigo. Todo suena colocado con precisión, al servicio del conjunto, cerrando el disco con una sensación de calma reflexiva más que de clímax explosivo.
Pictures es un álbum que se disfruta más cuanto más tiempo pasas con él. No se agota rápido ni es el típico disco de un par de escuchas. Los franceses han construido un trabajo cohesionado, profundamente humano y con una identidad cada vez más definida, donde la emoción pesa tanto como la arquitectura de las canciones. Un disco para escuchas largas, atentas, de esas que te acompañan durante días y van revelando detalles poco a poco.


Adicto a la música desde que tengo uso de razón y pateador de todas las salas de concierto de Barcelona. A veces me creo músico, cocinero, escritor o lo que se me pase por delante.
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