
Hoy empezaremos este artículo hablando un poco de astronáutica, una rama fascinante de la ciencia. En 1965, en plena guerra espacial, el cosmonauta soviético Alexéi Leónov salió de su cápsula y quedó suspendido en el vacío espacial durante doce minutos, en un acto imperioso de supervivencia y prestigio. Quedó sujeto a la nave por un cable de apenas cinco metros, y cuando quiso volver a entrar, el traje se había hinchado tanto por la diferencia de presión que no cabía en la escotilla. De modo que, en una maniobra desesperada, y rompiendo todos los protocolos de seguridad, abrió la válvula de presión a mano y entró de cabeza, jugándose la vida en el intento. Y ese instante suspendido entre la euforia de flotar y el pánico de no poder regresar es precisamente el que inspiró la canción que abre Takeoffs & Landings (2026), el segundo disco de los ingleses Din of Celestial Birds.
Este quinteto de Leeds lleva desde julio de 2019 facturando un post rock con raíces progresivas con un despliegue a menudo habitual de tres guitarras. Tras un EP de debut y un mini álbum, su primer LP The Night Is for Dreamers (2023) les sirvió para poder tocar posteriormente en festivales como ArcTanGent, dunk! o Damnation, y para poder fichar por Big Scary Monsters, que cuentan en su catálogo con nombres como American Football o Arcane Roots.
Esta vez han vuelto a repetir productor con Joe Clayton en su No Studio, un búnker en un sótano de Manchester, que aunque parezca una locura, ha albergado a bandas como Bossk o Conjurer. Clayton, que además es guitarrista de Pijn y Leeched, invirtió el doble de tiempo de la grabación en comparación a su primer álbum para experimentar con las texturas y contrastes atmosféricos, dando como resultado un disco la mar de sólido.
Es un trabajo conceptual sobre el viaje (en sentido literal y figurado), con la vida como destino incierto. Y como es habitual en el quinteto, no hay ni una sola palabra cantada, así que en cuanto a letras, no hay nada que rascar. Cualquier lectura emocional viene directamente de la música, que según he leído, ellos mismos cuentan que nace en parte de pérdidas personales vividas durante los últimos años.
A volar se ha dicho. El título del primer tema lo dice todo: «Takeoffs & Landings» entra directo, sin nada de intro previa, y eso a mí me genera siempre algo de vértigo, en el buen sentido. Guitarras y cuerdas se van entrelazando enseguida con motivos agudos, dándole a uno la sensación de despegue inmediato. En «Marmoris» esta fórmula prevalece, aunque hacia la mitad hay un interludio donde todo parece caer al vacío, para luego remontar a paso ligero, hasta rematar con un blastbeat demoledor. La relajación llega con «From This Summit We Can See the Heavens & Stars», donde se exhibe un post rock clásico si las comparamos con las dos anteriores, aunque se endurece algo en el tramo final.
Tras este trío llega «When Suddenly…», que arranca con un toque algo retro de sintetizador, y hacia la mitad se derrumba todo, dejando solo un piano. Ahí la canción parece que se va a reconstruir como otra distinta, pero en vez de eso sigue manteniendo la lógica, desde un plano más tranquilo. El siguiente tema, «You Are My Temple» tiene un equilibrio perfecto entre melodía y contundencia. A mí personalmente me ha convencido, ya que tira bastante de emotividad en ciertos tramos, sin llegar a abusar de ello.
El bajo se lleva todo el protagonismo al abrir «Migratory Patterns», con un fraseo a base de tapping que sujeta toda la canción mientras va creciendo en intensidad y contundencia. Bajamos un poco la caña con «I Hope That Road Leads You Somewhere Beautiful, Somewhere You Belong», que empieza muy tranquila y aunque va creciendo, nunca acaba de explotar del todo, potenciando sus partes más bonitas. Y para cerrar, «Second Star to the Right, and Straight on ‘Til Morning» probablemente sea el tema que arranca de forma más apagada de todo el disco, y aun así reúne la suficiente potencia y sensibilidad como para acabar en un clímax que es de lo más metalero del disco, justo antes de que vuelva la épica por última vez.
Habrá quien lea esta reseña o escuche el disco un par de veces y relacione esta propuesta con nombres como God Is an Astronaut, Russian Circles o Mono, y realmente la cosa va por ahí, sobre todo en la manera de tratar los silencios y los picos de intensidad. Pero también hay que romper una lanza a favor de Din of Celestial Birds, ya que repartir el peso entre tres guitarras a veces suena a empaste, y en este caso lo logran de un modo más que resultón. No sé si es el mejor disco de post rock que va a salir este año, ya que propuestas no faltan, pero sí que es de los que más me han entrado ganas de volver a darle al play casi sin pensarlo.


Adicto a la música desde que tengo uso de razón y pateador crónico de salas de concierto.
Músico, cocinero y escritor cuando se tercia.
Siempre con más ganas que tiempo y más tiempo que talento.