Riverside – Wasteland

Nuestra Nota


9 / 10

Ficha técnica

Publicado el 28 de septiembre de 2018
Discográfica: Inside Out Music
 
Componentes:
Mariusz Duda - Voz, guitarra, bajo, banjo
Michał Łapaj - Teclados, sintetizadores
Piotr Kozieradzki - Batería

Temas

1. The Day After (1:48)
2. Acid Rain (6:03)
3. Vale of Tears (4:49)
4. Guardian Angel (4:24)
5. Lament (6:09)
6. The Struggle for Survival (9:32)
7. River Down Below (5:41)
8. Wasteland (8:25)
9. The Night Before (3:59)

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La tragedia golpeó violentamente las filas de los polacos Riverside cuando estos pasaban por el mejor momento de su carrera. Recordándonos y recordándoles que en esta vida nunca se puede dar nada por sentado, mientras estaban saboreando el merecido éxito cosechado por un Fear, Love and the Time Machine (2015)que les había aupado a lo más alto de las listas de ventas en su país y en otros colindantes, su guitarrista Piotr Grudzinski suf rió un totalmente inesperado ataque al corazón que acabó inmediatamente con su vida. Fue en 2016, y le faltaba un mes para cumplir los 41 años.

Si ya de por sí, por supuesto, el fallecimiento de un compañero es un auténtico drama, en el caso de Riverside, una pequeña familia de cuatro tíos que llevaban con la misma formación desde que grabaran su primer disco casi veinte años atrás, se antojaba aún más terrible de sobrellevar. Tanto que yo, personalmente, daba por sentado que estábamos ante el fin definitivo de esta banda. Y más aún teniendo en cuenta que Mariusz Duda, su líder, bajista, vocalista y principal compositor, vivía (y vive) su propio éxito paralelo a los mandos de Lunatic Soul, ese otro proyecto con tintes más electrónicos al que, por momentos, parecía prestarle más atención que a su proyecto principal.

Pero el hecho es que la banda, con Mariusz al frente, compartió serena y abiertamente su duelo y su luto a través de las redes sociales, y los seguidores pudimos vivir y sentir de cerca el proceso de aceptación que los miembros restantes tuvieron que pasar para superar esa pérdida tan dolorosa. Y al final, nos acabó por parecer normal que la banda, apelando a que la vida continúa y que, por supuesto, esto es lo que Piotr hubiera querido (algo que, por otro lado, seguro que es verdad), decidiera continuar adelante como trío con total honestidad.

Evidentemente, todos los que hemos seguido las gracias de Riverside con interés (yo mismo, por ejemplo, los descubrí a medio camino entre Rapid Eye Movement (2007) y Shrine of New Generation Slaves (2013), atrapándome muy decididamente desde entonces), superamos nuestras reservas iniciales y nos alegramos de verdad al oír esta noticia. Y si su visita a la Sala Salamandra el año pasado ya supuso una pequeña catarsis entre banda y público, la publicación de su primer trabajo como trío, el primero de esta nueva etapa, promete ríos de lágrimas y emociones a flor de piel tanto a un lado como el otro de los auriculares. Tanto arriba como abajo del escenario.

Porque aunque éste ya es el tercer disco que Mariusz Duda, vocalista, bajista (y ahora también guitarrista), líder indiscutible, compositor principal y prácticamente único de la banda, ha publicado desde el fatal fallecimiento de Piotr, seguro que no es lo mismo ponerse a escribir para un proyecto puramente personal como es Lunatic Soul que hacerlo para la banda que se acaba de quedar coja de uno de sus miembros fundamentales y uno de sus mejores amigos.

Bien es cierto que Riverside nunca han escondido sus sentimientos en cada una sus obras, más bien al contrario: justamente esa melancolía, esa cercanía y esa apertura de alma es lo que ha hecho de ellos una banda tan amada y tan sentida por tantos seguidores. Así que, de una forma u otra, había curiosidad para ver como Mariusz y el resto de sus compañeros iban a trasladar este duelo y su propia introspección interior a su música y al primer disco de toda una nueva era para la banda polaca.

Para empezar, y como era de esperar, estamos ante un disco mucho más oscuro que su predecesor, que fue un álbum sorprendentemente luminoso y lleno de esperanza. Tal y como ellos mismos comentan, Wasteland tiene una temática post apocalíptica perfectamente apropiada para la situación en la que se encuentran, con un pie en la propia experiencia personal, listos para empezar de nuevo después de la tragedia, y con otro pie en la situación mundial que perciben a día de hoy. Y este concepto se refleja irremediablemente en la música, más minimalista y orgánica que nunca, con un poso muy analógico, muy básico y muy visceral, sin rastro de la electrónica que nos había acompañado en sus anteriores trabajos.

Hay cambios, y muchos, pero lo que se mantiene es la melancolía habitual e inherente en cualquier nota que salga de esta banda. Esto es algo que podemos sentir tan pronto como escuchamos el arrebato de sinceridad y proximidad que supone la intro «The Morning After», en el que Mariusz no tiene ningún miedo a desnudarse por completo y marcarse un sentida y etérea intro a capella con la que ya nos remueve las entrañas a las primeras de cambio.

El líder de la banda, de hecho, comenta que éste es el disco más distinto de la historia de Riverside, y yo voy incluso más allá: también es el más variado, ya que aquí dentro podemos encontrar, de verdad, un poco de todo, desde cortes absolutamente inesperados (como veremos más adelante) hasta temas 100% típicos de los polacos como son, por ejemplos, las dos canciones que abren el disco. «Acid Rain» y, sobretodo, «Vale of Tears» (con su dulcísimo y pegadizo estribillo), son dos temas excelentes, pero quizás no son del todo representativos de lo que nos podemos encontrar a lo largo de Wasteland, como si se tratara de una introducción ligera a la pesadez y la profundidad que se despliegan por los surcos de este disco. Ambos son temas orgánicos, eléctricos, pegadizos, con mucho groove y llenos de coros. Y visto lo que está por venir, hasta cierto punto, alegres

«Guardian Angel» puede empezar sonando como unos Anathema modernos para continuar emulando a Nick Cave, a Mark Lanegan o a Tom Waits. Armado con una guitarra acústica y con una voz bastante más grave de lo normal, Mariusz nos avasalla a base de intimidad. Toda una sorpresa en la que se tanto él como el resto de la banda se desenvuleve con total naturalidad, formando uno de los temas más especiales de un disco cuyas las canciones, en general, entran con sorprendente facilidad teniendo en cuenta el ambiente pesado que las rodea. Quizás el mérito es de la presencia de teclados muy orgánicos, de una generosa cantidad de guitarras acústicas y de, en última instancia, una honestidad y una sinceridad que me creo totalmente.

El siguiente corte, llamado «Lament», suena precisamente a eso, a lamento. Alternando partes más potentes y otras más acústicas con pasajes que suenan casi a juglar medieval, se trata de una canción muy bonita y muy triste, de nuevo llena de la-la-las que invitarán al personal a unirse a la suave desesperación que la banda nos presenta aquí.

«The Struggle for Survival» es el tema más largo del disco con sus casi diez minutos, y para más inri se trata de un tema instrumental. Mariusz se empeñó en decir que Riverside ya no suenan progresivos y yo me quedé sin saber qué decirle: para mí siguen sonando definitivamente progresivos. Un progresivo moderno y con un sonido «alternativo», por supuesto, pero aún y así progresivos. Con una «intro» que ronda los dos minutos y medio, la expresividad en los diálogos entre los instrumentos y los matices en los sonidos la hacen entretenida de principio a fin (y la inclusión de unos pequeños ah-ah-ah’s finales, otra vez). Ahora, una cosa: si esto no es progresivo, que me aspen.

«River Down Below» es una auténtica preciosidad. Íntima y serena. Suave y dulce, bella, oscura, gris y brumosa. Una canción magnífica que, en mi mundo, se podría convertir en himno con facilidad. La guitarra sobre la que camina la melodía es sencillamente maravillosa, y los pequeños solos jazzeros que dan color a una estructura, ahora sí, más directa y menos prog, me ponen los pelos de punta. A día de hoy, si tuviera que elegir solo una canción de este disco, sería seguramente ésta.

Con la casi final «Wasteland» vuelve la voz grave de Mariusz, emulando a una especie de Nick Cave en modo solemne o, incluso, a un Wovenhand oscuro y sever (como el reverendo ya acostumbra a ser, claro). Se trata de otro tema interesantísimo, con mucha guitarra acústica, con un aire a western brumoso y oxidado que recuerda a las bandas sonoras de Ennio Morricone y que te hace visualizar a un joven Clint Eastwood con la cara sudada y el semblante impertérrito. Al preguntarle, ésta fue la primera canción que el vocalista polaco me nombró como posible futuro clásico de la banda, así que imaginaos lo que debe ser en un mar de temazos como éste. En un par de ocasiones, el tema cambia radicalmente (de forma incluso un poco demasiado brusca, para mi gusto) y se pone a abrazar un rock evidentemente progresivo (Mariusz, come on), lleno de fuerza y de groove. Excelente.

Y acabamos un poco como empezamos, con «The Night Before» mostrándonos un Mariusz íntimo y preocupado, narrándonos la insegura preparación para la catástrofe que está por llegar. Esta vez se hace acompañar de un piano muy bonito y en cierto modo esperanzador, unos coros etéreos y un final sorprendentemente abrupto.

Variedad, buen gusto, sensibilidad, elegancia El primer disco de esta nueva post-Piotr se ha saldado con un éxito rotundo, y lo hace dándole más protagonismo que nunca a la figura de Mariusz Duda. Un Mariusz que agarra el bajo, agarra la guitarra, y no tiene miedo de mostrar su lado más íntimo, más sensible y más introspectivo. Características habituales en la música de Riverside, claro, pero ahora, si cabe, más aún.

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Sobre Albert Vila 874 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.