Outlaw – The Fire In My Tomb

Nuestra Nota


8.75 / 10

Ficha técnica

Publicado el 21 de junio de 2020
Discográfica: Drakkar Productions
 
Componentes:
D. - Voz, guitarra
B. - Guitarra
A. - Bajo
T. - Batería

Temas

1. Intro (Adharma) (1:57)
2. Archangel's Fall (6:06)
3. The Fire In My Tomb (5:25)
4. Indestructible Destroyer (5:22)
5. Death Dealer (4:36)
6. The Entropy (5:19)
7. I Am the Seed (5:16)
8. Ashes and Blood (5:23)
9. Devourer of Light (7:23)

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La mayoría va a estar de acuerdo conmigo cuando digo que hay ciertos países que parecen tener un don cuando se trata del metal extremo, o más concretamente, con el black metal.
Todos estamos de acuerdo en que la gran mayoría de los trabajos escandinavos la clavan cuando se trata de black metal, y que países como Rusia y Polonia en muchas ocasiones llevan el estandarte de la dominación del black metal moderno.

Dentro de todos estos países que conforman el círculo de putos amos de la escena extrema, Brasil, es uno de los que se lleva la palma en cuanto a crudeza, agresividad y autenticidad, y esto es algo que ha quedado demostrado a lo largo del tiempo con bandas como Sarcófago, Mystifier o Sodomizer.

Sin embargo, la propuesta que os traigo hoy, no va tan encaminada por ese sonido tan jodidamente primitivo, sino que más bien tira por el legado del melodeath al más puro estilo Dissection. Y menciono esta banda, refiriéndome a su último trabajo Reinkaos, que, a parte de un magnífico álbum, es, en toda regla, un manifiesto de la corriente Satanista Anti Cósmica propuesta por el MLO o Temple of the Black Light (por ello es común ver que estas bandas se identifiquen con Current 218 o simplemente 218 en sus nombres, ya que «218» es la gematría de Azerate, el nombre oculto para los 11 dioses anti cósmicos que alaban en el Temple of the Black Light), organización a la que los miembros de Dissection pertenecieron.

Y eso es precisamente lo que se trata en el nuevo álbum de los brasileños Outlaw, The Fire In My Tomb (2020), un álbum que basa sus letras en las enseñanzas de la Corriente 218 y la 182, habiendo tomado esta última gran popularidad durante los últimos años, estando más enfocada al culto a Qayin (Qayin Falxifer, el segador de la mano izquierda), aun guardando cosas en común con la Corriente 218. Un manifiesto Anti Cósmico a base de black metal ortodoxo de principio a fin.

The Fire In My Tomb empieza con “Adharma” (que básicamente es el antónimo de Dharma, y significa “Lo que no está de acuerdo con el dharma”, vamos, todo aquello blasfemo, desbalanceado e innatural. La definición del anticosmos), un conjunto de recitaciones y cantos guturales muy bajos en la mezcla, totalmente ininteligibles, que no transmiten otra cosa que “Empieza el ritual”, y vaya si empieza.

En el mismo jodido punto que termina “Adharma”, “Archangel’s fall” lanza contra ti una tormenta de riffeo melódico y blast beats hasta que se introducen las voces de D. (que, por cierto, hacen un papel sublime), las guitarras de D. y B. son simplemente devastadoras y la batería de T. es jodidamente aplastante. Las letras tampoco tienen ningún desperdicio:

“Far beyond from the grace of god
The truth Will destroy every alive star
For you my love, my black rose
To clean yourself from the Jahveh.”

Black metal, crudo, directo y sin rodeos. “Archangel’s Fall” termina entre una tormenta de blast beats, power chords y acordes menores dando paso al track homónimo del disco.
“The Fire In My Tomb” empieza con un riff muy, muy melódico, acompañado con un beat de batería totalmente despiadado y caótico, que en breves se convertirá en unos blast beats aplastantes. La voz es totalmente desgarradora y suena a furia desenfrenada. Toda una oda a la llama oscura que arde sin límites en el interior de aquellos que comparten la impía línea de sangre de Azerate.

Vamos con la cuarta pista del disco, que es “Indestructible Destroyer”, que empieza con un arpegio de guitarras limpias, muy, muy siniestro, y no es para menos, pues estamos, como bien dice el título, ante una canción que homenajea a la muerte, pero no a la muerte como concepto de lo que le pasa al cuerpo cuando la vida se desvanece del mismo, si no la muerte como entidad, como el segador, como el Caín al que Dios maldijo por toda la eternidad por el asesinato de Abel, y que más tarde se convertiría en el segador de la mano izquierda, y que ahora guía a los profanos en el sendero siniestro.

Como vemos, uno de los puntos interesantes del álbum son todas las referencias que hay a las corrientes ocultas, y las metáforas (y no tan metáforas) que se utilizan. El trabajo lírico es excepcional, y demuestran que esta gente son unos devotos totales, y que saben lo que se hacen.

La primera parte de la canción suena a marcha de guerra total, hasta que se desata la ira, y D. empieza a recitar con la furia de mil tifones:

“There is no law but the eternal darkness
There is no truth but the eternal fire
We are bound by blood and deeds
We Will always be loyal to the Master
And to our Flock of wolves, sealed
By invisible chains of Steel.”

Una canción con una letra espectacular, clara y directa, con un trabajo musical increíble detrás. Todo un temazo, sí señor.

Damos paso a “Death Dealer”, que empieza totalmente a degüello, sin piedad alguna y arrasando todo a su paso; muerte y destrucción desenfrenados, y no es para menos, pues volvemos a encontrarnos con una ofrenda a los señores de la muerte, esta vez con llamamiento incluido:

“Netalak Ocorum Nahash
Aziel, Azazel, Shemyaza, Azza
Netalak Ocorum Nahemoth Naamah.”

La canción tiene un rollo death muy guapo, sobre todo a nivel de voces, donde incluso alguno de los alaridos de D. Pueden llegar a recordar a los de Schuldiner.

Y… Empieza el sexto tema del álbum, “The Entropy”, la evolución, la transformación del ser, la liberación de la llama oscura, para carbonizar el ego y disolverse en el caos primordial, en la nada más oscura, en la nada primigenia…

La canción empieza con un riff tremolo jodidamente malvado y oscurote, que se mantiene, con algunos cambios durante gran parte de la canción, excepto por un pasaje de guitarras limpias, que termina de moldear la atmósfera y darle densidad al tema.

Finalmente, la pista sigue con una tormenta de blast beats y power chords furiosos hasta terminar con unas guitarras muy melódicas, dejando vía libre a “I am the seed”.
La séptima canción de este magnífico LP empieza con unas melodías muy rollo “The Somberlain” de Dissection, unas melodías lentas sobre unas guitarras sostenidas, que poco a poco van avanzando para prender el tema y desatar el caos.

Y eso es precisamente lo que pasa aquí, unas baterías a medio tiempo muy machaconas con un riff super agresivo, dan la señal de salida a la canción, que va aumentando el nivel progresivamente; Después de estos medios tiempos meterá doble bombo, y luego ya nos terminará de rematar con sus blast beats.

La guitarra ejecuta la melodía firme y sin vacilar, directo y seco. Todo parece estar recitado casi en forma de salmo, y eso le da una atmósfera épica como pocas canciones consiguen.
“I Am the Seed” termina como un puñetazo directo en la tráquea, y nos deja con el que a mi parecer es el mejor tema del disco: “Ashes and Blood”. En serio, no sé cuántas veces habré escuchado este tema desde que salió, pero como para no hacerlo. Esto sí que es la agresión desenfrenada, la destrucción del microcosmos hecha canción:

“Higher! Shout to the abyss and make it reverberate to all eternity
Serpent! Give us the wisdom, for the fallo f the false god
Qayin! Keeper of the black flame, bring the destruction for this world
Atazoth! Destroy the microcosmo, and give us the fire for the glory of Azerate”

Todo suena espectacularmente bien; La voz es espectacular y destila odio a cada palabra recitada, la batería suena atronadora, las guitarras son jodidamente afiladísimas, y el bajo de A. le da una profundidad a la canción jodidamente abismal, haciendo de “Ashes and Blood” el mejor tema del disco sin duda, y una de las razones por las que afirmo firmemente que Brasil sabe muy bien como ha de ser y sonar el black metal.

Y llegamos al fin al último tema del plástico, “Devourer of Light”, que empieza con unas guitarras muy rollo Mgła que no le sienta nada mal y envuelve de misterio este tema. Posteriormente, los ritmos a mid-tempo se encargarán de que te partas el cuello entre acordes menores y gritos desgarradores.

Este tema suena a cierre de álbum como pocas cosas lo hacen, y la banda se ha encargado de plasmarlo en todos y cada uno de los riffs que conforman este tema. También hay una parte con guitarras limpias que le da un toque jodidamente helado a la canción.

Finalmente, la última estrella es devorada, se hace la oscuridad, y con ella, llega el silencio.

Un pedazo de álbum de principio a fin, cada canción destila odio y clama por la liberación de las cadenas que nos unen a la creación demiúrgica, y, si además, eres un curioso sobre el ocultismo y las movidas que envuelven el camino de la mano izquierda, lo pasarás en grande disecando los mensajes que tienen todos y cada uno de los temas.

¡Que arda la llama negra!