Dream Theater – Images and Words: 30 años de un disco que cambió las reglas del juego

Ficha técnica

Publicado el 7 de julio de 1992
Discográfica: ATCO Records
 
Componentes:
James LaBrie – Voz
John Petrucci – Guitarra
John Myung – Bajo
Mike Portnoy – Batería
Kevin Moore – Teclados

Temas

1. Pull Me Under (8:14)
2. Another Day (4:23)
3. Take the Time (8:21)
4. Surrounded (5:30)
5. Metropolis - Part I: The Miracle and the Sleeper (9:32)
6. Under a Glass Moon (7:03)
7. Wait for Sleep (2:31)
8. Learning to Live (11:30)

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Ante todo, las cartas sobre la mesa: estamos ante el que probablemente sea el disco de mi vida, así que si entrabas por curiosidad a ver si se hablaba de dormirse, aburrirse, virtuosos sin sentido, aquí vas a encontrar poco de eso, porque de hecho, a poco que tengas oído y te pares a escuchar este disco, no hay lugar para ninguno de esos tópicos.

Nuestra aventura comienza un par de años antes: Charlie Dominici no es el vocalista adecuado para los objetivos que se marca la banda, y es que si los músicos son capaces de alcanzar cualquier nota, el cantante también debe serlo. Muchos vocalistas pasaron por el local de los neoyorquinos, se dice que más de 200, y parecía que la decisión estaba cerca de ser tomada ya que un buen amigo de la banda, John Arch, ex de Fates Warning, se encontraba disponible y su voz respondía en gran parte a lo que andaban buscando, sobre todo en los tonos altos, donde Arch siempre destacó, basta escuchar Awaken the Guardian (1986) o The Spectre Within (1985).

Fue entonces cuando una demo de dos temas llegaba desde Canadá para darle la vuelta a todo. Un joven cantante canadiense, James LaBrie, vocalista de la banda de hard rock Winter Rose, dejó ojipláticos a quienes serían desde entonces sus nuevos compañeros. LaBrie lo tenía todo, unos agudos inhumanos, llegaba con facilidad a notas inverosímiles, pero además sus tonos medios y bajos eran muy competentes también. Convocaron al canadiense a Nueva York y tras la prueba, el puesto fue suyo.

Anécdota: nada más trasladarse a Nueva York, LaBrie fue invitado por Fates Warning a colaborar en el disco que sacarían en 1991, Parallels; en los créditos del disco aparece el agradecimiento a Dream Theatre, hecho que fue cachondeo entre ambas bandas, os recuerdo, buenos amigos todos ellos, hasta que salió Images and Words y Dream Theater respondieron citando en los agradecimientos a “Fatez Warning (just kidding!!)”. Portnoy siempre ha sido (y sigue siendo) un cachondo.

A finales de 1991 la banda estaba preparada para entrar al estudio. Temas compuestos suficientes para grabar un disco doble. A ATCO Records, que acababa de firmarles un contrato por siete discos, en principio no le gustó mucho que los únicos temas con duración de single fueran los lentos, querían algo más potente que pudiera solventarse en cuatro minutos y sonara en todas las radiofórmulas de la época. Finalmente y como ya sabréis, tuvieron que hacer eso tan horrible de cortar aquí y allá para limitar una canción de ocho minutos como “Pull Me Under” a la mitad aproximadamente. Todo por la industria, pero algo que no gustó nada a la banda; aunque ese no fue ni de lejos el mayor caballo de batalla entre discográfica y banda; como os decía, la previsión era la de sacar un disco doble, pero Atco se negó en rotundo, y la primera en caer fue “A Change of Seasons”, que si el disco ya es perfecto sin ella, si llega a entrar se hubieran pasado toda la música en una sola entrega; era evidente que su duración, más de 20 minutos, dificultaba su inclusión. Otros temas que corrieron la misma suerte aunque jamás ocuparon ningún album o EP, sí algunas apariciones en directo, fueron “To Live Forever” o “Don’t Look Past Me”.

¿Queréis más lío? David Prater es vuestro hombre. El reputado productor fue el encargado de grabar el disco tras los buenos resultados conseguidos en los últimos tiempos, pero la convivencia en el estudio no fue buena, básicamente porque él menospreció a aquellos chavales que acababa de conocer, e intentó meterles los mismos presets que acababa de usar en el disco de Firehouse Hold Your Fire (1992), algo que chocó frontalmente con unos músicos licenciados en Berkeley que sabían exactamente como querían sonar; especialmente sangrante fue el trato con Mike Portnoy, a quién pretendía imponerle el trigger y unos samples de bombo que ya usó con Firehouse. Que el nombre de Prater aparezca en los créditos es consecuencia de que Atco pagó mucho dinero para contar con él, pero lo cierto es que, por fortuna para todos nosotros, tanto Petrucci como Portnoy acabaron dando forma y sentido a la producción.

¿Que os puedo contar de las ocho obras de arte que conforman esta pieza única que no sepáis a estas alturas? El disco arranca con “Pull Me Under”, sin duda alguna, el tema que mejor ha funcionado como single en la historia de la banda, una letra muy intensa a la par que poética basada en Hamlet de Shakespeare, como si la narrase el propio príncipe Hamlet fuera de sí tratando de vengar la muerte de su padre, de mano de Kevin Moore, quién se repartió con Petrucci la labor en cuanto a “words”, tres temas cada uno más uno de Myung y otro firmado por toda la banda, mientras que la música, las “images”, las firma la banda al completo salvo “Wait for Sleep” que por motivos obvios (piano) es de Kevin Moore.

¿A quién no le pasó en su día? Te pudo pasar desprecintando el vinilo, o el CD, o el cassette; a mi me pasó con una cinta grabada, que fue mi primer contacto con este disco; es más, grabada de grabación. “es que a mi ya me la pasaron así”. Menudo patán el amigo, el tema se cortaba abruptamente, de repente, sin pre-aviso, sin sentido alguno. Y durante algunos días maldijimos a aquel pobre tío que no tenía culpa de nada, hasta que nos fuimos en busca del CD porque eso había que comprarlo como fuera, y acababa exactamente igual. Si no llego a tener la grabación anterior, me vuelvo a la tienda y les obligo a que me lo cambien. Muy curiosa forma de acabar la canción, es la primera (de muchas) veces en que este disco te deja descolocado, especialmente en la primera escucha, aunque casi es más fuerte el impacto cuando te das cuenta, escuchas más tarde, años, incluso, que ese final cuadra perfectamente en 4/4. No hay nada dejado al azar en esta obra.

“Another Day” es una de las power ballads más increíbles que he escuchado. Canción con una intensidad brutal, no en vano trata un tema personal tan delicado como la lucha contra el cáncer del padre de John Petrucci; con un despliegue virtuoso que en este caso corre a cargo de LaBrie por encima de todos, puro sentimiento en cada nota. Es la canción que nunca escucharon quienes les tachan de técnicos y por tanto, frios. Bueno, esta y otras 60 o 70 de su amplia discografía, si algo sabe explotar bien Dream Theater, me atrevo a decir que por encima de su virtuosismo, es la épica, saben como hacer estremecer, en eso son de los más grandes.

«Ora che ho perso la vista, ci vedo di più». Alfredo, el viejo cineasta del Cinema Paradiso que queda ciego tras el incendio del cine, pronuncia esas palabras (ahora que he perdido la vista es cuando veo más), y Dream Theater las inmortalizó en este disco en un tema, “Take the Time”, que también explora las profundidades del ser humano, los miedos y la forma de vencerlos. Destacar que no es ese el único sample que contiene este genial tema, todo una lección magistral de como debe ser el metal progresivo, salpicado por cambios de tempo, sucesiones instrumentales, vocales…

Como digo, el tema arranca con varios samples de voz, de personajes tan particulares como variopintos, “Hold It Now” del rapero Kurtis Blow, “Wait a Minute” de Frank Zappa y “Come On” de Public Enemy, se combinan para dar forma al curioso collage sonoro que enriquece una pieza sublime, técnica pero melódica, extremada en su estructura pero sencilla en su resolución, una buena muestra de lo que estos chavales eran capaces de crear y de como aprovechar incluso las adversidades, ya que la letra está inspirada en la odisea que fue buscar cantante.

Lo de “Surrounded” es de otro planeta. Siempre me pareció el gran olvidado de este disco, una canción enorme, con una estructura que le añade al tema un punto de magia extra. Es un tema que acaba allá donde empezó. No podemos hablar de simetría porque es un constante crescendo, el tema crece desde una intro acústica, se convierte en un medio tiempo que pasa a ser un tema más rápido e intenso cada vez hasta que LaBrie lo corona con unos agudos increíbles, y regresa la acústica para cerrar el tema de forma brillante. Me enamoré de esta canción hasta la médula la primera vez que la escuché, y volvería a llorar mil veces (la última, de momento, en la gira del 25 aniversario en 2017, por ejemplo)

Y si la cara A del disco es buena, la cara B directamente es historia y como tal debería estudiarse en todas las facultades donde se hable de música o de cualquier tipo de arte. Y es que arranca ni más ni menos con la que fácilmente podría escoger como mi canción favorita de todos los tiempos. Creo que nunca una canción me golpeó tan fuerte sin esperarlo, fue un auténtico golpe duro directo a flotación, y sigue estremeciéndome cada vez que la escucho.

Desde esa maravilla instrumental que abre “Metropolis Part I: The Miracle and the Sleeper” sabes que estás ante algo grande; riff definitorio del progresivo para conducir hacia la voz de LaBrie que entra poderosa, y que rápidamente se hace con el peso de esa primera parte de la canción. Constantes cambios, detalles del teclado aquí, unas notas de guitarra que parece que no están pero aplican otro detalle allá, la línea de bajo en constante evolución tocando más notas de las humanamente posibles en esas 6 cuerdas… para desembocar en la parte central del tema, donde los instrumentos toman el protagonismo, y encontramos solos de todos ellos, todos con sentido y funcionando siempre en pro de la canción por encima del lucimiento, que sí, efectivamente, también está ahí y en modo superlativo. Es un tema que me parecía insuperable hasta que lo vi tocado junto a una orquesta y ahí ya sí, eso no hay por donde sobrepasarlo. La velocidad a la que ejecutan partes que van variando el tempo y reinventando la canción es una locura. Pero claro, os estoy hablando de mucha técnica, y esta canción no es tan grande solo por ser técnica.

«Before the leaves have fallen
Before we lock the doors
There must be the third and last dance
This one will last forever
Metropolis watches and thoughtfully smiles
She’s taken you to your home.

It can only take place
When the struggle between
Our children has ended
Now the Miracle and the Sleeper know

That the third is love
Love is the dance of eternity.»

A eso lo llamo yo coronar una canción por todo lo alto, uno de los finales más emotivos de su historia, como un tema frenético desemboca aquí y se convierte en su conjunto en esta maravilla es aún, 30 años después, algo que escapa a mi razón, ¿qué grado de genialidad debes contener para parir algo así? Me rindo, esto ya supera todas las expectativas.

La historia que nos cuenta Petrucci en este tema se basa en el mito de Rómulo y Remo de la Eneida de Virgilio, siendo Roma la Metropolis; la historia no pretendía tener continuidad, se colocó el “(Part I)“ a modo de broma, aunque esa idea de Metropolis 2 quedó guardada en algún cajón. Como ya sabéis, en un ataque de genialidad, decidieron darle una vuelta de tuerca y hacer durar a esa segunda parte casi 80 minutos en un disco conceptual que ya es también historia de la música en general  y del progresivo en particular. No en vano, en ese disco se van repitiendo fragmentos de esta canción salpicados grácilmente allí donde la canción habla de una parte concreta de la historia. No solo es una canción de dimensiones incalculables, es además la madre de uno de los mejores discos conceptuales de la historia. Casi nada.

“Under a Glass Moon“ nos devuelve a la tierra por un momento. Cierto es que es una barbaridad de canción, pero no le beneficia nada su posición en el álbum, por lo que tarda uno en recuperarse de “Metropolis – Part I”. Una gran melodía, nuevamente las bases del metal progresivo sentadas, y un solo de guitarra de los mejores de Petrucci, que ya empezaba a erigirse como uno de los grandes guitarristas de nuestro tiempo, y en esta canción luce especialmente fino.

Una sencilla melodía de piano nos introduce en “Wait for Sleep”, precioso tema a piano y voz que sirve como aperitivo a una de las mejores composiciones de Dream Theater en toda su carrera, “Learning to Live”.

Tras “Metropolis”, podría afirmar que esta canción es mi otra destacada del disco, aunque no sería justo hacer un ranking, ya que ninguna merece ser la séptima o la octava, así que correré un tupido velo y seguiré desgranando; otra canción con la fórmula ya vista de crecer para acabar en una épica desbordada. Para dotar de mayor impacto a la pieza, además, tienen la genial idea de, en medio del solo, que incluye guitarra española entre otras rarezas, meter dos curiosidades muy bestias; por un lado, entra LaBrie y se marca unos gritos acabando en #F que son una salvajada (buscad en YouTube vídeos de “LaBrie #F y me contáis, os juro que era capaz de llegar) y una versión “metalizada” del pequeño tema que precedía a esta canción, “Wait for Sleep”, que se acaba fundiendo con el solo de guitarra y con el riff original para llevarnos a un final (otro más) donde LaBrie demuestra el acierto en la elección, se sale, literalmente. Por cierto, el armónico que abre el disco en “Pull Me Under” aparece aquí también abriendo el final de la canción, otro detalle de esos que nos gustan de esta banda, otro guiño y otra genialidad.

Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por haber compartido conmigo algo tan importante, casi íntimo diría. Probablemente tienes la misma “enfermedad” que yo, por culpa de estos genios y de esta obra atemporal que tanto nos ha dado y nos sigue dando. Images and Words llegó para abrir un nuevo horizonte, para expandir más bien, un estilo que empezaba a abrirse camino y que, tras una obra de esta magnitud, arrastró tras de sí a una multitud de fans pero también de músicos que adaptaron y adoptaron formas de componer, de trabajar y de tocar, que ayudarían a evolucionar un estilo que sigue en constante progreso, nunca mejor dicho. No es solo la obra, es lo que arrastró, lo que arrastrará y lo que seguirá arrastrando. No es un gran disco de Dream Theater, es EL GRAN disco de Dream Theater, y porqué no decirlo, piedra angular de toda una forma de entender el metal. 30 años sumergidos entre imágenes y palabras, y los que nos quedan…

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Sobre Toni López 27 Artículos
Toda una vida marcada por el Metal. Televisión, radio y prensa escrita, intentando poner letra a la ciencia del ruido