Desmontando al monstruo: Bad Religion – Into the Unknown

Ficha técnica

Publicado el 30 de noviembre de 1983
Discográfica: Epitaph Records
 
Componentes:
Greg Graffin - Voz, teclados, sintetizador, piano, guitarra acústica
Brett Gurewitz - Guitarra, voz
Paul Dedona - Bajo
Davy Goldman - Batería

Temas

1. It's Only Over When… (3:41)
2. Chasing the Wild Goose (2:50)
3. Billy Gnosis (3:31)
4. Time and Disregard (7:10)
5. The Dichotomy (4:55)
6. Million Days (3:49)
7. Losing Generation (3:36)
8. ...You Give Up (3:02)

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“Despachamos diez mil copias y nos devolvieron diez mil una.”

La frase de Mr.Brett es un claro resumen de lo que supuso Into the Unknown. El segundo trabajo de Bad Religion, su viaje a lo desconocido, se cuenta como el mayor traspiés de su carrera (bueno, No Substance, publicado en 1998, compite con éste de cerca).

Los fans devolvían los discos a las tiendas. Jay se enfadó en pleno proceso de grabación y decidió abandonar el estudio y no regresó más. Mr. Brett le dijo a Pete que no podían contar con él en la batería porque este disco era demasiado complejo para su poca experiencia.

¿Qué más podemos comentar para poner en contexto el segundo disco de Bad Religion?

Tras el inesperado éxito de su disco debut How Could Hell Be Any Worse?, Bad Religion se creyeron los amos de la escena y se auto convencieron de que podían hacer lo que les diera la gana. Pero el nuevo fan de la banda los adoraba por su punk y por sus letras irónicas e inteligente. Los fans del punk daban la espalda a todo lo que ellos consideraban que iba en contra de la escena o del carácter punk. Con lo que tardaron poco en dar la espalda a Into the Unknown.

A Greg y a Brett, los dos compositores de Bad Religion, les gustaba el rock progresivo de bandas como Yes, Emerson Lake & Palmer, King Crimson y Jethro Tull. Lo que ellos consideraban música para bichos raros. Y como se consideraban bichos raros y contaban con una capacidad intelectual sobre la media, decidieron abrazar el rock progresivo para su segundo disco.

El dúo se dejó llevar bajo la influencia de T.S.O.L. banda que admiraban y respetaban y que usaban el sintetizador en su nuevo sonido más cercano al post punk. Greg se compró un sintetizador y compuso la primera canción titulada “It’s Only Over When…”. La llevó al estudio y Mr.Brett alucinó tanto que decidió contestar con otra canción del mismo corte. Así nació este fallido proyecto que casi termina con la carrera de Bad Religion.

Tras las bajas de Jay y Pete, contrataron al bajista Paul Dedona y al batería de jazz Davy Goldman. Mr. Brett comentó unos años más tarde que sus experiencias con el LSD influyeron en la creación de Into the Unknown. Por aquel entonces, el carismático guitarrista empezaba su tortuosa relación con las drogas…

El sintetizador y los efectos formaron la parte casi más importante del disco. En el estudio, se dedicaron a superponer capas de sonido hasta el aburrimiento. En 1983 la banda lo interpretaba en directo sin el sintetizador y la acogida era algo más cálida de lo que fue a nivel de ventas.

Jay comentó tras unos años:

“Creo que teníamos mucha ambición, mucho ego, y, en cierto sentido, fue bueno que nos diéramos ese batacazo.”

Brett, que unos meses atrás había fundado su propio sello Epitaph Records y que lanzó Into the Unknown fue el que recibió más palos. No solo por haber publicado un disco no apto con su banda, sino el hecho de publicarlo mediante su sello. Doble decepción para un Brett que acabó quemando todos los ejemplares que las tiendas le devolvieron.

Into the Unknown casi acaba con la carrera de Bad Religion. La decepción de los fans, la decepción de los artistas y la partida de Greg a la Universidad de Wisconsin donde continuaría con sus estudios dejó a la banda tocada y casi hundida.

¿Pero, es Into the Unknown un disco tan malo?

La respuesta es alta y clara. Para nada. Es un disco cojonudo pero… no es un disco de Bad Religion. De hecho, ni siquiera lo podemos encontrar en Spotify y nunca se ha reeditado tras 40 años. Es un disco repudiado incluso por la banda. Pero…

Into the Unknown es un disco notable. Contiene las piezas más largas de la banda como la progresiva “Time and Disregard” que cuenta con más de siete minutos de duración. La estética progresiva y new wave está muy lograda y la verdad que muy bien ejecutada. Durante todo el disco te aborda la certeza absoluta de que estás escuchando un disco de cualquier banda menos de Bad Religion, y quizás aquí reside el encanto de Into the Unknown.

El disco se compone de ocho piezas en poco más de 30 minutos de duración. De ellas voy a destacar con rotundidad “The Dichotomy”, una canción brutal en todos los aspectos. Cinco minutos de Bad Religion setentero con ritmos que parecen salidos de las películas de Tron pero que aún sigue teniendo cierta aroma punk… ¡pero progresiva! Es la leche. Por cierto, la canción fue compuesta por Mr.Brett en su totalidad y comentó que se inspiró en “Dogs” del disco Animals de Pink Floyd. I sí, tiene cierto aroma a Animals.

“Losing Generation” que critica el sobredesarrollo y la contaminación es otra canción de calidad contrastada. Cuenta con una interpretación vocal poco convencional de Greg y unos airados coros super efectivos así como un teclado del puro estilo del Hammond de John Lord en Deep Purple.

También es efectiva y rompedora la pista que abre el disco titulada “It’s Only Over When…”, la canción que supuso la semilla de Into the Unknown. Se trata de una canción de carácter retro en la que los sintetizadores y los efectos dominan a placer el ritmo de la canción así como el impecable trabajo de Greg en sus labores de teclista.

Estoy seguro de que hoy, Into the Unknown tendría una acogida infinitamente más cálida que la que tubo en 1983. El regreso de la estética retro esta de moda y el sonido de el segundo disco de Bad Religion aboga a esa época con un sonido tan retro como actual. Porque, curiosamente, suena más retro su debut que este disco.

Bad Religion rizaron el rizo y se creyeron capaces de dar volantazo a su punk pero, por suerte, fracasaron y se vieron forzados a seguir con su punk melódico. Este batacazo fue imprescindible para que analizaran la situación y decidieran emprender un camino que les acabaría llevando a la cima del punk siendo abanderados del hardcore melódico. Pues la siguiente obra de su carrera fue Suffer (1988) y allí empezó su reinado.

 

Beto Lagarda
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