Nine Inch Nails – Pretty Hate Machine: tres décadas de destrucción masiva

Ficha técnica

Publicado el 20 de octubre de 1989
Discográfica: TVT Records
 
Componentes:
Trent Reznor - Voz, programación, teclados, caja de ritmos, guitarra, samplers
Richard Patrick - Guitarra
Mark "Flood" Ellis - Programación de sintetizadores
Tim Niemi - Programación de sintetizadores

Temas

1. Head Like a Hole (5:00)
2. Terrible Lie (4:38)
3. Down in It (3:46)
4. Sanctified (5:48)
5. Something I Can Never Have (5:55)
6. Kinda I Want To (4:34)
7. Sin (4:05)
8. That's What I Get (4:30)
9. The Only Time (4:46)
10. Ringfinger (5:42)

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Aunque no me quita el sueño para nada (pocas cosas logran tal cometido; cualquier mierda en la que ande metido Mike Patton es una de ellas…), me pregunto porqué hay quién duda del aspecto prog de una banda como Nine Inch Nails. “Que avanza o aumenta gradualmente”, dice la RAE, y ya te digo yo que los brebajes musicales de Trent Reznor se ajustan cómodamente a esa descripción. Acéptalo, tod@s l@s músic@s y/o compositor@s se han parado en más de una ocasión para no perder el norte y orientarse hacia nuevos parajes a través de novedosas sendas. ¿Que no hay nada nuevo bajo el sol? Permitidme que lo ponga en duda. Está en la naturaleza misma del ser humano (civilizado, ojo) reconocer a menudo, no al inventor sino al pionero, al que se le ocurrió la mejor de las ideas y la puso en práctica acercándola a las masas. En otras palabras: ni se te ocurra menospreciar a Reznor a no ser que quieras irte calentito a casa. Básicamente, Trent vio el potencial en el rock industrial y aprovechó el momento para moldearlo de tal manera que pareciese algo nuevo. Y ahí, en esa creatividad, subyace la “progresión” de una banda como Nine Inch Nails.

Admiro mucho a las personas que, ignorando advertencias de todo tipo, encuentran una manera de hacer lo que sienten que están destinadas a hacer, al precio que sea. Hay varios ejemplos de ello en la historia más reciente del rock, y hoy estamos ante uno de ellos. Trent Reznor empezó siendo el conserje y ayudante en un estudio de grabación, Right Track Studios, pero aprovechando el momento, utilizó parte de su tiempo libre -las primeras horas de la mañana, cuando el lugar estaba desierto- para perfeccionar el que acabaría por convertirse en su oficio. El resultado de aquellas incursiones fue una demo llamada Purest Feeling (1988), que acabaría por derivar en el álbum que aquí nos ocupa. El que la sigue la consigue. Todo es posible. Llamadlo como queráis. La lección es que todas las cosas son posibles si estás dispuesto a hacer lo que sea necesario.

Y así llegamos a este Pretty Hate Machine (1989), un disco que siempre me ha parecido un soberbio álbum de debut. Muchas de las características de lo que, finalmente, acabaría por converger en Nine Inch Nails se evidencian en este trabajo. Este álbum presenta un sonido más pesado de sintetizadores que los siguientes lanzamientos de la banda, Broken EP (1992) y The Downward Spiral (1994). Líricamente, es un álbum exquisito, y para muestra, echadle una oreja a «Something I Can Never Have» que, fácilmente, es una de las canciones más conmovedoras e inquietantes jamás escritas por el genio pensante de Trent Reznor. El álbum también incluye los singles clásicos, «Head Like a Hole», «Down In It» y «Sin», pero no adelantemos acontecimientos.

«Head Like a Hole» es la canción de apertura y creo que es el primer tema que jamás escuché de la banda. Se trata de una carta de presentación perfecta para dejarte invadir por el universo de Reznor. Siempre he estado interesado en descubrir música fresca y este tema tan feroz realmente tiene algo que me emociona. Ese riff de sintetizadores es casi tan amenazante como la voz de Trent. Y esas letras que antes os comentaba, sin censura, son algo así como desvaríos de un alma atormentada. Amén:

“God money don’t want everything he wants it all.”

«Terrible Lie» es más dramática y presenta unos acentos afilados como agujas que te rasgan por dentro. El enfoque de Reznor es más sutil aquí, pero su voz retiene la amargura suficiente como para poder llegar a transmitir su mensaje. Se dirige a Dios directamente:

“There’s nothing left for me to hide. I lost my ignorance, security and pride.”

Una pista de batería la mar de noventera hierve a fuego lento bajo «Down In It», apoyando los versos hablados que gotean con sarcasmo:

“And everything I never liked about you, is kind of seeping into me. I try to laugh about it now but isn’t it funny how everything works out. I guess the jokes on me, she said.”

Ese coro tan repetitivo es un poco aterrador y extrañamente tentador al mismo tiempo.

Un sintetizador abre «Sanctified», pero pronto se ve reforzado por una fuerte línea de bajo funk, que no cesa hasta el final, y la atmósfera tenue de la pista va cambiando, evolucionando por momentos.

«Something I Can Never Have» se va abriendo poco a poco detrás de la voz contenida de Trent. Los efectos de sonido (¿chorros de vapor caliente y latigazos?) son claros ejemplos de lo que os decía unas líneas más arriba. En este tema es donde más claramente se le nota la intención a Reznor de poner sobre la mesa sonidos novedosos. El aura de pesadilla de la pieza es cautivador.

Ese tufillo pseudo hip-hop que subyace bajo «Kinda I Want It» es engañoso, ya que esta pieza es de todo menos alegre. A través de este corte, Reznor se toma la licencia de experimentar con toda una serie de ruidos y dispositivos mecánicos, que todos combinados entre sí suenan fascinantes. El final del tema desemboca en el inicio de «Sin”, en la que un bombo nos lleva a través de un ritmo disco infernal mientras un Reznor visiblemente enfadado lanza frases contradictorias:

“I gave you my purity and my purity you stole.”

Unos sintetizadores preparan el escenario para «That’s What I Get» antes de que, por primera vez, Reznor nos muestre su voz “más humana”, sin adornos. Una de las constantes en la carrera de NIN siempre ha sido el contraste entre voces naturales Vs. voces artificiales.

«The Only Time» es… no sé, ¿energética? Te sacude con su ritmo funk infeccioso mientras Reznor emplea toda una serie de extraños sonidos que te dejan algo descolocado. Pero no estamos ante algo inconexo y sin sentido. Estamos ante un material inteligente y muy bien diseñado.

Otro bombo establece el patrón a seguir en el último corte de este trabajo, «Ringfinger», hasta que una guitarra punzante, cual motosierra, sobrealimenta la melodía, antes de que el disco termine con lo que parece algo así como un corto circuito.

Llegados a este punto, si has ido escuchando el disco a medida que te leías esta chapa, puedes haber llegado a la conclusión de que Pretty Hate Machine puede no coincidir con tu idea de “tiempo bien empleado”, pero aburrirte seguro que no te has aburrido. Admito que este disco tiene todas las características de un debut brillantemente tosco, pero no se puede negar la crudeza contenida en casi todas las canciones que capturó el interés de millones de personas en todo el mundo a medida que entrábamos en la década de los 90. En definitiva, se trata de un buen álbum que llegó bastante alto en las listas, convirtiéndolo en uno de los primeros lanzamientos independientes en lograr un Disco de Platino.

Si bien, a oídos del oyente actual, puede no ser devastadoramente original -en términos de las ideas de música industrial que utiliza-, es único en la medida en que transforma lo que había sido un género austero y algo inaccesible en un formato convincente y accesible. Algunos pueden burlarse de él (sobre todo si escuchan la versión original, cuya producción dista mucho de ser ejemplar), pero creo que merece la pena que lo escuches con calma y que dejes que, tema a tema, se apode de ti.

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 346 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.