Ozzy Osbourne – No Rest for the Wicked: 30 años de mi amor a primera escucha por Ozzy

Ficha técnica

Publicado el 1 de noviembre de 1988
Discográfica: Epic / CBS
 
Componentes:
Ozzy Osbourne - Voz
Zack Wilde - Guitarra
Bob Daisley - Bajo
Randy Castillo - Batería
John Sinclair - Teclados

Temas

1. Miracle Man (3:44)
2. Devil’s Daughter (Holy War) (5:15)
3. Crazy Babies (4:15)
4. Breakin’ All the Rules (5:15)
5. Bloodbath in Paradise (5:03)
6. Fire in the Sky (6:24)
7. Tattooed Dancer (3:53)
8. Demon Alcohol (4:30)

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Corría aproximadamente el año ’91, con apenas 15 años, en casa de un colega nos dedicábamos a devorar los vinilos que íbamos consiguiendo a través del novio de su prima. Un día nos llegó con un tal Ozzy Osbourne (¿comorl?), lo primero que se nos pasó por la cabeza al ver el apellido fue si tal vez se trataba de algún disco de rancheras. Por suerte nos confirmó que no se trataba de ningún alter ego del cutre “machoibérico” de Bertín, cosa que nos quedó bastante aclarada al ver la inquietante portada. Esa fotografía en blanco y negro con un serio Ozzy ataviado con túnica de monje, nos miraba fijamente sentado en un trono coronado por calaveras y custodiado por tres inquietantes niñas vestidas con harapos mientras una de ellas le grita al oído. Qué extraño… a ver qué tal suena… ¡Ay, mi madre!, nos quedamos pegados a los asientos. El riff de guitarra y la risa maléfica iniciando la canción “Miracle Man” nos dejó sin aliento… A partir de entonces nada fue igual…

No Rest For the Wicked (1988) es el sexto trabajo de Ozzy como solista y quinto de estudio, ya que el año anterior se había publicado el Randy Roads Tribute (1987), su famoso directo que sirvió de homenaje al joven amigo y guitarrista Randy Roads (Rock In Peace), muerto en trágico accidente unos años antes y que sumió a Ozzy en una profunda depresión.

En lo que a éste trabajo se refiere, aquí el Madman rehízo de nuevo la banda contando con algunos conocidos como Randy Castillo (Rock In Peace) a la batería y al bajista Bob Daisley, al cual despediría una vez acabado el disco y contaría con su antiguo colega Geezer Butler de Black Sabbath. John Sinclair a los teclados y a la guitarra contrató a por aquel entonces un desconocido Zakk Wylde, que le aportaría ese característico sonido de guitarra que lo acompañará siempre. El ojo que ha tenido éste hombre para rodearse de grandísimos músicos.

No Rest For he Wicked entró directamente en los puestos altos de las listas de ventas tanto en Europa como en Estados unidos. Se extrajeron tres singles, “Miracle Man”, “Crazy Babies” y “Breacking All the Rules”, de los cuales se realizaron sus respectivos videoclips. Posteriormente lo llevó a una extensa gira de presentación por Norteamérica, Europa y Asia entre 1988 y 1989.

Como introducía al principio, sólo el inicio de “Miracle Man” con el riff de Zakk taladrándonos el cráneo y la risa de Ozzy dando paso a toda la banda cayendo de golpe, nos avisaban que nos fuéramos preparando para la que se nos venía encima. Muy recomendable el vídeo de ésta canción, ¿sería posible realizar un video así hoy en día? Dudo que estuviera exento de polémica por parte de asociaciones ultracatólicas y algunos grupos animalistas. Meter en una capilla a una banda de metal junto al altar, mientras una piara de cerdos va corriendo por todo el recinto escapando de un Ozzy haciendo gestos irreverentes, nos demostrarían nuestra falta de sentido del humor y poca evolución. Pero no se trata de crear polémicas.

“Devil’s Daughter” continúa con la misma energía, Randy machaca los parches con una energía y una solidez para los que nuestros aún poco entrenados tímpanos no estaban preparados. En el centro del tema, los llantos de bebés acunados por el teclado de John son rápidamente acallados por el afilado solo de Zakk. La canción acaba con la tétrica risa de Ozzy que empalma con el posiblemente más famoso tema del disco, “Crazy Babies”. Tal vez no el mejor del disco, pero sí muy pegadizo, particularmente me quedo con “Breaking All the Rules”, siguiente tema y que finaliza la cara A del disco. Su ritmo machacón aún sigue poniéndome tenso.

La cara B nos hizo cagarnos en los pantalones. “Bloodbath in the Paradise”, con su tétrica introducción dando paso a un temazo eléctrico invitando a subir el volumen desde el primer momento en que la banda empieza a tocar sin compasión, hasta llegar a la siguiente “Fire in the Sky”, medio tiempo y tema más extenso del disco que se crece a medio tema con unos pomposos teclados y un Zakk que se reivindicaba en cada tema como el genial guitarrista que es.

“Tattooed Dancer” vuelve a darnos un poquito de caña acelerando el ritmo, levantando el pié del acelerador en algunas partes y dando pomposidad a los teclados y pesadez al resto de músicos. La fusión del órgano esclesiástico le da una atmósfera brutal a algunas partes del tema.

“Demon Alcohol” cierra el disco (en la versión vinilo de la época) de forma pausada, con un Ozzy sincerándose sobre una de sus adicciones.

Este disco es accesible y salvaje a partes iguales, respaldado por grandes músicos en la que su participación no se basa únicamente en la perfecta ejecución de los temas sino que son partícipes en la composición. A nivel personal supuso mi acceso a la carrera de Ozzy, ya que después recuerdo perfectamente devorar con ansiedad el Diary of a Madman (1981) y el No More Tears (1991).

¡Salud y Heavy Metal!

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Abel Marín

Músico frustrado, escritor bloguero ocasional y amante del metal en su variedad de estilos. Vivo con la esperanza de poder llegar a viejo acudiendo a salas de conciertos y festivales. Sí los rockeros van al infierno, que me guarden sitio y una cervecita.

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