Rise To Fall – Into Zero

Nuestra Nota


8.25 / 10

Ficha técnica

Publicado el 30 de septiembre de 2018
Discográfica: Autoeditado
 
Componentes:
Dalay Tarda - Voz
Hugo Markaida - Guitarra
Javier Martín - Guitarra
Asis Rodríguez - Bajo
Xabier del Val - Batería

Temas

1. The Descendant (4:13)
2. In the Wrong Hands (3:59)
3. Acid Drops (3:59)
4. House of Crosses (3:59)
5. Virgin Land (4:04)
6. The Empress (4:27)
7. Temptation Feeds on Our Weaknesses (3:34)
8. Zero Hour (3:34)
9. Effects of the Terrestrial Syndrome (4:22)
10. Survivor (3:53)
11. Game of Appearances (3:11)
12. White Canvas (3:44)

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He aquí uno de esos momentos por los cuales construimos, hace ya más de un año, el barco (de colegas) de Science of Noise: una nueva banda (al menos para mí), un nuevo descubrimiento para mi saca de grupacos. Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que solo ahora, tras más de diez años de existencia, llegue hasta mis oídos por primera vez el arte de estos buenos mozos? Me cago en mi puta vida… pero, ¿en qué he estado invirtiendo el tiempo durante los últimos dos lustros? Estos tipos son la polla, y este álbum es increíble. Grandes riffs, melodías perfectas. Como suelen decir más allá del charco grande ese que baña las costas portuguesas, an album that just shreds. Check this out! ¡Ojo!

Rise To Fall nació en el año 2006 en Euskal Herria, pero no es hasta el año 2010 que sacan su primer álbum, Restore the Balance, un gran primer trabajo, una muy buena alternancia de riffs agresivos y rápidos que se mezclan con gritos brutales y voces limpias de muy bella factura; calidad a raudales. En otras palabras: death metal melódico de manual. Fue tal el revuelo que llamó la atención del músico y productor Ettore Rigotti (Disarmonia Mundi) el cual lanzó el disco al mercado internacional a través de su sello discográfico Coroner Records.

Con este álbum debut, la música de la banda se coló por todos los rincones del mundo, teniendo la oportunidad de abrir para bandas del calibre de Amon Amarth o Scar Symmetry, y de participar en festivales como el BBK Live del 2010 compartiendo escenario con grupos como Slayer, Volbeat o Bullet For My Valentine. Y decidme, ¿cuántas bandas de por aquí se embarcan en una gira por Japón con solo un trabajo editado a sus espaldas? Pues, la verdad, ni idea, pero ellos lo hicieron.

Un par de años más tarde, en 2012, editaron su segundo trabajo, Defying the Gods, gracias al cual dieron un pasito más. Mejores canciones, un sonido más agresivo y alternancia entre grandes melodías y pasajes ultra pesados. Este nuevo álbum les llevó a tomar parte en festivales como el Resurrection Fest del 2013, además de poder abrir para bandotes como Soilwork o Biohazard. Y de nuevo gira internacional, pero esta vez por Rusia y Ucrania en junio del 2013 y Suecia a finales del 2014.

Y con su tercer trabajo, End Vs. Beginning (2015), tres cuartos de lo mismo: gira europea abriendo para Nightrage y tour por… ¡China! Y yo me pregunto: si una fórmula funciona, ¿para qué cambiarla?

Dicho esto, una reflexión y una confesión. La reflexión: no me gusta demasiado el uso y abuso de sintetizadores en bandas de death metal o de metal en general. No sé, no me gusta como quedan (gran reflexión esta)… quizá porque mi gusto personal tira más por unos derroteros old school que por otra cosa. Y tras la reflexión, la confesión: cuando tenía veinte años me harté hasta la saciedad de synths, de nu metal, de pollas por el estilo y de todo lo que hay entre una cosa y la otra. Es lo que tiene tener un background hip hop y ganas de explorar nuevos senderos (de gloria).

Pues bien, unos sintetizadores abren esta obra. Así empieza “The Descendant”, pero a los pocos segundos ya la tenemos liada y empieza a sonar ese sonido tan característico de este estilo de metal, en el cual se intercalan ritmos rápidos de batería, guturales y voces limpias a partes equitativa y equidistantemente iguales, muy al estilo de los As I Lay Dying de su época Frail Words Collapse (2003)… pero sin un vocalista cristiano mazao (no lo estaba por aquel entonces) que paga a ex policías para que asesinen a su ex mujer. Éste (Dalay) es más bien el Robb Flynn de Bizkaia, y si no, echad un ojo a la fotografía que ponte punto y final esta reseña. Espectacular, sobre todo, el trabajo de Xabier tras la batería y sus gravity bombs. “In the Wrong Hands” sigue por la misma senda marcada por el tema inicial. de hecho, ambos temas se parecen bastante, pues tienen una estructura bastante similar.

De nuevo tiran de sintetizadores, muy como los que el master John Carpenter creó para la banda sonora de su obra maestra Halloween (1978), al inicio de “Acid Drops” que, si no me equivoco, fue el single adelanto de este trabajo. y no me extraña en absoluto que fuere este el tema elegido para dar a conocer su flamante nuevo trabajo, pues es la canción más adictiva y coreable aquí incluida. De especial interés son los últimos 20 segundos del tema, que te teletransportan de pleno al centro de Helsingborg, ciudad natal de los suecos Soilwork.

Con “House of Crosses” bajan una marcha. Es, quizá, uno de los temas mas melódicos y de los más pausados que encontramos en Into Zero… pero no por ello es menos interesante. Lo más destacable, una vez más, son los coros y ese riff que emerge tras la parte hablada. En contraste con la anterior, la que le sigue, “Virgin Land”, empieza rápida y continua aun más rápida tras la introducción. Encomiable, una vez más, el trabajo del Sr. del Val tras los parches. Tras solo cinco temas, la banda ya ha conseguido una cosa que no siempre es fácil de conseguir: tener un estilo propio que, si bien no es autóctono de nuestras tierras, estoy seguro de que les servirá de carta de presentación si algún día decidieran alquilar un apartamento en Estocolmo. Aunque, ¿quién en su sano juicio querría abandonar la verde y preciosa Euskadi para mudarse allí arriba, tan arriba?

Con “The Empress”, en lugar de meter la quinta de nuevo, bajan a tercera (no división; estos tipos son unos Leones no el Portugalete). Si las bandas de death hicieran power balads, esta sería la suya. Es, si no me equivoco, el tema más melódico de toda su carrera en el cual los guturales brillan por su ausencia, aunque se intuyen hacia el final del tema. La única pega que le veo es ese “molesto” piano de fondo que se cuela tras la melodía. Aún así, joder, es un temazo.

Como todo el mundo sabe, no es aconsejable pasar de tercera a quinta, por lo que es mejor ir paso a paso y meter la cuarta antes, aunque el marcador de revoluciones roce lo absurdo. Al escuchar “Temptation Feeds on Our Weaknesses” me vino una banda a la cabeza: The Eyes… no por nada, pero es que el estilo de Delay y de Jordi Castany, vocalista de la desgraciadamente ya desaparecida banda catalana, es muy, pero que muy similar en este tema. Comparaciones aparte, es quizá la canción que menos me gusta de todo el álbum.

Con “Zero Hour” vuelven a encandilarme. Es, por así decirlo, el tema más alternativo y menos death de toda la obra, muy en la onda de los últimos Ill Niño, banda con la que, si no me equivoco, giraron hace unos años. Con “Effects of the Terrestrial Syndrome” siguen todavía explorando terrenos más melódicos. Y de nuevo, los coros: brillantes.

La recta final empieza con la melódica “Survivor”, que cuenta con el mejor solo de todo el álbum. A continuación, “Game of Appearances” (que dura 3:11, por cierto), con la que parece que quieren dejar las cosas bien colocadas y en su lugar antes de finiquitar el asunto con “White Canvas”, que lejos de ser un lienzo en blanco, es más bien todo lo contrario, pues está lleno de todo lo bueno que estos tipos llevan en su interior. La verdad, y para ser sincero, hubiera preferido que hubiesen finalizado y matado el álbum “por todo lo alto”, pues he echado de menos algo más de la caña inicial.

En general, un muy buen álbum, mejor acabado, pero algo menos intenso que su predecesor, End Vs. Beginning (2015). Tras escucharles y, sobre todo, tras disfrutar de ellos, no me extraña que estos muchachos hayan compartido escenario con titanes de la magnitud de Dagoba, Neaera o The Haunted.

Fotografía: Josu Torrealday

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Rubén de Haro

Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J’hayber.

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 170 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.