Rage Against the Machine – The Battle of Los Angeles: 20 años del «final» de la rabia

Ficha técnica

Publicado el 2 de noviembre de 1999
Discográfica: Epic Records
 
Componentes:
Zack de la Rocha - Voz
Tom Morello - Guitarra
Tim Commerford - Bajo
Brad Wilk - Batería

Temas

1. Testify (3:30)
2. Guerrilla Radio (3:26)
3. Calm Like a Bomb (4:58)
4. Mic Check (3:33)
5. Sleep Now in the Fire (3:25)
6. Born of a Broken Man (4:40)
7. Born as Ghosts (3:22)
8. Maria (3:48)
9. Voice of the Voiceless (2:31)
10. New Millennium Homes (3:44)
11. Ashes in the Fall (4:37)
12. War Within a Breath (3:36)

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Año 2019. En este punto de la historia, hay quien mira con escepticismo la música de finales de los 90 y principios de los 2000… y con razón. Esa fue la era que nos trajo a *NSYNC, Britney Spears y, según Albert Vila, a Limp Bizkit. Pero entre tanto exceso de caspa musical hubo actos sobresalientes, y ninguno de ellos está a la altura de The Battle of Los Angeles (1999), tercer y último álbum de estudio del cuarteto californiano y, para muchos, el mayor logro de Rage Against the Machine. Este álbum no solo es increíblemente poderoso -líricamente hablando, que, por otro lado es lo que esperamos de Zack de la Rocha & Co.-, sino que también posee un sonido contundente, como si un equipo SWAT golpeara la puerta principal de tu vivienda buscando droga mala. El álbum cerró la década con una nota alta, muy alta, gracias a ese rock suyo tan característico, estilo único tantas veces imitado y prácticamente nunca igualado y, obviamente, jamás superado.

El primer asedio de Los Ángeles ocurrió en 1846, cerca del comienzo de la guerra entre México y Estados Unidos, cuando los civiles desafiaron la ocupación estadounidense de Pueblo de Los Ángeles y asaltaron la casa del gobierno local. Las fuerzas armadas mexicanas ganaron, venciendo a los marines de Robert Stockton mientras Estados Unidos se retiraban ante una derrota segura. Una rendición estadounidense en un suelo que en el futuro pasaría a ser suyo. Este asedio es recordado como un levantamiento exitoso contra un opresor.

La segunda Batalla de Los Ángeles ocurrió casi 100 años después. En 1942 las tensiones aumentaron solo tres meses después del ataque japonés a Pearl Harbor, cuando, al parecer, un submarino japonés con destino a tierra firme había emergido cerca de la costa estadounidense. Se desplegó un bombardeo antiaéreo, y miles de soldados fueron llamados a filas para defender su puesto. Los Ángeles fue llevado a un estado de pánico inducido por el terror. El enemigo estaba allí, en casa… pero no fue así. Todo fue una falsa alarma, dijo el secretario de guerra la mañana siguiente. Eso sí, ante tal frenesí y sin enemigos a la vista, solo «nerviosismo por una posible guerra», dejó cinco muertos. La «batalla» fue un ultraje inútil y una pérdida de vidas.

Y así llegamos al siglo XX. La tercera batalla de Los Ángeles fue librada por cuatro hombres. No fue un conflicto sangriento, no fue una bandera falsa y no cambió la historia… bueno, algo sí. Solo se trata de un álbum de Rage Against the Machine, todo un trabajo de furiosa injusticia y desesperación; quizá sea su álbum más ruidoso y más castigador. Eso sí, esta «rabia» siempre fue algo contradictoria, pues iba firmada, promovida y apoyada por una major como Sony. Este álbum, el tercero y el último que grabaron con composiciones originales, era predecible pero también bastante complejo: indefectiblemente justo y francamente lleno de ira. Pero también fue, como los mejores momentos de la banda, inquietantemente pegadizo.

RATM estaba liderado por el dios de la guitarra Tom Morello, un adelantado a su época, y por el vocalista Zack de la Rocha, nieto de un revolucionario mexicano que encontró la forma correcta de fusionar la seriedad de su poesía de manual con la más feroz de las retóricas activistas. Juntos escribieron canciones para crear conciencia sobre el periodista y activista encarcelado Mumia Abu-Jamal, las enseñanzas del líder comunista chino Mao Zedong, el corazón oscuro del colonialismo estadounidense, y especialmente sobre los zapatistas y su lucha. Lo hicieron a través de una propuesta musical en cuya coctelera se mezclaban a partes iguales influencias tan dispares como Kiss, Slayer y Minor Threat. Toda una una máquina de guerra straight edge que, simplemente, se dedicaba a matar fascistas.

Permitidme que insista: The Battle of Los Angeles es la obra maestra de la banda. Mientras haya necesidad y miseria en el mundo, Zack de la Rocha y los suyos estarán al acecho con un radicalismo furioso y con una actitud intransigente que es (desafortunadamente) única en el mundo del rock. Cada una de las 12 canciones aquí contenidas tienen su propio destino grabado a fuego. Cada pista presenta la rara habilidad de hacer que uno entienda -con solo escuchar los primeros tres segundos- que a los músicos, lo que hablan, les sale directamente de sus propias almas, por mucho que en ocasiones hayan sido tildados de «pijos» o de no hablar con conocimiento de causa. Un claro ejemplo de ello son las letras escritas por Zach de la Rocha, que en esta ocasión son atrevidas y completas de principio a fin. En anteriores lanzamientos de la banda, al leer sus letras uno a veces tenía la sensación de verles algo perdidos entre tanta reivindicación por aquí y por allá. No digo que fueran malas, pero sí un tanto incompletas, aunque su intención e intensidad enmascararon estas pequeñas imperfecciones. En este lanzamiento, de la Rocha ha estallado por completo. Se arriesga. Ha encontrado esa delgada línea que, finalmente, ha traspasado. Activista, letrista y artista: el pack completo.

Otro trabajo encomiable es el de Tom Morello, el Jimi Hendrix de la Generation X. Es un tipo que siempre ha tenido los dos pies en el suelo. Su sonido es atemporal a la par que revolucionario. Si no el mejor, uno de los mejores guitarrista de su época. El tipo trabaja como nunca el sonido que emana de sus seis cuerdas, pero anclar su genio solo a su habilidad innata para tocar la guitarra es quitarle mérito a su figura.

Brad Wilk es, probablemente, uno de los baterías más subestimado del rock; me encanta decir esto sobre tipos a los que admiro. Como suelen decir los medios yankees, Brad slays su kit, sobre todo en los momentos en los que el sonido de la banda es más agresivo… y se relaja cuando llega el momento de que la canción brille. Este hombre es un maestro del groove y la columna vertebral y el esqueleto (completo) de este álbum. Al igual que sus compañeros de banda, sabe cuándo relajarse, pero cuando percibes que la cosa va a ponerse fea, cuidado.

Por último, Tim Commerford, contraparte y fiel socio de Morello en la genialidad musical desde los inicios de RATM. Tim es un bajista muy completo al que nunca se le ha dado el crédito que merece. Su elección de ritmo, su elección de notas, su sonido… esos graves que te recorren el alma. Él es el alma dentro de la ira.

Si nos centramos en las canciones, uno percibe que la banda ha encontrado su camino de regreso a su mejor forma después de una ligera caída. Nada queda de la leve desorientación que uno percibe en su anterior álbum Evil Empire (1996). Aquí, la banda suena determinante, brutal y maravillosamente contra los abusos sociales. La sección rítmica tiene mucho punch e impulsa con maestría este cóctel molotov, mientras Zack grita sus mensajes delicadamente redactados, y el mago de la guitarra Tom Morello provoca el llanto de su bebé de seis cuerdas como solo él sabe hacerlo, sin aditivos ni aderezos digitales de ningún tipo. En la opener «Testify» suena como una nave espacial en el momento de su lanzamiento, en «Calm Like a Bomb» uno puede escuchar aullar todas las sirenas de Los Ángeles, y en «Voice of the Voiceless» Morello logra hacer que su Fender suene como una gaita. En el medio hay temas que nos hacen ver una banda que ya ha madurado, como ese explosivo hit en forma de granada llamado «Guerilla Radio», la resistencia punk de «Sleep Now in the Fire» o el impecable ataque de hip-hop «Mic Check». Solo flojean un poco «Maria» y «Ashes in the Fall»… pero bueno, ¿quién dijo que la revolución no iba a ser dolorosa?

Rage Against the Machine eran ruidosos, siempre estaban como enfadados y, además, eran activistas. Vieron el futuro y pusieron el grito en el cielo… hasta que dejaron de hacerlo. Ellos nos dejaron y su lugar no ha sido ocupado todavía por nada ni nadie. Suerte tenemos que su mensaje siga tan intacto y actual 20 años más tarde.

All hell can’t stop us now!!

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 296 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.