Viva Belgrado – Ulises

Nuestra Nota


9 / 10

Ficha técnica

Publicado el 29/8/2016
Discográfica: Aloud Music
 
Componentes:
Álvaro Moreno — drums, percussion.
Ángel Madueño — bass, Rhodes.
Cándido Gálvez — guitars, lyrics, vocals.
Pedro Ruiz — guitars, Rhodes

Temas

1. “Calathea” (02:50)
2. “Pleiades/Pasaportes“ (02:41)
3. “Por la mañana, temprano“ (03:09)
4. “Aeropuertos“ (01:04)
5. “Erida“ (02:13)
6. “Annapurnas“ (03:00)
7. “Transatlántica“ (04:45)
8. “Fresas Salvajes“ (00:58)
9. “Apaga la llum“ (03:42)
10. “Cassiopeia/Contraluces“ (04:13)
11. “Ravenala“ (04:00)

Multimedia



El sur está que arde y el post-hardcore está de enhorabuena. En su segundo LP Ulises, el cuarteto cordobés Viva Belgrado se desmarca con una oda al desamor llena de gritos, rapeos, poemas y reflexiones sobre la agonía humana basadas en lo que parecen ser experiencias personales. Una obra que va más allá de la música en sí misma. Brillante, inteligente y catártica.

Durante mi juventud siempre había relacionado gritos musicales con gritos guturales, hasta que en el año 2001 escuché por primera vez The Ionic Spell de Standstill, y me quedé a cuadros. El “grito pelao” me había conquistado. Unos años más tarde, en el Fury Fest del 2005, el cantante de Refused Dennis Lyxzén, quien por aquel entonces lideraba The (International) Noise Conspiracy, hizo una reflexión durante su concierto que puso palabras a mi humilde intuición: “Cuando gritas hacia adentro las emociones se enquistan; cuando gritas hacia afuera las emociones se liberan“. Y eso es lo que hacen exactamente Viva Belgrado en Ulises: sacarlo todo.

El grupo se formó en 2011, y en 2014 grabaron su debut Flores, Carne de la mano de Santi Garcia, para muchos el Steve Albini catalán. El resultado caló fuerte, y los belgrados se marcaron 2 giras europeas e infinidad de conciertos por la península, incluyendo su memorable actuación en el Actitud Fest de 2016. Esa valiosa experiencia se respira en cada segundo de su nuevo trabajo, con Santi de nuevo a los mandos.

Ulises confirma que los muchachos han crecido musicalmente en todos los aspectos, empezando por la voz: gritos con más base vocal, y no-gritos que incorporan a veces melodías. Guitarras más profundas que a la vez suenan pulcras. Bajo distorsionado en los momentos clave, y baterías efectivas más agresivas que en su anterior trabajo. Aún más importante es la belleza de las letras. Si las canciones de su primer disco tenían textos poéticos pero aislados y demasiado abstractos, abusando quizás de la metáfora, ahora los versos poseen una coherencia global que refuerza cada track en particular.

Calathea abre el disco con una intro de 2 (dos!) segundos. Es todo lo necesario para iniciar ese engranaje diabólico, y a su vez es también un resumen de lo que está por venir. “Una vez abro los ojos me veo allí / A la deriva entre la gente”. Gran declaración de principios, y sin darnos cuenta saltamos a la siguiente pista, perfectamente enlazada. Pleiades​/​Pasaportes entra con la voz desde el segundo cero, y a medio tema usa un recurso muy elegante: gritos sobre guitarras limpias. Se nota que de pequeños estos chicos cayeron en la marmita de Refused.

Primera pausa y primera sorpresa mayúscula. Por la mañana, temprano nos brinda un suave rapeo vocal que refuerza la profundidad de la letra. “Es algo temporal la necesidad / De contraerse, expandirse / Encontrarse y rendirse / Cuestionarlo todo” son palabras muy sabias que deberían hacer reflexionar al mismísimo Dalai Lama, y cuando empieza Aeropuertos, la única pieza instrumental del disco, otra vez cuesta enterarnos que el track ha cambiado.

Erida comienza con un riff de guitarra muy rockero dentro de un medio tiempo que fluye sin parar, incluso cuando el compás se quiebra, respaldado por una caja espectacular y terminando con un anti tupa-tupa hardcoreta. El enlace con Annapurnas es de matrícula, con un ritmo que evoluciona preparando uno de los versos estelares del disco: “Ponerle fecha de caducidad a la infelicidad, a mis miedos / Y sé que mis mentiras son más bien deseos / Que sigo viendo la escena distante / Que cada vez me cuesta más fingir”. ¡Qué habrán vivido estos chicos para llegar a tal nivel de madurez emocional!

Transatlántica posee seguramente el riff más pegadizo del álbum, el minutaje más largo, y otra sorpresa: un cambio de ritmo de esos que se echan de menos hoy en día. A destacar la distorsión del bajo, que se agradece en los momentos tranquilos del tema. Le sigue Fresas Salvajes, la canción más bestia (y breve) del disco. La calma, la poesía superlativa y el rapeo vuelven con Apaga la llum. “Mis ojos en cuarto creciente / Tu boca siempre menguante / Cambiemos el mundo, pero mañana / Aún queda noche por delante”. ¿Quién podría resistirse a tal propuesta?

El inicio de Cassiopeia/Contraluces parece un homenaje a Planet Telex de Radiohead. ¡Que vuelvan los trémolos, por favor! Otra vez la distorsión del bajo aporta la contundencia necesaria a la maquinaria andaluza, con un contraste calma/caña que parece evoca a Nirvana y un final a lo The Shape Of Punk To Come. El último tema Ravenala es sin duda la guinda del pastel, con una traca poética final que parece cerrar las anteriores heridas de desamor ajeno y propio: “A las buenas vistas / A los reencuentros / Y a la vida, que es movimiento”. Chapeau, y disculpen el espoiler.

Cuando uno se recupera de tal bestialidad podría echar en falta más dinámica rítmica entre las partes suaves y cañeras. Pero, ¿nos vamos a poner quisquillosos después de tanto gozo? Ni se os ocurra.

Toni Feliu

Toni es un apasionado de la música. Estudió violín e ingeniería informática. Sus gustos eclécticos, desde el hardcore/punk a la clásica, le permiten usar la música como terapia para no enloquecer (demasiado). Literalmente sin tiempo para pensar, toca la guitarra, el violín y el bajo en 3 bandas, se relaja como DJ y deambula compulsivamente por mogollón de conciertos molones.

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Toni Feliu
Sobre Toni Feliu 18 Artículos
Toni es un apasionado de la música. Estudió violín e ingeniería informática. Sus gustos eclécticos, desde el hardcore/punk a la clásica, le permiten usar la música como terapia para no enloquecer (demasiado). Literalmente sin tiempo para pensar, toca la guitarra, el violín y el bajo en 3 bandas, se relaja como DJ y deambula compulsivamente por mogollón de conciertos molones.