No Use for a Name – ¡Leche con Carne!: 25 años de uno de los pináculos del skate punk

Ficha técnica

Publicado el 15 de febrero de 1995
Discográfica: Fat Wreck Chords
 
Componentes:
Tony Sly - Voz, guitarra
Ed Gregor - Guitarra
Steve Papoutsis - Bajo
Rory Koff - Batería

Temas

1. Justified Black Eye (2:39)
2. Couch Boy (2:11)
3. Soulmate (3:07)
4. 51 Days (2:13)
5. Leave It Behind (2:47)
6. Redemption Song (2:38)
7. Straight From the Jacket (2:21)
8. Fields of Agony (2:24)
9. Fatal Flu (2:30)
10. Wood (1:25)
11. Alone (2:09)
12. Exit (3:38)
13. Medley de versiones (2:28)

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Ya sé que vamos un poquito tarde porque el vigésimoquinto aniversario de este disco fue el pasado 15 de febrero, pero nuestra otrora infalible hoja de cálculo de aniversarios relevantes, simplemente, se olvidó de él. Si se tratara de casi cualquier otro álbum habría pensado durante doce segundos que era una pena y que a otra cosa mariposa, pero es que este ¡Leche con Carne! (nombre curioso a parte) es muy probablemente mi disco favorito de punk rock / hardcore melódico si excluimos casi todos los que han hecho Bad Religion. Así que la idea de tener que esperar cinco años más para poder hablar de él (máxime teniendo en cuenta que, por desgracia, hasta entonces tendremos bien pocas oportunidades de comentar nada sobre esta banda) me resulta muy poco apetecible, y como entiendo que los pocos fans de No Use for a Name que debe haber entre nuestros seguidores se lo van a leer exactamente igual lo publiquemos el día que toca o tres meses después, pues me he animado a hacerlo de todas maneras.

Hubo un tiempo en mi vida que el hardcore melódico fue uno de mis estilos de cabecera. Bad Religion ya hacia tiempo que corrían por ahí (de hecho fueron una de las piedras fundacionales de mi yo musical), así como Pennywise, los Offspring pre-boom (Igniton es un discazo) o estos propios No Use for a Name. De hecho, entre mis amigos había bastante más fans del punk rock que del metal en todas sus vertientes, y yo siempre he tenido un pie en cada lado. Pero en mi mundo, cuando este estilo llegó a cobrar sentido de verdad fue durante el primer verano que tuve carnet de conducir, yendo arriba y abajo con las ventanillas bajadas, el brazo y la melena al viento. Las festivas, alegres y despreocupadas cintas de bandas como No Fun at All, Lagwagon, Millencolin o No Use for a Name se turnaban en el radiocassette de mi Opel Corsa verde con pegatinas de Biohazard y Fear Factory, y yo me sentía el rey del mundo.

Eso debió ocurrir en 1998, pero lo curioso de la cosa es que los discos que me trillé en ese periodo ya tenían todos un par o tres de años. De hecho, y hablando de No Use for a Name en concreto, escuché en bucle tanto este ¡Leche con Carne! como el anterior y brutal The Daily Grind, pero ignoré bastante por completo su siguiente Making Friends (publicado en verano de 1997). Después de unos años mi interés por el estilo bajó considerablemente (aunque sigo apreciando muchos discos de la época e incluso he descubierto algunas bandas “nuevas” e interesantes como Ignite, Atlas Losing Grip o nuestros Adrenalized), con lo que no seguí para nada la evolución de la banda en los dosmiles. Tampoco tuve la oportunidad de verlos jamás en directo, y en realidad no fue realmente hasta que conocí la noticia del trágico (pero tranquilo e indoloro, por suerte) fallecimiento de su vocalista Tony Sly en 2012 que les presté atención de nuevo.

Pero ¡Leche con Carne! me pilló en el momento adecuado, y lo cierto es que lo escuché con mucha asiduidad durante dos o tres años (alternándolo con Cannibal Corpse, In Flames o Cradle of Filth). No sé hasta que punto ese hecho es clave para que lo tenga en tan alta consideración (supongo que bastante), pero lo cierto es que tanto entonces como ahora hay bastantes pocos discos de hardcore melódico que me gusten tanto como éste. Más allá del componente puramente emocional, de todas maneras, también existen varios factores objetivos que pueden explicar este amor. Primero, porque dentro de ese puñado de bandas de su mismo estilo que repuntaron a principios de los noventa, No Use for a Name (junto a Propagandhi) tienen probablemente el toque más metálico de todas. Además, la producción me parece brutal y las letras son sensibles, están escritas con mucho gancho y se apartan del hedonismo adolescente de bandas como Millencolin o incluso NOFX (una vez más, Bad Religion son de dar de comer a parte).

Más allá de mis percepciones personales, normalmente este disco también está considerado, en general, el pináculo creativo de la banda y el álbum que les catapultó a un nivel superior de popularidad. A su vez, No Use for a Name se tiene como una de las más relevantes y con más personalidad en toda la historia del skate punk. Y el bueno de Joey, además, fue un tipo muy querido en la escena y en la comunidad comunidad californiana  que sigue recibiendo homenajes y muestras de amor constantes de parte de muchos de sus compañeros, desde NOFX a Lagwagon, y cualquier aficionado al estilo esbozará una sonrisa en su cara al recordar su alegre, afable figura y eternamente adolescente figura.

¡Leche con Carne! es, pues, el tercer disco de una banda que se formó en 1986 (cuarto si tenemos en cuenta el EP The Daily Grind), y cuenta con doce trallazos (más un hidden track) llenos velocidad, alegría, ligereza y despreocupación adolescente. Pero a pesar de cumplir a rajatabla con esos cánones en lo estrictamente musical, en lo lírico está muy lejos de ser un disco precisamente festivo. Temas como la violencia de género, la guerra, el suicidio o la apatía social se tratan de forma llana y directa en canciones que casi nunca superan los los tres minutos y que consiguen ser tremendamente pegadizas con tan solo cuatro acordes y la ayuda de excelentes lineas vocales.

De todos los temarrales que encontramos aquí, la inicial «Justified Black Eye» es quizás el más espectacular de todos. Se trata de un himno inmortal del punk repleto de frases icónicas (“Tomorrow morning different story” / “And he’ll be a different guy” / “He’ll justify her black eye with another lie”) que sirve de potente alegato contra la violencia doméstica, un problema tristemente vigente a día de hoy (como todos los que aborda la banda en este disco, por desgracia). Personalmente, ésta es una de mis canciones favoritas de todo el estilo, y por mucho que la escuche (y mira que lo he hecho veces en 25 años) me sigue engorilando y emocionando como el primer día.

Otros temas como la metálica “Couch Boy”, la épica “51 Days” o la excepcional “Fields of Agony” también se cuentan entre los momentos más especialmente brillantes de la vertiente más cañera y veloz de la banda, mientras que “Leave it Behind” o, sobre todo, “Straight from the Jacket“ siguen la senda de esos cortes lentos y accesibles que supongo que se inspiraron, en parte, en el “21st Century Digital Boy” de Bad Religion. La segunda de ellas, por cierto, tiene un aire bastante descarado a los de Greg Graffin y Brett Gurewitz, una influencia evidente que ninguna banda de un estilo con tanta camaradería con es el punk rock podrá ni querrá negar.

La excelente y veloz versión del conocido «Redemption Song» de Bob Marley siempre tuvo un lugar destacado dentro del conjunto del disco y supongo que, de paso, sirvió de punto de entrada de muchos nuevos potenciales fans a la banda. El hardcore melódico, quizás gracias a lo “sencillo” de sus estructuras musicales, nunca ha tenido miedo de versionar clásicos de todo tipo (preguntádselo sino a los Me First and the Gimme Gimmes), y de hecho hay algunas versiones punk rock que molaban mucho. Aprovechando que hablamos de ello, me gustaría recordar por ejemplo el maravilloso «California Dreamin'» de los japoneses Hi-Standard, una rendición tremenda que me flipó fuertemente cuando la escuché por primera vez abriendo uno de esos deliciosos recopilatorios de Fat Wreck Chords (la discográfica propiedad de Fat Mike que edita también este ¡Leche con Carne!) llamados Fat Music for Fat People.

“Soul Mate” o “Fatal Flu” se acercan bastante al pop punk que copaba las listas de éxitos en esos (añorados) tiempos, aunque la segunda de ellas se engorila un poco en su segunda mitad. “Wood”, por su parte, se basta y se sobra con un minuto y medio para ponerlo todo patas arriba y allanar el camino hacia un final protagonizado por dos de los mejores temas de este disco como son las brutales “Alone” y “Exit”. Gracias a la estandarización del CD como formato de referencia, los noventa fueron terreno abonado para que muchas bandas encasquetaran irritantes hidden tracks al final de sus trabajos. En la mayoría de ocasiones venían acompañados de odiosos silencios de diez minutos antes de soltar cualquier parida breve y normalmente irrelevante. Después de tres minutillos (que por suerte han sido obviados en la versión digital del disco) No Use for a Name nos metieron un divertido y resultón medley de versiones que cuenta con magníficos homenajes a artistas tan dispares como Cars, Green Day, Twisted Sister, Pat Benatar, David Bowie, Missing Persons, Berlin, Tony Basil, Aerosmith, Yes o la famosísima “My Sharona” de The Knack.

Una forma alegre y divertida para cerrar los poco más de treinta minutillos que dura ¡Leche con Carne! con con una sonrisa en la boca. Este trabajo de los de Tony Sly pasa totalmente volando, y por poco que te guste este estilo (o seas capaz de conectar con el adolescente que hay en ti) debería hacerte disfrutar por lo menos un poquito. Yo, sin duda, lo he hecho mucho de recuperarlo de nuevo.

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Sobre Albert Vila 862 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.