Crónica y fotos del concierto de Trivium + Power Trip + Venom Prison - Sala Razzmatazz 2 (Barcelona), 8 de abril de 2018

Trivium lo petan (mucho) en una Razz 2 hasta los topes

Datos del Concierto

Bandas:
Trivium + Power Trip + Venom Prison
 
Fecha: 8 de abril de 2018
Lugar: Sala Razzmatazz 2 (Barcelona)
Promotora: Route Resurrection
Asistencia aproximada: sold out personas

Fotos

Fotos por Toni Villén

Nuestra Previa

Las 5+1 mejores canciones de Trivium según… Science of Noise

Provenientes de la zona central de Florida, Trivium se formó en el año 2000 y rápidamente generó un gran revuelo alrededor de la comunidad metal de Orlando con su mezcla de metalcore, thrash y metal progresivo. Con el paso de

Trivium – The Sin and the Sentence

Siempre me ha gustado Trivium, pero no soy un gran, gran fan que digamos. Ojo, les he visto ya un par de veces en vivo y son apoteósicos y mastodónticos a partes iguales, pero tienen un nosequé… que qué sé

Nuevo videoclip de Trivium

Los metaleros de Florida liderados por Matthew «Matt» Kiichi Heafy nos acaban de regalar esta pequeña obra de arte titulada «The Sin And The Sentence«, perteneciente a su nuevo álbum, que verá la luz próximamente. El título todavía no ha sido

Creo que lo he dicho en reiteradas ocasiones: cuando llegas con tiempo a Poblenou y, mientras buscas dónde aparcar el automóvil ya ves, percibes un ambiente de puta madre en los aledaños de la sala, con una cola cuasi kilométrica esperando ansiosa por entrar, es que la cosa promete. ¡Y ya te digo si prometió! Como que colgaron el cartel de sold out y yo con estos pelos. Pero no pasa nada, que voy con pase de prensa y la época de los «pogos» ya se me ha caducado… creo.

Venom Prison

Si has estado prestando atención a la escena underground de la música extrema en los últimos meses, es posible que ya conozcas a Venom Prison, banda formada por antiguos miembros de bandas como Wolf Down o Brutality Will Prevail. Los galeses, banda que ha recibido excelentes críticas provenientes desde todos los rincones del mundo del death metal por su gran capacidad de interpretación y sus duras (y llenas de furia) letras, fueron los encargados de abrir la velada… y no se me ocurre un entrante mejor para lo que estaba por llegar. La banda, brillantemente capitaneada por la vocalista Larissa Stupar, una tipa que canta todo lo que le echen a la cara (death, black, grind), estuvo a la altura de las circunstancias. No en vano es la vocalista más inquietantemente desquiciada del momento, y una frontwoman como hay pocas en la actual escena. La banda que toca detrás de ella es increíblemente fuerte y potente, un compacto combo de entregados músicos (adecuadamente  vestidos con sus camisetas negras sin mangas, como mandan los cánones más death) como pocos.

Nos encontramos en un momento en el que los actos más extremos cada vez están más presentes en nuestros oídos, y hay miles de bandas ahí agazapadas, preparadas para mostrarnos sus dientes y destrozarnos (literalmente) a dentelladas. Pero solo unas pocas, por increíble que parezca, logran llamar la atención de los más death/blackies del lugar; Venom Prison es una de esas bandas. Después de haber ganado el Golden God a la banda revelación del pasado año 2017 en los Metal Hammer Awards, estos galeses no ha hecho otra cosa que crecer… y crecer, dispuestos a demostrar que no pueden ser detenidos. Y eso, amiguitos, quedó meridianamente claro esta noche.

Aún así, a pesar de la gran voz y entrega de Larissa, quien no dudó en bajar al foso para estar más cerca de los mortales, su setlist, se me antojó bastante similar y un tanto lineal. Asaltaron el escenario en medio de una nube de humo y de unas luces que provocaban convulsiones a diestro y siniestro. La cosa comenzó tal y como comienza su más reciente trabajo discográfico (Animus, 2016), con una intro pre-grabada muy dentro de los estándares de tantas otras bandas de death. Se trata de una pieza oscura con claros tintes de cine de terror clásico, para proseguir a continuación con «Abysmal Agony»… y todos lo allí presentes, con el culo «torcío», a base de profundos guturales y de unos chugga chugga de manual.

Tras la pertinente presentación, y tras darnos las gracias a todos los allí presentes, las hostilidades continuaron a base de desgañitaciones varias y de brutales breakdowns. Con «Perpetrator Emasculation» llegó el primer gran circle pit de la noche, a petición de los propios galeses… pero me da a mí que, viendo la entrega del respetable, se hubiera liado igual, sí o sí.

El único problema que le veo a Venom Prison como banda de apertura es que establecieron un estándar increíblemente alto que el resto de bandas debía seguir… y así fue.

Power Trip

Poco después de las 20:15, un extraño fenómeno tuvo lugar en puto centro de la mediana de las Razz. Un señor, aparentemente poseído por una inusitada fuerza que solo los Dioses del Thrash Metal te pueden dar, que responde al nombre de Pol Abran (capo absoluto de Branca Studio), se dejó ver en medio de un descomunal circle pit, brazos en alto, gritando a los cuatro vientos algo inaudible desde mi algo más lejana posición. Eso solo podía significar dos cosas: que el catalán había vuelto a ganar un Ictineu, o que Power Trip había salido a escena. Pues lo segundo.

Los más sucios del lugar, que ven el thrash metal como su estilo de metal favorito, estaban esperando su set con mucha impaciencia. Una cosa que fue ganando forma a lo largo de toda la velada es que la actividad de la multitud pareció aumentar a medida que avanzaba la noche, y quizás uno de los mejores ejemplos de esto fue al descarga de los tejanos. Es un alivio ver que un estilo de música pesada como el thrash todavía puede tener sentido décadas después de sus inicios y que bandas como Power Trip logran ejemplificar fácilmente por qué el thrash es incapaz de morir, a diferencia de otros géneros musicales.

La multitud pasó de cero a cien en cero coma, y a medida que el reloj avanzaba hacia la marca de los cuarenta y cinco minutos, que es lo que duró su descarga, la peña no paró de saltar, botar empujarse y de tirarse birra por encima. Las máquinas de humo se activaron y densas columnas de niebla envolvieron un escenario que permanecería así durante todo el concierto. Cuando comenzó la primera canción, también lo hicieron los mosh pits. Las voces despiadadas de Riley Gale, junto con los agudos e infecciosos riffs de la guitarra (Jackson, como tiene que ser; si no, no eres un thrasher auténtico), conjuraron recuerdos de viejas bandas del gremio como Sepultura o Kreator. Su estridente set incluyó canciones, tanto de Nightmare Logic (2017) como de Manifest Decimation (2013), como «Hammer Of Doubt» o «Firing Squad». Desde el principio hasta el final, Power Trip fueron los dueños absolutos de la audiencia y obtuvieron una respuesta punzante y rabiosa que se mantuvo on the top durante toda la actuación.

Su locuaz vocalista, cuya gorra aparecía y desaparecía de su cabeza a velocidad de vértigo, se dirigió al respetable en un Spanglish de mierda para preguntarnos «dónde está la marihuana» y para alentarnos ante la ya cercana presencia de Trivium sobre las tablas. «Are you ready for Trivium?!?!», exclamó Gale. También nos dejaron entrever que el público barcelonés, no solo estaba siendo el mejor público peninsular… mucho mejor que bilbaínos o madrileños, sinó que resultamos ser, fíjate tú, su mejor experiencia europea hasta la fecha. Me pregunto si los británicos, quienes también podrán disfrutarlos junto a los tan de moda Code Orange, nos superarán…

Trivium

Si no voy errado, creo que en un concierto de Trivium es donde más camisetas de Metallica suelen haber por metro cuadrado (entre productos oficiales y diseños vendidos al Bershka), a no ser que vayas a ver a Metallica, claro está. No en vano, los de Frisco son una de las más claras fuentes de inspiración de los de Florida. Aún así, a pesar de todas las comparaciones, habidas y por haber, la banda tan magníficamente capitaneada por el siempre sonriente Matthew Kiichi Heafy se ha ganado, a base de temazos y continuidad (con algún que otro altibajo, vale), un puesto ahí arriba y, quizá junto con Lamb Of God, Mastodon o Avenged Sevenfold, es de las bandas de metal moderno que mejor forma ha mostrado en los últimos años.

Cuando mencionas el nombre «Trivium«, normalmente suele pasar una de estas dos cosas:

a) «Su único álbum decente es Ascendancy (2005)»
b) «Son bastante buenos. Solía escucharles bastante cuando era más chaval»

Por supuesto, también están los die hard fans, como los hay con cualquier banda, pero por alguna razón que se me escapa, desde siempre han desatado odio y halagos a partes iguales. Es cierto que «sus discos sin guturales» no han tenido tan buena aceptación, pero de eso va este business, y ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Renovarse o morir, y si tras la renovación te llueven hostias desde todos los rincones del mundo, pues regresas a al senda del gruñido profundo y oiga, aquí no ha pasado nada. O bien te sacas de la manga un discazo como The Sin And The Sentence (2017) y te ríes de todos los putos haters.

Sobre las 21:35 nos queramos casi a oscuras y la gente, 200% entregada tanto a los guturales como a las voces limpias, empezamos a corear su nombre por todo lo alto hasta que empezó a sonar el «Run To The Hills» de Iron Maiden, otra de las más claras influencias de la banda. Y no solo pusieron el estribillo, no… ¡sonó el tema enterito! «Run to the hills, run for your lives!!!» Acto seguido, y casi sin descanso, las siluetas de Heafy, Beaulieu, Gregoletto y Bent, no precisamente en este orden, se empezaron a intuir sobre las tablas de una sala que hacía tiempo que no colgaba el cartel de sold out+1. La primera en caer, como no podía ser de otra forma, fue uno de los mejores temas metal de la segunda mitad del pasado año 2017, «The Sin And The Sentence», con una sala que se dejó las anginas berrando hasta su última coma… muy a pesar de unas luces estratosféricas (o como se diga) que presagiaban algún que otro ataque de epilepsia… pero no ví a ningún SEM en la sala… creo.

«Throes Of Perdition», que tiene un inicio muy Trivium (obvio), sonó a continuación y con ella un primer amago de wall of death a petición de su bajista. Shogun (2008)… ¡menudo discazo, cagondios! Tocad «Down From The Sky»… ¡por Dios! Pero poco duró la calma, pues «Betrayer», uno de los temas más contundentes de su, hasta el momento, última entrega, hizo acto de presencia como un torbellino.

Por todos es bien sabido que a Heafy es un tipo al que le gusta interactuar con la parroquia y que eso de comparar a las audiencias dentro de un mismo territorio le mola mazo. Tras solo tres temas interpretados, se nos dirigió para decirnos lo mucho que se lo había currado los de Madrid y Bilbao días atrás. Era un aviso para que sacáramos todo lo que llevábamos dentro… y vaya si lo hicimos. Por cierto, ese torbellino que tienen a bien de tener tras la batería, llamado Alex Bent (un maquinote, el pavo), aprovechó este primer speech del vocalista para inmortalizar el momento con su teléfono móvil.

Hora de cavar en lo más profundo del pasado con el tema que da título a su sublime Ascendancy (2005)… y hora de otro descomunal circle pit, como no. Creo que este fue el bolo con más circle pits por minuto cuadrado de la historia de Razz. Y como la juventud no tenía bastante, y como estas cosas no son solo cosa del pasado, con «Sever The Hand» se volvió a liar… y eso que no es una canción que se preste demasiado a liarla, la verdad. ¡Mentira, que a partir del minuto dos vaya si la cosa coge chicha! Sublimes twin guitars, by the way.

Tras un tercio de bolo, llegó el momento de visitar In Waves (2011) por primera vez con la impresionante «Inception Of The End», una canción que está llena de melodías convincentes y que llama la atención del oyente como una mezcla inspirada de lo mejor que la banda tiene para ofrecer. Entre esos elementos, la voz de Heafy  que siempre ha sido uno de los factores más decisivos para mí. Sus gritos están llenos de una cantidad de furia tan estimulante que todavía estoy horrorizado de que, hace unos años, nos pensáramos que no iba a volver a  gritar nunca más. Tanto sus voces como su duelo de guitarras con Corey sonaron de fábula. «Until The World Goes Cold» es el T-E-M-A de su polémico Silence In The Snow (2015), que será recordado como el momento en que Trivium aseguró su condición de grandes dentro del metal moderno. La ausencia de contundencia en esta composición se suple perfectamente con una melodía tan pegadiza como adictiva. Su estilo de canto más melódico y limpio no está (para nada) reñido con los guturales que tanto nos gustan y que tan bien ejecuta la banda (no solo Heafy). Su falta de impurezas es la pureza y lo que más brilla en este tema, y las luces azules sobre el escenario no hacían más que reforzar esta teoría. Bello.

¿Qué tal si nos metemos de lleno en el año 2006? ¿Qué tal si escogemos «Becoming The Dragon» para rememorar esa época y para celebrar que ya estamos a la par del público madrileño? Done ‘n’ done! La época más heavy y menos thrash de los de Florida en esencia pura, con un Heafy que se animó a bajar al foso y un Gregoletto que se ganó el aplauso del respetable a base de tappings, al ritmo de «Heey, Heeeyyy». Y por no tuviéramos bastante, y tras preguntarnos si estábamos listos para algo de mierda dura y pesada, su reciente «Thrown Into The Fire» fue al siguiente en caer… no sin antes subsanar uno pequeños problemas técnicos con una de las guitarras.

Vengeance Falls (2013) debe ser, quizá, su obra más floja, pero es también el álbum en el que se incluyó «Strife», una pista muy del estilo Shogun (2008), con unos riffs altísimos y un tono bajo que captura a los Trivium más amados/odiados. Es, sin lugar a dudas, uno de los puntos más álgidos del álbum… pero no de la noche. Como tampoco lo fue «Caustic Are The Ties That Bind». Pero sí lo fue «The Heart From Your Hate», el segundo sencillo extraído de The Sin And The Sentence (2017), que fue recibida entre aplausos, vítores y botes por doquier.

Tras le pérdida de unas cuantas calorías más, y quedando Madrid y Bilbao ya demasiado atrás, era el momento de alcanzar la primera posición y derrocar a Varsovia, y que fuera a través de «Beyond Oblivion», uno de sus torbellinos de más reciente factura que puso el punto y «final», vaya si ayudó. «¡Somos Trivium. ¡Muchas gracias», gritó Heafy antes de desaparecer la banda entre bambalinas.

Pero allí detrás no se nota el caliu del público catalán, que les trajimos de vuelta al escenario entre gritos de «¡Ooeeeee, oee, oe oeeeeeee!», que la banda se encargó de convertir en canción pesé al epic fail inicial de Heafy. Pero la que sí les salió a la primera fue el primero de los bises, «Shattering The Skies Above», de un In Waves (2011) que copó dos de los tres encores; ¿adivináis cuál fue el otro? «Pull Harder The Strings Of Your Martyr», canción solía cerrar hasta no hace demasiados años sus bolos. Este lugar lo ocupa ahora «In Waves», y la Ciudad Condal no fue una excepción. El tema, que se inició con todos agachados, y no por voluntad propia, es un trallazo que en vivo suena mucho mejor, si cabe. No se me ocurre mejor manera para poner el broche de oro a una velada en la que todos, absolutamente todos, artistas y público, brillamos con luz propia… y eso que los cabrones no tocaron «Down from The Sky». ¡Eeeeh, pero no pasa nada! A estos tíos se les perdona todo. Ya me encargaré yo de ajustarle las cuentas a Heafy en un salón recreativo, porque en un dojo seguro que me pela…

Setlist Trivium:

The Sin And The Sentence
Throes Of Perdition
Betrayer
Ascendancy
Sever The Hand
Inception Of The End
Until The World Goes Cold
Becoming The Dragon
Thrown Into The Fire
Strife
Caustic Are The Ties That Bind
The Heart From Your Hate
Beyond Oblivion
—–
Shattering The Skies Above
Pull Harder The Strings Of Your Martyr
In Waves

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 346 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.