Pantera – Cowboys from Hell: 30º Aniversario del disco que supuso el inicio de un nuevo metal

Ficha técnica

Publicado el 24 de julio de 1990
Discográfica: Atco Records
 
Componentes:
Phil Anselmo - Voz
Dimebag Darrell - Guitarra
Rex Brown - Bajo
Vinnie Paul - Batería

Temas

1. Cowboys from Hell (4:07)
2. Primal Concrete Sledge (2:13)
3. Psycho Holiday (5:19)
4. Heresy (4:47)
5. Cemetery Gates (7:03)
6. Domination (5:04)
7. Shattered (3:22)
8. Clash with Reality (5:16)
9. Medicine Man (5:15)
10. Message in Blood (5:10)
11. The Sleep (5:47)
12. The Art of Shredding (4:20)

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Hay ocasiones en las que el destino hace que tengas una relación amorosa con algo o alguien. En mi caso, con Pantera. Vale, amor abstracto, eh… no nos pasemos. Ni los americanos me quieren físicamente (básicamente, ni me conocen), ni yo aunque tenga toda su discografía, infinitas camisetas, todos los home videos e incluso tatuado CFH. Pero eso no significa que me haga pajas mirando fijamente a Anselmo, o tenga dildos con la forma de la guitarra de Darrell.

Como bien sabemos, Pantera se formó hace ya casi 40 años, en 1981, el año en el que, precisamente, nací yo. Cuando en su momento supe este dato, entendí mis sentimientos de amor hacia ellos. El “destino” nos había unido. Como he comentado en alguna ocasión, los descubrí gracias a un amigo mío, el que me introdujo en todo este mundillo en plan serio. Aún recuerdo quedar muchas tardes en su casa para escuchar música. Si consideramos la edad que teníamos en esos años -como mucho 14 años recién cumplidos- mi colega Roger poseía una indecente cantidad de CD’s en su habitación. Estar allí era como un sueño hecho realidad.

Una de esas tardes, Roger me dijo: «Escucha esto, Dídac, te gustará». ¡Y claro que me gustó! Fue con el primer grupo que me hizo estallar la cabeza de verdad, con el que mi cerebro me dijo: «Esto es para ti, el grupo que te acompañará toda tu vida.» Claro que antes ya había escuchado Iron Maiden, Metallica, Slayer u Obituary, pero con Pantera, todo mi interior se marcó un fanboyismo en toda regla. El disco que puso esa tarde fue el Vulgar Display of Power (1992), y con el trío de canciones inicial -“Mouth for War”, “A New Level”, “Walk”- mi cuerpo había encontrado realmente un nuevo nivel musical. Rápidamente vinieron el Far Beyond Driven (1994) y el que hoy nos ocupa.

Recordad amigos lectores que vengo de una época en la que la única posibilidad para conseguir información concreta acerca de música (léase biografías de grupos, discografías, efemérides y un infinito etcétera) era comprando medios especializados, o bien a través de los colegas. Ahora podemos conocer vida y milagros de cualquier hecho ocurrido en menos de lo que cuesta pensar qué buscar.

Como he comentado, Pantera se formaron en Texas en el año 1981, gracias a los hermanos Abbott, y un trío de compañeros más, que precedieron a los otros actores que hoy nos ocupa. Rex Brown, uno de ellos, entró un año más tarde en el grupo en sustitución del anterior bajista, Bradford, que se fue de la banda, al igual que el primer vocalista, Hart. Así que con esta formación, junto a Terry Glaze, a las seis cuerdas y voz, sacaron tres álbumes -regularcillos- de puro glam metal. Hasta que todo cambió con la entrada de Anselmo, en sustitución de Glaze. Pasaban a tener un solo guitarrista, para que Darrell se marcara “juan palomos”, mientras que ganaban a uno de los frontmen con más futuro. Y con esta definitiva pandilla, los cuatro magníficos, sacan Power Metal (1988), su última obra antes de cambiar el mundo.

Pero recordad, otra vez, que en mi momento todo esto no lo sabía, o sea que para mí, Pantera nació con Cowboys from Hell (1990). Aunque, tanto la banda como muchos de sus fans, también lo consideran de igual forma. Qué podemos decir de esta descomunal obra de arte que no sepamos… Supuso un nuevo torbellino en el mundo del metal. Comenzaba el auge de nuevos estilos, géneros y más géneros; la gran década de los 90. Ellos dieron otra vuelta de tuerca para “inventar” el groove, ese estilo cogido del thrash, pero con más base en el riff de medio tiempo, menos acelerado, no tan rápido, pero más agresivo. Ese sonido pesado con unos riffs de locura y unos solos del inframundo, un bajo perfecto y un baterista, el cual puede ser considerado como el padre de dicho estilo. Acostumbrado a unas baterías en general demasiado directas, sin muchos aportes técnicos, el sonido de Vinnie Paul me abrió los ojos. Como podía hacer uso excelso de sus cuatro miembros, alucinaba con sus cambios de ritmo, su forma de tocar… ese juego de pedales. Aunque sí es cierto que su nivel técnico se disfruta más en sus posteriores álbumes. Un maestro y una gran pérdida.

El Cowboys from Hell es un álbum que ha quedado en la retina -en la oreja, en este caso- de todo bicho viviente. A los más clásicos y que comentan que Pantera es una banda overrated, justo este disco es el que más gusta de los texanos, y claro que sí, y es que aún se trata de proto groove y aquí hay mucho de Metallica, Judas Priest, gracias a los cambios de timbre de Anselmo quien, por cierto está en un estado de gracia brutal, antes que formara su voz para parecerse a un felino. A los que nos gusta la destrucción de Pantera, ocasionada sobre todo en su tercer y cuarto disco, el Cowboys es justamente el que nos puede gustar “menos”. Su sonido aún es demasiado heavy, con poca suciedad, generando menos fiereza y, evidentemente, está el tema de la voz.

Darrell tiene un sonido ya grave, pero aún no es tan pesado como debería. Vinnie Paul tiene una buena técnica y muy buenos patrones, pero aún le falta la agresividad y esos sutiles aportes suyos. Rex es Rex, no falla nunca, aunque es poco audible aquí. Y Anselmo pues posee una voz que nunca volverá a tener. También debo decir que contiene mucha reminiscencia ochentera, y para los que queríamos algo más moderno y, por encima de todo, potente, este disco se queda corto. Pero con esto, repito, no estoy diciendo que sea un disco malo, en absoluto. Es un pedazo de disco, pero por estilo, es el trabajo de Pantera que menos se ha adaptado a mis gustos.

Pero hablemos un poco de las canciones, aunque sea por encima, ya que no necesitan presentación. El primer tema, el que le da título al disco, es un hit prácticamente mundial que hasta los metaleros más neófitos saben qué canción es. Ritmo fuerte y pegadizo, con una locura de riffs trituradores de cerebros y solos blueseros. Te explota el cerebro. ¿Cuántas veces habéis “bailado” esta canción? Brutal. Aunque le falta fiereza y punch para mi gusto, igualmente es igual de espectacular. La mejor manera de presentarse en sociedad. No nos podemos olvidar del brutalísimo solo que te transporta de lleno a una montaña rusa.

“Primal Concrete Sledge”, con su influencia hardcore y thrasher y un coro para berrear. “Psycho Holliday” con su entrada militar, cual metralleta en mano. Aún recuerdo alucinar con este inicio. El tema posee un ritmo más lento y pesado, pero sin perder potencia, y un Anselmo haciendo gala de un digno repertorio vocal. “Heresy” y su vuelo rasante para posteriormente fustigarte con latigazos del mejor thrash. “Cemetery Gates”: the best power ballad ever. No necesita ningún comentario. Quién no tuviera este tema en su auto producido casete de “lentas heavy” o “baladas heavy”, o como lo llamarais, se merece la muerte.

En “Domination” continúan los riffs pesados y solos de otro planeta, llenos de shreddings de locos y con su justa melodía. Tema de los duros y rompedores de cuello. “Shattered”, con una alta reminiscencia a Judas, cambios de ritmo y el final con la mítica ventana rompiéndose en mil pedazos. En ”Clash with Reality” vemos a un Anselmo en plan Halford. Cambios de tempo y más solos. Anselmo susurrando “Medicine Man” en una atmósfera repleta de solos reptilianos y, encima, con un toque siniestro, que hace de él un tema un poco tétrico. ¿Y qué podemos decir de “Message in Blood”? Aquí, los hermanos Abbott se lucen a las mil maravillas, a la par que con partes bastante diferenciadas.

“The Sleep” es la otra power ballad del disco. Su inicio acústico siempre me ha recordado a la música que suena cuando estás en el poblado del juego Diablo… sí, sí, del primero. Excelente canción, con dos solos muy diferenciados entre sí, con un muy buen Anselmo, frustrado y desesperado. Cabe recalcar el hecho de que hay dos baladas en el disco, como no, siguiendo aún el estilo de los 80, cuando en cada disco de rock o heavy no podían faltar las lentas. Otra cosa que pasó, paulatinamente a la posteridad en los 90. Claro que se hacen baladas, pero ya no es una condición sine qua non en todo grupo metalero; ya no pasa nada por hacer solo canciones potentes. Otra de las razones por el que los grupos de rock o heavy metal se estancaron en esa época, siguiendo con el patrón de tres temas cañeros-balada-tres temas cañeros-balada. Atrás queda la época del glam y similares. Y no podemos menospreciar la última canción, que lleva por título “The Art of Shredding”. Válgame Darrell, me encanta esta canción. No tiene nada de diferente o espectacular, pero el cambio de riffs siempre me ha dejado con la piel de gallina, con ese toque entre thrash y speed metal.

En fin, qué más podemos explicar. Todo esto no hubiera sido posible, en lo que a hype y reconocimiento mundial se refiere, sin la ayuda de ser los teloneros a nivel europeo de la gira Painkiller de Judas Priest, casi nada… imagino la gente flipando al ver este grupo semi desconocido, practicando un metal de ideas nuevas. Y quién no recuerda el mítico Monsters of Rock de 1991, el más concurrido de la historia, con más de 150.000 personas ese día, en el que que Pantera tocaron junto a los grandes AC/DC, Metallica, The Black Crowes y el grupo ruso E.S.T. Todo esto ayudó, peo evidentemente no se hubiera producido sin una buena base musical… pero sabemos perfectamente, que disco tras disco, fueron subiendo listones cada vez más altos, hasta que muchos los consideran los salvadores del metal. Un pelín salvaje decir esto, pero con parte de razón, pues son los que lo reinventaron e hicieron que el thrash evolucionara, y un nuevo metal se creaba gracias a ellos. Y oye, la evolución seguida para llevar el posterior Far Beyond Driven -a donde llegó- tiene un mérito increíble.

Un disco capital para entender la evolución del género justo al inicio de la que posiblemente sea la mejor década de la historia del metal, en cuanto a ampliación de miras se refiere. Para mí, y para muchos, no es el disco referente de Pantera. En lo que a groove se refiere, es el que menos lleva, pero bien pensado, todos son tan diferentes entre sí, que es difícil escoger uno. El mío es el The Great Southern Trendkill (1996). Igualmente solo puedo decir una cosa: gracias, Pantera, y gracias, RexPhil y hermanos Abbott por ser parte de mi vida.

CFH

Dídac Olivé
Sobre Dídac Olivé 122 Artículos
Soy de esa generación que la “post-pubertad” lo pilló entre el metal primigenio (lo que llamamos ahora old school) y la nueva ola que fue el Nu metal, es decir, pasado mediados de los 90. Me encantan muchos estilos pero sobretodo el rock clásico y evidentemente el metal, este último es una forma de vida y encima me gusta desgranar y reconocer la riqueza de todos sus subgéneros. Uno ya tiene su edad (los mechones blancos en la barba no están por que sí) pero no me cierro para nada a grupos nuevos, eso sí, mientras haya fuerza y calidad, aunque hoy en día hay mucha. Como nacido justo entrados los ochenta también se incluye que soy un friki de cuidado (rol, videojuegos, Star Wars, pelis Gore, literatura fantástica y un largo etc.) vaya que toco de todo un poco. En resumen, espero contagiaros mi pasión metalhead a la vez que disfrutáis de mis aberrantes destripes.